Los departamentos donde la red eléctrica está al límite
La demanda eléctrica crece más rápido que la red. Proyectos frenados por alcaldes, licencias y conflictos elevan el riesgo de apagones.
La infraestructura de transmisión eléctrica de Guatemala enfrenta un rezago que comienza a reflejarse en problemas de suministro, limitaciones para conectar nuevos usuarios y dificultades para incorporar generación adicional al sistema.
- Aunque el país ha logrado expandir su matriz energética en los últimos años, las redes de transporte no han avanzado al mismo ritmo de la demanda.
Qué destacar. La situación preocupa a la Asociación Guatemalteca de Transportistas de Electricidad (AGTE). Su presidente, David Cabrera, advierte que varios puntos del país operan cerca de sus límites técnicos y que el atraso en obras estratégicas podría derivar en interrupciones más frecuentes del servicio.
- El problema surge en un momento en que el consumo eléctrico registra máximos históricos. Datos del sector muestran que la demanda máxima nacional alcanzó 2204 megavatios (MW) en 2025 y el consumo anual superó los 14 000 gigavatios hora (GWh).
- Para 2026, la demanda máxima ya ronda los 2301 MW, lo que representa un crecimiento cercano al 8.6 % en apenas un año. Estas cifras reflejan una expansión sostenida de la actividad económica y del consumo residencial en todo el país.
- Sin embargo, mientras la demanda crece, numerosas obras de transmisión permanecen retrasadas por problemas de licencias municipales, servidumbres, conflictos comunitarios y falta de mecanismos estatales para agilizar permisos.
En el radar. Uno de los casos más delicados es Petén. Según Cabrera, la capacidad de transmisión hacia el departamento ya no es suficiente para atender por sí sola la demanda regional.
- Por ello, la generación local con gas natural se ha convertido en un soporte indispensable para mantener el suministro. La fragilidad del sistema quedó en evidencia hace pocas semanas cuando un bloqueo comunitario interrumpió el suministro de gas hacia una planta generadora.
- Aunque la protesta no estaba relacionada con el sector eléctrico, la suspensión temporal de la generación causó cortes de energía en distintos sectores del departamento.
- “El transporte ya no puede respaldar toda la demanda. Si la generación local sale de operación, aparecen los problemas”, explicó Cabrera.
Sí, pero. La solución definitiva sería una nueva línea de transmisión que conecte la región con mayor capacidad al Sistema Nacional Interconectado. Sin embargo, el proyecto aún no ha iniciado construcción.
- El Instituto Nacional de Electrificación (INDE) ha avanzado en la adquisición de terrenos y permisos, pero la obra sigue en etapa preparatoria.
- De acuerdo con Cabrera, aun si la construcción comenzara en el corto plazo, la llegada de la infraestructura hasta la cabecera departamental podría tardar entre cinco y seis años.
- La preocupación aumenta porque Petén es uno de los departamentos con mayor crecimiento eléctrico del país. Datos del sector muestran que la demanda aumentó alrededor de un 25 % entre 2023 y 2024 y continuó creciendo cerca de un 8 % durante 2025. Mientras la nueva línea no se construya, la región dependerá de la continuidad de los proyectos de generación con gas natural.
Punto de fricción. Otra de las principales preocupaciones se encuentra en Chimaltenango. Hace más de dos años se averió un transformador del INDE que nunca fue repuesto con un equipo de capacidad equivalente. Como medida temporal, se instalaron equipos de respaldo para evitar un colapso del sistema, pero actualmente la subestación opera al límite.
- La solución existe y ya fue construida. Se trata de la subestación Comalapa, diseñada para robustecer el suministro regional y mejorar los niveles de voltaje. No obstante, la infraestructura no puede entrar en operaciones porque falta construir aproximadamente dos kilómetros de línea de conexión.
- Según Cabrera, el principal obstáculo es la falta de licencias municipales emitidas por la comuna de Chimaltenango. El proyecto lleva más de un año detenido pese a que el desarrollador ya alcanzó acuerdos con las comunidades afectadas, modificó trazos y cumplió requerimientos técnicos.
- “Es una obra que podría construirse en pocos meses porque incluso el material está disponible”, señaló. Chimaltenango se ha convertido en uno de los principales polos económicos fuera del área metropolitana. Su crecimiento comercial, industrial y residencial ha disparado la demanda energética. Actualmente, existen momentos en los que el sistema opera con voltajes muy por debajo de los niveles ideales, situación que puede afectar equipos industriales, sistemas de refrigeración y procesos productivos. Si la obra continúa paralizada, Cabrera advierte que podrían registrarse apagones que afecten a buena parte del departamento.
Lo que sigue. En Huehuetenango el panorama es similar. A inicios de este año se dañó un transformador que abastece a la Empresa Eléctrica Municipal de Huehuetenango. Desde entonces, las instalaciones operan bajo condiciones de tensión y con capacidad limitada.
- Existen proyectos para reforzar la red mediante infraestructura conectada al sistema de 230 kilovoltios, pero enfrentan obstáculos relacionados con permisos, derechos de vía y costos de servidumbre. Según Cabrera, algunos desarrolladores privados acumulan más de dos años intentando avanzar. En el caso del INDE, hay iniciativas que llevan entre seis y siete años sin concretarse.
- Las consecuencias ya son tangibles. Algunos comercios han enfrentado dificultades para obtener nuevas conexiones eléctricas por falta de capacidad disponible en determinadas zonas. Otros han optado por instalar plantas de generación propias para garantizar su operación.
- El problema trasciende Huehuetenango.Desde esa infraestructura también se alimentan comunidades de Quiché, por lo que una falla importante tendría efectos regionales.
Datos clave. La Costa Sur representa otro foco de preocupación. De acuerdo con Cabrera, la red de 69 kilovoltios que atiende gran parte de la región opera cerca de sus límites técnicos. Cuando alguna línea sale de servicio por mantenimiento o contingencias, el sistema experimenta fluctuaciones de voltaje y problemas de estabilidad. Entre Escuintla y San Marcos existen tramos donde la capacidad disponible resulta cada vez más reducida ante el crecimiento de la demanda.
La situación es particularmente compleja porque la región concentra importantes actividades industriales, agrícolas y portuarias, además de una creciente incorporación de proyectos de generación renovable. Las preocupaciones de la AGTE coinciden con los indicadores oficiales. Aunque el crecimiento promedio nacional de la demanda eléctrica se ubica alrededor del 4 % al 5 % anual, varios departamentos avanzan a ritmos significativamente mayores.
Durante 2025, Quiché registró un crecimiento de un 9.59 %; Sololá, un 9.23 %; Alta Verapaz, un 8.48 %; Petén, un 8.26 %; y Huehuetenango, un 8.07 %. En 2026, algunos departamentos ya superan el umbral de dos dígitos. Quiché reporta un aumento de un 10.62 % y Retalhuleu de un 10.66 %. Esta expansión exige nuevas líneas, transformadores y subestaciones para mantener la calidad del servicio.
Por qué importa. El problema no solo afecta la confiabilidad del suministro. También tiene consecuencias económicas. Las restricciones de transmisión obligan con frecuencia al sistema a despachar energía más cara porque no puede trasladar la generación más eficiente hasta los centros de consumo.
- El resultado son costos adicionales que terminan trasladándose a toda la cadena eléctrica. Además, las líneas que operan saturadas generan mayores pérdidas técnicas. A medida que los conductores trabajan cerca de su límite, aumentan la temperatura y las pérdidas de energía.
- Todo ello termina impactando en los costos generales del sistema. El Administrador del Mercado Mayorista (AMM) ha estimado la necesidad de construir aproximadamente 1080 kilómetros de nuevas líneas y al menos 13 subestaciones adicionales para fortalecer la red nacional.
- Para Cabrera, parte de la solución pasa por la próxima expansión del sistema de transmisión y por la creación de mecanismos que permitan ejecutar las obras con mayor rapidez.
En conclusión. Entre las propuestas destacan plazos obligatorios para licencias, ventanillas únicas de gestión, silencio administrativo positivo y una mayor participación del Estado en la resolución de conflictos comunitarios.
- A su juicio, el principal problema ya no es identificar las obras necesarias. “Sabemos cuáles son los proyectos que se necesitan. Lo que falta es poder construirlos”, resume.
- Mientras la demanda continúa creciendo y algunos departamentos muestran incrementos cercanos o superiores al 10 % anual, la infraestructura sigue atrapada entre trámites, conflictos y decisiones políticas.
- El riesgo, advierte el sector, es que los cuellos de botella actuales dejen de ser casos aislados y se conviertan en una limitación estructural para el crecimiento económico del país.
