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Renovación urbana: una posible estrategia de reducción de vulnerabilidad

“Deberíamos entender que la vulnerabilidad que hemos construido con el tiempo puede y debe ser modificada.”

Luis Diego Dávila | ldavila@unis.edu.gt |
07 de octubre, 2026

Nuestras ciudades cambian constantemente. Nuevos edificios se construyen, algunas construcciones se modifican, otras cambian de uso y, con el paso del tiempo, muchas continúan formando parte de nuestro paisaje urbano sin que nos detengamos a preguntarnos si responderán a un terremoto de forma adecuada.

En un país sísmicamente activo como Guatemala, esta pregunta adquiere especial importancia. Cuando hablamos de riesgo sísmico, podemos solo pensar en los terremotos y en la necesidad de construir nuevas edificaciones sismorresistentes. Sin embargo, esta es solo una cara de la moneda; una muy importante. La otra cara responde a una realidad que debemos enfrentar: gran parte de nuestra ciudad ya está construida.

Muchas de las viviendas y edificaciones fueron levantadas hace décadas, cuando muchos de los criterios de diseño, normas estructurales y el conocimiento sobre el comportamiento sísmico eran todavía muy básicos. Muchas de las edificaciones han sido ampliadas, modificadas o transformadas, y en algunos casos no se ha considerado cómo estos cambios afectan su comportamiento durante un terremoto. Otras edificaciones empiezan a sobrepasar su tiempo de vida útil, y en otras el cambio de uso puede representar un serio peligro.

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El problema no es únicamente la antigüedad. La vulnerabilidad depende de múltiples factores: el sistema constructivo, la calidad de los materiales, el diseño, el mantenimiento, las modificaciones e intervenciones realizadas, las condiciones del terreno y del suelo, su localización urbana, las estructuras colindantes, entre otros. Pero existen sectores de nuestras ciudades donde algunas de estas condiciones pueden sumarse y el escenario se torna cada vez más vulnerable.

Pongamos un ejemplo particularmente interesante: las viviendas construidas con adobe y otros sistemas tradicionales. Estas edificaciones forman parte de nuestra historia y de nuestro patrimonio y han marcado el imaginario colectivo guatemalteco. Sin embargo, pueden presentar vulnerabilidades importantes ante terremotos, especialmente cuando han sufrido deterioro por el clima, modificaciones en los espacios interiores o intervenciones en el techo que alteran su comportamiento.

¿Qué podemos hacer con estas edificaciones? La respuesta no solo se puede limitar a demoler, y tampoco podemos pensar solo en conservarlas sin intervenir. Por tanto, la renovación urbana puede ser una estrategia de reducción de vulnerabilidad. Pero renovar una ciudad no significa únicamente construir edificios nuevos. Significa también identificar aquellas áreas donde las condiciones actuales de las edificaciones, la infraestructura y el entorno urbano generan mayores niveles de riesgo y buscar alternativas urbanas para transformarlas.

Actualmente, Guatemala enfrenta una densificación y renovación urbana progresiva. Pero podemos aportar una nueva perspectiva a la renovación urbana; no solo es una oportunidad para aumentar el valor del suelo o construir nuevos edificios. Puede ser, también, una herramienta para construir ciudades más seguras y resilientes. Este año, se conmemoran los 50 años del terremoto de 1976. El terremoto nos dejó una lección: los daños no dependen únicamente de la magnitud del evento, sino de las condiciones que hemos construido.

Después de cincuenta años, muchas de las edificaciones que existían entonces ya no están. Otras permanecen, y nuevas construcciones han ocupado el territorio. Renovar la ciudad no se hace de un día para otro; requiere años de planificación, gestión, desarrollo, trabajo, construcción y tiempo. Pero sí podemos trabajar en identificar dónde están las mayores vulnerabilidades, priorizar las zonas que requieren intervención y generar mecanismos, incentivos y herramientas legales que permitan a las familias guatemaltecas acceder a mejores oportunidades de vivienda y trabajo.

La renovación urbana puede ser mucho más que una estrategia de transformación física y desarrollo; puede convertirse en una estrategia de reducción de riesgo y en la construcción de una ciudad más resiliente. En Guatemala, donde los terremotos son inevitables, también deberíamos entender que la vulnerabilidad que hemos construido con el tiempo puede y debe ser modificada. La ciudad que heredamos no tiene por qué ser la ciudad que dejemos. Cada decisión que tomemos hoy sobre cómo renovar, reforzar, construir o conservar nuestras edificaciones será también una decisión sobre qué tan vulnerable queremos que sea nuestra ciudad frente al próximo terremoto.

 

Renovación urbana: una posible estrategia de reducción de vulnerabilidad

“Deberíamos entender que la vulnerabilidad que hemos construido con el tiempo puede y debe ser modificada.”

Luis Diego Dávila | ldavila@unis.edu.gt |
07 de octubre, 2026

Nuestras ciudades cambian constantemente. Nuevos edificios se construyen, algunas construcciones se modifican, otras cambian de uso y, con el paso del tiempo, muchas continúan formando parte de nuestro paisaje urbano sin que nos detengamos a preguntarnos si responderán a un terremoto de forma adecuada.

En un país sísmicamente activo como Guatemala, esta pregunta adquiere especial importancia. Cuando hablamos de riesgo sísmico, podemos solo pensar en los terremotos y en la necesidad de construir nuevas edificaciones sismorresistentes. Sin embargo, esta es solo una cara de la moneda; una muy importante. La otra cara responde a una realidad que debemos enfrentar: gran parte de nuestra ciudad ya está construida.

Muchas de las viviendas y edificaciones fueron levantadas hace décadas, cuando muchos de los criterios de diseño, normas estructurales y el conocimiento sobre el comportamiento sísmico eran todavía muy básicos. Muchas de las edificaciones han sido ampliadas, modificadas o transformadas, y en algunos casos no se ha considerado cómo estos cambios afectan su comportamiento durante un terremoto. Otras edificaciones empiezan a sobrepasar su tiempo de vida útil, y en otras el cambio de uso puede representar un serio peligro.

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El problema no es únicamente la antigüedad. La vulnerabilidad depende de múltiples factores: el sistema constructivo, la calidad de los materiales, el diseño, el mantenimiento, las modificaciones e intervenciones realizadas, las condiciones del terreno y del suelo, su localización urbana, las estructuras colindantes, entre otros. Pero existen sectores de nuestras ciudades donde algunas de estas condiciones pueden sumarse y el escenario se torna cada vez más vulnerable.

Pongamos un ejemplo particularmente interesante: las viviendas construidas con adobe y otros sistemas tradicionales. Estas edificaciones forman parte de nuestra historia y de nuestro patrimonio y han marcado el imaginario colectivo guatemalteco. Sin embargo, pueden presentar vulnerabilidades importantes ante terremotos, especialmente cuando han sufrido deterioro por el clima, modificaciones en los espacios interiores o intervenciones en el techo que alteran su comportamiento.

¿Qué podemos hacer con estas edificaciones? La respuesta no solo se puede limitar a demoler, y tampoco podemos pensar solo en conservarlas sin intervenir. Por tanto, la renovación urbana puede ser una estrategia de reducción de vulnerabilidad. Pero renovar una ciudad no significa únicamente construir edificios nuevos. Significa también identificar aquellas áreas donde las condiciones actuales de las edificaciones, la infraestructura y el entorno urbano generan mayores niveles de riesgo y buscar alternativas urbanas para transformarlas.

Actualmente, Guatemala enfrenta una densificación y renovación urbana progresiva. Pero podemos aportar una nueva perspectiva a la renovación urbana; no solo es una oportunidad para aumentar el valor del suelo o construir nuevos edificios. Puede ser, también, una herramienta para construir ciudades más seguras y resilientes. Este año, se conmemoran los 50 años del terremoto de 1976. El terremoto nos dejó una lección: los daños no dependen únicamente de la magnitud del evento, sino de las condiciones que hemos construido.

Después de cincuenta años, muchas de las edificaciones que existían entonces ya no están. Otras permanecen, y nuevas construcciones han ocupado el territorio. Renovar la ciudad no se hace de un día para otro; requiere años de planificación, gestión, desarrollo, trabajo, construcción y tiempo. Pero sí podemos trabajar en identificar dónde están las mayores vulnerabilidades, priorizar las zonas que requieren intervención y generar mecanismos, incentivos y herramientas legales que permitan a las familias guatemaltecas acceder a mejores oportunidades de vivienda y trabajo.

La renovación urbana puede ser mucho más que una estrategia de transformación física y desarrollo; puede convertirse en una estrategia de reducción de riesgo y en la construcción de una ciudad más resiliente. En Guatemala, donde los terremotos son inevitables, también deberíamos entender que la vulnerabilidad que hemos construido con el tiempo puede y debe ser modificada. La ciudad que heredamos no tiene por qué ser la ciudad que dejemos. Cada decisión que tomemos hoy sobre cómo renovar, reforzar, construir o conservar nuestras edificaciones será también una decisión sobre qué tan vulnerable queremos que sea nuestra ciudad frente al próximo terremoto.

 

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