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El “Escudo de las Américas” y la nueva doctrina hemisférica

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Melanie Müllers |
11 de marzo, 2026

La reciente cumbre Shield of the Americas Summit, convocada por Donald Trump podría convertirse en uno de los movimientos geopolíticos más importantes de Estados Unidos en el hemisferio en décadas. Presentada como una alianza regional para combatir el narcotráfico y el crimen organizado, la iniciativa tiene implicaciones mucho más profundas: apunta a redefinir el orden estratégico en América Latina.

Pero hay un detalle que no pasó desapercibido: Guatemala no fue invitada. La ausencia resulta llamativa si se considera que el país se encuentra en uno de los principales corredores del narcotráfico hacia Estados Unidos y en el centro de las rutas migratorias del continente. Si el objetivo de la iniciativa es combatir precisamente esos fenómenos, la exclusión de Guatemala plantea preguntas inevitables sobre los verdaderos criterios detrás de esta nueva coalición.

¿Qué es el “Escudo de las Américas”? El concepto impulsado por Trump busca crear una red de cooperación entre gobiernos aliados para enfrentar organizaciones criminales transnacionales. La propuesta incluye intercambio de inteligencia, coordinación entre fuerzas de seguridad y, según algunas declaraciones durante la cumbre, incluso la posibilidad de operaciones conjuntas contra carteles de droga considerados estructuras de “narco-terrorismo”.

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En términos estratégicos, el “Escudo de las Américas” parece formar parte de un movimiento mayor: el intento de Washington de reconstruir su esfera de influencia en el hemisferio frente a nuevos actores globales.

Durante la cumbre, algunos analistas mencionaron lo que han llamado el “corolario Trump” a la histórica Monroe Doctrine.

Para entender el significado de esta referencia, hay que remontarse a 1823, cuando el presidente estadounidense James Monroe declaró que cualquier intento de potencias europeas por intervenir en América sería considerado una amenaza para Estados Unidos. La doctrina estableció una idea que marcaría la política exterior estadounidense durante casi dos siglos: el hemisferio occidental como área estratégica bajo la influencia de Washington. Con el tiempo, esa doctrina se utilizó para justificar múltiples intervenciones políticas, económicas e incluso militares en América Latina.

Hoy, más de doscientos años después, algunos analistas consideran que el “Escudo de las Américas” representa una actualización de esa lógica para el siglo XXI. Ahora se identifican tres factores principales: el poder creciente de los carteles de droga, las presiones migratorias hacia Estados Unidos y la expansión económica y tecnológica de China en América Latina.

Guatemala es uno de los pocos países del continente que no mantiene relaciones diplomáticas con China, sino con Taiwán, un aliado estratégico de Washington en su competencia global con Beijing. Pero la exclusión deja una señal clara: en el nuevo tablero geopolítico del hemisferio, no basta con compartir posiciones diplomáticas, también se requiere capacidad de acción estratégica.

Durante décadas, la política exterior estadounidense estuvo concentrada en Medio Oriente, Europa del Este o Asia-Pacífico. Hoy, sin embargo, Washington parece decidido a reorganizar alianzas más cercanas a su propio territorio. En ese contexto, la pregunta para Guatemala no es solo por qué no estuvo presente en la cumbre.

En esa línea, la ausencia de Guatemala en la cumbre abre una reflexión necesaria. Un país ubicado en el corazón del istmo centroamericano, clave en las rutas comerciales, migratorias y del narcotráfico, difícilmente puede permanecer al margen de una nueva arquitectura regional de seguridad.

La pregunta de fondo, entonces, no es únicamente por qué Guatemala no estuvo en la mesa. La verdadera cuestión es si el país tiene hoy la capacidad política, institucional y estratégica para convertirse en un socio relevante dentro del nuevo tablero hemisférico que comienza a configurarse. Porque en geopolítica no solo hablan las alianzas, también hablan y a veces con más fuerza las ausencias.

El “Escudo de las Américas” y la nueva doctrina hemisférica

Melanie Müllers |
11 de marzo, 2026
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La reciente cumbre Shield of the Americas Summit, convocada por Donald Trump podría convertirse en uno de los movimientos geopolíticos más importantes de Estados Unidos en el hemisferio en décadas. Presentada como una alianza regional para combatir el narcotráfico y el crimen organizado, la iniciativa tiene implicaciones mucho más profundas: apunta a redefinir el orden estratégico en América Latina.

Pero hay un detalle que no pasó desapercibido: Guatemala no fue invitada. La ausencia resulta llamativa si se considera que el país se encuentra en uno de los principales corredores del narcotráfico hacia Estados Unidos y en el centro de las rutas migratorias del continente. Si el objetivo de la iniciativa es combatir precisamente esos fenómenos, la exclusión de Guatemala plantea preguntas inevitables sobre los verdaderos criterios detrás de esta nueva coalición.

¿Qué es el “Escudo de las Américas”? El concepto impulsado por Trump busca crear una red de cooperación entre gobiernos aliados para enfrentar organizaciones criminales transnacionales. La propuesta incluye intercambio de inteligencia, coordinación entre fuerzas de seguridad y, según algunas declaraciones durante la cumbre, incluso la posibilidad de operaciones conjuntas contra carteles de droga considerados estructuras de “narco-terrorismo”.

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En términos estratégicos, el “Escudo de las Américas” parece formar parte de un movimiento mayor: el intento de Washington de reconstruir su esfera de influencia en el hemisferio frente a nuevos actores globales.

Durante la cumbre, algunos analistas mencionaron lo que han llamado el “corolario Trump” a la histórica Monroe Doctrine.

Para entender el significado de esta referencia, hay que remontarse a 1823, cuando el presidente estadounidense James Monroe declaró que cualquier intento de potencias europeas por intervenir en América sería considerado una amenaza para Estados Unidos. La doctrina estableció una idea que marcaría la política exterior estadounidense durante casi dos siglos: el hemisferio occidental como área estratégica bajo la influencia de Washington. Con el tiempo, esa doctrina se utilizó para justificar múltiples intervenciones políticas, económicas e incluso militares en América Latina.

Hoy, más de doscientos años después, algunos analistas consideran que el “Escudo de las Américas” representa una actualización de esa lógica para el siglo XXI. Ahora se identifican tres factores principales: el poder creciente de los carteles de droga, las presiones migratorias hacia Estados Unidos y la expansión económica y tecnológica de China en América Latina.

Guatemala es uno de los pocos países del continente que no mantiene relaciones diplomáticas con China, sino con Taiwán, un aliado estratégico de Washington en su competencia global con Beijing. Pero la exclusión deja una señal clara: en el nuevo tablero geopolítico del hemisferio, no basta con compartir posiciones diplomáticas, también se requiere capacidad de acción estratégica.

Durante décadas, la política exterior estadounidense estuvo concentrada en Medio Oriente, Europa del Este o Asia-Pacífico. Hoy, sin embargo, Washington parece decidido a reorganizar alianzas más cercanas a su propio territorio. En ese contexto, la pregunta para Guatemala no es solo por qué no estuvo presente en la cumbre.

En esa línea, la ausencia de Guatemala en la cumbre abre una reflexión necesaria. Un país ubicado en el corazón del istmo centroamericano, clave en las rutas comerciales, migratorias y del narcotráfico, difícilmente puede permanecer al margen de una nueva arquitectura regional de seguridad.

La pregunta de fondo, entonces, no es únicamente por qué Guatemala no estuvo en la mesa. La verdadera cuestión es si el país tiene hoy la capacidad política, institucional y estratégica para convertirse en un socio relevante dentro del nuevo tablero hemisférico que comienza a configurarse. Porque en geopolítica no solo hablan las alianzas, también hablan y a veces con más fuerza las ausencias.

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