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Guatemala 2026: estabilidad busca inversión

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Alicia Utrera
15 de enero, 2026

Guatemala llega a 2026 con una macroeconomía ordenada, pero con un desafío decisivo: convertir estabilidad en inversión productiva. Exhibe crecimiento sostenido, inflación controlada y finanzas públicas sanas, aunque arrastra un rezago estructural en infraestructura. Este año marcará si esa solidez se traduce en proyectos, capital y expansión empresarial.

Por qué importa. Las perspectivas económicas son favorables, no automáticas. Guatemala crecería alrededor de 4.1 %, por encima del promedio regional y mundial, en un contexto de inflación baja, tipo de cambio estable y crédito activo. El problema no es macroeconómico, sino de ejecución e inversión.

  • “La inflación cerró por debajo del rango meta”, señaló Álvaro González Ricci, presidente del Banco de Guatemala, reforzando la previsibilidad.

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  • El país mantiene reservas equivalentes a 11 meses de importaciones, un ancla para la inversión de largo plazo.

  • No obstante, la inversión total apenas alcanza el 16 % del PIB, muy lejos del estándar global del 26 %.

En el radar. El escenario combina estabilidad monetaria con espacio fiscal, una fusión poco frecuente en la región. Esto abre oportunidades para inversión privada en sectores intensivos en capital, siempre que exista certeza jurídica y proyectos estructurados.

  • Juan Monge, vicepresidente de FUNDESA, advirtió que el bajo nivel de inversión limita el crecimiento y frena empleos de calidad.

  • La deuda pública se mantiene por debajo del 30 % del PIB, lejos de los umbrales de riesgo.

  • El crédito bancario al sector privado aumentó con tasas de dos dígitos. El énfasis es productivo.

Lo indispensable. Las oportunidades de inversión para 2026 se concentran en infraestructura económica: transporte, energía, agua y conectividad. No se trata de gasto, sino de productividad. El déficit logístico encarece costos y reduce competitividad exportadora.

  • El BID estima que Guatemala necesita invertir USD 48 200M hasta el 2030 para cerrar brechas.

  • “La falta de inversión es un freno al desarrollo”, subrayó María José Jarquín, representante de país del BID.

  • Los proyectos priorizados incluyen corredores logísticos, electrificación rural y saneamiento ambiental.

Datos clave. Las cifras refuerzan el argumento: hay condiciones para invertir sin comprometer la estabilidad macro, siempre que el capital privado tenga un rol protagónico.

  • La IED superó los USD 1870M en 2025. Marca una tendencia positiva.

  • Los ingresos tributarios crecieron más del 80 % desde 2020, fortaleciendo la capacidad del Estado para cofinanciar.

  • El tipo de cambio se mantiene estable alrededor de GTQ 7.7 por dólar, reduciendo el riesgo cambiario.

Ahora qué. Este será un año de definiciones. La estabilidad ya está descontada por el mercado. Lo que sigue es ejecución. El reto es transformar balances sólidos en proyectos bancables, con reglas claras y alianzas público-privadas funcionales.

  • La nueva Ley de APP reduce la burocracia y abre más espacio al capital privado.

  • El contexto electoral exige blindar la institucionalidad y afianzar el Estado de derecho.

  • La lección es que sin inversión, la consistencia se estanca. Con ella, el crecimiento se acelera.

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Guatemala 2026: estabilidad busca inversión

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Alicia Utrera
15 de enero, 2026

Guatemala llega a 2026 con una macroeconomía ordenada, pero con un desafío decisivo: convertir estabilidad en inversión productiva. Exhibe crecimiento sostenido, inflación controlada y finanzas públicas sanas, aunque arrastra un rezago estructural en infraestructura. Este año marcará si esa solidez se traduce en proyectos, capital y expansión empresarial.

Por qué importa. Las perspectivas económicas son favorables, no automáticas. Guatemala crecería alrededor de 4.1 %, por encima del promedio regional y mundial, en un contexto de inflación baja, tipo de cambio estable y crédito activo. El problema no es macroeconómico, sino de ejecución e inversión.

  • “La inflación cerró por debajo del rango meta”, señaló Álvaro González Ricci, presidente del Banco de Guatemala, reforzando la previsibilidad.

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  • El país mantiene reservas equivalentes a 11 meses de importaciones, un ancla para la inversión de largo plazo.

  • No obstante, la inversión total apenas alcanza el 16 % del PIB, muy lejos del estándar global del 26 %.

En el radar. El escenario combina estabilidad monetaria con espacio fiscal, una fusión poco frecuente en la región. Esto abre oportunidades para inversión privada en sectores intensivos en capital, siempre que exista certeza jurídica y proyectos estructurados.

  • Juan Monge, vicepresidente de FUNDESA, advirtió que el bajo nivel de inversión limita el crecimiento y frena empleos de calidad.

  • La deuda pública se mantiene por debajo del 30 % del PIB, lejos de los umbrales de riesgo.

  • El crédito bancario al sector privado aumentó con tasas de dos dígitos. El énfasis es productivo.

Lo indispensable. Las oportunidades de inversión para 2026 se concentran en infraestructura económica: transporte, energía, agua y conectividad. No se trata de gasto, sino de productividad. El déficit logístico encarece costos y reduce competitividad exportadora.

  • El BID estima que Guatemala necesita invertir USD 48 200M hasta el 2030 para cerrar brechas.

  • “La falta de inversión es un freno al desarrollo”, subrayó María José Jarquín, representante de país del BID.

  • Los proyectos priorizados incluyen corredores logísticos, electrificación rural y saneamiento ambiental.

Datos clave. Las cifras refuerzan el argumento: hay condiciones para invertir sin comprometer la estabilidad macro, siempre que el capital privado tenga un rol protagónico.

  • La IED superó los USD 1870M en 2025. Marca una tendencia positiva.

  • Los ingresos tributarios crecieron más del 80 % desde 2020, fortaleciendo la capacidad del Estado para cofinanciar.

  • El tipo de cambio se mantiene estable alrededor de GTQ 7.7 por dólar, reduciendo el riesgo cambiario.

Ahora qué. Este será un año de definiciones. La estabilidad ya está descontada por el mercado. Lo que sigue es ejecución. El reto es transformar balances sólidos en proyectos bancables, con reglas claras y alianzas público-privadas funcionales.

  • La nueva Ley de APP reduce la burocracia y abre más espacio al capital privado.

  • El contexto electoral exige blindar la institucionalidad y afianzar el Estado de derecho.

  • La lección es que sin inversión, la consistencia se estanca. Con ella, el crecimiento se acelera.

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