lo que tenía que pasar: luego de un proceso sostenido de deterioro institucional, el Tribunal Supremo Electoral dejó de gozar de la confianza que proyectó durante las presidencias de Arturo Herbruger, Manuel Ruano, Fernando Bonilla y Mario Guerra. En los últimos comicios, aquel alto tribunal cayó bajo y si me preguntan, digo que la misión más importante de los magistrados que están a cargo ahora es rescatar la dignidad, la credibilidad y el prestigio del TSE… para rescatar las del proceso electoral mismo.
En eso pensé cuando leí que casi siete de cada 10 guatemaltecos consultados para la encuesta de percepción (mayo de 2026) de la Fundación Libertad y Desarrollo confían poco, o nada en que las elecciones del 2027 serán limpias y transparentes. A 386 días de las elecciones generales poco menos de tres de cada 10 personas confían en que serán íntegras y confiables.
Casi seis de cada 10 consultados dicen no conocer lo suficiente a los posibles candidatos. Eso no es de extrañar porque ¿quién conoce “lo suficiente” un candidato? De hecho, yo suelo preguntar: ¿Te acuerdas de por quiénes votaste para diputados en las elecciones pasadas? La respuesta suele ser…(adivinaste)…la respuesta suele ser No. Casi nadie, nadie se acuerda de por quién votó y nadie sabe quién es “su” diputado. ¿Quién conoce “lo suficiente” al alcalde de su pueblo? Fuera de su rosca de amigos y parientes, ¿quiénes conocen “lo suficiente” a Arévalo, Giammattei, o Morales?
Poco más de seis de cada 10 consultados perciben que el costo de vida ha aumentado. Para la gente, el costo de la vida y la inseguridad son las principales preocupaciones en el hogar. La mayor parte de los consultados migraría por motivos económicos. Cuando leo este tipo de datos pienso que el mensaje de “trade, not aid”, aún no llega a donde debería llegar.
Cinco de cada 10 encuestados perciben que Bernardo Arévalo desempeña mal, o muy mal sus labores. De entre los cinco últimos presidentes de Guatemala, la percepción es que Giammattei ha sido más malo que Arévalo; y este último ha sido más malo que Morales, Pérez y Colom. Eso no sorprende porque ni el Presidente, ni su movimiento estaban remotamente preparados para asumir la responsabilidad que les cayó de chiripazo.
Es chulo comparar el dato anterior entre presidentes; pero también es cierto que demasiada gente cree que el gobierno debería resolverle sus preocupaciones familiares de una forma estatista y colectivista. Por ejemplo, casi cinco de cada 10 consultados opinan que el próximo presidente debería subir el salario mínimo e imponer controles de precios.
Esto tampoco sorprende porque Friedrich A. Hayek ya había advertido que en un electorado compuesto mayoritariamente por trabajadores por cuenta ajena no ha de sorprender que esos votantes deseen ver entronizado un poder tutelar superior que vigile la actividad independiente cuya naturaleza no llegan a entender, pero de la que depende su propio subsistir. Mucha gente, además, cree que el Presidente debería ser el capitán del barco, el pastor del rebaño, o el padre que estuvo ausente en sus vidas.
La lista de la dirigencia nacional (que no liderazgo) es, cuanto menos, penosa. Penosa, pero no sorprendente si tomamos en cuenta que el votante promedio chapín cuenta entre sus filas a los aficionados del fútbol que el martes pasado quemaron la camisola del equipo contrario mientras se comportaban como simios; y suma entre sus filas a los guatemaltecos que llegaron al Obelisco a robar estampas para un álbum durante la actividad que organizó un banco, y los que tiran bolsas de agua durante la fiesta de las antorchas en septiembre.
Los mal llamados partidos políticos son “pedos inflados” que sólo aparecen cuando es temporada de elecciones y están muy lejos de ser las plataformas programáticas que describen los libros de ciencia política.
Dicho lo anterior, en la serie sesentera, Perdidos en el espacio, el robot advertía ¡Peligro, peligro! cuando algo amenazaba a Will Robinson. Pienso, sinceramente, que este estudio de opinión pública nos grita lo mismo a los electores y tributarios guatemaltecos.
Si te interesan estos temas visita luisfi61.com
lo que tenía que pasar: luego de un proceso sostenido de deterioro institucional, el Tribunal Supremo Electoral dejó de gozar de la confianza que proyectó durante las presidencias de Arturo Herbruger, Manuel Ruano, Fernando Bonilla y Mario Guerra. En los últimos comicios, aquel alto tribunal cayó bajo y si me preguntan, digo que la misión más importante de los magistrados que están a cargo ahora es rescatar la dignidad, la credibilidad y el prestigio del TSE… para rescatar las del proceso electoral mismo.
En eso pensé cuando leí que casi siete de cada 10 guatemaltecos consultados para la encuesta de percepción (mayo de 2026) de la Fundación Libertad y Desarrollo confían poco, o nada en que las elecciones del 2027 serán limpias y transparentes. A 386 días de las elecciones generales poco menos de tres de cada 10 personas confían en que serán íntegras y confiables.
Casi seis de cada 10 consultados dicen no conocer lo suficiente a los posibles candidatos. Eso no es de extrañar porque ¿quién conoce “lo suficiente” un candidato? De hecho, yo suelo preguntar: ¿Te acuerdas de por quiénes votaste para diputados en las elecciones pasadas? La respuesta suele ser…(adivinaste)…la respuesta suele ser No. Casi nadie, nadie se acuerda de por quién votó y nadie sabe quién es “su” diputado. ¿Quién conoce “lo suficiente” al alcalde de su pueblo? Fuera de su rosca de amigos y parientes, ¿quiénes conocen “lo suficiente” a Arévalo, Giammattei, o Morales?
Poco más de seis de cada 10 consultados perciben que el costo de vida ha aumentado. Para la gente, el costo de la vida y la inseguridad son las principales preocupaciones en el hogar. La mayor parte de los consultados migraría por motivos económicos. Cuando leo este tipo de datos pienso que el mensaje de “trade, not aid”, aún no llega a donde debería llegar.
Cinco de cada 10 encuestados perciben que Bernardo Arévalo desempeña mal, o muy mal sus labores. De entre los cinco últimos presidentes de Guatemala, la percepción es que Giammattei ha sido más malo que Arévalo; y este último ha sido más malo que Morales, Pérez y Colom. Eso no sorprende porque ni el Presidente, ni su movimiento estaban remotamente preparados para asumir la responsabilidad que les cayó de chiripazo.
Es chulo comparar el dato anterior entre presidentes; pero también es cierto que demasiada gente cree que el gobierno debería resolverle sus preocupaciones familiares de una forma estatista y colectivista. Por ejemplo, casi cinco de cada 10 consultados opinan que el próximo presidente debería subir el salario mínimo e imponer controles de precios.
Esto tampoco sorprende porque Friedrich A. Hayek ya había advertido que en un electorado compuesto mayoritariamente por trabajadores por cuenta ajena no ha de sorprender que esos votantes deseen ver entronizado un poder tutelar superior que vigile la actividad independiente cuya naturaleza no llegan a entender, pero de la que depende su propio subsistir. Mucha gente, además, cree que el Presidente debería ser el capitán del barco, el pastor del rebaño, o el padre que estuvo ausente en sus vidas.
La lista de la dirigencia nacional (que no liderazgo) es, cuanto menos, penosa. Penosa, pero no sorprendente si tomamos en cuenta que el votante promedio chapín cuenta entre sus filas a los aficionados del fútbol que el martes pasado quemaron la camisola del equipo contrario mientras se comportaban como simios; y suma entre sus filas a los guatemaltecos que llegaron al Obelisco a robar estampas para un álbum durante la actividad que organizó un banco, y los que tiran bolsas de agua durante la fiesta de las antorchas en septiembre.
Los mal llamados partidos políticos son “pedos inflados” que sólo aparecen cuando es temporada de elecciones y están muy lejos de ser las plataformas programáticas que describen los libros de ciencia política.
Dicho lo anterior, en la serie sesentera, Perdidos en el espacio, el robot advertía ¡Peligro, peligro! cuando algo amenazaba a Will Robinson. Pienso, sinceramente, que este estudio de opinión pública nos grita lo mismo a los electores y tributarios guatemaltecos.
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EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: