Así dijo el presidente Donald J. Trump en su cumpleaños 80 al anunciar el cese de las hostilidades con Irán. Mientras tanto, en Guatemala, hace menos de tres meses, el 24 de marzo de este año, comenzó a circular en redes sociales el anuncio realizado por el presidente Arévalo de un subsidio a los combustibles de Q8.00 por galón de diésel y Q5.00 por galón de gasolina regular y súper, el cual tendría una duración de tres meses, derivado del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Desconozco si la intención de este subsidio era realmente aliviar los gastos de transporte de los guatemaltecos o si se trataba de una medida politiquera destinada a recuperar la simpatía de una población claramente decepcionada de la gestión de la denominada “Nueva Primavera”. Sin embargo, estoy seguro de que, independientemente de cuál haya sido la finalidad, el subsidio no ha logrado ni una cosa ni la otra.
Por otro lado, el presidente Trump anunció en 37 ocasiones el fin de la guerra. Cada uno de esos anuncios provocaba fluctuaciones en los mercados petroleros, haciendo que el precio del petróleo bajara inmediatamente después de sus declaraciones y volviera a subir cuando continuaban las hostilidades. Sin embargo, en el cumpleaños número 80 del presidente Trump se produjo el anuncio número 38 del cese de las hostilidades, el cual finalmente fue confirmado por Irán, y según se ha anunciado, el acuerdo será formalizado este viernes.
Aún se desconocen muchos detalles, especialmente lo relacionado con el programa nuclear iraní. No obstante, el hecho concreto es que el estrecho de Hormuz finalmente fue abierto, los barcos pueden transitar libremente y el precio del petróleo ha vuelto a caer. El subsidio en Guatemala comenzó el 1 de mayo y terminará el 31 de agosto del presente año. Como simple espectador de las acciones de Trump y, en paralelo, de las decisiones de Arévalo, considero que la medida ya llega un poco tarde. A mi criterio, habría sido más efectiva la derogación del impuesto a los combustibles. No me explico por qué el presidente se decidió por el subsidio, después de las críticas que hizo a los subsidios cuando fue diputado.
Por el lado de Irán, me causa gracia leer que, tras el anuncio del cese al fuego, afirmen que “ganaron la guerra”. Lo dicen después de que sus instalaciones militares fueran destruidas, de haber sido asfixiados económicamente mediante el congelamiento de miles de millones de dólares en bancos extranjeros y de sufrir un fuerte aislamiento comercial. Aun así, sostienen que ganaron la guerra. Que Irán afirme haber ganado la guerra se me hace como si Jake Paul dijera que le ganó a Mike Tyson, quien obviamente no quiso demolerlo como sí lo hizo el actual campeón Anthony Joshua. Resulta evidente que existía una diferencia enorme entre ambos. Estados Unidos habría podido arrasar completamente con Irán; sin embargo, decidió no hacerlo. Sus detractores interpretan esa decisión como una señal de debilidad militar, mientras que otros la consideran una muestra de contención para evitar mayores pérdidas de vidas civiles.
Mas allá de quién ganó o perdió la guerra, ¿en qué nos afecta que fluya o no fluya el petróleo por el estrecho de Hormuz? Se dice que el 20% del petróleo mundial pasa por el estrecho de Hormuz, pero el verdadero negocio no está en el petróleo que circula físicamente por ese paso marítimo, sino en la especulación. Basta con una amenaza de cerrarlo para que el precio del petróleo suba, y basta con que se anuncie una tregua para que vuelva a bajar. No es el petróleo que efectivamente pasa o deja de pasar por el estrecho lo que termina encareciendo la gasolina o el diésel. Aunque la cantidad de petróleo disponible en el mundo siga siendo prácticamente la misma, basta la amenaza de una interrupción para que los precios se disparen.
Los especuladores compran y venden contratos de petróleo apostando a las subidas y bajadas del mercado, obteniendo ganancias millonarias sin haber extraído, transportado o refinado un solo barril de petróleo. Mucho menos necesitan que ese barril haya pasado físicamente por el estrecho de Hormuz o que haya quedado bloqueado en él. Al final, el mayor beneficiado de estas crisis no es el productor de petróleo, sino el especulador o, mejor dicho, el apostador.
Mientras tanto, en Guatemala, el Gobierno se prepara con una mesa técnica para discutir cuál va a ser el próximo paso. Los especuladores ya ganaron, los subsidiados están cobrando y nosotros, los simples mortales, seguimos igual.
Así dijo el presidente Donald J. Trump en su cumpleaños 80 al anunciar el cese de las hostilidades con Irán. Mientras tanto, en Guatemala, hace menos de tres meses, el 24 de marzo de este año, comenzó a circular en redes sociales el anuncio realizado por el presidente Arévalo de un subsidio a los combustibles de Q8.00 por galón de diésel y Q5.00 por galón de gasolina regular y súper, el cual tendría una duración de tres meses, derivado del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Desconozco si la intención de este subsidio era realmente aliviar los gastos de transporte de los guatemaltecos o si se trataba de una medida politiquera destinada a recuperar la simpatía de una población claramente decepcionada de la gestión de la denominada “Nueva Primavera”. Sin embargo, estoy seguro de que, independientemente de cuál haya sido la finalidad, el subsidio no ha logrado ni una cosa ni la otra.
Por otro lado, el presidente Trump anunció en 37 ocasiones el fin de la guerra. Cada uno de esos anuncios provocaba fluctuaciones en los mercados petroleros, haciendo que el precio del petróleo bajara inmediatamente después de sus declaraciones y volviera a subir cuando continuaban las hostilidades. Sin embargo, en el cumpleaños número 80 del presidente Trump se produjo el anuncio número 38 del cese de las hostilidades, el cual finalmente fue confirmado por Irán, y según se ha anunciado, el acuerdo será formalizado este viernes.
Aún se desconocen muchos detalles, especialmente lo relacionado con el programa nuclear iraní. No obstante, el hecho concreto es que el estrecho de Hormuz finalmente fue abierto, los barcos pueden transitar libremente y el precio del petróleo ha vuelto a caer. El subsidio en Guatemala comenzó el 1 de mayo y terminará el 31 de agosto del presente año. Como simple espectador de las acciones de Trump y, en paralelo, de las decisiones de Arévalo, considero que la medida ya llega un poco tarde. A mi criterio, habría sido más efectiva la derogación del impuesto a los combustibles. No me explico por qué el presidente se decidió por el subsidio, después de las críticas que hizo a los subsidios cuando fue diputado.
Por el lado de Irán, me causa gracia leer que, tras el anuncio del cese al fuego, afirmen que “ganaron la guerra”. Lo dicen después de que sus instalaciones militares fueran destruidas, de haber sido asfixiados económicamente mediante el congelamiento de miles de millones de dólares en bancos extranjeros y de sufrir un fuerte aislamiento comercial. Aun así, sostienen que ganaron la guerra. Que Irán afirme haber ganado la guerra se me hace como si Jake Paul dijera que le ganó a Mike Tyson, quien obviamente no quiso demolerlo como sí lo hizo el actual campeón Anthony Joshua. Resulta evidente que existía una diferencia enorme entre ambos. Estados Unidos habría podido arrasar completamente con Irán; sin embargo, decidió no hacerlo. Sus detractores interpretan esa decisión como una señal de debilidad militar, mientras que otros la consideran una muestra de contención para evitar mayores pérdidas de vidas civiles.
Mas allá de quién ganó o perdió la guerra, ¿en qué nos afecta que fluya o no fluya el petróleo por el estrecho de Hormuz? Se dice que el 20% del petróleo mundial pasa por el estrecho de Hormuz, pero el verdadero negocio no está en el petróleo que circula físicamente por ese paso marítimo, sino en la especulación. Basta con una amenaza de cerrarlo para que el precio del petróleo suba, y basta con que se anuncie una tregua para que vuelva a bajar. No es el petróleo que efectivamente pasa o deja de pasar por el estrecho lo que termina encareciendo la gasolina o el diésel. Aunque la cantidad de petróleo disponible en el mundo siga siendo prácticamente la misma, basta la amenaza de una interrupción para que los precios se disparen.
Los especuladores compran y venden contratos de petróleo apostando a las subidas y bajadas del mercado, obteniendo ganancias millonarias sin haber extraído, transportado o refinado un solo barril de petróleo. Mucho menos necesitan que ese barril haya pasado físicamente por el estrecho de Hormuz o que haya quedado bloqueado en él. Al final, el mayor beneficiado de estas crisis no es el productor de petróleo, sino el especulador o, mejor dicho, el apostador.
Mientras tanto, en Guatemala, el Gobierno se prepara con una mesa técnica para discutir cuál va a ser el próximo paso. Los especuladores ya ganaron, los subsidiados están cobrando y nosotros, los simples mortales, seguimos igual.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: