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Las dificultades de la guerra y un acuerdo con Irán

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Redacción
16 de abril, 2026

Después de más de un mes de enfrentamiento en el Medio Oriente, parece que la guerra entre Irán, Estados Unidos, Israel y aliados ha llegado a un estancamiento indefinido, especialmente a partir de un acuerdo de cese al fuego, que parece más frágil que el papel mojado. Esto se debe a que, aunque los choques directos ente “los grandes” han cesado, los vecinos árabes continúan sufriendo los efectos colaterales de este enfrentamiento. Así pues, más allá de las declaraciones de intenciones, parece que la falta de voluntad política de las diferentes partes ha evitado que se llegue a negociaciones y acuerdos concretos. No obstante, este impasse era de esperarse, dadas las particularidades de este enfrentamiento.

En primer lugar, en la actualidad ya no es posible distinguir las características de los conflictos tradicionales del siglo XX, en donde era común ver a los ejércitos enfrentados en una jurisdicción y tiempo definidos con consecuencias previsibles y delimitadas. En cambio, ahora es más frecuente el empleo de mecanismos híbridos que combinan medios militares convencionales con estrategias económicas, tecnológicas, comerciales y políticas. En el caso de Irán, el empleo de estos mecanismos alternativos responde a la necesidad de compensar las asimetrías que enfrenta ante Estados Unidos e Israel en términos militares. Así pues, dada la desventaja armamentística, Irán ha optado, en primera instancia, por una tecnología más barata y efectiva, lanzando enjambres de drones a fin de saturar los sistemas de defensa enemigos. Asimismo, el régimen iraní también ha aprovechado su capacidad de estrangulamiento económico con el bloqueo del estrecho de Ormuz. Consecuentemente, el hecho de que haya una combinación de estrategias, quiere decir que cualquier acuerdo definitivo de cese al fuego no puede entenderse como un instrumento homogéneo, sino que debe contemplar todas las aristas de defensa que podrían ser empleadas por los diferentes frentes. Es decir, entre más complejas las estrategias, más complejo el acuerdo.

Por otro lado, parece que al inicio del enfrentamiento no se tomó en cuenta el mosaico de influencias que Irán ha construido en la región. Como es sabido, Irán se había convertido en uno de los principales financistas de agrupaciones terroristas, como Hezbolláh y Hamás, las cuales emplea como proxies en determinados territorios para desestabilizar la región. Así pues, desde la perspectiva de estas agrupaciones, debido a que su principal fuente de recursos tambaleaba, es lógico que, como células de una red interconectada, se activaran y abrieran una multiplicidad de nuevos frentes que los enemigos se verían obligados a controlar. Por lo tanto, como lo demuestra el caso del Líbano, la presencia de estas agrupaciones no solo mantiene el fuego del conflicto vivo, sino que también dificulta cualquier acuerdo, considerando el papel que estas agrupaciones ilegales podrían tener en cualquier tipo de mecanismo diplomático.

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Por último, una de las principales dificultades se relaciona con la sostenibilidad y rentabilidad del enfrentamiento a partir de los costos políticos que este genera. Esto se debe a que, pese a que Irán tiene las de perder en términos armamentísticos, definitivamente tiene la mano ganadora en la política. Como señalaban los teóricos clásicos de la guerra, esta no es otra cosa que la política por otros medios, por lo que el tipo de régimen que sostenga ese conflicto es clave en la solución de la disputa. En este sentido, uno de los rasgos distintivos de la democracia es la rendición de cuentas frente al electorado, por lo que, de estar descontento con las consecuencias de la guerra, castigará a sus líderes en las urnas. Por el contrario, un autoritarismo que reprime cualquier tipo de disentimiento no debe cargar con los costos de participar en un enfrentamiento popular. Por ello, es evidente que, mientras que los costos políticos para Israel y Estados Unidos tendrán un efecto determinante en las negociaciones, Irán tiene carta blanca para ir “por libre” sin ninguna consecuencia.

Tomando en cuenta estos factores, no cabe duda de que cualquier acuerdo implicará algún tipo de concesión por parte de alguno de los actores, de lo contrario la situación permanecerá en un estancamiento diplomático-militar con consecuencias lesivas que trasciendan sus zonas de influencia.

