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La mala fe de los socialistas

.
Warren Orbaugh |
08 de junio, 2026

Los socialistas actúan de mala fe. Son deshonestos.

Actuar de mala fe, dice Sartre, es pretender engañarse uno mismo.

La deshonestidad es fingir que la realidad es distinta de como es. La deshonestidad es un paso después de la evasión, es no encarar la realidad. La evasión consiste en ignorar algún aspecto de la realidad; la deshonestidad es crear una supuesta realidad que reemplaza la que a uno no le gusta. Si uno sólo evade, uno no mira la realidad, y eso es un defecto. Uno puede andar desenfocado, atontolinado, pero esto no sería necesariamente deshonestidad, meramente sería estar fuera de foco. En ese caso, uno todavía no está construyendo otro hecho para reemplazar el hecho actual. Pero si uno deliberadamente no mira algo que a uno le disgusta, y uno hace o finge algo irreal para reemplazarlo, entonces, la acción es específicamente deshonesta. Como cuando una monja finge que el íncubo la dejó preñada. O como cuando alguien finge que es un veterano militar y que tiene mucha experiencia cuando en realidad no la tiene. En ambos casos se está inventando algo; no se está simplemente evadiendo, no viendo la realidad, sino que se pretende crear una nueva.

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Falsificar la realidad es un acto fútil, inútil, porque no crea un universo alternativo en el cual, los deseos del deshonesto de alterar ciertos hechos, milagrosamente se cumplirán. La vida no es una película en progreso, donde cada individuo tiene el poder de autor, capaz de cortar o añadir o alterar, según le venga en gana. Aunque un individuo controla sus propias acciones, dentro de los parámetros establecidos por su naturaleza, no tiene el poder de manipular la realidad por el mero ejercicio de su voluntad. Todo esto es la implicación de la primacía de la existencia.

Recientemente fuimos testigos de cómo Petro, el comunista presidente de Colombia afirmó que la calidad de vida en la Habana es superior a la de Miami. Pareciera que nunca ha viajado y que no tiene ojos, pero no es eso, lo que es, es deshonestidad pura y dura.

El muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética, el paso de ser las mejores economías de Hispanoamérica a la miseria en Cuba y en Venezuela, son acontecimientos que evidencian claramente que el socialismo no funciona, pero los socialistas fingen que este no es el caso.

El grupo de feministas que dicen defender los ‘derechos de las mujeres’ apoyando y defendiendo al régimen de los ayatolas en Irán, el mayor violador de los derechos de la mujer que hay en el mundo, es desmesurada deshonestidad.

Los militantes LGTB que supuestamente defienden los ‘derechos de los homosexuales’ apoyando a Hamas, el grupo armado terrorista que disfruta descuartizando homosexuales, es una monumental deshonestidad.

Y no digamos fingir que uno puede ser mujer o varón o perro o bebé o gato si uno así lo desea. La desconexión con la realidad es totalmente descomunal.

Pero los socialistas no sólo actúan de mala fe, no sólo son deshonestos, sino que también tienen mala voluntad. La buena voluntad consiste en identificar que las personas, por ser seres racionales, son fines en sí mismos y así deben ser tratados y no meramente como medios para los fines de otros. Las personas tienen, por tanto, derecho a actuar según su mejor juicio para buscar su propia felicidad.

Los socialistas fingen que las personas no son fines en sí mismos y por tanto las tratan como objetos, como medios totalmente reemplazables para alcanzar sus perversos fines. Así, no importa destruir Europa importando salvajes islámicos para reemplazar a los nativos. No importa que el pueblo cubano sufra durante 67 años esclavitud y miseria. La gente no importa, su dolor es irrelevante, el pueblo debe ser sacrificado, pues admitir y reconocer su tragedia destruye la fantasía del paraíso socialista que fingen.

La mala fe de los socialistas

Warren Orbaugh |
08 de junio, 2026
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Los socialistas actúan de mala fe. Son deshonestos.

Actuar de mala fe, dice Sartre, es pretender engañarse uno mismo.

La deshonestidad es fingir que la realidad es distinta de como es. La deshonestidad es un paso después de la evasión, es no encarar la realidad. La evasión consiste en ignorar algún aspecto de la realidad; la deshonestidad es crear una supuesta realidad que reemplaza la que a uno no le gusta. Si uno sólo evade, uno no mira la realidad, y eso es un defecto. Uno puede andar desenfocado, atontolinado, pero esto no sería necesariamente deshonestidad, meramente sería estar fuera de foco. En ese caso, uno todavía no está construyendo otro hecho para reemplazar el hecho actual. Pero si uno deliberadamente no mira algo que a uno le disgusta, y uno hace o finge algo irreal para reemplazarlo, entonces, la acción es específicamente deshonesta. Como cuando una monja finge que el íncubo la dejó preñada. O como cuando alguien finge que es un veterano militar y que tiene mucha experiencia cuando en realidad no la tiene. En ambos casos se está inventando algo; no se está simplemente evadiendo, no viendo la realidad, sino que se pretende crear una nueva.

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Recientemente fuimos testigos de cómo Petro, el comunista presidente de Colombia afirmó que la calidad de vida en la Habana es superior a la de Miami. Pareciera que nunca ha viajado y que no tiene ojos, pero no es eso, lo que es, es deshonestidad pura y dura.

El muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética, el paso de ser las mejores economías de Hispanoamérica a la miseria en Cuba y en Venezuela, son acontecimientos que evidencian claramente que el socialismo no funciona, pero los socialistas fingen que este no es el caso.

El grupo de feministas que dicen defender los ‘derechos de las mujeres’ apoyando y defendiendo al régimen de los ayatolas en Irán, el mayor violador de los derechos de la mujer que hay en el mundo, es desmesurada deshonestidad.

Los militantes LGTB que supuestamente defienden los ‘derechos de los homosexuales’ apoyando a Hamas, el grupo armado terrorista que disfruta descuartizando homosexuales, es una monumental deshonestidad.

Y no digamos fingir que uno puede ser mujer o varón o perro o bebé o gato si uno así lo desea. La desconexión con la realidad es totalmente descomunal.

Pero los socialistas no sólo actúan de mala fe, no sólo son deshonestos, sino que también tienen mala voluntad. La buena voluntad consiste en identificar que las personas, por ser seres racionales, son fines en sí mismos y así deben ser tratados y no meramente como medios para los fines de otros. Las personas tienen, por tanto, derecho a actuar según su mejor juicio para buscar su propia felicidad.

Los socialistas fingen que las personas no son fines en sí mismos y por tanto las tratan como objetos, como medios totalmente reemplazables para alcanzar sus perversos fines. Así, no importa destruir Europa importando salvajes islámicos para reemplazar a los nativos. No importa que el pueblo cubano sufra durante 67 años esclavitud y miseria. La gente no importa, su dolor es irrelevante, el pueblo debe ser sacrificado, pues admitir y reconocer su tragedia destruye la fantasía del paraíso socialista que fingen.

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