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La caja negra venezolana: entre la alegría y la incertidumbre política

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Marimaite Rayo |
08 de enero, 2026

El pasado 3 de enero de 2026, toda la región latinoamericana, quizás el mundo entero, se paralizó y observó cómo Nicolás Maduro, el dictador de Venezuela, era capturado por agentes de Estados Unidos. Posteriormente, el líder ilegítimo y su esposa, Cilia Flores, fueron trasladados a una prisión en Nueva York, en donde serían imputados por varios crímenes, el más relevante, narcoterrorismo. Esta operación quirúrgica, que parecía sacada de una película de acción, marca un antes y un después en la historia regional. Sin embargo, la rapidez y la relevancia de esta, inserta a Venezuela en una caja negra, en donde la alegría de sus ciudadanos y la incertidumbre política marcarán el ritmo al que se desarrollarán los hechos.

Entre elecciones fraudulentas, un régimen represivo, presos políticos y olas migratorias masivas que tensaban toda la región, la situación política en el país sudamericano rozaba el punto de quiebre. No obstante, la gran pregunta que parecía no tener respuesta, hasta la semana pasada, era: ¿Hasta cuándo? Ahora bien, aunque el primer paso ya se concretó, el camino hacia la recuperación de Venezuela será largo y turbulento. Por ello, merece la pena analizar los diferentes escenarios que serán determinantes en el proceso.

La emoción opacada por la incertidumbre

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El primer aspecto que no debe pasar desapercibido es el sentimiento de euforia y alegría que invadió a los ciudadanos de Venezuela, tanto dentro, como fuera del territorio nacional. Aunque parezca que los detractores de la operación puedan opacar este acontecimiento y sentimiento de liberación, es importante no minimizar y demeritar que, en gran parte, este logro fue posible por las presiones y constante lucha interna. Por ende, los opositores, que paradójicamente opinan desde la superioridad moral y la comodidad de vivir en un régimen democrático, no tienen la autoridad para arrancar esa chispa de esperanza que inunda a los venezolanos.

Para entender la complejidad de este escenario se deben evaluar tres aspectos que marcarán la incertidumbre del proceso. En primer lugar, es importante resaltar el hecho de que, a pesar de que Maduro fue capturado, la cúpula del régimen continúa en el poder. Así pues, aunque la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, fue nombrada presidenta interina, es evidente que el vacío de poder generará una lucha interna, ya sea por supervivencia o por ambición de poder, por capturar el liderazgo del régimen. Como consecuencia, aunque la intención de Trump sea “estar a cargo” del gobierno, las riñas internas podrían dificultar esta labor e incluso conducir al país a un estado de crisis más profundo.

Otro elemento que condicionará el progreso de esta operación será la falta de claridad en cuanto a los objetivos de Estados Unidos. En este sentido existen tres posibles opciones. El primer escenario estaría vinculado con la relación que mantenía el régimen de Maduro con China y Rusia, por lo que la intervención de Estados Unidos se podría interpretar como un esfuerzo para contener el avance de los intereses enemigos y, así, asegurar su hegemonía regional. Otra posibilidad es la intención de la administración americana por asegurar el control sobre los recursos naturales del país. Por último, el objetivo más idealista sería el establecimiento de las bases para asegurar la transición democrática. Aunque para los ciudadanos y la mayor parte de la comunidad internacional este último es el fin más relevante, dada su complejidad, también ha sido el aspecto menos mencionado desde que se llevó a cabo la operación. Como consecuencia, esta ambigüedad en cuanto a las verdaderas intenciones podría perjudicar la recuperación y el restablecimiento de la estabilidad en Venezuela.

Finalmente, otra arista que, con el paso del tiempo irá tomando mayor relevancia, se relaciona con los cuestionamientos de la legitimidad de la operación a la luz del derecho internacional. En este sentido, ejemplos históricos como Panamá en 1989 vienen a la mente, en donde la Carta de Naciones Unidas fue puesta a prueba y, tras años de litigio, los reclamos no fueron exitosos. Así pues, en este escenario en donde el derecho nacional e internacional se enfrentarán, se podría crear un vacío legal que sirva como precedente para posteriores acciones por parte de diferentes potencias.

Concluyendo, no cabe duda de que la captura de Maduro es un primer paso en la dirección correcta. Sin embargo, el balance final estará marcado por las decisiones y acciones que se tomen en los siguientes días. Ahora bien, lo importante es que en esta caja negra de caos y dudas sin respuesta no se pierda de vista el objetivo final: el retorno a la democracia a Venezuela, el establecimiento de las garantías para los ciudadanos y la siembra de las semillas para la prosperidad en el país.

La caja negra venezolana: entre la alegría y la incertidumbre política

Marimaite Rayo |
08 de enero, 2026
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El pasado 3 de enero de 2026, toda la región latinoamericana, quizás el mundo entero, se paralizó y observó cómo Nicolás Maduro, el dictador de Venezuela, era capturado por agentes de Estados Unidos. Posteriormente, el líder ilegítimo y su esposa, Cilia Flores, fueron trasladados a una prisión en Nueva York, en donde serían imputados por varios crímenes, el más relevante, narcoterrorismo. Esta operación quirúrgica, que parecía sacada de una película de acción, marca un antes y un después en la historia regional. Sin embargo, la rapidez y la relevancia de esta, inserta a Venezuela en una caja negra, en donde la alegría de sus ciudadanos y la incertidumbre política marcarán el ritmo al que se desarrollarán los hechos.

Entre elecciones fraudulentas, un régimen represivo, presos políticos y olas migratorias masivas que tensaban toda la región, la situación política en el país sudamericano rozaba el punto de quiebre. No obstante, la gran pregunta que parecía no tener respuesta, hasta la semana pasada, era: ¿Hasta cuándo? Ahora bien, aunque el primer paso ya se concretó, el camino hacia la recuperación de Venezuela será largo y turbulento. Por ello, merece la pena analizar los diferentes escenarios que serán determinantes en el proceso.

La emoción opacada por la incertidumbre

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El primer aspecto que no debe pasar desapercibido es el sentimiento de euforia y alegría que invadió a los ciudadanos de Venezuela, tanto dentro, como fuera del territorio nacional. Aunque parezca que los detractores de la operación puedan opacar este acontecimiento y sentimiento de liberación, es importante no minimizar y demeritar que, en gran parte, este logro fue posible por las presiones y constante lucha interna. Por ende, los opositores, que paradójicamente opinan desde la superioridad moral y la comodidad de vivir en un régimen democrático, no tienen la autoridad para arrancar esa chispa de esperanza que inunda a los venezolanos.

Para entender la complejidad de este escenario se deben evaluar tres aspectos que marcarán la incertidumbre del proceso. En primer lugar, es importante resaltar el hecho de que, a pesar de que Maduro fue capturado, la cúpula del régimen continúa en el poder. Así pues, aunque la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, fue nombrada presidenta interina, es evidente que el vacío de poder generará una lucha interna, ya sea por supervivencia o por ambición de poder, por capturar el liderazgo del régimen. Como consecuencia, aunque la intención de Trump sea “estar a cargo” del gobierno, las riñas internas podrían dificultar esta labor e incluso conducir al país a un estado de crisis más profundo.

Otro elemento que condicionará el progreso de esta operación será la falta de claridad en cuanto a los objetivos de Estados Unidos. En este sentido existen tres posibles opciones. El primer escenario estaría vinculado con la relación que mantenía el régimen de Maduro con China y Rusia, por lo que la intervención de Estados Unidos se podría interpretar como un esfuerzo para contener el avance de los intereses enemigos y, así, asegurar su hegemonía regional. Otra posibilidad es la intención de la administración americana por asegurar el control sobre los recursos naturales del país. Por último, el objetivo más idealista sería el establecimiento de las bases para asegurar la transición democrática. Aunque para los ciudadanos y la mayor parte de la comunidad internacional este último es el fin más relevante, dada su complejidad, también ha sido el aspecto menos mencionado desde que se llevó a cabo la operación. Como consecuencia, esta ambigüedad en cuanto a las verdaderas intenciones podría perjudicar la recuperación y el restablecimiento de la estabilidad en Venezuela.

Finalmente, otra arista que, con el paso del tiempo irá tomando mayor relevancia, se relaciona con los cuestionamientos de la legitimidad de la operación a la luz del derecho internacional. En este sentido, ejemplos históricos como Panamá en 1989 vienen a la mente, en donde la Carta de Naciones Unidas fue puesta a prueba y, tras años de litigio, los reclamos no fueron exitosos. Así pues, en este escenario en donde el derecho nacional e internacional se enfrentarán, se podría crear un vacío legal que sirva como precedente para posteriores acciones por parte de diferentes potencias.

Concluyendo, no cabe duda de que la captura de Maduro es un primer paso en la dirección correcta. Sin embargo, el balance final estará marcado por las decisiones y acciones que se tomen en los siguientes días. Ahora bien, lo importante es que en esta caja negra de caos y dudas sin respuesta no se pierda de vista el objetivo final: el retorno a la democracia a Venezuela, el establecimiento de las garantías para los ciudadanos y la siembra de las semillas para la prosperidad en el país.

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