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El ominoso silencio de Arévalo

.
Rodrigo Fernández Ordóñez |
28 de noviembre, 2025

El martes recién pasado, en una maratónica sesión del Congreso de la República en la que por milagro se mantuvo un cuórum de 150 diputados y que terminó al día siguiente a las 4:45 de la madrugada, se aprobó el Presupuesto Nacional de Ingresos y Egresos para el ejercicio fiscal 2026, acompañado de otros decretos legislativos aprobando préstamos adicionales para infraestructura, electrificación rural y otros temas.

El presupuesto fue aprobado por un total de 139 votos, resaltando el trabajo del diputado Carlos Sanabria, operador político del presidente Bernardo Arévalo en los pasillos del Congreso, según afirmación del diputado de oposición José Chic, que garantizó que la presencia de diputados se mantuviera hasta agotar la interminable sesión. Para haberse vendido como una opción ajena al tan desgastado “pacto de corruptos”, Semilla aprendió en tiempo récord las técnicas y maniobras de sus contrincantes.

Pero ante el escándalo provocado por la irresponsabilidad con que estos “nuevos políticos” reparten los fondos públicos con absoluta discrecionalidad, guiados tal vez, por el ministro Menkos en los laberínticos procesos de la estructuración presupuestaria, ha resaltado por su ausencia el irrelevante e intrascendente presidente de la república, Bernardo Arévalo. Si tuviera otra personalidad, se podría argumentar que maneja los hilos de la política muy hábilmente, pero, a juzgar por su trabajo imperceptible cuando fue diputado, me atrevería a afirmar que no es habilidad política, sino una completa incompetencia para controlar siquiera el actuar de su propio gabinete.

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Imagino que alguno de los asesores del presidente le habrá recomendado medir sus apariciones ante el público, limitándose al patético ejercicio de la copia e imitación de las peores ideas de nuestros vecinos mexicanos, en una vacía y descoordinada conferencia de prensa los lunes por la mañana, en la que la dignidad presidencial desaparece y se entrega a un papel de maestro de ceremonias que bien podría asumir la persona que dirige su oficina de comunicación social.

Este silencio y ausencia, que se ha extendido por meses durante este gobierno, ha dado la inconfundible sensación de vacío de poder y liderazgo que han aprovechado de forma muy poco positiva otros miembros del gobierno, como el prófugo exministro de gobernación y su equipo para permitir la fuga de más de 20 peligrosos delincuentes, cuyo impacto directo sobre la población, completamente abandonado por las autoridades que debieran protegerla, se ha reflejado en un repunte de la violencia y la criminalidad en las últimas semanas.

Ahora, en el contexto de la aprobación del presupuesto nacional, el presidente y la vicepresidenta (de quien ignoramos si está todavía en el ejercicio del cargo), han permanecido en el más absoluto silencio, aprobando con su aquiescencia las maniobras y estrategias de este nuevo pacto de corruptos. El escándalo de este presupuesto fue destacado por el director ejecutivo del ICEFI en una entrevista radial en la que con toda claridad expresó: «Ni Manuel Baldizón se atrevió a tanto». Esa es la medida de la nueva corrupción del oficialismo.

Ante la triste situación de nuestro amado país, solo queda recordar los versos escritos por Epaminondas Quintana, Joaquín Barnoya (que ha de estar revolcándose en la tumba), Alfredo Valle Calvo, David Vela y Miguel Ángel Asturias, en su canción de guerra contra la política de hace 100 años y la de hoy:

«(…) sobre los hediondos males
de la patria, arrojad flores
ya que no sois liberales
ni menos conservadores:
malos bichos sin conciencia
que la apresan en sus dientes
y la chupan inclementes
la fuerza de su existencia…

(…) Patria, palabrota añeja
por los largos explotada;
hoy la patria es una vieja
que está desacreditada.

No vale ni cuatro reales
en este país de traidores;
la venden los liberales
como los conservadores…
»

El ominoso silencio de Arévalo

Rodrigo Fernández Ordóñez |
28 de noviembre, 2025
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El martes recién pasado, en una maratónica sesión del Congreso de la República en la que por milagro se mantuvo un cuórum de 150 diputados y que terminó al día siguiente a las 4:45 de la madrugada, se aprobó el Presupuesto Nacional de Ingresos y Egresos para el ejercicio fiscal 2026, acompañado de otros decretos legislativos aprobando préstamos adicionales para infraestructura, electrificación rural y otros temas.

El presupuesto fue aprobado por un total de 139 votos, resaltando el trabajo del diputado Carlos Sanabria, operador político del presidente Bernardo Arévalo en los pasillos del Congreso, según afirmación del diputado de oposición José Chic, que garantizó que la presencia de diputados se mantuviera hasta agotar la interminable sesión. Para haberse vendido como una opción ajena al tan desgastado “pacto de corruptos”, Semilla aprendió en tiempo récord las técnicas y maniobras de sus contrincantes.

Pero ante el escándalo provocado por la irresponsabilidad con que estos “nuevos políticos” reparten los fondos públicos con absoluta discrecionalidad, guiados tal vez, por el ministro Menkos en los laberínticos procesos de la estructuración presupuestaria, ha resaltado por su ausencia el irrelevante e intrascendente presidente de la república, Bernardo Arévalo. Si tuviera otra personalidad, se podría argumentar que maneja los hilos de la política muy hábilmente, pero, a juzgar por su trabajo imperceptible cuando fue diputado, me atrevería a afirmar que no es habilidad política, sino una completa incompetencia para controlar siquiera el actuar de su propio gabinete.

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Imagino que alguno de los asesores del presidente le habrá recomendado medir sus apariciones ante el público, limitándose al patético ejercicio de la copia e imitación de las peores ideas de nuestros vecinos mexicanos, en una vacía y descoordinada conferencia de prensa los lunes por la mañana, en la que la dignidad presidencial desaparece y se entrega a un papel de maestro de ceremonias que bien podría asumir la persona que dirige su oficina de comunicación social.

Este silencio y ausencia, que se ha extendido por meses durante este gobierno, ha dado la inconfundible sensación de vacío de poder y liderazgo que han aprovechado de forma muy poco positiva otros miembros del gobierno, como el prófugo exministro de gobernación y su equipo para permitir la fuga de más de 20 peligrosos delincuentes, cuyo impacto directo sobre la población, completamente abandonado por las autoridades que debieran protegerla, se ha reflejado en un repunte de la violencia y la criminalidad en las últimas semanas.

Ahora, en el contexto de la aprobación del presupuesto nacional, el presidente y la vicepresidenta (de quien ignoramos si está todavía en el ejercicio del cargo), han permanecido en el más absoluto silencio, aprobando con su aquiescencia las maniobras y estrategias de este nuevo pacto de corruptos. El escándalo de este presupuesto fue destacado por el director ejecutivo del ICEFI en una entrevista radial en la que con toda claridad expresó: «Ni Manuel Baldizón se atrevió a tanto». Esa es la medida de la nueva corrupción del oficialismo.

Ante la triste situación de nuestro amado país, solo queda recordar los versos escritos por Epaminondas Quintana, Joaquín Barnoya (que ha de estar revolcándose en la tumba), Alfredo Valle Calvo, David Vela y Miguel Ángel Asturias, en su canción de guerra contra la política de hace 100 años y la de hoy:

«(…) sobre los hediondos males
de la patria, arrojad flores
ya que no sois liberales
ni menos conservadores:
malos bichos sin conciencia
que la apresan en sus dientes
y la chupan inclementes
la fuerza de su existencia…

(…) Patria, palabrota añeja
por los largos explotada;
hoy la patria es una vieja
que está desacreditada.

No vale ni cuatro reales
en este país de traidores;
la venden los liberales
como los conservadores…
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