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“La reputación es un activo importante para una compañía que opera en Latinoamérica”: Jamie Mickelson

Foto: Gary Alvarado | República.
María José Aresti y Braulio Palacios
23 de mayo, 2026

La directora general del área de Investigaciones, Diligencia Debida y Cumplimiento Normativo de Kroll, Jamie Mickelson, conversó con República en el marco del CLADIT 2026, organizado por ABG y EBG, sobre los riesgos reputacionales que enfrentan las empresas bajo investigación.

La experta detalló casos como Odebrecht, advirtió que basta el rumor de una indagación para que inversionistas y bancos se alejen, y subrayó que entender el beneficiario final y el origen de fondos es indispensable.

¿Qué ocurre con la reputación de una empresa cuando queda bajo investigación?

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—El mayor riesgo es el reputacional. Los problemas legales eventualmente pueden resolverse; los problemas financieros también. Pero limpiar el nombre de una empresa, una vez ha sido asociada con actividad ilícita, lavado de dinero o corrupción, toma muchísimo tiempo.

Por eso, además de preocuparse por la exposición legal y financiera, una de las razones por las que hablamos de la importancia de los programas de compliance es proteger a la compañía frente a esos riesgos reputacionales. Son muy difíciles de revertir una vez la empresa aparece vinculada a ese tipo de información en fuentes públicas o ha sufrido cobertura mediática.

Foto: Gary Alvarado | República.

¿Una empresa puede recuperar su imagen después de un daño reputacional serio?

—No quiero decir que sea imposible, pero toma muchos años y quizá nunca se logra del todo. Lo que uno observa en compañías implicadas en escándalos de corrupción o acusadas de violaciones a la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA, siglas en inglés), es que tienen que tomar medidas muy públicas para explicar qué están haciendo y cómo están fortaleciendo sus programas de cumplimiento.

Creo que eventualmente pueden limpiar su imagen si son muy claras y públicas respecto de las medidas que están tomando. Pero el nombre de la compañía siempre quedará asociado con aquello que salió mal y con todos los pasos que tuvo que tomar para reparar su reputación.

¿Por qué una investigación afecta la confianza antes de una sanción formal?

—Basta con saber que una compañía está bajo investigación para que, normalmente, la mayoría de los inversionistas quiera salir. Puede haber miembros de junta directiva que no quieran seguir asociados con la empresa; la investigación o la sospecha de que ocurrió una conducta indebida suele ser suficiente para que las personas no quieran estar vinculadas.

No quieren correr el riesgo de que su propio nombre quede asociado o de perder su inversión si son accionistas de la compañía.

Muchas veces deciden que no quieren esperar a ver qué ocurre con la investigación. Normalmente, solo el rumor basta para que la gente no quiera participar.

Foto: Gary Alvarado | República.

¿Cómo ven los bancos, inversionistas o socios a una empresa bajo escrutinio?

—Si un banco se entera de que uno de sus clientes está bajo investigación, sea local o internacional, casi siempre hará de inmediato una debida diligencia reforzada. Empezará a hacer preguntas adicionales, podría cerrar cuentas bancarias o decidir que no quiere correr el riesgo.

No quieren esperar a ver qué ocurre con la investigación. Pueden cerrar cuentas bancarias de forma preventiva. Entonces, una compañía puede encontrarse excluida del sector financiero internacional por el simple hecho de estar bajo investigación.

El riesgo de esperar y que luego efectivamente haya una acusación o cargos formales es algo que la mayoría de los bancos no quiere asumir.

Lo mismo ocurre con proveedores y clientes. Pueden decir: “No quiero aparecer como distribuidor de esta compañía”, y decidir proactivamente terminar la relación.

¿Qué factores agravan el daño reputacional de una empresa investigada?

—Hay empresas que, cuando se convierten en foco de una investigación, buscan apoyo externo para hacer una indagación interna y entender qué ocurrió. También contratan abogados para manejar la situación de forma proactiva.

Luego pueden tomar decisiones sobre si revelan voluntariamente la información o si participan en una investigación. Creo que las compañías que hacen una investigación completa, que buscan entender qué pasó, quién estuvo involucrado y qué medidas deben tomar para corregir esa conducta, son las que eventualmente pueden salir adelante y presentar una reputación distinta.

En cambio, las que no quieren reconocer lo ocurrido o se niegan a hacerlo suelen tardar mucho más en recuperar su reputación, porque no asumen responsabilidad. No hay rendición de cuentas por lo que pasó.

Cuando una empresa queda sujeta a una investigación, lo más importante que puede hacer es entender qué ocurrió en realidad. Normalmente, no se trata solo de una persona. Por lo general, hay una falla de controles dentro de la institución.

Los controles fallan porque hay mucha presión desde el lado comercial para traer negocio a cualquier costo, para trabajar con ciertos clientes sin importar el riesgo. Y generalmente es ahí donde vemos temas como corrupción o lavado de dinero.

Algunas compañías no reconocen eso y quieren crear un chivo expiatorio. Eligen a una persona y dicen: “Teníamos una manzana podrida, pero como compañía no somos así”. El error es no reconocer que suele haber un problema de cultura y de controles.

Foto: Gary Alvarado | República.

¿Qué cambia entre ser investigado directamente o estar vinculado por terceros?

—Están las compañías directamente involucradas, que normalmente tienen que salir a reconocer qué ocurrió y tomar medidas para limpiar su situación. Luego están las empresas proveedoras o socios comerciales que, por esa razón, suelen cortar relaciones de manera proactiva. No quieren cargar con esa culpa por asociación.

Muchas compañías que ven venir ese tipo de daño toman medidas públicas para romper relaciones con una empresa acusada de irregularidades, precisamente para no sufrir ese daño reputacional.

Y puede que necesiten salir públicamente a explicar qué sabían sobre esa compañía, en qué momento cortaron la relación y dejar claro que, tan pronto supieron que algo estaba ocurriendo, decidieron terminar ese vínculo.

¿Qué papel juegan el origen de fondos y el beneficiario final?

—Son claves. Es una de las cosas más importantes hoy, cuando las expectativas de los bancos son que las compañías sean mucho más proactivas respecto de con quién hacen negocios.

Identificar simplemente el nombre de una empresa no basta si no hay una estructura clara de propiedad. Si la estructura está compuesta por otras compañías y no se puede determinar quién es la persona física detrás de esas instituciones, eso debería levantar red flags para los bancos si las empresas no lo saben.

En el entorno actual, entender quién es el beneficiario final y cuál es el origen de los fondos resulta indispensable. Pueden llegar clientes de alto valor y verse muy atractivos. Pero saber de dónde viene esa riqueza es lo más importante que las compañías pueden hacer, porque eso es exactamente lo que los bancos están mirando ahora.

Foto: Gary Alvarado | República.

¿Por qué Latinoamérica debe discutir más estos riesgos reputacionales?

—Creo que en Latinoamérica todavía hay una cultura de compliance en crecimiento. Hay empresas que aún no terminan de entender que esto no es un gasto adicional.

Algunas compañías lo ven como: “Tengo que pagar a un oficial de compliance, pagar líneas de denuncia y un software de monitoreo”. Es muy importante que las empresas entiendan que todo eso son inversiones para protegerse frente a futuros daños reputacionales en la compañía.

Eso es algo que algunas empresas todavía no han incorporado completamente en los niveles más altos, en la comprensión de la importancia de los programas de compliance.

Cuando hablo de programas de compliance con juntas directivas, me gusta usar datos concretos: una empresa invirtió USD 7M, pero evitó una multa de USD 70M. Poner esos números duros ayuda mucho a que las empresas entiendan cuáles pueden ser las consecuencias potenciales.

Son consecuencias muy significativas, y la inversión real en cumplimiento es muy pequeña en comparación con el daño que puede evitar. Eso es solo el daño financiero.

Cuando hablamos del daño reputacional, cuantificarlo es muy difícil. Pero esos números muestran al menos el impacto financiero directo.

¿Qué deben entender los CEO sobre la reputación como activo económico?

—La reputación es de lo más importante que puede tener una compañía, particularmente cuando opera en Latinoamérica, que puede ser una región muy compleja.

Para los inversionistas extranjeros, para empresas que vienen de otras jurisdicciones y conocen menos la región, una de las primeras preguntas será: ¿cuál es la reputación de esta compañía? No quieren empezar a hacer negocios con una empresa en un país que puede tener altos riesgos de corrupción o vínculos relevantes con crimen organizado.

Las empresas quieren saber con quién están haciendo negocios. Por eso, construir una reputación y ser una compañía conocida por actuar de forma ética, con controles sólidos, es financieramente muy beneficioso. Esas son las compañías que los inversionistas extranjeros van a buscar para hacer negocios.

Foto: Gary Alvarado | República.

¿Por qué algunas empresas arriesgan su reputación por ganancias inmediatas?

—Lo que suele ocurrir es que los intereses comerciales se imponen. Los intereses de corto plazo se imponen sobre la visión de largo plazo de proteger la reputación de la compañía.

Por ejemplo, un banco que acepta a un cliente de muy alto riesgo. Ese banco quizá no quiera saber el origen de los fondos porque el cliente traerá decenas de millones de dólares. En el corto plazo, las ganancias y los clientes que podría atraer parecen muy atractivos. Ahí hay una tensión entre el área comercial y el área de compliance.

Hay ejemplos muy conocidos de oficiales de compliance que le dicen al negocio: “Esto representa demasiado riesgo, no vale la pena”. Pero, en el corto plazo, el negocio siente que sí vale la pena porque es un cliente de alto valor o porque puede ganar mucho dinero con una operación.

Muchos casos derivados de la FCPA son de compañías que dicen: “La única forma de operar en esta región es pagando sobornos, entonces lo vamos a hacer”.

La otra forma de verlo sería que una compañía diga: “Si esa es la única manera de operar en esa región, entonces no nos interesa trabajar en ese mercado, porque no somos una empresa que participa en ese tipo de actividades”.

En el largo plazo, las compañías se benefician mucho de ese tipo de decisiones. Mientras que, en el corto plazo, las empresas sienten que quieren operar ahí o participar en cierta industria o mercado.

Por eso creo que se trata de una tensión entre pensamiento de corto plazo y pensamiento de largo plazo.

¿Las empresas aprenden cumplimiento solo después de grandes casos públicos?

—Lamentablemente, muchas compañías tienen que aprender de la manera difícil. Tienen que esperar y ver. El caso Odebrecht es un gran ejemplo. Tenían un departamento entero dedicado a pagar sobornos.

Han hecho mucho trabajo para intentar limpiar su nombre, precisamente porque quedaron tan asociados con eso. Pero creo que el caso muestra muy bien cuál era la cultura dentro de la compañía, al punto de ser tan abierta respecto de esa conducta.

La decisión fue: vamos a hacer este negocio en el corto plazo, en lugar de preocuparnos por las consecuencias de largo plazo.

Foto: Gary Alvarado | República.

La asociación con Odebrecht sigue impactando a terceros… 

—Exactamente. Puede que esas empresas no hayan sufrido el mismo nivel de daño, pero quedaron vinculadas con esa compañía. Eso, al menos, hace que inversionistas y bancos se hagan preguntas.

¿Necesito saber más sobre esta empresa antes de decidir invertir? Porque parece que estaba haciendo negocios con esta compañía. ¿Hacía negocios de la misma manera? Esa es una pregunta que yo haría antes de avanzar.

¿Alguna vez vio ejecutivos justificar directamente decisiones irregulares?

—Puedo decirle que, en casi todas las investigaciones de delitos de cuello blanco que llevé como fiscal, las personas encontraban una manera de justificar lo que estaban haciendo.

Tuve una vez un caso de autocontratación, donde una persona básicamente otorgaba subcontratos a su propia empresa. La justificación era: “Bueno, yo hago el trabajo mejor que cualquier otro, entonces me lo asigné a mí mismo”.

Casi siempre, en estos casos, las personas encuentran una manera de justificar su conducta ante sí mismas, porque no quieren reconocer que lo que estaban haciendo estaba mal.

Y en ejemplos de corrupción, la explicación suele ser: “Todos pagan eso” o “Es la única manera de hacer negocios”. Esa es casi siempre la forma en que las personas justifican su conducta.

Casi siempre las personas logran convencerse de que lo que estaban haciendo era correcto.

 

La entrevista se realizó originalmente en inglés. Esta es una traducción al español.

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“La reputación es un activo importante para una compañía que opera en Latinoamérica”: Jamie Mickelson

Foto: Gary Alvarado | República.
María José Aresti y Braulio Palacios
23 de mayo, 2026

La directora general del área de Investigaciones, Diligencia Debida y Cumplimiento Normativo de Kroll, Jamie Mickelson, conversó con República en el marco del CLADIT 2026, organizado por ABG y EBG, sobre los riesgos reputacionales que enfrentan las empresas bajo investigación.

La experta detalló casos como Odebrecht, advirtió que basta el rumor de una indagación para que inversionistas y bancos se alejen, y subrayó que entender el beneficiario final y el origen de fondos es indispensable.

¿Qué ocurre con la reputación de una empresa cuando queda bajo investigación?

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—El mayor riesgo es el reputacional. Los problemas legales eventualmente pueden resolverse; los problemas financieros también. Pero limpiar el nombre de una empresa, una vez ha sido asociada con actividad ilícita, lavado de dinero o corrupción, toma muchísimo tiempo.

Por eso, además de preocuparse por la exposición legal y financiera, una de las razones por las que hablamos de la importancia de los programas de compliance es proteger a la compañía frente a esos riesgos reputacionales. Son muy difíciles de revertir una vez la empresa aparece vinculada a ese tipo de información en fuentes públicas o ha sufrido cobertura mediática.

Foto: Gary Alvarado | República.

¿Una empresa puede recuperar su imagen después de un daño reputacional serio?

—No quiero decir que sea imposible, pero toma muchos años y quizá nunca se logra del todo. Lo que uno observa en compañías implicadas en escándalos de corrupción o acusadas de violaciones a la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA, siglas en inglés), es que tienen que tomar medidas muy públicas para explicar qué están haciendo y cómo están fortaleciendo sus programas de cumplimiento.

Creo que eventualmente pueden limpiar su imagen si son muy claras y públicas respecto de las medidas que están tomando. Pero el nombre de la compañía siempre quedará asociado con aquello que salió mal y con todos los pasos que tuvo que tomar para reparar su reputación.

¿Por qué una investigación afecta la confianza antes de una sanción formal?

—Basta con saber que una compañía está bajo investigación para que, normalmente, la mayoría de los inversionistas quiera salir. Puede haber miembros de junta directiva que no quieran seguir asociados con la empresa; la investigación o la sospecha de que ocurrió una conducta indebida suele ser suficiente para que las personas no quieran estar vinculadas.

No quieren correr el riesgo de que su propio nombre quede asociado o de perder su inversión si son accionistas de la compañía.

Muchas veces deciden que no quieren esperar a ver qué ocurre con la investigación. Normalmente, solo el rumor basta para que la gente no quiera participar.

Foto: Gary Alvarado | República.

¿Cómo ven los bancos, inversionistas o socios a una empresa bajo escrutinio?

—Si un banco se entera de que uno de sus clientes está bajo investigación, sea local o internacional, casi siempre hará de inmediato una debida diligencia reforzada. Empezará a hacer preguntas adicionales, podría cerrar cuentas bancarias o decidir que no quiere correr el riesgo.

No quieren esperar a ver qué ocurre con la investigación. Pueden cerrar cuentas bancarias de forma preventiva. Entonces, una compañía puede encontrarse excluida del sector financiero internacional por el simple hecho de estar bajo investigación.

El riesgo de esperar y que luego efectivamente haya una acusación o cargos formales es algo que la mayoría de los bancos no quiere asumir.

Lo mismo ocurre con proveedores y clientes. Pueden decir: “No quiero aparecer como distribuidor de esta compañía”, y decidir proactivamente terminar la relación.

¿Qué factores agravan el daño reputacional de una empresa investigada?

—Hay empresas que, cuando se convierten en foco de una investigación, buscan apoyo externo para hacer una indagación interna y entender qué ocurrió. También contratan abogados para manejar la situación de forma proactiva.

Luego pueden tomar decisiones sobre si revelan voluntariamente la información o si participan en una investigación. Creo que las compañías que hacen una investigación completa, que buscan entender qué pasó, quién estuvo involucrado y qué medidas deben tomar para corregir esa conducta, son las que eventualmente pueden salir adelante y presentar una reputación distinta.

En cambio, las que no quieren reconocer lo ocurrido o se niegan a hacerlo suelen tardar mucho más en recuperar su reputación, porque no asumen responsabilidad. No hay rendición de cuentas por lo que pasó.

Cuando una empresa queda sujeta a una investigación, lo más importante que puede hacer es entender qué ocurrió en realidad. Normalmente, no se trata solo de una persona. Por lo general, hay una falla de controles dentro de la institución.

Los controles fallan porque hay mucha presión desde el lado comercial para traer negocio a cualquier costo, para trabajar con ciertos clientes sin importar el riesgo. Y generalmente es ahí donde vemos temas como corrupción o lavado de dinero.

Algunas compañías no reconocen eso y quieren crear un chivo expiatorio. Eligen a una persona y dicen: “Teníamos una manzana podrida, pero como compañía no somos así”. El error es no reconocer que suele haber un problema de cultura y de controles.

Foto: Gary Alvarado | República.

¿Qué cambia entre ser investigado directamente o estar vinculado por terceros?

—Están las compañías directamente involucradas, que normalmente tienen que salir a reconocer qué ocurrió y tomar medidas para limpiar su situación. Luego están las empresas proveedoras o socios comerciales que, por esa razón, suelen cortar relaciones de manera proactiva. No quieren cargar con esa culpa por asociación.

Muchas compañías que ven venir ese tipo de daño toman medidas públicas para romper relaciones con una empresa acusada de irregularidades, precisamente para no sufrir ese daño reputacional.

Y puede que necesiten salir públicamente a explicar qué sabían sobre esa compañía, en qué momento cortaron la relación y dejar claro que, tan pronto supieron que algo estaba ocurriendo, decidieron terminar ese vínculo.

¿Qué papel juegan el origen de fondos y el beneficiario final?

—Son claves. Es una de las cosas más importantes hoy, cuando las expectativas de los bancos son que las compañías sean mucho más proactivas respecto de con quién hacen negocios.

Identificar simplemente el nombre de una empresa no basta si no hay una estructura clara de propiedad. Si la estructura está compuesta por otras compañías y no se puede determinar quién es la persona física detrás de esas instituciones, eso debería levantar red flags para los bancos si las empresas no lo saben.

En el entorno actual, entender quién es el beneficiario final y cuál es el origen de los fondos resulta indispensable. Pueden llegar clientes de alto valor y verse muy atractivos. Pero saber de dónde viene esa riqueza es lo más importante que las compañías pueden hacer, porque eso es exactamente lo que los bancos están mirando ahora.

Foto: Gary Alvarado | República.

¿Por qué Latinoamérica debe discutir más estos riesgos reputacionales?

—Creo que en Latinoamérica todavía hay una cultura de compliance en crecimiento. Hay empresas que aún no terminan de entender que esto no es un gasto adicional.

Algunas compañías lo ven como: “Tengo que pagar a un oficial de compliance, pagar líneas de denuncia y un software de monitoreo”. Es muy importante que las empresas entiendan que todo eso son inversiones para protegerse frente a futuros daños reputacionales en la compañía.

Eso es algo que algunas empresas todavía no han incorporado completamente en los niveles más altos, en la comprensión de la importancia de los programas de compliance.

Cuando hablo de programas de compliance con juntas directivas, me gusta usar datos concretos: una empresa invirtió USD 7M, pero evitó una multa de USD 70M. Poner esos números duros ayuda mucho a que las empresas entiendan cuáles pueden ser las consecuencias potenciales.

Son consecuencias muy significativas, y la inversión real en cumplimiento es muy pequeña en comparación con el daño que puede evitar. Eso es solo el daño financiero.

Cuando hablamos del daño reputacional, cuantificarlo es muy difícil. Pero esos números muestran al menos el impacto financiero directo.

¿Qué deben entender los CEO sobre la reputación como activo económico?

—La reputación es de lo más importante que puede tener una compañía, particularmente cuando opera en Latinoamérica, que puede ser una región muy compleja.

Para los inversionistas extranjeros, para empresas que vienen de otras jurisdicciones y conocen menos la región, una de las primeras preguntas será: ¿cuál es la reputación de esta compañía? No quieren empezar a hacer negocios con una empresa en un país que puede tener altos riesgos de corrupción o vínculos relevantes con crimen organizado.

