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Democracia, el Caballo de Troya moderno

.
Warren Orbaugh |
18 de mayo, 2026

Ya en numerosos artículos anteriores he denunciado a la ‘democracia’ como un terrible sistema de gobierno para un Estado. Comparten mi opinión destacados pensadores como Solón, Sócrates, Platón, Aristóteles, John Locke, Adam Smith, Thomas Jeffferson, James Madison, Benjamín Franklin, John Adams, Immanuel Kant, Friedrich Hayek, y Ayn Rand. Todos han identificado y acusado al sistema democrático de ser despótico. Un sistema despótico es aquel en el que el soberano, en este caso la mayoría, está por encima de la ley. De hecho, la ‘voz del pueblo’ es la ley. En pocas palabras es el gobierno de pandillas donde la más fuerte prevalece.

Las asociaciones políticas surgen por el interés propio de cada asociado de florecer mediante cooperar negociando gracias a la división del trabajo y el intercambio de bienes y servicios. Por ello, se basan en el principio ético de tratarse mutuamente como fines en sí mismos, no simplemente como medios para los fines de otros. Este principio moral se llama “derechos individuales”, que habilitan a cada persona a tomar decisiones sobre su vida y sus propiedades, sin estar sujetos a la voluntad arbitraria de otros, para prosperar y llevar una existencia plena. Los miembros de estas asociaciones, buscando la concordia, deben respetar esta libertad entre sí. Para defenderse de quienes intenten transgredir estos derechos, descubren y establecen reglas generales y abstractas, aplicables a todos, además de crear un gobierno con instituciones como juzgados, fiscalías, cuerpos policiales y ejército para hacer cumplir dichas normas. Asimismo, redactan una constitución o contrato social que delimita el poder gubernamental, asegurando que no se vulneren los derechos ciudadanos. Esta forma de organización política constitucional y contractual, en el que nadie está por encima de la ley, es lo recomendado por los pensadore mencionados arriba y se denomina “Estado de Derecho” o “República” o “Commonwealth” o “Rule of Law” o “Nomocracia”.El Estado de Derecho se caracteriza por un modelo de orden político donde la autoridad suprema reside en normas generales, abstractas e impersonales, en lugar de en individuos. En este contexto, el ejercicio del poder se encuentra limitado y sujeto a reglas que se aplican de manera uniforme a toda la ciudadanía, incluyendo a quienes gobiernan. Y la única función legítima del gobierno es proteger los derechos de sus ciudadanos.

La democracia no ve a la persona como un fin en sí misma, sino meramente como un medio para ser usado en el interés de la mayoría. Por ende, no se basa en el respeto de los derechos individuales a los que no reconoce. Llama ‘derechos’ a los intereses colectivos de distintas facciones y usan la fuerza para que prevalezcan los privilegios de ‘su grupo’. Por eso, los demócratas no consideran que la función del gobierno es proteger los derechos individuales de sus ciudadanos, sino distribuir los bienes que estos producen según su criterio, dando origen al Estado de Bienestar. Y es esta característica la que vende el sistema a las masas que no pueden ver las consecuencias de este.

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Los enemigos de occidente han sabido encontrar y explotar las debilidades del sistema. Han utilizado la ‘democracia’ como arma de guerra, como un ‘caballo de troya’ para conquistar, derrotar y dominar a los países democráticos europeos. Con la ayuda de la izquierda socialdemócrata, los guerreros del islam se han infiltrado en Europa, pidiendo asilo, creando comunidades cada vez más numerosas. Han entendido que el poder está en el número. Los musulmanes en Europa han pasado de ser 500,000 en el 2000 a 50,000,000 hoy. Por medio del voto han escalado puestos en los gobiernos de los países huéspedes. Han impuesto sus reglas, sin importar si violan los derechos de otros ciudadanos, como prohibir la carne de cerdo en el menú infantil de varias escuelas, prohibir a los perros en las calles de diversas zonas, censura, etc. Ahora quieren imponer la sharía o ley islámica. Gracias a la democracia, dentro de pocos años la cultura occidental europea dejará de existir, como pasó con Irán.

¿A dónde se irán los descendientes de Roma, de Germania, Hispania, Galia y Britania? ¿Habrá unas cruzadas modernas? ¿Se dará otra vez guerras para expulsar a los moros? ¿Se abandonará la democracia y reinstalará el Estado de Derecho, el régimen de leyes legítimas orientadas a proteger los derechos individuales? ¿Se hará respetar el principio de que cada persona es un fin en sí misma?

Ciertamente vivimos tiempos interesantes. Por de pronto, este fin de semana pasado, el 16 de mayo, los habitantes celta-sajón-normandos de Gran Bretaña manifestaron masivamente su oposición a ser reemplazados por los invasores del islam. A los británicos no les queda mucho tiempo. A ver si Keir Starmer escucha a su pueblo.

Para preservar a occidente, la democracia debe ser reemplazada por la república o Estado de Derecho.

Democracia, el Caballo de Troya moderno

Warren Orbaugh |
18 de mayo, 2026
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Ya en numerosos artículos anteriores he denunciado a la ‘democracia’ como un terrible sistema de gobierno para un Estado. Comparten mi opinión destacados pensadores como Solón, Sócrates, Platón, Aristóteles, John Locke, Adam Smith, Thomas Jeffferson, James Madison, Benjamín Franklin, John Adams, Immanuel Kant, Friedrich Hayek, y Ayn Rand. Todos han identificado y acusado al sistema democrático de ser despótico. Un sistema despótico es aquel en el que el soberano, en este caso la mayoría, está por encima de la ley. De hecho, la ‘voz del pueblo’ es la ley. En pocas palabras es el gobierno de pandillas donde la más fuerte prevalece.

Las asociaciones políticas surgen por el interés propio de cada asociado de florecer mediante cooperar negociando gracias a la división del trabajo y el intercambio de bienes y servicios. Por ello, se basan en el principio ético de tratarse mutuamente como fines en sí mismos, no simplemente como medios para los fines de otros. Este principio moral se llama “derechos individuales”, que habilitan a cada persona a tomar decisiones sobre su vida y sus propiedades, sin estar sujetos a la voluntad arbitraria de otros, para prosperar y llevar una existencia plena. Los miembros de estas asociaciones, buscando la concordia, deben respetar esta libertad entre sí. Para defenderse de quienes intenten transgredir estos derechos, descubren y establecen reglas generales y abstractas, aplicables a todos, además de crear un gobierno con instituciones como juzgados, fiscalías, cuerpos policiales y ejército para hacer cumplir dichas normas. Asimismo, redactan una constitución o contrato social que delimita el poder gubernamental, asegurando que no se vulneren los derechos ciudadanos. Esta forma de organización política constitucional y contractual, en el que nadie está por encima de la ley, es lo recomendado por los pensadore mencionados arriba y se denomina “Estado de Derecho” o “República” o “Commonwealth” o “Rule of Law” o “Nomocracia”.El Estado de Derecho se caracteriza por un modelo de orden político donde la autoridad suprema reside en normas generales, abstractas e impersonales, en lugar de en individuos. En este contexto, el ejercicio del poder se encuentra limitado y sujeto a reglas que se aplican de manera uniforme a toda la ciudadanía, incluyendo a quienes gobiernan. Y la única función legítima del gobierno es proteger los derechos de sus ciudadanos.

La democracia no ve a la persona como un fin en sí misma, sino meramente como un medio para ser usado en el interés de la mayoría. Por ende, no se basa en el respeto de los derechos individuales a los que no reconoce. Llama ‘derechos’ a los intereses colectivos de distintas facciones y usan la fuerza para que prevalezcan los privilegios de ‘su grupo’. Por eso, los demócratas no consideran que la función del gobierno es proteger los derechos individuales de sus ciudadanos, sino distribuir los bienes que estos producen según su criterio, dando origen al Estado de Bienestar. Y es esta característica la que vende el sistema a las masas que no pueden ver las consecuencias de este.

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Los enemigos de occidente han sabido encontrar y explotar las debilidades del sistema. Han utilizado la ‘democracia’ como arma de guerra, como un ‘caballo de troya’ para conquistar, derrotar y dominar a los países democráticos europeos. Con la ayuda de la izquierda socialdemócrata, los guerreros del islam se han infiltrado en Europa, pidiendo asilo, creando comunidades cada vez más numerosas. Han entendido que el poder está en el número. Los musulmanes en Europa han pasado de ser 500,000 en el 2000 a 50,000,000 hoy. Por medio del voto han escalado puestos en los gobiernos de los países huéspedes. Han impuesto sus reglas, sin importar si violan los derechos de otros ciudadanos, como prohibir la carne de cerdo en el menú infantil de varias escuelas, prohibir a los perros en las calles de diversas zonas, censura, etc. Ahora quieren imponer la sharía o ley islámica. Gracias a la democracia, dentro de pocos años la cultura occidental europea dejará de existir, como pasó con Irán.

¿A dónde se irán los descendientes de Roma, de Germania, Hispania, Galia y Britania? ¿Habrá unas cruzadas modernas? ¿Se dará otra vez guerras para expulsar a los moros? ¿Se abandonará la democracia y reinstalará el Estado de Derecho, el régimen de leyes legítimas orientadas a proteger los derechos individuales? ¿Se hará respetar el principio de que cada persona es un fin en sí misma?

Ciertamente vivimos tiempos interesantes. Por de pronto, este fin de semana pasado, el 16 de mayo, los habitantes celta-sajón-normandos de Gran Bretaña manifestaron masivamente su oposición a ser reemplazados por los invasores del islam. A los británicos no les queda mucho tiempo. A ver si Keir Starmer escucha a su pueblo.

Para preservar a occidente, la democracia debe ser reemplazada por la república o Estado de Derecho.

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