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El turismo ausente: el costo de no atraer inversión

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Dr. Ramiro Bolaños |
20 de abril, 2026

Imagínese usted viendo un video promocional con vistas aéreas que se deslizan sobre una bahía turquesa y un resort escondido entre palmeras. Las suaves olas se confunden con la arena dorada de la playa. Entramos a villas privadas con piscinas propias, terrazas amplias y detalles que combinan elegancia mediterránea con calidez caribeña. La cámara recorre el beach club, donde una pareja camina hacia el restaurante frente al mar. El spa se acompaña de música suave que refuerza la idea de refugio íntimo y sofisticado.

Este video pertenece al resort de lujo Eden Roc Cap Cana en República Dominicana. Una noche en un bungalow frente al océano puede superar los US$3,400. Pero lo relevante no es el precio. Es el sistema que lo hace posible. Es el resultado de años de inversión sostenida, infraestructura de primer nivel y un entorno diseñado deliberadamente para atraer capital.

República Dominicana es un modelo. El país cuenta con al menos 19 hoteles de lujo prime, con tarifas que van desde los US$300 hasta más de US$1,000 por noche. Detrás de ese inventario no hay únicamente playas atractivas, sino décadas de inversión extranjera dirigida, desarrollo inmobiliario turístico y una estrategia clara de posicionamiento internacional. Cada habitación construida es capital que decidió quedarse.

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Costa Rica lleva esta lógica aún más lejos. En la península de Papagayo, el Nekajui de Ritz-Carlton alcanza tarifas de hasta US$16,000 por noche, mientras el Four Seasons supera los US$14,000 en sus suites más exclusivas. El país ha construido un portafolio de 45 hoteles de lujo. Panamá, por su parte, ha consolidado un inventario de 28 hoteles de lujo, integrado a logística y conectividad. Belice, con una escala mucho menor, cuenta con 67 hoteles de lujo prime, incluyendo propiedades que superan los US$4,800 por noche.

Uno podría pensar que, después de estos casos, Guatemala seguiría en la lista. No es así. En términos de turismo de alto valor, Guatemala no está en la conversación regional. Mientras otros países han construido inventarios completos de hoteles de lujo, Guatemala cuenta apenas con cinco propiedades que superan los US$300 por noche. Tenemos dos costas, volcanes, el lago más hermoso del mundo y riqueza cultural e histórica extraordinaria. Esa dotación propia no se ha traducido en una oferta turística de alto valor. El potencial que no se convierte en inversión es inexistente.

La ausencia de turismo de alto valor en Guatemala es una consecuencia directa de la estructura de inversión del país. Mientras economías como República Dominicana y Costa Rica han sostenido flujos de inversión extranjera directa por encima de los US$5,000 millones anuales, Guatemala ha seguido un camino distinto. De los US$1,881 millones de IED recibidos en 2025, el 45% se concentró en actividades financieras y seguros. El comercio representó otros US$358 millones, seguido por manufactura y servicios.

Entre 2021 y 2025, la inversión extranjera directa acumulada en turismo en Guatemala fue de apenas US$6.5 millones. Es decir, alrededor de US$1.3 millones por año. Solo la isla de Tuvalú recibió menos de eso en 2024 en el mundo. En realidad, estamos ausentes de los flujos de inversión en el mundo turístico. En contraste, en República Dominicana, la inversión en turismo ha representado más del 25% de los flujos de IED en los últimos años. España, por sí sola, canalizó solo en 2025 más de US$1,000 millones hacia ese sector en capital y gestión hotelera.

Existe una regla de referencia en la industria: un país eficiente en turismo suele recibir, al menos, un visitante por habitante al año. Belice lo supera. República Dominicana se acerca a ese nivel. Incluso economías de la región como Costa Rica y Panamá, alcanzan alrededor de 0.6 visitantes por habitante, lo que indica oportunidad de mejora para estar a la altura de potencias como España y Bulgaria. Guatemala, en cambio, se encuentra en torno a 0.15. Es decir, nuestra meta debería ser atraer siete veces más de turistas, pero para eso necesitamos inversión de capital en serio.

El turismo de alto valor no sigue al paisaje. Sigue a la infraestructura. Transformar un destino potencial en uno real requiere convertir ese patrimonio en una experiencia accesible, segura y de alta calidad. Y eso requiere inversión en aeropuertos, carreteras y hoteles que cumplan estándares internacionales. Guatemala ofrece ejemplos claros de ese potencial no desarrollado. En los Cuchumatanes, el mirador ecoturístico Tshkin Xaq —la “Puerta del Cielo”—, a más de 3,300 metros de altura, ofrece la experiencia de caminar entre nubes. ¿Quién no querría conocer la puerta de entrada al cielo? Pero, sin acceso adecuado, sin servicios, sin infraestructura que lo integre a una oferta turística mayor, permanece en el anonimato.

República Dominicana tomó una decisión estratégica desde hace décadas: crear zonas turísticas con regímenes fiscales especiales. Exenciones de ISR, eliminación de aranceles para proyectos turísticos y estabilidad jurídica de largo plazo permitieron atraer capital sostenido. A esto se sumó promoción internacional y el desarrollo de proyectos integrales que combinan hoteles, bienes raíces y puertos de cruceros. Panamá apostó por convertirse en un hub logístico y corporativo, con zonas francas, un régimen especial para sedes de multinacionales y una infraestructura de conectividad de primer nivel. La ampliación del canal, puertos y el aeropuerto como hub regional crearon un entorno donde el capital puede operar con eficiencia.

Costa Rica construyó uno de los modelos más consistentes de atracción de inversión en la región. Su régimen de zonas francas ofrece estabilidad, baja carga tributaria efectiva para exportadores y reglas claras. Desarrolló una agencia especializada —CINDE— con capacidad técnica para atraer y retener inversión. En Europa del Este, países como Estonia y Georgia simplificaron su estructura fiscal al punto de gravar únicamente los dividendos distribuidos, dejando en 0% las utilidades reinvertidas. Bulgaria redujo su ISR al 10% y se integró a la Unión Europea.

Si el problema es la ausencia de inversión en los sectores que transforman la economía, la respuesta debe ser de cambio de modelo. Guatemala necesita rediseñar su marco fiscal para competir por capital. Esquemas donde la carga efectiva se concentre en la distribución final de utilidades. A esto debe sumarse inversiones ancla en sectores estratégicos donde Guatemala tiene ventajas reales como turismo, energía y manufactura exportadora.

La infraestructura debe dejar de ser un rezago y convertirse en una estrategia. Carreteras hacia destinos turísticos, ampliación efectiva del aeropuerto La Aurora, nuevos aeropuertos regionales y clústers logísticos como condiciones para que el capital opere. Sin ellas, cualquier política de atracción queda incompleta. A esto se suma un elemento crítico: la seguridad jurídica. Procesos ágiles de licenciamiento, tribunales especializados en materia mercantil y la reducción de la incertidumbre. El capital no solo busca rentabilidad. Busca certeza y cumplimiento de contratos.

Finalmente, Guatemala necesita institucionalidad para competir. Los esfuerzos dispersos de atracción de inversión deben integrarse en una agencia especializada, con gobernanza público-privada y capacidad de ejecución. Hoy, la inversión extranjera directa en Guatemala se concentra en sectores como banca, comercio y algunas manufacturas. Áreas como el turismo o la energía limpia reciben una fracción mínima del capital disponible. No es falta de recursos. Es falta de dirección.

Guatemala enfrenta una disyuntiva clara. Puede seguir dependiendo del ingreso que proviene del exterior a través del esfuerzo de sus migrantes, o puede comenzar a construir un entorno donde el capital productivo quiera llegar, invertir y quedarse. El turismo que no llega no es un problema de imagen. Es el resultado de una economía que aún no ha creado las condiciones para atraerlo. Y mientras eso no cambie, el país seguirá viendo pasar oportunidades que nuestros vecinos ya aprendieron a construir.

Ramiro Bolaños, PhD. / Presidente del Centro de pensamiento y acción Factoría Libertatis

 

Referencias

Hoteles.com [Consultado el 15 de abril de 2026 para precios por noche promedio de una semana entre el 4 y el 10 de mayo de 2026]

Procomer.com (2026), Costa Rica supera, por segundo año consecutivo, los US$5,000 millones en flujos de IEDhttps://procomer.com/costa-rica-supera-segundo-ano-consecutivo-5-000-millones-en-ied/ [Consultado el 15 de abril]

Infobae.com (2026), España lideró en 2025 la inversión extranjera en la República Dominicanahttps://www.infobae.com/america/agencias/2026/04/15/espana-lidero-en-2025-la-inversion-extranjera-en-la-republica-dominicana/ [Consultado el 15 de abril]

Banco Central de Nicaragua (2026), Evolución de la Inversión Extranjera Directa en Nicaraguahttps://www.bcn.gob.ni/sites/default/files/2026-03/ [Consultado el 15 de abril]

ProDominicana (2023), Foreign Direct Investment. Performance in the Dominican Republic and International Context 2022https://adminstituto.prodominicana.gob.do [Consultado el 15 de abril]

Banco de Guatemala (2026), Inversión Extranjera Directa por Clasificación Industrial y país Origenhttps://banguat.gob.gt/page/ied-ano-2025 [Consultado el 15 de abril]

World Bank (2024), Foreign Direct Investment, net inflows (US$). https://data.worldbank.org/indicator/BX.KLT.DINV.CD.WD [Consultado el 15 de abril]

 

El turismo ausente: el costo de no atraer inversión

Dr. Ramiro Bolaños |
20 de abril, 2026
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Imagínese usted viendo un video promocional con vistas aéreas que se deslizan sobre una bahía turquesa y un resort escondido entre palmeras. Las suaves olas se confunden con la arena dorada de la playa. Entramos a villas privadas con piscinas propias, terrazas amplias y detalles que combinan elegancia mediterránea con calidez caribeña. La cámara recorre el beach club, donde una pareja camina hacia el restaurante frente al mar. El spa se acompaña de música suave que refuerza la idea de refugio íntimo y sofisticado.

Este video pertenece al resort de lujo Eden Roc Cap Cana en República Dominicana. Una noche en un bungalow frente al océano puede superar los US$3,400. Pero lo relevante no es el precio. Es el sistema que lo hace posible. Es el resultado de años de inversión sostenida, infraestructura de primer nivel y un entorno diseñado deliberadamente para atraer capital.

República Dominicana es un modelo. El país cuenta con al menos 19 hoteles de lujo prime, con tarifas que van desde los US$300 hasta más de US$1,000 por noche. Detrás de ese inventario no hay únicamente playas atractivas, sino décadas de inversión extranjera dirigida, desarrollo inmobiliario turístico y una estrategia clara de posicionamiento internacional. Cada habitación construida es capital que decidió quedarse.

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Costa Rica lleva esta lógica aún más lejos. En la península de Papagayo, el Nekajui de Ritz-Carlton alcanza tarifas de hasta US$16,000 por noche, mientras el Four Seasons supera los US$14,000 en sus suites más exclusivas. El país ha construido un portafolio de 45 hoteles de lujo. Panamá, por su parte, ha consolidado un inventario de 28 hoteles de lujo, integrado a logística y conectividad. Belice, con una escala mucho menor, cuenta con 67 hoteles de lujo prime, incluyendo propiedades que superan los US$4,800 por noche.

Uno podría pensar que, después de estos casos, Guatemala seguiría en la lista. No es así. En términos de turismo de alto valor, Guatemala no está en la conversación regional. Mientras otros países han construido inventarios completos de hoteles de lujo, Guatemala cuenta apenas con cinco propiedades que superan los US$300 por noche. Tenemos dos costas, volcanes, el lago más hermoso del mundo y riqueza cultural e histórica extraordinaria. Esa dotación propia no se ha traducido en una oferta turística de alto valor. El potencial que no se convierte en inversión es inexistente.

La ausencia de turismo de alto valor en Guatemala es una consecuencia directa de la estructura de inversión del país. Mientras economías como República Dominicana y Costa Rica han sostenido flujos de inversión extranjera directa por encima de los US$5,000 millones anuales, Guatemala ha seguido un camino distinto. De los US$1,881 millones de IED recibidos en 2025, el 45% se concentró en actividades financieras y seguros. El comercio representó otros US$358 millones, seguido por manufactura y servicios.

Entre 2021 y 2025, la inversión extranjera directa acumulada en turismo en Guatemala fue de apenas US$6.5 millones. Es decir, alrededor de US$1.3 millones por año. Solo la isla de Tuvalú recibió menos de eso en 2024 en el mundo. En realidad, estamos ausentes de los flujos de inversión en el mundo turístico. En contraste, en República Dominicana, la inversión en turismo ha representado más del 25% de los flujos de IED en los últimos años. España, por sí sola, canalizó solo en 2025 más de US$1,000 millones hacia ese sector en capital y gestión hotelera.

Existe una regla de referencia en la industria: un país eficiente en turismo suele recibir, al menos, un visitante por habitante al año. Belice lo supera. República Dominicana se acerca a ese nivel. Incluso economías de la región como Costa Rica y Panamá, alcanzan alrededor de 0.6 visitantes por habitante, lo que indica oportunidad de mejora para estar a la altura de potencias como España y Bulgaria. Guatemala, en cambio, se encuentra en torno a 0.15. Es decir, nuestra meta debería ser atraer siete veces más de turistas, pero para eso necesitamos inversión de capital en serio.

El turismo de alto valor no sigue al paisaje. Sigue a la infraestructura. Transformar un destino potencial en uno real requiere convertir ese patrimonio en una experiencia accesible, segura y de alta calidad. Y eso requiere inversión en aeropuertos, carreteras y hoteles que cumplan estándares internacionales. Guatemala ofrece ejemplos claros de ese potencial no desarrollado. En los Cuchumatanes, el mirador ecoturístico Tshkin Xaq —la “Puerta del Cielo”—, a más de 3,300 metros de altura, ofrece la experiencia de caminar entre nubes. ¿Quién no querría conocer la puerta de entrada al cielo? Pero, sin acceso adecuado, sin servicios, sin infraestructura que lo integre a una oferta turística mayor, permanece en el anonimato.