Las dificultades de la guerra y un acuerdo con Irán

Redacción
16 de abril, 2026
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Después de más de un mes de enfrentamiento en el Medio Oriente, parece que la guerra entre Irán, Estados Unidos, Israel y aliados ha llegado a un estancamiento indefinido, especialmente a partir de un acuerdo de cese al fuego, que parece más frágil que el papel mojado. Esto se debe a que, aunque los choques directos ente “los grandes” han cesado, los vecinos árabes continúan sufriendo los efectos colaterales de este enfrentamiento. Así pues, más allá de las declaraciones de intenciones, parece que la falta de voluntad política de las diferentes partes ha evitado que se llegue a negociaciones y acuerdos concretos. No obstante, este impasse era de esperarse, dadas las particularidades de este enfrentamiento.

En primer lugar, en la actualidad ya no es posible distinguir las características de los conflictos tradicionales del siglo XX, en donde era común ver a los ejércitos enfrentados en una jurisdicción y tiempo definidos con consecuencias previsibles y delimitadas. En cambio, ahora es más frecuente el empleo de mecanismos híbridos que combinan medios militares convencionales con estrategias económicas, tecnológicas, comerciales y políticas. En el caso de Irán, el empleo de estos mecanismos alternativos responde a la necesidad de compensar las asimetrías que enfrenta ante Estados Unidos e Israel en términos militares. Así pues, dada la desventaja armamentística, Irán ha optado, en primera instancia, por una tecnología más barata y efectiva, lanzando enjambres de drones a fin de saturar los sistemas de defensa enemigos. Asimismo, el régimen iraní también ha aprovechado su capacidad de estrangulamiento económico con el bloqueo del estrecho de Ormuz. Consecuentemente, el hecho de que haya una combinación de estrategias, quiere decir que cualquier acuerdo definitivo de cese al fuego no puede entenderse como un instrumento homogéneo, sino que debe contemplar todas las aristas de defensa que podrían ser empleadas por los diferentes frentes. Es decir, entre más complejas las estrategias, más complejo el acuerdo.

Por otro lado, parece que al inicio del enfrentamiento no se tomó en cuenta el mosaico de influencias que Irán ha construido en la región. Como es sabido, Irán se había convertido en uno de los principales financistas de agrupaciones terroristas, como Hezbolláh y Hamás, las cuales emplea como proxies en determinados territorios para desestabilizar la región. Así pues, desde la perspectiva de estas agrupaciones, debido a que su principal fuente de recursos tambaleaba, es lógico que, como células de una red interconectada, se activaran y abrieran una multiplicidad de nuevos frentes que los enemigos se verían obligados a controlar. Por lo tanto, como lo demuestra el caso del Líbano, la presencia de estas agrupaciones no solo mantiene el fuego del conflicto vivo, sino que también dificulta cualquier acuerdo, considerando el papel que estas agrupaciones ilegales podrían tener en cualquier tipo de mecanismo diplomático.

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Por último, una de las principales dificultades se relaciona con la sostenibilidad y rentabilidad del enfrentamiento a partir de los costos políticos que este genera. Esto se debe a que, pese a que Irán tiene las de perder en términos armamentísticos, definitivamente tiene la mano ganadora en la política. Como señalaban los teóricos clásicos de la guerra, esta no es otra cosa que la política por otros medios, por lo que el tipo de régimen que sostenga ese conflicto es clave en la solución de la disputa. En este sentido, uno de los rasgos distintivos de la democracia es la rendición de cuentas frente al electorado, por lo que, de estar descontento con las consecuencias de la guerra, castigará a sus líderes en las urnas. Por el contrario, un autoritarismo que reprime cualquier tipo de disentimiento no debe cargar con los costos de participar en un enfrentamiento popular. Por ello, es evidente que, mientras que los costos políticos para Israel y Estados Unidos tendrán un efecto determinante en las negociaciones, Irán tiene carta blanca para ir “por libre” sin ninguna consecuencia.

Tomando en cuenta estos factores, no cabe duda de que cualquier acuerdo implicará algún tipo de concesión por parte de alguno de los actores, de lo contrario la situación permanecerá en un estancamiento diplomático-militar con consecuencias lesivas que trasciendan sus zonas de influencia.

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