Cuando el ex veterano de la guerra de Vietnam, Karl Marlantes publicó en el 2009 su fantástica novela «Matterhorn», explicó a la prensa que no la había podido escribir sino hasta 30 años despúes de sus experiencias, porque había tenido que pensarlas y asimilarlas. Las experiencias de combate que le tocaron vivir como joven recluta en las selvas del país sudasiático lo llevaron luego a publicar en 2011 otro libro «What it is like to go to War», y en 2019 y 2024 publicó otras cuatro novelas. El poder hablar de sus experiencias en clave de novela, con la primera publicación, abrió todo un torrente creativo que lo ha llevado a crear un sólido corpus literario de ficción y no ficción.
Pero primero tuvo que luchar en contra del síndrome de estrés postraumático, comprender la profundidad de sus heridas y ponerlas por escrito para poder tomar distancia. Para hablar de ellas y dejarlas, en la medida de lo posible, dejarlas atrás. Este parece haber sido el ejercicio realizado por Edgar Wellmann (pseudónimo) en su novela «El último bastión», publicada en 2026 por Oscar de León Palacios, en un hermoso volumen bien cuidado y con unas evocadoras ilustraciones que abren cada capítulo y que nos narra de otra forma de las experiencias que se cuentan en palabras en el resto de las páginas.
La trama de la novela es la misma que la de los grandes libros bélicos: una misión de combate imposible que pone a prueba al espíritu humano. Por eso hace bien su autor en definir la novela como un libro sobre la resiliencia humana. No es un libro de autoayuda, es un libro que habla de forma exhaustiva, de las experiencias de combate de una unidad de paracaidistas cobras, en un Puesto Avanzado de Combate -PAC-, ubicado en una estibación de una montaña que protege la entrada del Valle San Miguel. El país no se nombra, el paisaje no se ubica en la geografía real de ninguna parte, pero no es difícil pensar en el altiplano guatemalteco como escenario de la novela. Aunque es la misma trama de libros notables como «War», de Sebastián Younger, de «Materhorn» de Marlantes o de «The Outpost» de Jake Tapper, la novela de Wellmann tiene su propia voz, sus propias reflexiones y por lo tanto, su propia atmósfera, que en momentos parece la de un agitado sueño.
La unidad de combate, compuesta por 31 paracaidistas y un obús A1M1, es asignada a cubrir el PAC Cénit por un período de 120 días, cuando otras unidades habían logrado sostener la posición por los pelos por períodos mucho más cortos, de apenas semanas. Así, la novela abre con una misión que se antoja imposible, que los hombres asumen con la tranquilidad de quien está acostumbrado a emprender misiones imposibles porque es su deber. La novela entonces narra la historia de muchísimas unidades de combate del Ejército de Guatemala que tuvieron que sostener posiciones bajo el hostigamiento constante de la guerrilla, combatiendo con las limitaciones impuestas por la realidad: líneas de suministro que se interrumpían, ausencia de apoyo aéreo por carencia de aeronaves y solo la voluntad y el buen entrenamiento como aliados.
La novela de Wellmann, que el mismo aclara es totalmente ficticia pero basada en sus propias experiencias durante el Enfrentamiento Armado Interno que sufrió nuestro país por largo tiempo, viene a complementar otras obras de ficción o autoficción que narraban la experiencia desde el otro bando, como «Los compañeros», «Los muchachos de antes» y «En el filo», de Marco Antonio Flores, en las que aborda experiencias de las FAR, o «Los días de la Selva» o «El trueno en la ciudad», de Mario Payeras, sobre las experiencias de comandos rurales y urbanos del EGP, por mencionar tan solo unas pocas.
El libro de Wellmann resulta necesario para que los guatemaltecos completemos la fotografía e integremos en nuestra memoria a esos soldados del ejército de Guatemala que murieron o sobrevivieron a la lucha por defender a la patria y a la institucionalidad y para comprender que el contexto del enfrentamiento nunca va a estar completo si no integramos a la visión completa a las guerrillas que un lejano diciembre de 1962 decidieron desafiar al ejército en una guerra irregular que perdieron militarmente décadas después.
Llenar los espacios en blanco de la historia.
Cuando el ex veterano de la guerra de Vietnam, Karl Marlantes publicó en el 2009 su fantástica novela «Matterhorn», explicó a la prensa que no la había podido escribir sino hasta 30 años despúes de sus experiencias, porque había tenido que pensarlas y asimilarlas. Las experiencias de combate que le tocaron vivir como joven recluta en las selvas del país sudasiático lo llevaron luego a publicar en 2011 otro libro «What it is like to go to War», y en 2019 y 2024 publicó otras cuatro novelas. El poder hablar de sus experiencias en clave de novela, con la primera publicación, abrió todo un torrente creativo que lo ha llevado a crear un sólido corpus literario de ficción y no ficción.
Pero primero tuvo que luchar en contra del síndrome de estrés postraumático, comprender la profundidad de sus heridas y ponerlas por escrito para poder tomar distancia. Para hablar de ellas y dejarlas, en la medida de lo posible, dejarlas atrás. Este parece haber sido el ejercicio realizado por Edgar Wellmann (pseudónimo) en su novela «El último bastión», publicada en 2026 por Oscar de León Palacios, en un hermoso volumen bien cuidado y con unas evocadoras ilustraciones que abren cada capítulo y que nos narra de otra forma de las experiencias que se cuentan en palabras en el resto de las páginas.
La trama de la novela es la misma que la de los grandes libros bélicos: una misión de combate imposible que pone a prueba al espíritu humano. Por eso hace bien su autor en definir la novela como un libro sobre la resiliencia humana. No es un libro de autoayuda, es un libro que habla de forma exhaustiva, de las experiencias de combate de una unidad de paracaidistas cobras, en un Puesto Avanzado de Combate -PAC-, ubicado en una estibación de una montaña que protege la entrada del Valle San Miguel. El país no se nombra, el paisaje no se ubica en la geografía real de ninguna parte, pero no es difícil pensar en el altiplano guatemalteco como escenario de la novela. Aunque es la misma trama de libros notables como «War», de Sebastián Younger, de «Materhorn» de Marlantes o de «The Outpost» de Jake Tapper, la novela de Wellmann tiene su propia voz, sus propias reflexiones y por lo tanto, su propia atmósfera, que en momentos parece la de un agitado sueño.
La unidad de combate, compuesta por 31 paracaidistas y un obús A1M1, es asignada a cubrir el PAC Cénit por un período de 120 días, cuando otras unidades habían logrado sostener la posición por los pelos por períodos mucho más cortos, de apenas semanas. Así, la novela abre con una misión que se antoja imposible, que los hombres asumen con la tranquilidad de quien está acostumbrado a emprender misiones imposibles porque es su deber. La novela entonces narra la historia de muchísimas unidades de combate del Ejército de Guatemala que tuvieron que sostener posiciones bajo el hostigamiento constante de la guerrilla, combatiendo con las limitaciones impuestas por la realidad: líneas de suministro que se interrumpían, ausencia de apoyo aéreo por carencia de aeronaves y solo la voluntad y el buen entrenamiento como aliados.
La novela de Wellmann, que el mismo aclara es totalmente ficticia pero basada en sus propias experiencias durante el Enfrentamiento Armado Interno que sufrió nuestro país por largo tiempo, viene a complementar otras obras de ficción o autoficción que narraban la experiencia desde el otro bando, como «Los compañeros», «Los muchachos de antes» y «En el filo», de Marco Antonio Flores, en las que aborda experiencias de las FAR, o «Los días de la Selva» o «El trueno en la ciudad», de Mario Payeras, sobre las experiencias de comandos rurales y urbanos del EGP, por mencionar tan solo unas pocas.
El libro de Wellmann resulta necesario para que los guatemaltecos completemos la fotografía e integremos en nuestra memoria a esos soldados del ejército de Guatemala que murieron o sobrevivieron a la lucha por defender a la patria y a la institucionalidad y para comprender que el contexto del enfrentamiento nunca va a estar completo si no integramos a la visión completa a las guerrillas que un lejano diciembre de 1962 decidieron desafiar al ejército en una guerra irregular que perdieron militarmente décadas después.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: