Una mesa larga en el Salón Atrio de la sede central de la Asociación Nacional del Café (Anacafé) reúne 30 cafés guatemaltecos. Los catadores olfatean, acercan la cuchara, degustan y pasan a la siguiente taza. El gesto se repite con precisión, como una coreografía. A un lado, entre conversaciones en mandarín y tazas humeantes, se mueve una delegación que viajó desde Taiwán para probar café en Guatemala.
En una época en la que buena parte del comercio se negocia por videollamada, catálogo o cafés enviados a distancia, todavía hay compradores que cruzan medio mundo para conocer de cerca el grano que buscan. Eso dice algo sobre el café guatemalteco: hay tazas capaces de justificar más de 15 000 kilómetros de viaje —distancia en línea recta— y más de 20 horas de vuelo.
Esta semana, una misión comercial de la República de China (Taiwán), organizada con la Oficina Comercial Taiwanesa para Centroamérica (CATO), Anacafé y las embajadas de ambos países, visitó Guatemala para participar en catación, ruedas de negocio y giras de campo por Huehuetenango y Sacatepéquez.
La visita confirmó algo que el sector repite desde hace años: el valor del café guatemalteco no se sostiene solo en la exportación, sino en la fuerza de su origen. Probarlo en Guatemala, recorrer zonas productivas y hablar con quienes lo cultivan también forma parte de la decisión de compra.
El recuerdo de la primera taza
Jones Huang Chung-Shih, fundador de ALink Coffee Co., no llegó a Guatemala como quien descubre algo nuevo. Su relación con el café nacional viene de hace más de 20 años y todavía recuerda que la primera taza que probó era de Antigua: “muy balanceado”, “limpio”, con notas frutales delicadas y una acidez elegante. Con el tiempo, su búsqueda se volvió más consciente, con un paladar más entrenado para encontrar perfiles nuevos dentro del mismo origen.
En su opinión, una de las grandes virtudes del café guatemalteco está en su diversidad. No habla de un sabor único, sino de una amplitud de matices. Menciona sobre todo la acidez y la variedad entre zonas y perfiles. “No es tan fácil replicarlo”, resume.
El mercado taiwanés está lleno de pequeñas cafeterías que compiten por ofrecer sabores distintos, microlotes y perfiles más especializados. En ese ecosistema, Guatemala encaja bien como un origen con identidad propia. Jones considera que una taza puede costar entre USD 5 y USD 8, y subir hasta USD 10 cuando se trata de cafés más exclusivos.
Suavidad y diferenciación en Taiwán
La historia de Jane Ye Jen, gerente de compras y tostado de Jhih Dou Technology Co., llega a una conclusión parecida. Este es su primer viaje a Guatemala, aunque lleva alrededor de 10 años en el negocio y ha seguido de cerca el perfil guatemalteco.
La empresa que representa, ubicada en Nueva Taipéi, trabaja con café tostado y vende principalmente por canales en línea a mercados como Hong Kong y otros destinos del este y sudeste asiático. Cuando describe el café guatemalteco, lo hace desde lo sensorial: balance, suavidad, dulzor, fruta y notas de chocolate.
Recuerda con precisión esa primera experiencia. “Me gustó su sabor frutal, balanceado y dulce”, dice. Es un tipo de taza que conecta bien con los consumidores en Taiwán, donde se consumen alrededor de 8M de tazas de café al día.
Ese mercado no es homogéneo. Existe un segmento pequeño pero exigente que busca cafés especiales y experiencias diferenciadas, y otro mucho más amplio, compuesto por cafeterías que trabajan con café de alta calidad dentro de un rango más comercial. En ambos, explica, Guatemala tiene espacio.
Una taza que justifica el viaje
La escena de la catación ayuda a entender que la misión no se limita a una reunión protocolaria. Los ocho integrantes, representantes de seis empresas, buscan entender el origen, el proceso y la diversidad detrás del grano.
El interés también tiene respaldo numérico. Según Anacafé, Taiwán es hoy el octavo destino del café guatemalteco y absorbe alrededor del 2 % del total exportado. En 2025 recibió 59 777 sacos de 60 kilos, equivalentes a USD 26.9M.
La trayectoria también muestra crecimiento. Hace algunos años los envíos se movían cerca de los 20 000 sacos; hoy rondan los 60 000. No es una curiosidad comercial: es una relación en expansión.
Asia ya representa cerca del 20 % de los destinos del café nacional. Ese crecimiento coincide con una mayor sofisticación del producto exportado. El café SHB (grano estrictamente duro) sigue siendo la base, pero la oferta se ha ampliado a categorías prime y extraprime.
Detrás de esa evolución hay un argumento que Guatemala repite y que el mercado parece validar: grandes alturas, más de 300 microclimas, procesos artesanales y una producción cultivada en un 98 % bajo sombra.
Pero incluso con ese respaldo estadístico, hay algo que las cifras no terminan de explicar: la imagen de compradores taiwaneses en una catación, probando uno a uno 30 cafés guatemaltecos y buscando en cada taza una posibilidad de negocio.
En Guatemala se ha hablado del café como tradición, orgullo exportador y carta de presentación. Todo eso sigue siendo cierto. Pero escenas como la de esta semana en Anacafé añaden otra lectura: el café guatemalteco también puede hacer que el mundo venga a buscarlo. Porque hay negocios que empiezan con una taza que alguien recuerda incluso después de cruzar medio mundo.
Una mesa larga en el Salón Atrio de la sede central de la Asociación Nacional del Café (Anacafé) reúne 30 cafés guatemaltecos. Los catadores olfatean, acercan la cuchara, degustan y pasan a la siguiente taza. El gesto se repite con precisión, como una coreografía. A un lado, entre conversaciones en mandarín y tazas humeantes, se mueve una delegación que viajó desde Taiwán para probar café en Guatemala.
En una época en la que buena parte del comercio se negocia por videollamada, catálogo o cafés enviados a distancia, todavía hay compradores que cruzan medio mundo para conocer de cerca el grano que buscan. Eso dice algo sobre el café guatemalteco: hay tazas capaces de justificar más de 15 000 kilómetros de viaje —distancia en línea recta— y más de 20 horas de vuelo.
Esta semana, una misión comercial de la República de China (Taiwán), organizada con la Oficina Comercial Taiwanesa para Centroamérica (CATO), Anacafé y las embajadas de ambos países, visitó Guatemala para participar en catación, ruedas de negocio y giras de campo por Huehuetenango y Sacatepéquez.
La visita confirmó algo que el sector repite desde hace años: el valor del café guatemalteco no se sostiene solo en la exportación, sino en la fuerza de su origen. Probarlo en Guatemala, recorrer zonas productivas y hablar con quienes lo cultivan también forma parte de la decisión de compra.
El recuerdo de la primera taza
Jones Huang Chung-Shih, fundador de ALink Coffee Co., no llegó a Guatemala como quien descubre algo nuevo. Su relación con el café nacional viene de hace más de 20 años y todavía recuerda que la primera taza que probó era de Antigua: “muy balanceado”, “limpio”, con notas frutales delicadas y una acidez elegante. Con el tiempo, su búsqueda se volvió más consciente, con un paladar más entrenado para encontrar perfiles nuevos dentro del mismo origen.
En su opinión, una de las grandes virtudes del café guatemalteco está en su diversidad. No habla de un sabor único, sino de una amplitud de matices. Menciona sobre todo la acidez y la variedad entre zonas y perfiles. “No es tan fácil replicarlo”, resume.
El mercado taiwanés está lleno de pequeñas cafeterías que compiten por ofrecer sabores distintos, microlotes y perfiles más especializados. En ese ecosistema, Guatemala encaja bien como un origen con identidad propia. Jones considera que una taza puede costar entre USD 5 y USD 8, y subir hasta USD 10 cuando se trata de cafés más exclusivos.
Suavidad y diferenciación en Taiwán
La historia de Jane Ye Jen, gerente de compras y tostado de Jhih Dou Technology Co., llega a una conclusión parecida. Este es su primer viaje a Guatemala, aunque lleva alrededor de 10 años en el negocio y ha seguido de cerca el perfil guatemalteco.
La empresa que representa, ubicada en Nueva Taipéi, trabaja con café tostado y vende principalmente por canales en línea a mercados como Hong Kong y otros destinos del este y sudeste asiático. Cuando describe el café guatemalteco, lo hace desde lo sensorial: balance, suavidad, dulzor, fruta y notas de chocolate.
Recuerda con precisión esa primera experiencia. “Me gustó su sabor frutal, balanceado y dulce”, dice. Es un tipo de taza que conecta bien con los consumidores en Taiwán, donde se consumen alrededor de 8M de tazas de café al día.
Ese mercado no es homogéneo. Existe un segmento pequeño pero exigente que busca cafés especiales y experiencias diferenciadas, y otro mucho más amplio, compuesto por cafeterías que trabajan con café de alta calidad dentro de un rango más comercial. En ambos, explica, Guatemala tiene espacio.
Una taza que justifica el viaje
La escena de la catación ayuda a entender que la misión no se limita a una reunión protocolaria. Los ocho integrantes, representantes de seis empresas, buscan entender el origen, el proceso y la diversidad detrás del grano.
El interés también tiene respaldo numérico. Según Anacafé, Taiwán es hoy el octavo destino del café guatemalteco y absorbe alrededor del 2 % del total exportado. En 2025 recibió 59 777 sacos de 60 kilos, equivalentes a USD 26.9M.
La trayectoria también muestra crecimiento. Hace algunos años los envíos se movían cerca de los 20 000 sacos; hoy rondan los 60 000. No es una curiosidad comercial: es una relación en expansión.
Asia ya representa cerca del 20 % de los destinos del café nacional. Ese crecimiento coincide con una mayor sofisticación del producto exportado. El café SHB (grano estrictamente duro) sigue siendo la base, pero la oferta se ha ampliado a categorías prime y extraprime.
Detrás de esa evolución hay un argumento que Guatemala repite y que el mercado parece validar: grandes alturas, más de 300 microclimas, procesos artesanales y una producción cultivada en un 98 % bajo sombra.
Pero incluso con ese respaldo estadístico, hay algo que las cifras no terminan de explicar: la imagen de compradores taiwaneses en una catación, probando uno a uno 30 cafés guatemaltecos y buscando en cada taza una posibilidad de negocio.
En Guatemala se ha hablado del café como tradición, orgullo exportador y carta de presentación. Todo eso sigue siendo cierto. Pero escenas como la de esta semana en Anacafé añaden otra lectura: el café guatemalteco también puede hacer que el mundo venga a buscarlo. Porque hay negocios que empiezan con una taza que alguien recuerda incluso después de cruzar medio mundo.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: