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La economía visible del narcomenudeo

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Melanie Müllers |
29 de abril, 2026

Cuando se habla de narcotráfico, solo pensamos en grandes carteles, rutas internacionales y decomisos de droga. Sin embargo, el verdadero motor del sistema no está en lo visible para los medios, sino en lo que ocurre todos los días: el narcomenudeo. Esta actividad, lejos de ser aislada, se convirtió en una economía paralela que opera como emprendimiento, organizada y controlada.

El error más común es disminuir a el narcomenudeo a una simple venta de droga en las calles. En realidad, se trata de una cadena productiva completa: abastecimiento, transporte, distribución y comercialización. Es decir, no es un delito aislado, sino un sistema económico funcional que responde a la oferta y demanda del mercado.

En Guatemala, esta dinámica ya es evidente, la Policía Nacional Civil reconoció que el narcomenudeo se convertió en el origen de la violencia, particularmente desde el 2024, cuando pandillas como el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha comenzaron a disputar activamente ese mercado. Este cambio fue grave porque reflejó un giro estratégico del crimen organizado hacia economías más fragmentadas, constantes y difíciles de erradicar.

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Solo en el 2026, acciones de la PNC realizaron varias capturas en distintos departamentos, desde la capital hasta Petén y Suchitepéquez, evidenciando que el narcomenudeo no es un problema localizado, sino una red extendida a nivel nacional . En estos operativos se decomisan desde pequeñas cantidades de droga, dinero en efectivo, armas y teléfonos, lo que confirma que no se trata de vendedores aislados, sino de estructuras organizadas.

En un solo caso en Amatitlán, las autoridades incautaron más de 60 mil quetzales en efectivo vinculados a actividades de narcomenudeo . Este dato, demuestra la liquidez de este mercado: efectivo inmediato, circulación constante y bajo riesgo financiero para los criminales.

El narcomenudeo cumple una función clave dentro del sistema criminal: conecta la droga con el consumidor final. A diferencia del tráfico internacional, que depende de grandes cargamentos, esta modalidad se basa en la fragmentación. Pequeñas cantidades, múltiples puntos de venta y alta rotación. Precisamente por eso es más resistente a la intervención de las autoridades.

Además, esta economía ilegal produce ingresos, financia redes criminales y ofrece “oportunidades” a los excluídos del sistema por falta de oportunidades. En muchos lugares, el narcomenudeo no solo es aceptado, sino que se integra como una alternativa económica para tener ingresos.

Pero esta economía tiene un alto costo y la violencia es su mecanismo de regulación. La competencia no se resuelve con precios, sino con control territorial, y ese control se impone con armas. De ahí que el aumento del narcomenudeo esté directamente vinculado con asesinatos, extorsiones y disputas entre pandillas en áreas marginales.

A nivel estructural, el impacto es aún mayor porque el crecimiento de estas estructuras paralelas distorsiona mercados y debilita las instituciones. Cuando el dinero ilícito circula con mayor rapidez que el formal, se altera toda la lógica económica de un país.

Lo más preocupante es que esta economía no surge en el vacío, se alimenta de la informalidad, la desigualdad y la ausencia y la indiferencia del gobierno. En Guatemala, donde  la mayoría vive de la informalidad, el narcomenudeo encuentra el terreno perfecto para expandirse.

Por eso, enfrentarlo únicamente con operativos de la PNC es insuficiente, las capturas, aunque necesarias e importantes, no desmantelan el sistema económico que lo sostiene. Mientras exista oferta, demanda y falta de oportunidades el narcomenudeo seguirá adaptándose.

Ignorar esta realidad es permitir que el crimen siga fortaleciendo su propio modelo económico. Y cuando eso ocurre, el gobierno deja de ser el principal proveedor de oportunidades, cediendo ese rol a estructuras criminales que no solo venden droga, sino que gobiernan territorios completos.

 

 

 

La economía visible del narcomenudeo

Melanie Müllers |
29 de abril, 2026
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Cuando se habla de narcotráfico, solo pensamos en grandes carteles, rutas internacionales y decomisos de droga. Sin embargo, el verdadero motor del sistema no está en lo visible para los medios, sino en lo que ocurre todos los días: el narcomenudeo. Esta actividad, lejos de ser aislada, se convirtió en una economía paralela que opera como emprendimiento, organizada y controlada.

El error más común es disminuir a el narcomenudeo a una simple venta de droga en las calles. En realidad, se trata de una cadena productiva completa: abastecimiento, transporte, distribución y comercialización. Es decir, no es un delito aislado, sino un sistema económico funcional que responde a la oferta y demanda del mercado.

En Guatemala, esta dinámica ya es evidente, la Policía Nacional Civil reconoció que el narcomenudeo se convertió en el origen de la violencia, particularmente desde el 2024, cuando pandillas como el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha comenzaron a disputar activamente ese mercado. Este cambio fue grave porque reflejó un giro estratégico del crimen organizado hacia economías más fragmentadas, constantes y difíciles de erradicar.

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Solo en el 2026, acciones de la PNC realizaron varias capturas en distintos departamentos, desde la capital hasta Petén y Suchitepéquez, evidenciando que el narcomenudeo no es un problema localizado, sino una red extendida a nivel nacional . En estos operativos se decomisan desde pequeñas cantidades de droga, dinero en efectivo, armas y teléfonos, lo que confirma que no se trata de vendedores aislados, sino de estructuras organizadas.

En un solo caso en Amatitlán, las autoridades incautaron más de 60 mil quetzales en efectivo vinculados a actividades de narcomenudeo . Este dato, demuestra la liquidez de este mercado: efectivo inmediato, circulación constante y bajo riesgo financiero para los criminales.

El narcomenudeo cumple una función clave dentro del sistema criminal: conecta la droga con el consumidor final. A diferencia del tráfico internacional, que depende de grandes cargamentos, esta modalidad se basa en la fragmentación. Pequeñas cantidades, múltiples puntos de venta y alta rotación. Precisamente por eso es más resistente a la intervención de las autoridades.

Además, esta economía ilegal produce ingresos, financia redes criminales y ofrece “oportunidades” a los excluídos del sistema por falta de oportunidades. En muchos lugares, el narcomenudeo no solo es aceptado, sino que se integra como una alternativa económica para tener ingresos.

Pero esta economía tiene un alto costo y la violencia es su mecanismo de regulación. La competencia no se resuelve con precios, sino con control territorial, y ese control se impone con armas. De ahí que el aumento del narcomenudeo esté directamente vinculado con asesinatos, extorsiones y disputas entre pandillas en áreas marginales.

A nivel estructural, el impacto es aún mayor porque el crecimiento de estas estructuras paralelas distorsiona mercados y debilita las instituciones. Cuando el dinero ilícito circula con mayor rapidez que el formal, se altera toda la lógica económica de un país.

Lo más preocupante es que esta economía no surge en el vacío, se alimenta de la informalidad, la desigualdad y la ausencia y la indiferencia del gobierno. En Guatemala, donde  la mayoría vive de la informalidad, el narcomenudeo encuentra el terreno perfecto para expandirse.

Por eso, enfrentarlo únicamente con operativos de la PNC es insuficiente, las capturas, aunque necesarias e importantes, no desmantelan el sistema económico que lo sostiene. Mientras exista oferta, demanda y falta de oportunidades el narcomenudeo seguirá adaptándose.

Ignorar esta realidad es permitir que el crimen siga fortaleciendo su propio modelo económico. Y cuando eso ocurre, el gobierno deja de ser el principal proveedor de oportunidades, cediendo ese rol a estructuras criminales que no solo venden droga, sino que gobiernan territorios completos.

 

 

 

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