Andrés Destarac: “Los pequeños productores quieren llegar a ferias internacionales y vender sus cafés”
Para Andrés Destarac, presidente de la Asociación Nacional del Café (Anacafé), el 2025 confirmó el peso del precio en el negocio cafetalero, pero el siguiente escalón —dice— es otro: empujar a los pequeños productores más lejos en la cadena. Eso implica competir y ganar en certámenes locales para tener visibilidad internacional.
En esta entrevista, realizada en el marco de la presentación de resultados del año cafetalero 2024–2025, detalla por qué Asia —en especial Japón y Taiwán— y EE. UU. son mercados prioritarios, y lo aterriza con un caso: un productor de Nueva Santa Rosa que hoy vende su café a precios “exorbitantes”.
Los datos disponibles del BANGUAT indican que las exportaciones de café en 2025 tuvieron a su favor el precio —y no el volumen—. ¿Influyó la situación de Brasil?
—Son producciones de Guatemala. En el año cafetalero 2024–2025 cerramos en 3.8 millones de quintales. Sí hubo una baja, pero fue un tema de exportaciones, de arrastre. Se quedó un poco de café sin exportar; es el que se está exportando ahora en enero.
La cosecha de Guatemala ronda de 3.8 a 4 millones. Se está manteniendo. Esperamos que, en años futuros, ya con la implementación del Programa de Rentabilidad Sustentable, poco a poco suban las producciones.
Luego de los datos compartidos en la presentación por el experto de Anacafé, ¿hay mayor tranquilidad sobre los precios proyectados para 2026?
—Sí, los precios nos han favorecido. Son precios históricos, jamás vistos en toda la existencia del café guatemalteco: superamos los USD 400 por quintal. La expectativa es que se mantengan alrededor de los USD 330 a 430 por quintal. Se estima que las producciones de otros países están bajando y Guatemala, si impulsamos estos programas con tiempo, puede crecer en el mediano plazo.
Vuelvo a Brasil y agrego a Colombia. Son grandes productores con posibles caídas en sus producciones. Eso repercute en los precios y favorece a Guatemala…
—Claro, repercute. Si ellos producen menos por algún tema climático, el precio se eleva…
Y cuando pasa esto con estos dos países, ¿Guatemala gana mayor porcentaje en el mercado internacional o no es tan fácil?
—No es tan fácil, pero digamos que sí. El café de Guatemala es de mucha calidad; un poco más caro. Tenemos un diferencial de calidad, y eso hace que, cuando no se tienen esos cafés comerciales, compensen con cafés más caros. Pero sin duda son oportunidades que hay que aprovechar.
Ahora me hace sentido que mercados como el europeo o el asiático se inclinen por la producción guatemalteca…
—Exacto. En Asia, el café de Guatemala es visto como el mejor del mundo. Creemos que EE. UU. va en esa vía, pero es producto de la diversificación y promoción que hace Anacafé desde hace más de 30 años. Llegamos a esos destinos y les damos a conocer los cafés especiales de Guatemala. Eso los hace tan apetecibles para estos mercados.
Japón y Vietnam mostraron gran interés en la cosecha 2025. Incrementaron sus compras…
—Las exportaciones a Japón crecieron un 6 % respecto al año anterior. Taiwán es un mercado que ha crecido mucho. La colaboración con CATO (Central America Trade Office) nos ha dado visibilidad en ese mercado. Las exportaciones se han multiplicado. Es un mercado que aprecia el café de Guatemala, que valora las calidades. Pero debemos continuar con la promoción en estos mercados.
Este año van a participar en diferentes ferias de todo el mundo. Si tuviera que elegir una o dos, ¿cuáles serían?
—El mercado de Asia está creciendo. Lo elegiría como punto número uno. Seguiría con el de EE. UU., por ser socio estratégico. En nuestro plan anual hemos incluido dos ferias internacionales más. Creemos que tenemos que seguir promocionando el café de Guatemala. Va a haber más producción y necesitamos hacerlo saber al mundo.
Me sorprendió saber que EE. UU. recibió el 42 % de las exportaciones totales del 2025. ¿Por qué nos eligen?
—Ahí se tienen muchas cadenas de coffee shops. Y el café de Guatemala lo usan para mejorar su blend. Ellos compran un porcentaje de café de Brasil, un porcentaje de Colombia, Vietnam, pero incluyen un poco de Guatemala. Es una consolidación para darle sabores especiales a su café.
En noviembre concluye su nombramiento, ¿qué logros le generan orgullo y qué pendiente hereda su sucesor?
—Nosotros, los directivos, somos productores de café; estamos ad honorem. Nos motiva dejar huella en los productores. El Programa de Rentabilidad Sustentable ha funcionado muy bien. Se debe seguir promocionando para que más productores lo conozcan. El cambio de vida que estamos logrando, con su implementación, sobre todo en pequeños productores, es lo que más me llena. Las metas son ambiciosas, son grandes: que Guatemala produzca muchísimo más café. Tenemos ya un plan estratégico 2030. Pero, en mi gestión, yo quiero que más productores conozcan este Programa.
Hablar de la producción del café, inevitablemente, obliga a abordar el uso de agua, trabajo infantil y de la roya. Iniciemos por el primero…
—Tenemos 376 000 hectáreas de un sistema agroforestal. Entonces, somos el principal productor y captador de agua para mantener los mantos freáticos. Contamos con registros y guías técnicas para el uso eficiente.
Impulsamos mucho las plantas de tratamiento para no tener ninguna contaminación. Estamos usando el agua también para sistemas de fertirriego, digamos, de riego de café. Hemos tenido conversaciones con MARN por la Ley de Aguas. Hicimos observaciones. No está tan técnica, algo que comunicamos a la ministra (Patricia Orantes).
Sobre el trabajo infantil, ¿qué me puede decir?
—Las cosechas de café en nuestro país empiezan en noviembre y se extienden hasta febrero. Son periodos en los que no hay clases en las escuelas. En fincas grandes se conforman cuadrillas para el corte. Los padres llegan con sus hijos al campo, pero eso no significa que trabajen. Eso es lo que se malinterpreta. Se pueden ver niños en una finca, pero no están trabajando.
Y lo que hemos hecho son estrategias como el Coffee Camp o el Coffee Kids Garden, que son áreas donde se asigna un maestro o donde juegan. El objetivo es que, aunque no estén en campo, estén en un área de recreación o de educación.
Es un reto que la gente entienda que es un tema cultural: el papá, por las mismas ideologías, no quiere dejar a los hijos con alguien en una oficina; prefieren llevárselos al campo, aunque no trabajen.
La roya ahora se aborda con menor temor en la caficultura guatemalteca…
—Sí. En su momento no existía, hasta cerca del 2010. No estábamos acostumbrados a combatirla. El Programa de Rentabilidad Sustentable permite combatirla de manera preventiva y no curativa. Estamos previniendo ataques y, con plantas más jóvenes y fuertes, se puede convivir sin llegar a un punto crítico.
Guatemala ya no debe convencer al mundo sobre la calidad de su café. Entonces, ¿cuál es el reto?
—La estrategia cambió en 2021. La industria sabe que el café de Guatemala es muy buen café. Ahora necesitamos que pase lo mismo con el consumidor. Así, cuando esté en una cafetería, diga: “Yo quiero café de Guatemala”. Eso impulsa que la industria nos compre más café. Entonces, cambiamos la imagen: es más agresiva y moderna.
Incluso, Anacafé recién cumplió sus 65 años…
—Así es, en noviembre.
Usted es productor. ¿Cómo se siente usted por haber sido el rostro más visible de la institución justamente cuando cumple 65 años?
—Es un gran honor. Le dedicamos mucho tiempo, pero la idea es tratar de dejar algo mejor para el país. Al final es una alegría. Creo que hemos hecho muchísimos avances. Cambiamos la forma de hacer consultas técnicas con los productores; cambiamos la imagen internacional. Estamos promocionando más productores, más cafés tostados. Tenemos GUACO para educar sobre tomar buen café en Guatemala. Me enorgullece pertenecer a la institución.
Usted ha sido parte de las comitivas en ferias internacionales. ¿Cuál es el sitio que le hizo pensar “hasta aquí llega una taza de buen café guatemalteco”?
—Tuve la oportunidad de ir a Taiwán, a un coffee shop que es un club muy selecto, muy exclusivo. La taza tenía un precio de alrededor de USD 120. Se servía en tazas de oro. El valor que le daban a la historia, a las notas y al productor me llenó de orgullo: saber lo que han logrado los productores de Guatemala. Vi la importancia, el cariño y el amor que ponen al servir café guatemalteco.
Aquí quizá no dimensionamos que una taza de café pueda superar los USD 100. ¿Los pequeños productores llegan a saber lo que paga el mundo?
—Lastimosamente, muchos productores venden el café en cerezas y no tienen esa oportunidad de explorar. Pero me llama la atención que, cada año, más pequeños productores quieren llegar a esas ferias internacionales a vender sus cafés.
Hay excelentes cafés de pequeños productores y recuerdo precisamente a uno en Nueva Santa Rosa. Tiene dos manzanas de café a 2,000 metros de altura. Empezó a hacer sus procesos naturales y a competir en certámenes nacionales. Ganó y Anacafé promovió su café en diferentes ferias. Ahora vende su café a precios exorbitantes. Lo invitan a los países de destino y promocionan su nombre.
Enorgullece ver a esos productores que se animan a dar ese paso más. Son productores que necesitan la plata día a día, pero aun así hicieron esas inversiones, hicieron ese cambio de pensamiento y empezaron a generar esos cafés de especialidad.
La ambición pasó de querer sembrar para producir a producir para competir…
—Sí, y sobre todo es la parte de las competencias. Anacafé hace más de 14 competencias a nivel nacional y los ganadores nacionales se promocionan internacionalmente. Se da visibilidad a esos productores que nunca tienen la oportunidad de poder llegar a un mercado extranjero. Es una oportunidad para que el mundo los conozca. Creo que ese es el futuro: que cada pequeño productor dé esos “pasitos” para llegar lo más lejos de la cadena posible…
Hasta llegar a esas ferias internacionales…
—Sí, tener ese valor agregado.
Andrés Destarac: “Los pequeños productores quieren llegar a ferias internacionales y vender sus cafés”
Para Andrés Destarac, presidente de la Asociación Nacional del Café (Anacafé), el 2025 confirmó el peso del precio en el negocio cafetalero, pero el siguiente escalón —dice— es otro: empujar a los pequeños productores más lejos en la cadena. Eso implica competir y ganar en certámenes locales para tener visibilidad internacional.
En esta entrevista, realizada en el marco de la presentación de resultados del año cafetalero 2024–2025, detalla por qué Asia —en especial Japón y Taiwán— y EE. UU. son mercados prioritarios, y lo aterriza con un caso: un productor de Nueva Santa Rosa que hoy vende su café a precios “exorbitantes”.
Los datos disponibles del BANGUAT indican que las exportaciones de café en 2025 tuvieron a su favor el precio —y no el volumen—. ¿Influyó la situación de Brasil?
—Son producciones de Guatemala. En el año cafetalero 2024–2025 cerramos en 3.8 millones de quintales. Sí hubo una baja, pero fue un tema de exportaciones, de arrastre. Se quedó un poco de café sin exportar; es el que se está exportando ahora en enero.
La cosecha de Guatemala ronda de 3.8 a 4 millones. Se está manteniendo. Esperamos que, en años futuros, ya con la implementación del Programa de Rentabilidad Sustentable, poco a poco suban las producciones.
Luego de los datos compartidos en la presentación por el experto de Anacafé, ¿hay mayor tranquilidad sobre los precios proyectados para 2026?
—Sí, los precios nos han favorecido. Son precios históricos, jamás vistos en toda la existencia del café guatemalteco: superamos los USD 400 por quintal. La expectativa es que se mantengan alrededor de los USD 330 a 430 por quintal. Se estima que las producciones de otros países están bajando y Guatemala, si impulsamos estos programas con tiempo, puede crecer en el mediano plazo.
Vuelvo a Brasil y agrego a Colombia. Son grandes productores con posibles caídas en sus producciones. Eso repercute en los precios y favorece a Guatemala…
—Claro, repercute. Si ellos producen menos por algún tema climático, el precio se eleva…
Y cuando pasa esto con estos dos países, ¿Guatemala gana mayor porcentaje en el mercado internacional o no es tan fácil?
—No es tan fácil, pero digamos que sí. El café de Guatemala es de mucha calidad; un poco más caro. Tenemos un diferencial de calidad, y eso hace que, cuando no se tienen esos cafés comerciales, compensen con cafés más caros. Pero sin duda son oportunidades que hay que aprovechar.
Ahora me hace sentido que mercados como el europeo o el asiático se inclinen por la producción guatemalteca…
—Exacto. En Asia, el café de Guatemala es visto como el mejor del mundo. Creemos que EE. UU. va en esa vía, pero es producto de la diversificación y promoción que hace Anacafé desde hace más de 30 años. Llegamos a esos destinos y les damos a conocer los cafés especiales de Guatemala. Eso los hace tan apetecibles para estos mercados.
Japón y Vietnam mostraron gran interés en la cosecha 2025. Incrementaron sus compras…
—Las exportaciones a Japón crecieron un 6 % respecto al año anterior. Taiwán es un mercado que ha crecido mucho. La colaboración con CATO (Central America Trade Office) nos ha dado visibilidad en ese mercado. Las exportaciones se han multiplicado. Es un mercado que aprecia el café de Guatemala, que valora las calidades. Pero debemos continuar con la promoción en estos mercados.
Este año van a participar en diferentes ferias de todo el mundo. Si tuviera que elegir una o dos, ¿cuáles serían?
—El mercado de Asia está creciendo. Lo elegiría como punto número uno. Seguiría con el de EE. UU., por ser socio estratégico. En nuestro plan anual hemos incluido dos ferias internacionales más. Creemos que tenemos que seguir promocionando el café de Guatemala. Va a haber más producción y necesitamos hacerlo saber al mundo.
Me sorprendió saber que EE. UU. recibió el 42 % de las exportaciones totales del 2025. ¿Por qué nos eligen?
—Ahí se tienen muchas cadenas de coffee shops. Y el café de Guatemala lo usan para mejorar su blend. Ellos compran un porcentaje de café de Brasil, un porcentaje de Colombia, Vietnam, pero incluyen un poco de Guatemala. Es una consolidación para darle sabores especiales a su café.
En noviembre concluye su nombramiento, ¿qué logros le generan orgullo y qué pendiente hereda su sucesor?
—Nosotros, los directivos, somos productores de café; estamos ad honorem. Nos motiva dejar huella en los productores. El Programa de Rentabilidad Sustentable ha funcionado muy bien. Se debe seguir promocionando para que más productores lo conozcan. El cambio de vida que estamos logrando, con su implementación, sobre todo en pequeños productores, es lo que más me llena. Las metas son ambiciosas, son grandes: que Guatemala produzca muchísimo más café. Tenemos ya un plan estratégico 2030. Pero, en mi gestión, yo quiero que más productores conozcan este Programa.
Hablar de la producción del café, inevitablemente, obliga a abordar el uso de agua, trabajo infantil y de la roya. Iniciemos por el primero…
—Tenemos 376 000 hectáreas de un sistema agroforestal. Entonces, somos el principal productor y captador de agua para mantener los mantos freáticos. Contamos con registros y guías técnicas para el uso eficiente.
Impulsamos mucho las plantas de tratamiento para no tener ninguna contaminación. Estamos usando el agua también para sistemas de fertirriego, digamos, de riego de café. Hemos tenido conversaciones con MARN por la Ley de Aguas. Hicimos observaciones. No está tan técnica, algo que comunicamos a la ministra (Patricia Orantes).
Sobre el trabajo infantil, ¿qué me puede decir?
—Las cosechas de café en nuestro país empiezan en noviembre y se extienden hasta febrero. Son periodos en los que no hay clases en las escuelas. En fincas grandes se conforman cuadrillas para el corte. Los padres llegan con sus hijos al campo, pero eso no significa que trabajen. Eso es lo que se malinterpreta. Se pueden ver niños en una finca, pero no están trabajando.
Y lo que hemos hecho son estrategias como el Coffee Camp o el Coffee Kids Garden, que son áreas donde se asigna un maestro o donde juegan. El objetivo es que, aunque no estén en campo, estén en un área de recreación o de educación.
Es un reto que la gente entienda que es un tema cultural: el papá, por las mismas ideologías, no quiere dejar a los hijos con alguien en una oficina; prefieren llevárselos al campo, aunque no trabajen.
La roya ahora se aborda con menor temor en la caficultura guatemalteca…
—Sí. En su momento no existía, hasta cerca del 2010. No estábamos acostumbrados a combatirla. El Programa de Rentabilidad Sustentable permite combatirla de manera preventiva y no curativa. Estamos previniendo ataques y, con plantas más jóvenes y fuertes, se puede convivir sin llegar a un punto crítico.
Guatemala ya no debe convencer al mundo sobre la calidad de su café. Entonces, ¿cuál es el reto?
—La estrategia cambió en 2021. La industria sabe que el café de Guatemala es muy buen café. Ahora necesitamos que pase lo mismo con el consumidor. Así, cuando esté en una cafetería, diga: “Yo quiero café de Guatemala”. Eso impulsa que la industria nos compre más café. Entonces, cambiamos la imagen: es más agresiva y moderna.
Incluso, Anacafé recién cumplió sus 65 años…
—Así es, en noviembre.
Usted es productor. ¿Cómo se siente usted por haber sido el rostro más visible de la institución justamente cuando cumple 65 años?
—Es un gran honor. Le dedicamos mucho tiempo, pero la idea es tratar de dejar algo mejor para el país. Al final es una alegría. Creo que hemos hecho muchísimos avances. Cambiamos la forma de hacer consultas técnicas con los productores; cambiamos la imagen internacional. Estamos promocionando más productores, más cafés tostados. Tenemos GUACO para educar sobre tomar buen café en Guatemala. Me enorgullece pertenecer a la institución.
Usted ha sido parte de las comitivas en ferias internacionales. ¿Cuál es el sitio que le hizo pensar “hasta aquí llega una taza de buen café guatemalteco”?
—Tuve la oportunidad de ir a Taiwán, a un coffee shop que es un club muy selecto, muy exclusivo. La taza tenía un precio de alrededor de USD 120. Se servía en tazas de oro. El valor que le daban a la historia, a las notas y al productor me llenó de orgullo: saber lo que han logrado los productores de Guatemala. Vi la importancia, el cariño y el amor que ponen al servir café guatemalteco.
Aquí quizá no dimensionamos que una taza de café pueda superar los USD 100. ¿Los pequeños productores llegan a saber lo que paga el mundo?
—Lastimosamente, muchos productores venden el café en cerezas y no tienen esa oportunidad de explorar. Pero me llama la atención que, cada año, más pequeños productores quieren llegar a esas ferias internacionales a vender sus cafés.
Hay excelentes cafés de pequeños productores y recuerdo precisamente a uno en Nueva Santa Rosa. Tiene dos manzanas de café a 2,000 metros de altura. Empezó a hacer sus procesos naturales y a competir en certámenes nacionales. Ganó y Anacafé promovió su café en diferentes ferias. Ahora vende su café a precios exorbitantes. Lo invitan a los países de destino y promocionan su nombre.
Enorgullece ver a esos productores que se animan a dar ese paso más. Son productores que necesitan la plata día a día, pero aun así hicieron esas inversiones, hicieron ese cambio de pensamiento y empezaron a generar esos cafés de especialidad.
La ambición pasó de querer sembrar para producir a producir para competir…
—Sí, y sobre todo es la parte de las competencias. Anacafé hace más de 14 competencias a nivel nacional y los ganadores nacionales se promocionan internacionalmente. Se da visibilidad a esos productores que nunca tienen la oportunidad de poder llegar a un mercado extranjero. Es una oportunidad para que el mundo los conozca. Creo que ese es el futuro: que cada pequeño productor dé esos “pasitos” para llegar lo más lejos de la cadena posible…
Hasta llegar a esas ferias internacionales…
—Sí, tener ese valor agregado.