Las empresas quieren saber con quién están haciendo negocios. Por eso, construir una reputación y ser una compañía conocida por actuar de forma ética, con controles sólidos, es financieramente muy beneficioso. Esas son las compañías que los inversionistas extranjeros van a buscar para hacer negocios.

Foto: Gary Alvarado | República.

¿Por qué algunas empresas arriesgan su reputación por ganancias inmediatas?

—Lo que suele ocurrir es que los intereses comerciales se imponen. Los intereses de corto plazo se imponen sobre la visión de largo plazo de proteger la reputación de la compañía.

Por ejemplo, un banco que acepta a un cliente de muy alto riesgo. Ese banco quizá no quiera saber el origen de los fondos porque el cliente traerá decenas de millones de dólares. En el corto plazo, las ganancias y los clientes que podría atraer parecen muy atractivos. Ahí hay una tensión entre el área comercial y el área de compliance.

Hay ejemplos muy conocidos de oficiales de compliance que le dicen al negocio: “Esto representa demasiado riesgo, no vale la pena”. Pero, en el corto plazo, el negocio siente que sí vale la pena porque es un cliente de alto valor o porque puede ganar mucho dinero con una operación.

Muchos casos derivados de la FCPA son de compañías que dicen: “La única forma de operar en esta región es pagando sobornos, entonces lo vamos a hacer”.

La otra forma de verlo sería que una compañía diga: “Si esa es la única manera de operar en esa región, entonces no nos interesa trabajar en ese mercado, porque no somos una empresa que participa en ese tipo de actividades”.

En el largo plazo, las compañías se benefician mucho de ese tipo de decisiones. Mientras que, en el corto plazo, las empresas sienten que quieren operar ahí o participar en cierta industria o mercado.

Por eso creo que se trata de una tensión entre pensamiento de corto plazo y pensamiento de largo plazo.

¿Las empresas aprenden cumplimiento solo después de grandes casos públicos?

—Lamentablemente, muchas compañías tienen que aprender de la manera difícil. Tienen que esperar y ver. El caso Odebrecht es un gran ejemplo. Tenían un departamento entero dedicado a pagar sobornos.

Han hecho mucho trabajo para intentar limpiar su nombre, precisamente porque quedaron tan asociados con eso. Pero creo que el caso muestra muy bien cuál era la cultura dentro de la compañía, al punto de ser tan abierta respecto de esa conducta.

La decisión fue: vamos a hacer este negocio en el corto plazo, en lugar de preocuparnos por las consecuencias de largo plazo.

Foto: Gary Alvarado | República.

La asociación con Odebrecht sigue impactando a terceros… 

—Exactamente. Puede que esas empresas no hayan sufrido el mismo nivel de daño, pero quedaron vinculadas con esa compañía. Eso, al menos, hace que inversionistas y bancos se hagan preguntas.

¿Necesito saber más sobre esta empresa antes de decidir invertir? Porque parece que estaba haciendo negocios con esta compañía. ¿Hacía negocios de la misma manera? Esa es una pregunta que yo haría antes de avanzar.

¿Alguna vez vio ejecutivos justificar directamente decisiones irregulares?

—Puedo decirle que, en casi todas las investigaciones de delitos de cuello blanco que llevé como fiscal, las personas encontraban una manera de justificar lo que estaban haciendo.

Tuve una vez un caso de autocontratación, donde una persona básicamente otorgaba subcontratos a su propia empresa. La justificación era: “Bueno, yo hago el trabajo mejor que cualquier otro, entonces me lo asigné a mí mismo”.

Casi siempre, en estos casos, las personas encuentran una manera de justificar su conducta ante sí mismas, porque no quieren reconocer que lo que estaban haciendo estaba mal.

Y en ejemplos de corrupción, la explicación suele ser: “Todos pagan eso” o “Es la única manera de hacer negocios”. Esa es casi siempre la forma en que las personas justifican su conducta.

Casi siempre las personas logran convencerse de que lo que estaban haciendo era correcto.

 

La entrevista se realizó originalmente en inglés. Esta es una traducción al español.

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