La tecnología avanza a pasos agigantados, pero ¿la humanidad avanza o retrocede?
Hace unos años llevé a una de mis hijas al dentista. Entrar a esa clínica era como viajar en el tiempo: el piso era de granito y el mobiliario era de los años ochenta, con aquellos escritorios metálicos beige que se utilizaban en las oficinas de esa época. Mi hija vio una planta telefónica que, en lugar de tener botones para marcar los números, tenía un disco giratorio. Sorprendida, tomó el aparato y me preguntó: “Papa, ¿qué es esto?”. Aún conservo la fotografía que le tomé en ese momento. Lo que más me sorprendió fue que ella no tuviera la menor idea de que eso era un teléfono.
Soy de la Generación X. La mejor manera de describirla es decir que viví la transición tecnológica desde la máquina de escribir mecánica hasta los teléfonos inteligentes. Utilicé máquinas de escribir eléctricas, procesadores de texto, que eran una especie de computadora; las computadoras Commodore 64, la famosa IBM PC, equipos con pantallas ámbar, verdes, en blanco y negro, y posteriormente a color. También conocí los faxes, las computadoras portátiles, los primeros teléfonos celulares, los famosos “ladrillos”, los Motorola conocidos como “sapos”, el StarTAC, los primeros teléfonos con pantalla a color, cámara y audífonos Bluetooth, los BlackBerry y, finalmente, los smartphones, iPhone y Android.
¿Cómo podría explicarle a mi abuelo, si aún viviera y considerando que nació en 1910, que hoy podemos realizar una videollamada en tiempo real a cualquier parte del mundo? La verdad es que me quedo corto si me pusiera a describir los cambios que ha habido desde los años 70 y cuánto ha avanzado la tecnología hasta el día de hoy. Las nuevas generaciones nacieron con la tecnología como parte de su vida. Nosotros, la Generación X, fuimos adaptándonos a ella.
A raíz de las redes sociales surgieron los famosos “influencers”, al punto que aparecieron nuevas formas de ganar dinero que en los años 80 eran impensables. La prensa impresa en papel se ha vuelto casi inexistente con la llegada de internet. Algunos medios han desaparecido, otros han logrado evolucionar, pero ya no son como hace cuatro décadas. Aunque es cierto que muchos lograron expresarse y ejercer su libertad de expresión, también ocurrió lo que yo denomino “libertinaje de expresión”. Hoy en día, cualquiera puede expresar su opinión sobre cualquier tema, con frecuencia sin tener conocimiento, sin ser responsable y sin asumir consecuencias.
La tecnología nos dio herramientas extraordinarias, pero también nos volvió más dependientes. Antes, resolver un problema de cálculo diferencial era algo que muy pocas personas podían hacer. Hoy basta con poner una foto en ChatGPT y lo resuelve en segundos. Antes había que leer, investigar, memorizar, razonar y equivocarse. Hoy muchas respuestas aparecen antes de que terminemos de formular la pregunta. Hasta memorizar un número de teléfono es casi impensable; el celular se encarga de ello.
Y aquí es donde me surge la duda: ¿La tecnología nos está haciendo más inteligentes o simplemente más tontos? Si hablamos de generaciones, empezando por los baby boomers, pasando por la Generación X hasta los millennials, centennials, etc., vamos a terminar con la generación i de idiotas. No porque nazcan menos inteligentes, sino porque cada vez tienen menos necesidad de ejercitar la inteligencia. Si todo lo resuelve una aplicación, si todo lo contesta una inteligencia artificial, si todo lo recuerda un teléfono, ¿qué queda para la mente humana?
Mi hija no sabía qué era un teléfono de disco. Eso no me preocupa. Lo que me preocupa es que algún día una generación entera tampoco sepa pensar sin la ayuda de un teléfono inteligente. La tecnología ha avanzado a una velocidad impresionante y la inteligencia artificial es capaz de hacer cosas que hace apenas unos años parecían ciencia ficción. Espero equivocarme, pero a veces siento que vamos camino a la generación i de idiotas.
La tecnología avanza a pasos agigantados, pero ¿la humanidad avanza o retrocede?
Hace unos años llevé a una de mis hijas al dentista. Entrar a esa clínica era como viajar en el tiempo: el piso era de granito y el mobiliario era de los años ochenta, con aquellos escritorios metálicos beige que se utilizaban en las oficinas de esa época. Mi hija vio una planta telefónica que, en lugar de tener botones para marcar los números, tenía un disco giratorio. Sorprendida, tomó el aparato y me preguntó: “Papa, ¿qué es esto?”. Aún conservo la fotografía que le tomé en ese momento. Lo que más me sorprendió fue que ella no tuviera la menor idea de que eso era un teléfono.
Soy de la Generación X. La mejor manera de describirla es decir que viví la transición tecnológica desde la máquina de escribir mecánica hasta los teléfonos inteligentes. Utilicé máquinas de escribir eléctricas, procesadores de texto, que eran una especie de computadora; las computadoras Commodore 64, la famosa IBM PC, equipos con pantallas ámbar, verdes, en blanco y negro, y posteriormente a color. También conocí los faxes, las computadoras portátiles, los primeros teléfonos celulares, los famosos “ladrillos”, los Motorola conocidos como “sapos”, el StarTAC, los primeros teléfonos con pantalla a color, cámara y audífonos Bluetooth, los BlackBerry y, finalmente, los smartphones, iPhone y Android.
¿Cómo podría explicarle a mi abuelo, si aún viviera y considerando que nació en 1910, que hoy podemos realizar una videollamada en tiempo real a cualquier parte del mundo? La verdad es que me quedo corto si me pusiera a describir los cambios que ha habido desde los años 70 y cuánto ha avanzado la tecnología hasta el día de hoy. Las nuevas generaciones nacieron con la tecnología como parte de su vida. Nosotros, la Generación X, fuimos adaptándonos a ella.
A raíz de las redes sociales surgieron los famosos “influencers”, al punto que aparecieron nuevas formas de ganar dinero que en los años 80 eran impensables. La prensa impresa en papel se ha vuelto casi inexistente con la llegada de internet. Algunos medios han desaparecido, otros han logrado evolucionar, pero ya no son como hace cuatro décadas. Aunque es cierto que muchos lograron expresarse y ejercer su libertad de expresión, también ocurrió lo que yo denomino “libertinaje de expresión”. Hoy en día, cualquiera puede expresar su opinión sobre cualquier tema, con frecuencia sin tener conocimiento, sin ser responsable y sin asumir consecuencias.
La tecnología nos dio herramientas extraordinarias, pero también nos volvió más dependientes. Antes, resolver un problema de cálculo diferencial era algo que muy pocas personas podían hacer. Hoy basta con poner una foto en ChatGPT y lo resuelve en segundos. Antes había que leer, investigar, memorizar, razonar y equivocarse. Hoy muchas respuestas aparecen antes de que terminemos de formular la pregunta. Hasta memorizar un número de teléfono es casi impensable; el celular se encarga de ello.
Y aquí es donde me surge la duda: ¿La tecnología nos está haciendo más inteligentes o simplemente más tontos? Si hablamos de generaciones, empezando por los baby boomers, pasando por la Generación X hasta los millennials, centennials, etc., vamos a terminar con la generación i de idiotas. No porque nazcan menos inteligentes, sino porque cada vez tienen menos necesidad de ejercitar la inteligencia. Si todo lo resuelve una aplicación, si todo lo contesta una inteligencia artificial, si todo lo recuerda un teléfono, ¿qué queda para la mente humana?
Mi hija no sabía qué era un teléfono de disco. Eso no me preocupa. Lo que me preocupa es que algún día una generación entera tampoco sepa pensar sin la ayuda de un teléfono inteligente. La tecnología ha avanzado a una velocidad impresionante y la inteligencia artificial es capaz de hacer cosas que hace apenas unos años parecían ciencia ficción. Espero equivocarme, pero a veces siento que vamos camino a la generación i de idiotas.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: