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Carlos Méndez: “Un mal momento no significa que bitcoin esté muerto”

Fotos: Diego Cabrera / República
Braulio Palacios
05 de marzo, 2026

El bitcoin volvió a poner a prueba el estómago del mercado. Después de marcar un máximo en octubre —cerca de USD 123 000— el precio retrocedió a la zona de USD 68 000. En paralelo, el oro recuperó protagonismo como refugio: subió UN 60 % el año pasado y que en lo que va del año acumula alrededor del 20 %, un rendimiento que está atrayendo flujos justo cuando el “chico nuevo” atraviesa su tramo incómodo.

En esta entrevista, Carlos Méndez, Doctor en Finanzas y catedrático de la Universidad Francisco Marroquín (UFM), brinda una lectura de esta rotación: la salida parcial del dólar hacia oro por parte de bancos centrales, el giro de expectativas sobre tasas en EE. UU. y señales macrofinancieras. También pone sobre la mesa la pregunta de fondo: si bitcoin puede consolidarse algún día como resguardo de valor al nivel del oro, o si su volatilidad lo limita a un rol más de largo plazo y para perfiles específicos.

Antes de entrar al análisis, el entrevistado hace dos aclaraciones explícitas: no hace recomendaciones financieras y reconoce un conflicto de interés —invierte en oro y bitcoin—, precisamente para transparentar que habla con skin in the game. Con esa base, la conversación aterriza en lo práctico: por qué el oro hoy “se ve más atractivo”, qué podría destrabar una nueva demanda para bitcoin y por qué, en mercados líquidos, casi siempre pesa más el time in the market que el timing.

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¿Cómo resumiría lo que está pasando ahora con el precio del bitcoin y el oro? 

—Primero, un disclaimer. Si quieren usar la información para un tema personal, están en su derecho. Pero aclaro: no estoy dando recomendaciones financieras. La gente debe comprender que tiene que asumir su propio riesgo. También tengo un conflicto de interés: tengo inversiones en oro y bitcoin. Eso me permite —como se dice en inglés— skin in the game: estoy metido en el campo, no son negocios teóricos. Con mis respuestas no estoy tratando de favorecer una moneda ni haciendo marketing.

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Dicho eso, es el peor momento para hablar bien del bitcoin. Todo el mundo lo considera una tragedia y piensa que se va a acabar. Hay una página que se llama “Bitcoin is dead”, que registra las veces que se ha dicho esto mismo desde 2009, cuando empezó el bitcoin. Sí, puede ser un mal momento, pero eso no significa que esté muerto. Yo invierto desde 2014, en distintas proporciones, todos los años. Recién hice una compra. Estoy haciendo lo contrario de muchos: compro mientras su precio está a la baja. Obviamente, diversifico. Por ejemplo, con oro. 

Es obvio que el bitcoin no es el activo más atractivo… 

—Lo que tiene estresada a la gente es lo siguiente: después del all time high de octubre, cuando el precio alcanzó los USD 123 000, ahora llegó a USD 68 000. Cayó más del 40 %. Perder el 40 % de tu dinero no es agradable, sobre todo si tienes una cantidad fuerte. 

Debemos recordar que las monedas —y todos los activos financieros— funcionan en relación con otros. El hecho de que algo esté mal en un momento no significa que será perenne. El oro está en un buen momento. Pero si te vas a épocas previas, no siempre fue así. Después de la crisis subprime de 2008 tuvo un crecimiento, pero no tan interesante. 

Yo no soy “antioro”; de hecho, tengo. Es ahora que todo el mundo habla de oro porque es lo que está subiendo. El año pasado subió un 60 %. En lo que va del año, va por el 20 %. Está atrayendo a mucha gente. Ahora que ha colapsado el bitcoin —y mientras continúe así— no es extraño que muchos giren hacia el oro. El bitcoin es algo de lo que venimos hablando desde 2009, pero técnicamente se empieza a tomar en serio entre 2015 y 2016. El oro existe históricamente desde hace siglos. 

Y en 2025, al “chico nuevo” no le va tan bien como al “antiguo”, el de hace milenios… 

—Yo siempre bromeo con que “bitcoin es el (Pollo) Pinulito del oro”. Es decir, es un “oro accesible” para todo el mundo. La gente de a pie, como “Juan” y “Pedro”, no compra lingotes de oro. Eso es casi exclusivo de bancos centrales, JP Morgan o bancos de inversión. Cuando yo digo que “tengo oro”, no es que lo tenga en físico. Son ETF: un instrumento financiero que tiene como referencia al oro. Entonces, el activo se mueve junto con el precio del oro.

Yo compré un papel que se mueve con el precio del oro. Eso también es más accesible para el inversionista de a pie. Bitcoin te permite —esto todavía está por verificarse— “tener el equivalente al oro”. Cuando uno tiene un wallet con bitcoin, realmente “los tiene”. En realidad, son bytes. Ya no tienes el lingote, sino que tienes bytes. Es accesible para la mayoría.

Sí, también hay algo criticable: todavía está por demostrar que es un buen resguardo de valor. El oro tiene milenios de demostrarlo. Y también hay que reconocer que el bitcoin es una innovación; pueden salir otras equivalentes. De momento, está por verse si esta innovación logra replicar lo que hasta ahora ha hecho el oro. 

Pero hay que dejar algo claro: el oro tampoco es perfecto. El hecho de que haya pagado un 60 % el año pasado y este año vaya en un 20 % alegra a muchos. Pero no sigue siempre así. Ha habido periodos en los que realmente no se mueve mucho. Depende de varios factores. 

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¿El precio del bitcoin cómo beneficia al oro? 

—De hecho, es parte de lo que está alejando a la gente un poco del bitcoin. Yo he pasado por varios colapsos desde 2014. Quizás el peor fue cuando pasó, más o menos, de USD 62 000 a USD 13 000. Cuando bajó de USD 123 000 a USD 90 000, la gente estaba asustada. Yo les decía: “Miren, si se va a quedar ahí, es de los colapsos más ‘pequeños’”. Ahora que cayó a USD 60 000, ya duele: es una caída de 40–45 %.  

Pero todavía no es equiparable con caídas previas del 80 %. Entonces sí, ahorita está delicado, pero ha resistido relativamente bien, a pesar de que hoy otras cosas se ven más atractivas. Desde el punto de vista de cobertura, esta coyuntura ha favorecido mucho al oro. 

Entonces, ¿ese tipo de “alertas” motiva sus decisiones de inversión? 

—A veces uno toma buenas decisiones de inversión no porque “vio venir todo”. En inversión es muy difícil ver todo. Es complejo. Pero hay procesos que ayudan a ordenar decisiones. Con mis alumnos optimizamos portafolios desde hace años. Yo doy un curso de optimización de portafolios y, desde 2019, cada vez que hago el proceso de optimización contra otras clases de activos, el modelo —por correlaciones y relaciones entre activos— empezó a recomendar más y más al oro. 

Cuando uno optimiza un portafolio, no pone todo en oro: se pueden mezclar commodities, monedas, criptos, sector tecnológico, S&P 500, inmobiliarios, farmacéuticos, etc. Hay procesos matemáticos que buscan la mezcla que maximiza retorno con el menor riesgo posible.  

Lo interesante es que antes de la crisis financiera de 2008, esos modelos sugerían aumentar oro de forma sustancial. Llegaban a sugerir porcentajes altísimos. Y el modelo no tiene emociones: te da una respuesta cruda. Luego, está en uno si cree fielmente o toma parte de la recomendación. Ahí entran tu perfil de riesgo y tu intuición. 

Desde 2019, los modelos recomiendan oro. Yo he sido fiel a lo que enseño. He subido mi proporción. No me arrepiento. Por ejemplo, este año el S&P 500 ha crecido poco en comparación con el oro, y yo estoy por arriba del S&P 500. Estar consistentemente un poco arriba del mercado global es un logro relevante. 

Además de esos modelos, ¿hubo otras señales que empujaron el mercado hacia el oro?

—Había marcadores que sugerían tensión en la economía estadounidense. No es que esté colapsando. Hay señales delicadas. Una es la curva de rendimientos de los bonos del Tesoro. Monitoreamos el spread entre bonos de 10 años y los de 2 años (o 3 meses). Cuando se vuelve negativo, hay evidencia histórica de que meses después puede venir una crisis o corrección. Y lo “simpático” es que la crisis no ocurre cuando está negativo, sino cuando empieza a corregirse. Eso empezó a corregirse el año pasado. 

Otra es la política de tasas: cuando la Reserva Federal empieza a bajar tasas, algunos meses después, históricamente, puede venir una corrección financiera. Ninguna señal es perfecta. Nada en finanzas lo es. Pero son piezas que te van formando una lectura. 

Y en lo político, hay un patrón histórico de recesiones y cambios de ciclo que suele poner nerviosos a los mercados. A eso se sumó el ruido con Trump, su enfoque en tarifas/aranceles (potencialmente inflacionarios) y la discusión sobre debilitar el dólar para favorecer exportaciones y corregir déficit comercial. 

Todo eso alimenta tensión global. Y si el mercado cree que el dólar puede debilitarse, eso suele empujar a refugios. Uno hubiera esperado que eso favoreciera más a bitcoin, pero no fue así: la gente se empezó a salir de bitcoin y a moverse al oro. 

Todo el mundo se está moviendo, es la “gallina de los huevos de oro”…

—Esto no empezó “ahorita”; viene intensificándose desde hace varios años. Y ahí entran los gobiernos soberanos: China, Rusia, Polonia, Emiratos… muchos países —incluyendo Guatemala— han estado comprando oro. Han visto que es arriesgado tener reservas demasiado concentradas en dólares, y entonces mueven parte a oro.

China, por ejemplo, todavía tiene un porcentaje relativamente bajo en reservas en comparación con países desarrollados, que tienen 30-40 %, incluso más. Se cree que China tiene un incentivo fuerte para subir ese porcentaje. Mientras haya presión de compra soberana, eso alimenta el precio del oro y también alimenta la psicología del mercado. ETFs y otros instrumentos capturan esa demanda. Y eso se retroalimenta. 

Usted mencionó tasas, bonos, dólar… ¿Qué lugar tiene el “safe haven” clásico de los bonos del Tesoro en esta conversación? 

—Es interesante: casi ni se mencionan hoy, porque se han “desprestigiado” en el debate público. Pero siguen siendo el refugio tradicional. Yo tengo un poco, pero no porque lo vea como “la gran inversión”, sino para que el cash no pierda tanto valor. 

Estar en cash es una posición: es estar en dólares, y está sujeto a inflación. Uno tiene cash cuando cree que podría necesitarlo para aprovechar una caída grande. Como 2008: fue un momento maravilloso para entrar a ciertos activos. Yo tengo una parte de cash en instrumentos relativamente conservadores, y otra parte la canalizo de forma defensiva. La idea es estar preparado para una corrección más fuerte del mercado. 

Si usted tuviera que decirle al inversionista de a pie “mire estas tres cosas” —sin que sea recomendación financiera—, ¿cuáles serían? 

—Primero: qué están haciendo los países soberanos, especialmente China. Mientras siga la narrativa y el movimiento de salirse parcialmente del dólar hacia oro, eso favorece al oro y empuja a que más gente lo siga. 

Segundo: qué pasa con las tasas de interés en EE. UU. Si el mercado cree que las tasas van a seguir bajando, eso tiende a debilitar el dólar y favorece al oro. Si la inflación baja y las tarifas no pegan como se esperaba, eso también abre espacio para recortes, y la narrativa vuelve a favorecer al oro. 

Tercero: el pulso macrofinanciero que te sugieren señales como la curva de rendimientos y el comportamiento del mercado cuando cambia el ciclo monetario. Son imperfectas, pero no son irrelevantes. 

Me queda claro lo del oro, ¿qué puede revertir lo que le está pasando al bitcoin? 

—Que colapse más y se vuelva relativamente más interesante entrar a esos precios. Suena duro, pero abre oportunidades para quienes compran en caída. Ahí hay perfiles distintos: algunos entran cuando todo va subiendo; otros entran cuando baja y dicen “baje un poco más”. Ahorita hubo un rebote: rompió cierto nivel, subió con fuerza y luego retrocedió. Es típico que brinde esos “jalones” momentáneos. 

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Y hay otra narrativa que se está discutiendo: posible manipulación por parte de un actor grande. He leído que habría un caso vinculado a una empresa (se ha mencionado “Star”), con demanda formal de autoridades en EE. UU. La idea sería que presionan a la baja para comprar más barato, mientras acumulan por otro lado. Eso, si es cierto, no habla necesariamente bien del bitcoin porque lo vuelve manipulable y evidencia riesgos.

Pero si se quita ese “velo”, bitcoin podría respirar y hacer price discovery —descubrimiento de precio— de una forma menos artificial. Dicho eso, hay que ver si esa narrativa tiene mérito real. 

Históricamente, el bitcoin tiene ciclos. Yo esperaba un colapso en 2026, aunque no tan rápido; empezó antes. Si ves el ciclo de cuatro años —los halvings—, este tipo de subidas y caídas fuertes no es raro. Lo raro fue que empezara a caer desde octubre: puede ser que el mercado se anticipó. Mucha gente piensa: “Sé que va a caer, me salgo ahora”. Eso adelanta la caída.

Entonces, ¿usted cree que ahora estamos en un tramo “normal” del ciclo? 

—Podría ser. Sería “agradable” ver que cae un 50 % y se queda ahí, y luego empiece otra fase de retorno hacia el siguiente halving. Pero si me preguntás “¿me salgo o me espero?”, eso es pedir timing, y es muy difícil. 

Yo no opero tratando de hacer timing, porque es complicado. En mercados líquidos, los movimientos de corto plazo son muy aleatorios. Hay evidencia fuerte de que el timing consistente es rarísimo. A veces te funciona una vez; el problema es creer que eso prueba que lo entiendes. El timing se trata de persistencia. 

Por eso yo prefiero time in the market, no timing. Permanecer largo tiempo puede ser más interesante. Compras, aguantas los malos momentos —como este en bitcoin— y diversificas. Hay gente que dice que diversificar es “para quien no sabe lo que hace”. 

Eso suena interesante, ¿usted qué piensa de eso?

—Es un argumento famoso. Si supieras exactamente qué va a pasar con un activo, no diversificas: colocas todo ahí. Pero casi nadie tiene ese control real. Para el inversionista de a pie, la diversificación es una forma de cuidarse las espaldas. No porque sea “perfecta”, sino porque reduce riesgos de errores grandes.

Volvamos a lo aterrizado: hoy, ¿usted se queda con bitcoin o con oro?

—Yo tengo los dos. Hoy el oro está ganando protagonismo. No me he querido salir de bitcoin. He comprado cantidades pequeñas de bitcoin, pero mi sesgo hoy está más a favor del oro. En el futuro, creo que el mundo va a ser una mezcla de oro, bitcoin y otras criptos que demuestren, con el tiempo, que pueden funcionar como refugio. 

¿Cree que bitcoin alguna vez va a colocarse al nivel del oro como refugio histórico? 

—Es un debate académico serio. Yo tengo colegas libertarios que creen en monedas privadas, pero aun así desconfían de que bitcoin tenga propiedades suficientes para ser sustituto del oro.

Mi postura: el bitcoin no es un buen competidor de corto plazo. Yo lo veo como un competidor de largo plazo, para gente que entiende la volatilidad y se identifica con el espíritu con el que fue creado: competir con monedas de curso forzoso. Si compraste en USD 123 000 y estás en USD 63 000–69 000, claro que duele. Eso no prueba que “no sirve”: prueba que entraste en un punto alto. Y el problema es que en tiempo real no sabes si estás en el tope. En retrospectiva, todo es claro; en el momento, no. 

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¿Qué tendría que pasar para que bitcoin tenga una fuente nueva de demanda?

—Debe entrar a mercados más conservadores: fondos de retiro, fondos institucionales y, eventualmente, que gobiernos —más allá de El Salvador— empiecen a atesorar el bitcoin. No sé si va a pasar. Pero si pasa, esa demanda no está reflejada del todo en el precio actual. Son cantidades industriales; podrían generar otro ciclo fuerte.

Usted dice que el oro tiene historia, pero también insinuó que no es “intocable”, ¿por qué? 

—La gente asume que el oro será indefinidamente el resguardo de valor por excelencia, y puede que sí, pero incluso el oro está sujeto a innovaciones tecnológicas que cambien la oferta. Ahorita suena a ciencia ficción, pero ya se habla de minería espacial. El universo está lleno de oro: hay asteroides con enormes cantidades. Hoy no es masivo, pero no me extrañaría que en una o dos décadas ya no suene tan descabellado. Si eso ocurriera, la idea de escasez del oro cambiaría. El mercado buscaría refugios alternativos: bitcoin, plata u otros metales. Lo que quiero subrayar es esto: los ingenieros inventan cosas que te pegan por donde menos lo esperas.

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