Fotografía de Energie-portal.sk en Unsplash
Los departamentos donde la red eléctrica está al límite
La demanda eléctrica crece más rápido que la red. Proyectos frenados por alcaldes, licencias y conflictos elevan el riesgo de apagones.
La infraestructura de transmisión eléctrica de Guatemala enfrenta un rezago que comienza a reflejarse en problemas de suministro, limitaciones para conectar nuevos usuarios y dificultades para incorporar generación adicional al sistema.
- Aunque el país ha logrado expandir su matriz energética en los últimos años, las redes de transporte no han avanzado al mismo ritmo de la demanda.
Qué destacar. La situación preocupa a la Asociación Guatemalteca de Transportistas de Electricidad (AGTE). Su presidente, David Cabrera, advierte que varios puntos del país operan cerca de sus límites técnicos y que el atraso en obras estratégicas podría derivar en interrupciones más frecuentes del servicio.
- El problema surge en un momento en que el consumo eléctrico registra máximos históricos. Datos del sector muestran que la demanda máxima nacional alcanzó 2204 megavatios (MW) en 2025 y el consumo anual superó los 14 000 gigavatios hora (GWh).
- Para 2026, la demanda máxima ya ronda los 2301 MW, lo que representa un crecimiento cercano al 8.6 % en apenas un año. Estas cifras reflejan una expansión sostenida de la actividad económica y del consumo residencial en todo el país.
- Sin embargo, mientras la demanda crece, numerosas obras de transmisión permanecen retrasadas por problemas de licencias municipales, servidumbres, conflictos comunitarios y falta de mecanismos estatales para agilizar permisos.
En el radar. Uno de los casos más delicados es Petén. Según Cabrera, la capacidad de transmisión hacia el departamento ya no es suficiente para atender por sí sola la demanda regional.
- Por ello, la generación local con gas natural se ha convertido en un soporte indispensable para mantener el suministro. La fragilidad del sistema quedó en evidencia hace pocas semanas cuando un bloqueo comunitario interrumpió el suministro de gas hacia una planta generadora.
- Aunque la protesta no estaba relacionada con el sector eléctrico, la suspensión temporal de la generación causó cortes de energía en distintos sectores del departamento.
- “El transporte ya no puede respaldar toda la demanda. Si la generación local sale de operación, aparecen los problemas”, explicó Cabrera.
Sí, pero. La solución definitiva sería una nueva línea de transmisión que conecte la región con mayor capacidad al Sistema Nacional Interconectado. Sin embargo, el proyecto aún no ha iniciado construcción.
- El Instituto Nacional de Electrificación (INDE) ha avanzado en la adquisición de terrenos y permisos, pero la obra sigue en etapa preparatoria.
- De acuerdo con Cabrera, aun si la construcción comenzara en el corto plazo, la llegada de la infraestructura hasta la cabecera departamental podría tardar entre cinco y seis años.
- La preocupación aumenta porque Petén es uno de los departamentos con mayor crecimiento eléctrico del país. Datos del sector muestran que la demanda aumentó alrededor de un 25 % entre 2023 y 2024 y continuó creciendo cerca de un 8 % durante 2025. Mientras la nueva línea no se construya, la región dependerá de la continuidad de los proyectos de generación con gas natural.
Punto de fricción. Otra de las principales preocupaciones se encuentra en Chimaltenango. Hace más de dos años se averió un transformador del INDE que nunca fue repuesto con un equipo de capacidad equivalente. Como medida temporal, se instalaron equipos de respaldo para evitar un colapso del sistema, pero actualmente la subestación opera al límite.
- La solución existe y ya fue construida. Se trata de la subestación Comalapa, diseñada para robustecer el suministro regional y mejorar los niveles de voltaje. No obstante, la infraestructura no puede entrar en operaciones porque falta construir aproximadamente dos kilómetros de línea de conexión.
- Según Cabrera, el principal obstáculo es la falta de licencias municipales emitidas por la comuna de Chimaltenango. El proyecto lleva más de un año detenido pese a que el desarrollador ya alcanzó acuerdos con las comunidades afectadas, modificó trazos y cumplió requerimientos técnicos.
- “Es una obra que podría construirse en pocos meses porque incluso el material está disponible”, señaló. Chimaltenango se ha convertido en uno de los principales polos económicos fuera del área metropolitana. Su crecimiento comercial, industrial y residencial ha disparado la demanda energética. Actualmente, existen momentos en los que el sistema opera con voltajes muy por debajo de los niveles ideales, situación que puede afectar equipos industriales, sistemas de refrigeración y procesos productivos. Si la obra continúa paralizada, Cabrera advierte que podrían registrarse apagones que afecten a buena parte del departamento.
Lo que sigue. En Huehuetenango el panorama es similar. A inicios de este año se dañó un transformador que abastece a la Empresa Eléctrica Municipal de Huehuetenango. Desde entonces, las instalaciones operan bajo condiciones de tensión y con capacidad limitada.
- Existen proyectos para reforzar la red mediante infraestructura conectada al sistema de 230 kilovoltios, pero enfrentan obstáculos relacionados con permisos, derechos de vía y costos de servidumbre. Según Cabrera, algunos desarrolladores privados acumulan más de dos años intentando avanzar. En el caso del INDE, hay iniciativas que llevan entre seis y siete años sin concretarse.
- Las consecuencias ya son tangibles. Algunos comercios han enfrentado dificultades para obtener nuevas conexiones eléctricas por falta de capacidad disponible en determinadas zonas. Otros han optado por instalar plantas de generación propias para garantizar su operación.
- El problema trasciende Huehuetenango.Desde esa infraestructura también se alimentan comunidades de Quiché, por lo que una falla importante tendría efectos regionales.
Datos clave. La Costa Sur representa otro foco de preocupación. De acuerdo con Cabrera, la red de 69 kilovoltios que atiende gran parte de la región opera cerca de sus límites técnicos. Cuando alguna línea sale de servicio por mantenimiento o contingencias, el sistema experimenta fluctuaciones de voltaje y problemas de estabilidad. Entre Escuintla y San Marcos existen tramos donde la capacidad disponible resulta cada vez más reducida ante el crecimiento de la demanda.
La situación es particularmente compleja porque la región concentra importantes actividades industriales, agrícolas y portuarias, además de una creciente incorporación de proyectos de generación renovable. Las preocupaciones de la AGTE coinciden con los indicadores oficiales. Aunque el crecimiento promedio nacional de la demanda eléctrica se ubica alrededor del 4 % al 5 % anual, varios departamentos avanzan a ritmos significativamente mayores.
Durante 2025, Quiché registró un crecimiento de un 9.59 %; Sololá, un 9.23 %; Alta Verapaz, un 8.48 %; Petén, un 8.26 %; y Huehuetenango, un 8.07 %. En 2026, algunos departamentos ya superan el umbral de dos dígitos. Quiché reporta un aumento de un 10.62 % y Retalhuleu de un 10.66 %. Esta expansión exige nuevas líneas, transformadores y subestaciones para mantener la calidad del servicio.
Por qué importa. El problema no solo afecta la confiabilidad del suministro. También tiene consecuencias económicas. Las restricciones de transmisión obligan con frecuencia al sistema a despachar energía más cara porque no puede trasladar la generación más eficiente hasta los centros de consumo.
- El resultado son costos adicionales que terminan trasladándose a toda la cadena eléctrica. Además, las líneas que operan saturadas generan mayores pérdidas técnicas. A medida que los conductores trabajan cerca de su límite, aumentan la temperatura y las pérdidas de energía.
- Todo ello termina impactando en los costos generales del sistema. El Administrador del Mercado Mayorista (AMM) ha estimado la necesidad de construir aproximadamente 1080 kilómetros de nuevas líneas y al menos 13 subestaciones adicionales para fortalecer la red nacional.
- Para Cabrera, parte de la solución pasa por la próxima expansión del sistema de transmisión y por la creación de mecanismos que permitan ejecutar las obras con mayor rapidez.
En conclusión. Entre las propuestas destacan plazos obligatorios para licencias, ventanillas únicas de gestión, silencio administrativo positivo y una mayor participación del Estado en la resolución de conflictos comunitarios.
- A su juicio, el principal problema ya no es identificar las obras necesarias. “Sabemos cuáles son los proyectos que se necesitan. Lo que falta es poder construirlos”, resume.
- Mientras la demanda continúa creciendo y algunos departamentos muestran incrementos cercanos o superiores al 10 % anual, la infraestructura sigue atrapada entre trámites, conflictos y decisiones políticas.
- El riesgo, advierte el sector, es que los cuellos de botella actuales dejen de ser casos aislados y se conviertan en una limitación estructural para el crecimiento económico del país.
Fotografía de Energie-portal.sk en Unsplash