República Dominicana tomó una decisión estratégica desde hace décadas: crear zonas turísticas con regímenes fiscales especiales. Exenciones de ISR, eliminación de aranceles para proyectos turísticos y estabilidad jurídica de largo plazo permitieron atraer capital sostenido. A esto se sumó promoción internacional y el desarrollo de proyectos integrales que combinan hoteles, bienes raíces y puertos de cruceros. Panamá apostó por convertirse en un hub logístico y corporativo, con zonas francas, un régimen especial para sedes de multinacionales y una infraestructura de conectividad de primer nivel. La ampliación del canal, puertos y el aeropuerto como hub regional crearon un entorno donde el capital puede operar con eficiencia.

Costa Rica construyó uno de los modelos más consistentes de atracción de inversión en la región. Su régimen de zonas francas ofrece estabilidad, baja carga tributaria efectiva para exportadores y reglas claras. Desarrolló una agencia especializada —CINDE— con capacidad técnica para atraer y retener inversión. En Europa del Este, países como Estonia y Georgia simplificaron su estructura fiscal al punto de gravar únicamente los dividendos distribuidos, dejando en 0% las utilidades reinvertidas. Bulgaria redujo su ISR al 10% y se integró a la Unión Europea.

Si el problema es la ausencia de inversión en los sectores que transforman la economía, la respuesta debe ser de cambio de modelo. Guatemala necesita rediseñar su marco fiscal para competir por capital. Esquemas donde la carga efectiva se concentre en la distribución final de utilidades. A esto debe sumarse inversiones ancla en sectores estratégicos donde Guatemala tiene ventajas reales como turismo, energía y manufactura exportadora.

La infraestructura debe dejar de ser un rezago y convertirse en una estrategia. Carreteras hacia destinos turísticos, ampliación efectiva del aeropuerto La Aurora, nuevos aeropuertos regionales y clústers logísticos como condiciones para que el capital opere. Sin ellas, cualquier política de atracción queda incompleta. A esto se suma un elemento crítico: la seguridad jurídica. Procesos ágiles de licenciamiento, tribunales especializados en materia mercantil y la reducción de la incertidumbre. El capital no solo busca rentabilidad. Busca certeza y cumplimiento de contratos.

Finalmente, Guatemala necesita institucionalidad para competir. Los esfuerzos dispersos de atracción de inversión deben integrarse en una agencia especializada, con gobernanza público-privada y capacidad de ejecución. Hoy, la inversión extranjera directa en Guatemala se concentra en sectores como banca, comercio y algunas manufacturas. Áreas como el turismo o la energía limpia reciben una fracción mínima del capital disponible. No es falta de recursos. Es falta de dirección.

Guatemala enfrenta una disyuntiva clara. Puede seguir dependiendo del ingreso que proviene del exterior a través del esfuerzo de sus migrantes, o puede comenzar a construir un entorno donde el capital productivo quiera llegar, invertir y quedarse. El turismo que no llega no es un problema de imagen. Es el resultado de una economía que aún no ha creado las condiciones para atraerlo. Y mientras eso no cambie, el país seguirá viendo pasar oportunidades que nuestros vecinos ya aprendieron a construir.

Ramiro Bolaños, PhD. / Presidente del Centro de pensamiento y acción Factoría Libertatis

 

Referencias

Hoteles.com [Consultado el 15 de abril de 2026 para precios por noche promedio de una semana entre el 4 y el 10 de mayo de 2026]

Procomer.com (2026), Costa Rica supera, por segundo año consecutivo, los US$5,000 millones en flujos de IEDhttps://procomer.com/costa-rica-supera-segundo-ano-consecutivo-5-000-millones-en-ied/ [Consultado el 15 de abril]

Infobae.com (2026), España lideró en 2025 la inversión extranjera en la República Dominicanahttps://www.infobae.com/america/agencias/2026/04/15/espana-lidero-en-2025-la-inversion-extranjera-en-la-republica-dominicana/ [Consultado el 15 de abril]

Banco Central de Nicaragua (2026), Evolución de la Inversión Extranjera Directa en Nicaraguahttps://www.bcn.gob.ni/sites/default/files/2026-03/ [Consultado el 15 de abril]

ProDominicana (2023), Foreign Direct Investment. Performance in the Dominican Republic and International Context 2022https://adminstituto.prodominicana.gob.do [Consultado el 15 de abril]

Banco de Guatemala (2026), Inversión Extranjera Directa por Clasificación Industrial y país Origenhttps://banguat.gob.gt/page/ied-ano-2025 [Consultado el 15 de abril]

World Bank (2024), Foreign Direct Investment, net inflows (US$). https://data.worldbank.org/indicator/BX.KLT.DINV.CD.WD [Consultado el 15 de abril]

 

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