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Redacción
23 de enero, 2026
América Latina enfrenta una paradoja estructural: una economía que crece, pero cada vez produce menos valor por trabajador. En ese contexto, la inteligencia artificial emerge como una palanca clave para revertir décadas de bajo dinamismo productivo. El desafío no es tecnológico, sino estratégico, político y regional.
Por qué importa. La región entra a la era de la inteligencia artificial con un problema previo: productividad estancada. Durante décadas, el crecimiento económico dependió más del aumento del empleo que de mejoras en eficiencia. Ese modelo hoy muestra señales claras de agotamiento estructural.
- Entre 2015 y 2024, la productividad en América Latina cayó 0.3% anual promedio, y en los últimos 25 años apenas creció 0.4% por año, según datos citados por el Foro Económico Mundial y McKinsey & Company.
- La desaceleración del crecimiento de la fuerza laboral amenaza el PIB regional. Sin mejoras sostenidas en productividad, el crecimiento futuro será más lento, más frágil y más dependiente del gasto público o de choques externos.
- La IA aparece como una herramienta transversal capaz de automatizar tareas, mejorar decisiones y liberar capital humano, pero su impacto depende de condiciones institucionales, inversión privada y reglas claras, no solo de adopción tecnológica aislada.
Datos clave. El potencial económico de la inteligencia artificial en América Latina es significativo, aunque desigual. Su verdadero valor no está en la novedad, sino en la capacidad de escalar productividad en sectores tradicionales, donde hoy se concentran empleo y valor agregado.
- Estimaciones del estudio “Latin America in the Intelligent Age” calculan que la IA podría aportar entre 1.1 y 1.7 billones de dólares anuales a la región, con mayor peso de la IA analítica frente a la generativa.
- McKinsey estima que la productividad regional podría crecer entre 1.9% y 2.3% anual al 2030 gracias a la IA, superando el promedio histórico y compensando el agotamiento del dividendo demográfico.
- “La IA redefine cómo trabajamos y competimos”, señaló Børge Brende, presidente del Foro Económico Mundial, al presentar el informe, enfatizando que el crecimiento dependerá de ejecución y no solo de ambición política.
Lo indispensable. El estudio identifica que el principal cuello de botella no es la tecnología, sino la falta de coherencia estratégica. La región avanza a ritmos distintos, con políticas fragmentadas y ciclos políticos que dificultan continuidad y credibilidad ante inversionistas.
- Sin estrategias nacionales con metas medibles, la IA corre el riesgo de dispersarse en proyectos piloto sin impacto sistémico, diluyendo recursos públicos y privados en iniciativas sin escala ni retorno económico claro.
- La infraestructura digital enfrenta presiones crecientes: conectividad incompleta, rezago en 5G y costos energéticos. Impulsar IA sin resolver estos déficits puede agravar desigualdades territoriales y sectoriales.
- “La gobernanza de datos es tan importante como la inversión”, advirtió Michael Chui, socio senior de McKinsey, al subrayar que sin datos interoperables y reglas claras, la IA no genera ventajas competitivas sostenibles.
Lo que sigue. La hoja de ruta propuesta apunta a una transformación gradual, liderada por el sector privado, con Estados facilitadores y cooperación regional. El desafío es pasar del diagnóstico compartido a decisiones consistentes en el tiempo.
- Incrementar la inversión en IA en cinco puntos porcentuales permitiría alinear a la región con su peso en el PIB global, potenciando retornos productivos y reduciendo dependencia de subsidios estatales o gasto improductivo.
- La formación de talento en IA debe integrarse a sistemas educativos y aprendizaje continuo, priorizando adaptabilidad y capacidades técnicas, para evitar que la automatización profundice informalidad o exclusión laboral.
- América Latina puede aprovechar idioma, cultura y cercanía para crear ecosistemas regionales de innovación, compartiendo conocimiento y atrayendo capital. La oportunidad existe; la inacción, también tiene costo económico.
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Redacción
23 de enero, 2026
América Latina enfrenta una paradoja estructural: una economía que crece, pero cada vez produce menos valor por trabajador. En ese contexto, la inteligencia artificial emerge como una palanca clave para revertir décadas de bajo dinamismo productivo. El desafío no es tecnológico, sino estratégico, político y regional.
Por qué importa. La región entra a la era de la inteligencia artificial con un problema previo: productividad estancada. Durante décadas, el crecimiento económico dependió más del aumento del empleo que de mejoras en eficiencia. Ese modelo hoy muestra señales claras de agotamiento estructural.
- Entre 2015 y 2024, la productividad en América Latina cayó 0.3% anual promedio, y en los últimos 25 años apenas creció 0.4% por año, según datos citados por el Foro Económico Mundial y McKinsey & Company.
- La desaceleración del crecimiento de la fuerza laboral amenaza el PIB regional. Sin mejoras sostenidas en productividad, el crecimiento futuro será más lento, más frágil y más dependiente del gasto público o de choques externos.
- La IA aparece como una herramienta transversal capaz de automatizar tareas, mejorar decisiones y liberar capital humano, pero su impacto depende de condiciones institucionales, inversión privada y reglas claras, no solo de adopción tecnológica aislada.
Datos clave. El potencial económico de la inteligencia artificial en América Latina es significativo, aunque desigual. Su verdadero valor no está en la novedad, sino en la capacidad de escalar productividad en sectores tradicionales, donde hoy se concentran empleo y valor agregado.
- Estimaciones del estudio “Latin America in the Intelligent Age” calculan que la IA podría aportar entre 1.1 y 1.7 billones de dólares anuales a la región, con mayor peso de la IA analítica frente a la generativa.
- McKinsey estima que la productividad regional podría crecer entre 1.9% y 2.3% anual al 2030 gracias a la IA, superando el promedio histórico y compensando el agotamiento del dividendo demográfico.
- “La IA redefine cómo trabajamos y competimos”, señaló Børge Brende, presidente del Foro Económico Mundial, al presentar el informe, enfatizando que el crecimiento dependerá de ejecución y no solo de ambición política.
Lo indispensable. El estudio identifica que el principal cuello de botella no es la tecnología, sino la falta de coherencia estratégica. La región avanza a ritmos distintos, con políticas fragmentadas y ciclos políticos que dificultan continuidad y credibilidad ante inversionistas.
- Sin estrategias nacionales con metas medibles, la IA corre el riesgo de dispersarse en proyectos piloto sin impacto sistémico, diluyendo recursos públicos y privados en iniciativas sin escala ni retorno económico claro.
- La infraestructura digital enfrenta presiones crecientes: conectividad incompleta, rezago en 5G y costos energéticos. Impulsar IA sin resolver estos déficits puede agravar desigualdades territoriales y sectoriales.
- “La gobernanza de datos es tan importante como la inversión”, advirtió Michael Chui, socio senior de McKinsey, al subrayar que sin datos interoperables y reglas claras, la IA no genera ventajas competitivas sostenibles.
Lo que sigue. La hoja de ruta propuesta apunta a una transformación gradual, liderada por el sector privado, con Estados facilitadores y cooperación regional. El desafío es pasar del diagnóstico compartido a decisiones consistentes en el tiempo.
- Incrementar la inversión en IA en cinco puntos porcentuales permitiría alinear a la región con su peso en el PIB global, potenciando retornos productivos y reduciendo dependencia de subsidios estatales o gasto improductivo.
- La formación de talento en IA debe integrarse a sistemas educativos y aprendizaje continuo, priorizando adaptabilidad y capacidades técnicas, para evitar que la automatización profundice informalidad o exclusión laboral.
- América Latina puede aprovechar idioma, cultura y cercanía para crear ecosistemas regionales de innovación, compartiendo conocimiento y atrayendo capital. La oportunidad existe; la inacción, también tiene costo económico.
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