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Guatemala el ensayo rumbo al colapso

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Julio Ligorría Carballido |
02 de junio, 2026

Un saludo a todos. Muy pronto estaré terminando un nuevo libro, dedicado esta vez al deterioro de la democracia en el mundo actual, enfoncandome en nuesrro hemisferio y dedicando análisis e investigacion de cinco naciones, Venezuela, Perú, México, Colombia y Guatemala en donde he identificado patrones comunes y queda claro, que hay un modelo aplicado en todos esos país, con sus matices, pero cuyo denominador común es vaciar el sistema para luego generar gobiernos populistas y autoritarios. Lo curioso es que vemos que si bien esto inicio desde las trincheras neo marxistas hoy en día no son pocos los ensayos de naciones que lo experimentan desde la extrema derecha.

Hoy expreso este mensaje dirigido a mi país Guatemala, a trece meses de las elecciones generales y cuando estaría terminando el mas catastrofico y vergonzoso gobierno del ensayo democratico guatemlateco, un grupo de incompetentes de marca mayor, que llegaron al poder impulsados por el respaldo de un grupo de democratas izquierdistas de Estados Unidos liderados por un ex embajador de triste recordación y bajo la promesa de que su lider, hijo de un historico y potente expresidente, repicaria la historia de su padre, transformando el país, en uno donde se retomará la administración de justicia de manera rigurosa y en igualdad de condiciones para todos, donde el avance en la recosntruciión de infraestructuras marcaría un ejemplo regional dificil de igualar, en donde los servicios de educación y salud serian ejes de construccion social ineditos y en donde la seguridad ciudadana sería prioridad. Nada ocurrió, todo se postergo y todo hoy es mas grave que hace tres años.

Pero que esta pasando a la luz de mis investigaciones en América latina, en donde Guatemala no es la excepción; Pues ni más ni menos, lo que este grupo mal llamado semilla, en mi país, ha hecho desde su fundación.

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Acechar a la democracia con una ingente cantidad de noticias falsas, manipulando datos y organizando la desinformación desde las redes sociales, para con ello provocar la paulatina resignación de sus ciudadanos. Un fenómeno silencioso, que se traduce en la preocupante actitud de agachar la cabeza ante las dinámicas del poder.

Todo sucede cuando las distinatas comunidades se convencen de que sus opiniones y acciones carecen de la capacidad real de transformar su entorno, y es alli precisamente cuando la estructura democrática comienza a experimentar un proceso de “vaciado interno” donde permanecen las siglas institucionales, pero la energía cívica desaparece por completo. Esta amigos y amigas es la inercia destructiva del verdadero enemigo de las libertades en el siglo veintiuno.

En Guatemala como en otras naciones del hemosferio, hemos estado viviendo la pérdida de confianza en las instituciones públicas, la polarización política inducida y el secuestro de la atención social mediante dispositivos digitales que colocan al ciudadano en una condición de simple paciente de las decisiones gubernamentales, en lugar de consolidarlo como un agente activo del desarrollo.

La indolencia colectiva se ha convertido en el mejor aliado de la mediocridad rampante. La resignación opera de una manera mucho más profunda y destructiva en el tejido social: anula el intento mismo de participación y liquida la esperanza de cambio. Esto los guatemlatecos no deberían permitirselo de frente a su futuro proceso electoral.

El entramado democrático actual requiere, por tanto, una ciudadanía con la disposición de detenerse, escuchar, informarse y procesar los asuntos públicos de forma colectiva, virtudes que se han vuelto escasas en un ecosistema saturado de estímulos superficiales y distractores tecnológicos cotidianos.

El otro elemento no menos importante se da cuando los procesos parlamentarios y legislativos se gestionan en la opacidad de los pasillos del congreso, o se reducen a la sumisión de consignas partidistas, la representación popular se extingue y se abre paso al desencanto social, el cual constituye el fertilizante idóneo para los regímenes populistas que prosperan donde la verdad es monopolio del gobernante en turno.

Pienso que la salud de la República en esta oportunidad  depende del surgimiento de actores políticos impecables, que restablezcan los canales institucionales que le devuelvan al ciudadano la convicción de que organizarse, vigilar y disentir posee una utilidad práctica y transformadora.

Y mucha atención la apatía cívica es el preámbulo inevitable de la tiranía, de los autoritarismos, de los regimenes mesianicos y populistas. Cuando una sociedad decide que ya no vale la pena luchar por el acceso a la verdad y que la rendición de cuentas es un lujo prescindible en aras de la tranquilidad, entrega las llaves de su libertad a cambio de una falsa estabilidad social.

A trece meses de las elecciones generales, lo invito a despertar de ese adormecimiento colectivo, guatemaltecos, esta es la única oportunidad que nos queda para rescatar los restos del andamiaje democrático antes de que la asfixia institucional sea absoluta, destructiva y permanente.

Bajar la cabeza y darnos por vencidos sería el fin de nuestros anhelos y esperanzas democráticas. Así de grave.

Guatemala el ensayo rumbo al colapso

Julio Ligorría Carballido |
02 de junio, 2026
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Un saludo a todos. Muy pronto estaré terminando un nuevo libro, dedicado esta vez al deterioro de la democracia en el mundo actual, enfoncandome en nuesrro hemisferio y dedicando análisis e investigacion de cinco naciones, Venezuela, Perú, México, Colombia y Guatemala en donde he identificado patrones comunes y queda claro, que hay un modelo aplicado en todos esos país, con sus matices, pero cuyo denominador común es vaciar el sistema para luego generar gobiernos populistas y autoritarios. Lo curioso es que vemos que si bien esto inicio desde las trincheras neo marxistas hoy en día no son pocos los ensayos de naciones que lo experimentan desde la extrema derecha.

Hoy expreso este mensaje dirigido a mi país Guatemala, a trece meses de las elecciones generales y cuando estaría terminando el mas catastrofico y vergonzoso gobierno del ensayo democratico guatemlateco, un grupo de incompetentes de marca mayor, que llegaron al poder impulsados por el respaldo de un grupo de democratas izquierdistas de Estados Unidos liderados por un ex embajador de triste recordación y bajo la promesa de que su lider, hijo de un historico y potente expresidente, repicaria la historia de su padre, transformando el país, en uno donde se retomará la administración de justicia de manera rigurosa y en igualdad de condiciones para todos, donde el avance en la recosntruciión de infraestructuras marcaría un ejemplo regional dificil de igualar, en donde los servicios de educación y salud serian ejes de construccion social ineditos y en donde la seguridad ciudadana sería prioridad. Nada ocurrió, todo se postergo y todo hoy es mas grave que hace tres años.

Pero que esta pasando a la luz de mis investigaciones en América latina, en donde Guatemala no es la excepción; Pues ni más ni menos, lo que este grupo mal llamado semilla, en mi país, ha hecho desde su fundación.

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Todo sucede cuando las distinatas comunidades se convencen de que sus opiniones y acciones carecen de la capacidad real de transformar su entorno, y es alli precisamente cuando la estructura democrática comienza a experimentar un proceso de “vaciado interno” donde permanecen las siglas institucionales, pero la energía cívica desaparece por completo. Esta amigos y amigas es la inercia destructiva del verdadero enemigo de las libertades en el siglo veintiuno.

En Guatemala como en otras naciones del hemosferio, hemos estado viviendo la pérdida de confianza en las instituciones públicas, la polarización política inducida y el secuestro de la atención social mediante dispositivos digitales que colocan al ciudadano en una condición de simple paciente de las decisiones gubernamentales, en lugar de consolidarlo como un agente activo del desarrollo.

La indolencia colectiva se ha convertido en el mejor aliado de la mediocridad rampante. La resignación opera de una manera mucho más profunda y destructiva en el tejido social: anula el intento mismo de participación y liquida la esperanza de cambio. Esto los guatemlatecos no deberían permitirselo de frente a su futuro proceso electoral.

El entramado democrático actual requiere, por tanto, una ciudadanía con la disposición de detenerse, escuchar, informarse y procesar los asuntos públicos de forma colectiva, virtudes que se han vuelto escasas en un ecosistema saturado de estímulos superficiales y distractores tecnológicos cotidianos.

El otro elemento no menos importante se da cuando los procesos parlamentarios y legislativos se gestionan en la opacidad de los pasillos del congreso, o se reducen a la sumisión de consignas partidistas, la representación popular se extingue y se abre paso al desencanto social, el cual constituye el fertilizante idóneo para los regímenes populistas que prosperan donde la verdad es monopolio del gobernante en turno.

Pienso que la salud de la República en esta oportunidad  depende del surgimiento de actores políticos impecables, que restablezcan los canales institucionales que le devuelvan al ciudadano la convicción de que organizarse, vigilar y disentir posee una utilidad práctica y transformadora.

Y mucha atención la apatía cívica es el preámbulo inevitable de la tiranía, de los autoritarismos, de los regimenes mesianicos y populistas. Cuando una sociedad decide que ya no vale la pena luchar por el acceso a la verdad y que la rendición de cuentas es un lujo prescindible en aras de la tranquilidad, entrega las llaves de su libertad a cambio de una falsa estabilidad social.

A trece meses de las elecciones generales, lo invito a despertar de ese adormecimiento colectivo, guatemaltecos, esta es la única oportunidad que nos queda para rescatar los restos del andamiaje democrático antes de que la asfixia institucional sea absoluta, destructiva y permanente.

Bajar la cabeza y darnos por vencidos sería el fin de nuestros anhelos y esperanzas democráticas. Así de grave.

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