Publicado hace 90 años, este artículo parece un acta de acusación con firma anticipada. Cuando Arturo Uslar Pietri formuló esta advertencia, el petróleo todavía olía a promesa.
Hizo mucho más que predecir un problema económico. Diagnosticó una deriva política y social que se ha expresado en colapso institucional, emigración masiva, destrucción productiva y precariedad estructural.
Su idea central: convertir una renta excepcional y finita en capital humano, institucional y productivo. Entendió que el problema no era el petróleo, sino la mentalidad rentista que lo acompaña.
Los episodios recientes –erosión del Estado de derecho, uso discrecional de la ganancia energética, sanciones internacionales, dependencia de acuerdos opacos para sostener ingresos– no son anomalías. Son consecuencias lógicas de no haber sembrado nada. La renta sustituye al trabajo, la política a la economía y el poder a las instituciones. El petróleo dejó de ser palanca de desarrollo para convertirse en anestesia social primero y arma de control después. Uslar lo intuyó; el siglo XXI lo confirmó.
Es un manifiesto republicano en el mejor sentido con un mensaje claro. La riqueza fácil es una trampa si no se disciplina. El rédito sin instituciones, un veneno lento. Un Estado que reparte sin sembrar crea ciudadanos dependientes y élites parasitarias.
No todo es positivo. Confió demasiado en la capacidad del Estado para “sembrar” bien. La historia venezolana – y latinoamericana – demostró que esa fe era excesiva. El petróleo corrompió la sociedad, desbordó el Estado, lo hipertrofió convirtiéndolo en botín. El autor subestimó ese riesgo.
Leído desde Centroamérica, Sembrar el petróleo trasciende el crudo. Es una metáfora perfecta para cualquier renta fácil: remesas, deuda, cooperación, commodities, incluso el nearshoring. La pregunta sigue siendo la misma: ¿estamos sembrando o solo consumiendo?
Guatemala recibe miles de millones de dólares al año que sostienen consumo, estabilidad cambiaria y paz social mínima. Muy poco de ese flujo se convierte en productividad, educación técnica, infraestructura, innovación e institucionalidad. Es necesario pasar del asistencialismo a la inversión social inteligente; de la macro estable a la micro productiva. Y significa, sobre todo, instituciones que sobrevivan a los gobiernos.
El intelectual venezolano escribió en 1936. El fracaso vino después. Su texto continúa siendo tan perturbador por una sencilla razón: tuvo razón demasiado pronto.
Publicado hace 90 años, este artículo parece un acta de acusación con firma anticipada. Cuando Arturo Uslar Pietri formuló esta advertencia, el petróleo todavía olía a promesa.
Hizo mucho más que predecir un problema económico. Diagnosticó una deriva política y social que se ha expresado en colapso institucional, emigración masiva, destrucción productiva y precariedad estructural.
Su idea central: convertir una renta excepcional y finita en capital humano, institucional y productivo. Entendió que el problema no era el petróleo, sino la mentalidad rentista que lo acompaña.
Los episodios recientes –erosión del Estado de derecho, uso discrecional de la ganancia energética, sanciones internacionales, dependencia de acuerdos opacos para sostener ingresos– no son anomalías. Son consecuencias lógicas de no haber sembrado nada. La renta sustituye al trabajo, la política a la economía y el poder a las instituciones. El petróleo dejó de ser palanca de desarrollo para convertirse en anestesia social primero y arma de control después. Uslar lo intuyó; el siglo XXI lo confirmó.
Es un manifiesto republicano en el mejor sentido con un mensaje claro. La riqueza fácil es una trampa si no se disciplina. El rédito sin instituciones, un veneno lento. Un Estado que reparte sin sembrar crea ciudadanos dependientes y élites parasitarias.
No todo es positivo. Confió demasiado en la capacidad del Estado para “sembrar” bien. La historia venezolana – y latinoamericana – demostró que esa fe era excesiva. El petróleo corrompió la sociedad, desbordó el Estado, lo hipertrofió convirtiéndolo en botín. El autor subestimó ese riesgo.
Leído desde Centroamérica, Sembrar el petróleo trasciende el crudo. Es una metáfora perfecta para cualquier renta fácil: remesas, deuda, cooperación, commodities, incluso el nearshoring. La pregunta sigue siendo la misma: ¿estamos sembrando o solo consumiendo?
Guatemala recibe miles de millones de dólares al año que sostienen consumo, estabilidad cambiaria y paz social mínima. Muy poco de ese flujo se convierte en productividad, educación técnica, infraestructura, innovación e institucionalidad. Es necesario pasar del asistencialismo a la inversión social inteligente; de la macro estable a la micro productiva. Y significa, sobre todo, instituciones que sobrevivan a los gobiernos.
El intelectual venezolano escribió en 1936. El fracaso vino después. Su texto continúa siendo tan perturbador por una sencilla razón: tuvo razón demasiado pronto.