Desde hace algún tiempo me gusta ver en las redes sociales los fragmentos de los debates de Javier Milei en programas de televisión argentinos cuando aún no había sido elegido presidente. Me llama la atención tanto su forma de debatir como su aspecto despeinado; algunos incluso dicen que lo que lleva es una peluca. Debate con gritos e incluso con insultos y, muchas veces, poniendo en evidencia la ignorancia de las personas sobre aspectos económicos. Y es que muchas veces los entrevistadores son “todólogos” y creen saber más que su invitado experto.
En esos debates donde se presentaba Javier Milei hubo dos situaciones que llamaron mucho mi atención. La primera fue cuando una entrevistadora cubana defendía el socialismo y Milei le contestó: “¿Y por qué no te regresás a vivir a Cuba? ¡Yo te pago el pasaje!”. La segunda fue cuando una persona que se burlaba de su “Tour de la Libertad” lo desafió y le dijo, “si no te gusta, armá un partido y ganá las elecciones”. Javier Milei fue proclamado presidente de Argentina para el período 2023-2027, después de haber sido ridiculizado muchas veces y expulsado de programas de televisión.
Desde ese momento he seguido muy de cerca a la presidencia en Argentina porque me causa curiosidad ver cómo aplica como presidente las teorías económicas que predica. “Maquiavelo ha muerto”, fue la frase que pronunció en el Foro Económico Mundial de Davos, en enero de este año. Y ha hecho muchas declaraciones polémicas, como cuando llamó “corrupto” a Inácio Lula da Silva y a Gustavo Petro lo calificó como “asesino terrorista”. Sus declaraciones provocaron una crisis diplomática con España, al insinuar que la esposa de Pedro Sánchez era una “corrupta”. Tampoco esconde su simpatía por Donald Trump y afirma que comparte la misma agenda antisocialista del presidente estadounidense en contra de la agenda “woke”. También ha dicho que Trump quiere copiar su modelo económico. El argentino afirma que sus principales aliados internacionales son Trump, Bolsonaro y Bukele.
A pesar de su admiración por Donald Trump, ambos tienen ideologías distintas. Milei se autoproclama libertario; a favor del libre comercio y en búsqueda de reducir el Estado drásticamente. Mientras que Trump, recurre a los aranceles y es proteccionista, conservador y populista. Milei ha manifestado públicamente que el Banco Central de Argentina es una estafa y que “hay que dinamitarlo”. Las políticas públicas de Milei han generado cambios drásticos en Argentina. La inflación anual a finales de 2023 fue del 211%, mientras que a finales de 2025 la inflación anual fue del 31%. Cerró los años 2024 y 2025 con superávit financiero. Durante 2025 bajó el riesgo país, mejoraron los bonos argentinos y subió la confianza de mercados e inversores. Ese mismo año, el PIB creció alrededor de 4.4%.
Argentina vivió un fenómeno en el que la corrupción llegó a niveles insostenibles y las políticas económicas dictadas llevaron a un país, con mucha riqueza, prácticamente a la quiebra por una combinación de corrupción e ignorancia. En Guatemala pasa un fenómeno parecido en el sentido de que hoy por ejemplo, para ser diputado, el único requisito es ser guatemalteco de origen y estar en el ejercicio de sus derechos ciudadanos. El cuento se cuenta solo.
Sócrates sostenía que quienes gobiernan deberían ser los más sabios y virtuosos, no simplemente los más populares. Estoy convencido de que el Congreso de la República de Guatemala debería estar formado por diputados profesionales colegiados como médicos, economistas, ingenieros y abogados, entre otros, que realmente tengan la preparación suficiente y el conocimiento para promulgar leyes en beneficio del país. El verdadero problema de Guatemala no es la izquierda ni la derecha. Es la corrupción y la ignorancia.
Nuestra Constitución tiene muchas cosas que me parecen muy buenas, como el garantizar el derecho a la vida desde la concepción y el respeto a la propiedad privada, entre otras. Pero creo que al menos dos artículos deberían ser reformados. El artículo 157, que establece que el número de diputados se determina de acuerdo a su población, y el 162 sobre los requisitos para ser diputado, el cual debería añadir como requisito para postularse, ser profesional colegiado.
85 diputados son más que suficientes para gobernar este país. Al paso que vamos, se tendrán que llevar a cabo las sesiones plenarias en el Estadio Nacional Doroteo Guamuch Flores y el Congreso tendrá que comprar toda la zona 1 para sus oficinas. Y no olvidemos el costo financiero que representa tener cada vez un congreso más grande. Si se lograra mejorar la calidad de los diputados y reducir su número, priorizando la calidad sobre la cantidad, los guatemaltecos podríamos ver cambios positivos. Por otro lado, el tema de la corrupción, que es un cáncer que nos está destruyendo, es algo que no se resuelve tan fácil. Para muestra, veamos el caso de Argentina: hasta qué punto llegó la corrupción y la ignorancia, que el país quedó hundido en una gran pobreza. ¿Podrá Milei rescatar a Argentina? Solo el tiempo lo dirá. Mientras tanto, gritemos: “¡Viva la libertad, carajo!”.
¡Viva la Libertad Carajo!
Desde hace algún tiempo me gusta ver en las redes sociales los fragmentos de los debates de Javier Milei en programas de televisión argentinos cuando aún no había sido elegido presidente. Me llama la atención tanto su forma de debatir como su aspecto despeinado; algunos incluso dicen que lo que lleva es una peluca. Debate con gritos e incluso con insultos y, muchas veces, poniendo en evidencia la ignorancia de las personas sobre aspectos económicos. Y es que muchas veces los entrevistadores son “todólogos” y creen saber más que su invitado experto.
En esos debates donde se presentaba Javier Milei hubo dos situaciones que llamaron mucho mi atención. La primera fue cuando una entrevistadora cubana defendía el socialismo y Milei le contestó: “¿Y por qué no te regresás a vivir a Cuba? ¡Yo te pago el pasaje!”. La segunda fue cuando una persona que se burlaba de su “Tour de la Libertad” lo desafió y le dijo, “si no te gusta, armá un partido y ganá las elecciones”. Javier Milei fue proclamado presidente de Argentina para el período 2023-2027, después de haber sido ridiculizado muchas veces y expulsado de programas de televisión.
Desde ese momento he seguido muy de cerca a la presidencia en Argentina porque me causa curiosidad ver cómo aplica como presidente las teorías económicas que predica. “Maquiavelo ha muerto”, fue la frase que pronunció en el Foro Económico Mundial de Davos, en enero de este año. Y ha hecho muchas declaraciones polémicas, como cuando llamó “corrupto” a Inácio Lula da Silva y a Gustavo Petro lo calificó como “asesino terrorista”. Sus declaraciones provocaron una crisis diplomática con España, al insinuar que la esposa de Pedro Sánchez era una “corrupta”. Tampoco esconde su simpatía por Donald Trump y afirma que comparte la misma agenda antisocialista del presidente estadounidense en contra de la agenda “woke”. También ha dicho que Trump quiere copiar su modelo económico. El argentino afirma que sus principales aliados internacionales son Trump, Bolsonaro y Bukele.
A pesar de su admiración por Donald Trump, ambos tienen ideologías distintas. Milei se autoproclama libertario; a favor del libre comercio y en búsqueda de reducir el Estado drásticamente. Mientras que Trump, recurre a los aranceles y es proteccionista, conservador y populista. Milei ha manifestado públicamente que el Banco Central de Argentina es una estafa y que “hay que dinamitarlo”. Las políticas públicas de Milei han generado cambios drásticos en Argentina. La inflación anual a finales de 2023 fue del 211%, mientras que a finales de 2025 la inflación anual fue del 31%. Cerró los años 2024 y 2025 con superávit financiero. Durante 2025 bajó el riesgo país, mejoraron los bonos argentinos y subió la confianza de mercados e inversores. Ese mismo año, el PIB creció alrededor de 4.4%.
Argentina vivió un fenómeno en el que la corrupción llegó a niveles insostenibles y las políticas económicas dictadas llevaron a un país, con mucha riqueza, prácticamente a la quiebra por una combinación de corrupción e ignorancia. En Guatemala pasa un fenómeno parecido en el sentido de que hoy por ejemplo, para ser diputado, el único requisito es ser guatemalteco de origen y estar en el ejercicio de sus derechos ciudadanos. El cuento se cuenta solo.
Sócrates sostenía que quienes gobiernan deberían ser los más sabios y virtuosos, no simplemente los más populares. Estoy convencido de que el Congreso de la República de Guatemala debería estar formado por diputados profesionales colegiados como médicos, economistas, ingenieros y abogados, entre otros, que realmente tengan la preparación suficiente y el conocimiento para promulgar leyes en beneficio del país. El verdadero problema de Guatemala no es la izquierda ni la derecha. Es la corrupción y la ignorancia.
Nuestra Constitución tiene muchas cosas que me parecen muy buenas, como el garantizar el derecho a la vida desde la concepción y el respeto a la propiedad privada, entre otras. Pero creo que al menos dos artículos deberían ser reformados. El artículo 157, que establece que el número de diputados se determina de acuerdo a su población, y el 162 sobre los requisitos para ser diputado, el cual debería añadir como requisito para postularse, ser profesional colegiado.
85 diputados son más que suficientes para gobernar este país. Al paso que vamos, se tendrán que llevar a cabo las sesiones plenarias en el Estadio Nacional Doroteo Guamuch Flores y el Congreso tendrá que comprar toda la zona 1 para sus oficinas. Y no olvidemos el costo financiero que representa tener cada vez un congreso más grande. Si se lograra mejorar la calidad de los diputados y reducir su número, priorizando la calidad sobre la cantidad, los guatemaltecos podríamos ver cambios positivos. Por otro lado, el tema de la corrupción, que es un cáncer que nos está destruyendo, es algo que no se resuelve tan fácil. Para muestra, veamos el caso de Argentina: hasta qué punto llegó la corrupción y la ignorancia, que el país quedó hundido en una gran pobreza. ¿Podrá Milei rescatar a Argentina? Solo el tiempo lo dirá. Mientras tanto, gritemos: “¡Viva la libertad, carajo!”.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: