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Una piñata, una bandeja paisa y una lección de patriotismo

El Patriotismo de un paisa

.
Amilcar R. Álvarez |
28 de mayo, 2026

Hace tal vez unos 15 años o más, un amigo, que había venido a Guatemala con una editorial colombiana para vender libros,  me invitó a su casa para la celebración del cumpleaños de su hija pequeña. Me llamó mucho la atención la decoración, pero lo que más me impactó fue el menú. Nos sirvieron una Bandeja Paisa, que es un platillo colombiano originario de la región de Antioquia. Se sirve como una combinación abundante de frijoles rojos acompañados con arroz blanco y una variedad de carnes y complementos que incluyen carne molida, chicharrón, chorizo y, a veces, morcilla. También lleva un huevo estrellado, pedazos de plátano maduro, arepa y aguacate. Se acompaña con una salsa tradicional de tomate y cebolla, y es conocido por ser un plato pensado originalmente para aportar mucha energía a los trabajadores del campo.

Fue en esa ocasión la primera vez que probé la Bandeja Paisa. Conversando mientras comíamos, le hice el comentario de que nunca había visto algo parecido para una celebración de piñata. Se volteó y me miró serio a los ojos, y con el acento que caracteriza a los colombianos me dijo: “Lo que pasa es que ustedes los guatemaltecos están demasiado agringados, comen mucha pizza, hamburguesas, hot dogs, aguas gaseosas; hasta el ‘Happy Birthday’ lo cantan en inglés. Nosotros, en Colombia, esto es lo que comemos en las celebraciones y tomamos fresquito de guayaba”.

Siempre me he preguntado por qué en Guatemala existe tan poco patriotismo. Si vemos cómo los jugadores de fútbol de nuestra selección guatemalteca cantan el himno nacional, comparados con los jugadores mexicanos, que se cuadran y se ponen firmes para cantar: “Mexicanos al grito de guerra...”, nos damos cuenta de que tienen una actitud completamente distinta. Quizá una de las razones podría ser que México construyó su identidad nacional a través de una larga y sangrienta guerra de independencia. En Centroamérica, la independencia llegó más por acuerdos políticos que por una lucha armada extensa. La independencia mexicana no fue un trámite de firma. Comenzó en 1810 con el llamado de Miguel Hidalgo,  y se convirtió en una guerra que duró más de una década dejando pueblos destruidos, miles de muertos y generaciones enteras marcadas por el sacrificio.

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Los mexicanos desarrollaron una relación distinta con su historia: su nación fue construida entre guerras, pérdidas y sacrificios. Tal vez los relatos de las batallas por la libertad de México fueron contados de boca en boca, de generación en generación. Y ese orgullo de decir: “Mi padre o mi tío luchó por la libertad de este país”, fue quedando en el inconsciente de las personas, arraigando por generaciones en el corazón de los mexicanos un gran amor hacia su patria.

¿Podría deberse la falta de patriotismo a que nuestra independencia se logró “sin choque sangriento”? En Guatemala, que está entre dos océanos, hay una riqueza inmensa. Tenemos microclimas espectaculares donde se puede cultivar casi cualquier cosa que pueda existir, desde cultivos de plantas tropicales en la costa y boca costa, hasta pinabetes que sólo se dan en las montañas arriba de 2,500 metros sobre el nivel del mar. Tenemos recursos minerales, pozos naturales de gas, volcanes; no me alcanzarían las palabras para terminar de describir las riquezas de nuestro país: ríos, lagos, montañas y ruinas mayas. La lista es interminable. Entre los años 60 y 80 fuimos productores importantes de algodón que se exportaba al resto del mundo, el café de Guatemala es reconocido internacionalmente como uno de los mejores del mundo, la industria azucarera es de las más eficientes a nivel mundial y el mejor ron del mundo es de Guatemala. Quisiera decir que la mejor selección de fútbol es de Guatemala pero…

¿Cómo podemos crear ese amor por lo nuestro? Hoy los restaurantes de comida rápida  están llenos de gente a todas las horas del día y de la noche. Los jóvenes de ahora no saben qué es una enchilada, una chancleta o un nuégado. Además del poco patriotismo que hay, nuestro país sangra por la enorme corrupción, violencia y delincuencia que la están destruyendo poco a poco.

Hoy, después de tantos años, sigo recordando aquella Bandeja Paisa en una piñata y lo que me enseñó mi amigo colombiano. No me habló de comida, me habló de que el patriotismo no empieza con los actos cívicos, ni con los poemas y desfiles del 15 de septiembre. Empieza cuando un pueblo aprende a servir lo suyo con orgullo en la mesa de su casa. Quizá Guatemala no necesita aprender a amar más su tierra; quizá sólo necesita recordar todo lo que tiene para sentirse orgullosa de ella. ¡Nada como el caldo de gallina de doña Mela, tortillas y un buen Zacapa Centenario!

Una piñata, una bandeja paisa y una lección de patriotismo

El Patriotismo de un paisa

Amilcar R. Álvarez |
28 de mayo, 2026
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Hace tal vez unos 15 años o más, un amigo, que había venido a Guatemala con una editorial colombiana para vender libros,  me invitó a su casa para la celebración del cumpleaños de su hija pequeña. Me llamó mucho la atención la decoración, pero lo que más me impactó fue el menú. Nos sirvieron una Bandeja Paisa, que es un platillo colombiano originario de la región de Antioquia. Se sirve como una combinación abundante de frijoles rojos acompañados con arroz blanco y una variedad de carnes y complementos que incluyen carne molida, chicharrón, chorizo y, a veces, morcilla. También lleva un huevo estrellado, pedazos de plátano maduro, arepa y aguacate. Se acompaña con una salsa tradicional de tomate y cebolla, y es conocido por ser un plato pensado originalmente para aportar mucha energía a los trabajadores del campo.

Fue en esa ocasión la primera vez que probé la Bandeja Paisa. Conversando mientras comíamos, le hice el comentario de que nunca había visto algo parecido para una celebración de piñata. Se volteó y me miró serio a los ojos, y con el acento que caracteriza a los colombianos me dijo: “Lo que pasa es que ustedes los guatemaltecos están demasiado agringados, comen mucha pizza, hamburguesas, hot dogs, aguas gaseosas; hasta el ‘Happy Birthday’ lo cantan en inglés. Nosotros, en Colombia, esto es lo que comemos en las celebraciones y tomamos fresquito de guayaba”.

Siempre me he preguntado por qué en Guatemala existe tan poco patriotismo. Si vemos cómo los jugadores de fútbol de nuestra selección guatemalteca cantan el himno nacional, comparados con los jugadores mexicanos, que se cuadran y se ponen firmes para cantar: “Mexicanos al grito de guerra...”, nos damos cuenta de que tienen una actitud completamente distinta. Quizá una de las razones podría ser que México construyó su identidad nacional a través de una larga y sangrienta guerra de independencia. En Centroamérica, la independencia llegó más por acuerdos políticos que por una lucha armada extensa. La independencia mexicana no fue un trámite de firma. Comenzó en 1810 con el llamado de Miguel Hidalgo,  y se convirtió en una guerra que duró más de una década dejando pueblos destruidos, miles de muertos y generaciones enteras marcadas por el sacrificio.

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Los mexicanos desarrollaron una relación distinta con su historia: su nación fue construida entre guerras, pérdidas y sacrificios. Tal vez los relatos de las batallas por la libertad de México fueron contados de boca en boca, de generación en generación. Y ese orgullo de decir: “Mi padre o mi tío luchó por la libertad de este país”, fue quedando en el inconsciente de las personas, arraigando por generaciones en el corazón de los mexicanos un gran amor hacia su patria.

¿Podría deberse la falta de patriotismo a que nuestra independencia se logró “sin choque sangriento”? En Guatemala, que está entre dos océanos, hay una riqueza inmensa. Tenemos microclimas espectaculares donde se puede cultivar casi cualquier cosa que pueda existir, desde cultivos de plantas tropicales en la costa y boca costa, hasta pinabetes que sólo se dan en las montañas arriba de 2,500 metros sobre el nivel del mar. Tenemos recursos minerales, pozos naturales de gas, volcanes; no me alcanzarían las palabras para terminar de describir las riquezas de nuestro país: ríos, lagos, montañas y ruinas mayas. La lista es interminable. Entre los años 60 y 80 fuimos productores importantes de algodón que se exportaba al resto del mundo, el café de Guatemala es reconocido internacionalmente como uno de los mejores del mundo, la industria azucarera es de las más eficientes a nivel mundial y el mejor ron del mundo es de Guatemala. Quisiera decir que la mejor selección de fútbol es de Guatemala pero…

¿Cómo podemos crear ese amor por lo nuestro? Hoy los restaurantes de comida rápida  están llenos de gente a todas las horas del día y de la noche. Los jóvenes de ahora no saben qué es una enchilada, una chancleta o un nuégado. Además del poco patriotismo que hay, nuestro país sangra por la enorme corrupción, violencia y delincuencia que la están destruyendo poco a poco.

Hoy, después de tantos años, sigo recordando aquella Bandeja Paisa en una piñata y lo que me enseñó mi amigo colombiano. No me habló de comida, me habló de que el patriotismo no empieza con los actos cívicos, ni con los poemas y desfiles del 15 de septiembre. Empieza cuando un pueblo aprende a servir lo suyo con orgullo en la mesa de su casa. Quizá Guatemala no necesita aprender a amar más su tierra; quizá sólo necesita recordar todo lo que tiene para sentirse orgullosa de ella. ¡Nada como el caldo de gallina de doña Mela, tortillas y un buen Zacapa Centenario!

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