Centroamérica llega a 2026 con un crecimiento que augura continuidad más que despegue. Las proyecciones dibujan un mapa desigual, liderado por economías más abiertas y diversificadas. Un avance insuficiente para romper inercias y transformar estructuras productivas que el istmo arrastra desde hace décadas.
Por qué importa. El desempeño económico de este año determinará si Centroamérica logra algo más que estabilidad. El crecimiento sigue condicionado por el sector externo, la inversión privada y la capacidad para absorber choques internacionales, en un mundo que avanza a menor velocidad.
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Panamá encabeza las proyecciones de la CEPAL con un 4.6 %. Su progresión se apoya en logística, servicios y una infraestructura comercial que, según el FMI, permite sostener inversión privada incluso en ciclos globales adversos.
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Costa Rica se mueve en un rango similar (3.7 %). Víctor Umaña, economista costarricense, explica que es un incremento “moderado y dependiente del sector externo”, impulsado por exportaciones, IED y servicios.
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Ambos concentran mayor inversión acumulada y diversificación productiva, un factor que el Banco Mundial identifica como clave para enfrentar desaceleraciones externas sin ajustes abruptos.
Datos clave. Tras ellos, el resto muestra un crecimiento más contenido. La CEPAL coincide en que Guatemala (4.0), Honduras (3.8), Nicaragua (3.4) y El Salvador (2.7) avanzan, pero con límites estructurales que reducen su margen de maniobra.
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Guatemala cuenta con una base industrial amplia y estabilidad macroeconómica. No obstante, su principal mercado es Centroamérica. Umaña advierte que inseguridad e incertidumbre política afectan directamente su comercio intrarregional.
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Por otro lado, aunque presenta una de las tasas más bajas, en El Salvador el turismo emerge como motor. El FMI observa que la inversión privada aún no consolida un salto productivo sostenido.
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Honduras crece condicionado por dependencia de maquila y remesas. Nicaragua representa un riesgo sistémico por su aislamiento político y económico, según el organismo.
Entre líneas. El telón de fondo es un mundo que crece menos. EE. UU. y Europa avanzan con cautela, China pierde dinamismo y la inversión global se vuelve más selectiva, expone Umaña desde la perspectiva comercial.
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La incertidumbre sobre aranceles y políticas estadounidenses mantiene a empresas “en pausa” con nuevos proyectos, aunque continúan reinversiones.
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Costa Rica y Panamá están mejor preparados por su diversificación. “Tienen más armas para enfrentar amenazas”, afirma Umaña, al comparar su estructura productiva con el Triángulo Norte.
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Para Guatemala y El Salvador, la dependencia regional amplifica riesgos externos y políticos, un factor poco visible en las cifras, pero decisivo en expectativas empresariales.
Detrás de escena. El 2026 estará caracterizado por una competencia silenciosa por atraer capital productivo. No se trata solo de tasas de expansión, sino de quién ofrece reglas más claras, menores costos y mayor previsibilidad para la inversión privada.
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Con ventaja por marcos regulatorios más estables y experiencia en atraer proyectos de largo plazo se postulan Costa Rica y Panamá. Esa reputación reduce primas de riesgo y acelera decisiones empresariales.
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El triángulo compite con costos laborales más bajos, pero enfrenta desafíos en certeza jurídica, logística y seguridad, factores que el BM identifica como decisivos para inversión sostenida.
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Nicaragua queda al margen de esta disputa. Su entorno político introduce una incertidumbre que trasciende cifras y afecta percepciones, elevando costos incluso para economías vecinas.
En el radar. El consenso técnico apunta a reformas estructurales centradas en el sector privado. CEPAL subraya que el desafío consiste en descubrir nuevas actividades exportadoras sin caer en estatismos que frenen inversión y propiedad.
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Umaña destaca que ese salto exige iniciativa privada y facilitación estatal, con diálogo y reglas claras. “No es fácil”, advierte, “pero es indispensable para diversificar”.
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La experiencia de Costa Rica muestra un camino: capital humano, apertura comercial e infraestructura. Educación técnica y segundo idioma siguen siendo cuellos de botella regionales.
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Centroamérica crecerá, si bien el despegue dependerá de las reformas mencionadas. El área se desplaza como un convoy que aún no logra sincronizar sus vagones. Avanza a velocidades desiguales.
Centroamérica llega a 2026 con un crecimiento que augura continuidad más que despegue. Las proyecciones dibujan un mapa desigual, liderado por economías más abiertas y diversificadas. Un avance insuficiente para romper inercias y transformar estructuras productivas que el istmo arrastra desde hace décadas.
Por qué importa. El desempeño económico de este año determinará si Centroamérica logra algo más que estabilidad. El crecimiento sigue condicionado por el sector externo, la inversión privada y la capacidad para absorber choques internacionales, en un mundo que avanza a menor velocidad.
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Panamá encabeza las proyecciones de la CEPAL con un 4.6 %. Su progresión se apoya en logística, servicios y una infraestructura comercial que, según el FMI, permite sostener inversión privada incluso en ciclos globales adversos.
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Costa Rica se mueve en un rango similar (3.7 %). Víctor Umaña, economista costarricense, explica que es un incremento “moderado y dependiente del sector externo”, impulsado por exportaciones, IED y servicios.
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Ambos concentran mayor inversión acumulada y diversificación productiva, un factor que el Banco Mundial identifica como clave para enfrentar desaceleraciones externas sin ajustes abruptos.
Datos clave. Tras ellos, el resto muestra un crecimiento más contenido. La CEPAL coincide en que Guatemala (4.0), Honduras (3.8), Nicaragua (3.4) y El Salvador (2.7) avanzan, pero con límites estructurales que reducen su margen de maniobra.
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Guatemala cuenta con una base industrial amplia y estabilidad macroeconómica. No obstante, su principal mercado es Centroamérica. Umaña advierte que inseguridad e incertidumbre política afectan directamente su comercio intrarregional.
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Por otro lado, aunque presenta una de las tasas más bajas, en El Salvador el turismo emerge como motor. El FMI observa que la inversión privada aún no consolida un salto productivo sostenido.
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Honduras crece condicionado por dependencia de maquila y remesas. Nicaragua representa un riesgo sistémico por su aislamiento político y económico, según el organismo.
Entre líneas. El telón de fondo es un mundo que crece menos. EE. UU. y Europa avanzan con cautela, China pierde dinamismo y la inversión global se vuelve más selectiva, expone Umaña desde la perspectiva comercial.
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La incertidumbre sobre aranceles y políticas estadounidenses mantiene a empresas “en pausa” con nuevos proyectos, aunque continúan reinversiones.
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Costa Rica y Panamá están mejor preparados por su diversificación. “Tienen más armas para enfrentar amenazas”, afirma Umaña, al comparar su estructura productiva con el Triángulo Norte.
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Para Guatemala y El Salvador, la dependencia regional amplifica riesgos externos y políticos, un factor poco visible en las cifras, pero decisivo en expectativas empresariales.
Detrás de escena. El 2026 estará caracterizado por una competencia silenciosa por atraer capital productivo. No se trata solo de tasas de expansión, sino de quién ofrece reglas más claras, menores costos y mayor previsibilidad para la inversión privada.
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Con ventaja por marcos regulatorios más estables y experiencia en atraer proyectos de largo plazo se postulan Costa Rica y Panamá. Esa reputación reduce primas de riesgo y acelera decisiones empresariales.
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El triángulo compite con costos laborales más bajos, pero enfrenta desafíos en certeza jurídica, logística y seguridad, factores que el BM identifica como decisivos para inversión sostenida.
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Nicaragua queda al margen de esta disputa. Su entorno político introduce una incertidumbre que trasciende cifras y afecta percepciones, elevando costos incluso para economías vecinas.
En el radar. El consenso técnico apunta a reformas estructurales centradas en el sector privado. CEPAL subraya que el desafío consiste en descubrir nuevas actividades exportadoras sin caer en estatismos que frenen inversión y propiedad.
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Umaña destaca que ese salto exige iniciativa privada y facilitación estatal, con diálogo y reglas claras. “No es fácil”, advierte, “pero es indispensable para diversificar”.
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La experiencia de Costa Rica muestra un camino: capital humano, apertura comercial e infraestructura. Educación técnica y segundo idioma siguen siendo cuellos de botella regionales.
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Centroamérica crecerá, si bien el despegue dependerá de las reformas mencionadas. El área se desplaza como un convoy que aún no logra sincronizar sus vagones. Avanza a velocidades desiguales.