El Impuesto Único Sobre Inmuebles o IUSI es un tributo que las municipalidades le imponen a tu propiedad inmueble. Como todo impuesto es una forma de extorsión ya que si no puedes pagarlo, los ayuntamientos te causan daños. Al principio ese daño incrementa el monto de la extorsión porque es una multa de 20% sobre el monto original. Cada vez más municipalidades están demandando judicialmente, y pueden llegar a embargar cuentas bancarias, salarios, o bienes muebles para cobrar la extorsión.
El IUSI es una violación directa al derecho de propiedad; y tú ya sabes que el derecho a la propiedad es un derecho fundamental derivado de la razón y de la naturaleza del hombre como ser productivo. Cuando el Estado te obliga a pagar un porcentaje anual solo por el hecho de poseer lo que ya es tuyo (un terreno, una casa que construiste, o compraste con tu esfuerzo), viola el principio de no agresión porque inicia el uso de la fuerza contra ti, con el agravante de que, para cobrarlo, las municipalidades no toman en cuenta si tienes ingresos suficientes para pagarlo.
Ayn Rand lo explicó con claridad: “En una sociedad civilizada, el gobierno es el sirviente del ciudadano; no su amo”; y el impuesto sobre la propiedad es la negación práctica de que la propiedad es tuya: te convierte en arrendatario perpetuo del Estado. Cada año la municipalidad te cobra “por existir” como propietario. ¿Lo ves? Es extorsión legalizada.
El IUSI no solo es un tributo: es una manifestación del principio colectivista según el cual “la sociedad” (o el Estado) tiene prioridad moral sobre el individuo y su propiedad. En ese contexto lo moralmente correcto es luchar por una reforma profunda que respete el derecho de propiedad y se elimine aquella forma de extorsión. La propiedad no es un privilegio que el Estado te concede; sino un derecho derivado de principios morales.
Hablando de ética, es vergonzoso que Álvaro Arzú y Sebastián Siero (Unionistas) se opongan a la derogación de aquel impuesto. Esa actitud confirma, como si hiciera falta, que hay un sector de las derechas chapinas que es tan estatista y colectivista como sus antípodas; que no valora la propiedad como pricipio y que quiren más gobierno para invadir las esferas de acción privada de las personas siemrpe que se pueda. Esa actitud confirma que para ese sector de las derechas, “gobernar es gravar para gastar”, exactamente igual que para sus pares del otro lado del espectro político. En algunos temas los tirios se distinguen de los troyanos; pero a la hora de expoliar a los guatemaltecos, ninguno se tienta el alma.
En todo el país, la mera verdad es que muchos alcaldes suelen usar los ingresos municipales para su propio beneficio (en forma de sueldos exagerados, por ejemplo); para beneficiar socios, compadres, parientes y amantes; para comprar clientela electoral, o para multiplicar programas ajenos a las funciones municipales legítimas. De esa cuenta, la derogación del IUSI debería ser un llamado a la racionalización de los gastos en las municipalidades, principalmente en las formas de eliminar la corrupción, la mala administración y el desperdicio.
Como si los argumentos morales no fueran suficientes, el rechazo al IUSI se lo han ganado las municipalidades porque los tributarios no vemos obras. Los ayuntamientos cobran la extorsión con puntualidad; pero por ningún lado se ven el agua potable, el ornato y el manejo técnico de la basura. Eso sí, el caserón del alcalde se nota a la legua.
La única obra que siempre se entrega a tiempo es el caserón del alcalde. El resto brilla por su ausencia.
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IUSI: extorsión por tener lo tuyo
El Impuesto Único Sobre Inmuebles o IUSI es un tributo que las municipalidades le imponen a tu propiedad inmueble. Como todo impuesto es una forma de extorsión ya que si no puedes pagarlo, los ayuntamientos te causan daños. Al principio ese daño incrementa el monto de la extorsión porque es una multa de 20% sobre el monto original. Cada vez más municipalidades están demandando judicialmente, y pueden llegar a embargar cuentas bancarias, salarios, o bienes muebles para cobrar la extorsión.
El IUSI es una violación directa al derecho de propiedad; y tú ya sabes que el derecho a la propiedad es un derecho fundamental derivado de la razón y de la naturaleza del hombre como ser productivo. Cuando el Estado te obliga a pagar un porcentaje anual solo por el hecho de poseer lo que ya es tuyo (un terreno, una casa que construiste, o compraste con tu esfuerzo), viola el principio de no agresión porque inicia el uso de la fuerza contra ti, con el agravante de que, para cobrarlo, las municipalidades no toman en cuenta si tienes ingresos suficientes para pagarlo.
Ayn Rand lo explicó con claridad: “En una sociedad civilizada, el gobierno es el sirviente del ciudadano; no su amo”; y el impuesto sobre la propiedad es la negación práctica de que la propiedad es tuya: te convierte en arrendatario perpetuo del Estado. Cada año la municipalidad te cobra “por existir” como propietario. ¿Lo ves? Es extorsión legalizada.
El IUSI no solo es un tributo: es una manifestación del principio colectivista según el cual “la sociedad” (o el Estado) tiene prioridad moral sobre el individuo y su propiedad. En ese contexto lo moralmente correcto es luchar por una reforma profunda que respete el derecho de propiedad y se elimine aquella forma de extorsión. La propiedad no es un privilegio que el Estado te concede; sino un derecho derivado de principios morales.
Hablando de ética, es vergonzoso que Álvaro Arzú y Sebastián Siero (Unionistas) se opongan a la derogación de aquel impuesto. Esa actitud confirma, como si hiciera falta, que hay un sector de las derechas chapinas que es tan estatista y colectivista como sus antípodas; que no valora la propiedad como pricipio y que quiren más gobierno para invadir las esferas de acción privada de las personas siemrpe que se pueda. Esa actitud confirma que para ese sector de las derechas, “gobernar es gravar para gastar”, exactamente igual que para sus pares del otro lado del espectro político. En algunos temas los tirios se distinguen de los troyanos; pero a la hora de expoliar a los guatemaltecos, ninguno se tienta el alma.
En todo el país, la mera verdad es que muchos alcaldes suelen usar los ingresos municipales para su propio beneficio (en forma de sueldos exagerados, por ejemplo); para beneficiar socios, compadres, parientes y amantes; para comprar clientela electoral, o para multiplicar programas ajenos a las funciones municipales legítimas. De esa cuenta, la derogación del IUSI debería ser un llamado a la racionalización de los gastos en las municipalidades, principalmente en las formas de eliminar la corrupción, la mala administración y el desperdicio.
Como si los argumentos morales no fueran suficientes, el rechazo al IUSI se lo han ganado las municipalidades porque los tributarios no vemos obras. Los ayuntamientos cobran la extorsión con puntualidad; pero por ningún lado se ven el agua potable, el ornato y el manejo técnico de la basura. Eso sí, el caserón del alcalde se nota a la legua.
La única obra que siempre se entrega a tiempo es el caserón del alcalde. El resto brilla por su ausencia.
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EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: