El arte es la excelencia o virtuosismo en la técnica de producir cosas contingentes aplicando con maestría y lógica sin contradicciones el conocimiento teórico. Cuando lo producido es una imagen mimética, como en una pintura, escultura, música, danza, teatro, literatura, etc., se llama Arte Eikónico. Generalmente la teoría detrás de la imagen es una visión del mundo, un ‘Weltanschauung’, una concepción filosófica de cómo debe ser el hombre. Rand comparte con Kant una visión de cómo debe ser el hombre en términos teóricos, pero como ella es una artista, crea una imagen concreta en acción de este ideal, para que sus lectores puedan verlo perceptualmente, como si fuera un hombre real que pueden conocer.
La coincidencia con Immanuel Kant se ve en el tema de El Manantial donde Rand hace visible en imágenes poéticas la teoría descrita por Kant en su ensayo ¿Qué es la Ilustración? En éste Kant urge a sus lectores a que se atrevan a pensar por sí mismos y a abandonar el tutelaje de otros:
«Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su entendimiento sin verse guiado por algún otro. Uno mismo es el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía del de algún otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor para servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la ilustración.»
Rand compara a lo largo de la novela a Roark, el pensador independiente, con Keating, quien no tiene el valor de pensar por sí mismo y necesita del tutelaje de otro:
«“Vamos”, dijo Roark, “no me tienes miedo, ¿verdad? ¿Qué quieres preguntar?”
“Se trata de mi beca. El premio de París que obtuve.”
“¿Sí?”
“Es por cuatro años. Pero, por otro lado, Guy Francon me ofreció un trabajo con él hace algún tiempo. Hoy dijo que todavía está disponible. Y no sé cuál tomar.”
Roark lo miró; los dedos de Roark se movieron en una lenta rotación, golpeando contra los escalones.
“Si quieres mi consejo”, Peter, dijo al fin, “ya has cometido un error. Al preguntarme. Al preguntarle a cualquiera. Nunca preguntes a la gente. No sobre tu trabajo. ¿No sabes lo que quieres? ¿Cómo puedes soportarlo, no saber?”
“Ves, eso es lo que admiro de ti, Howard. Tu siempre sabes.”
“Deja de hacer cumplidos.”
“Pero lo digo en serio. ¿Cómo siempre logras decidir?”
“¿Cómo puedes dejar que otros decidan por ti?”»
También coincide Rand con Kant en la idea de que el hombre es un fin en sí mismo y no meramente un medio para el uso de otros y de que, por tanto, los derechos individuales son inviolables, sin importar las necesidades de quienes pretenden vulnerarlos.
«Ambos, el amor a los seres humanos y el respeto por el derecho de los seres humanos son deber; el primero es, sin embargo, deber condicionado, y el segundo, por el contrario, incondicionado, deber que ordena absolutamente, el cual, quien quiera abandonarse al dulce sentimiento de la beneficencia, tiene primero que haberse cerciorado completamente de no haberlo transgredido.» [Immanuel Kant. “Anexo II. De la unanimidad de la política con la moral”, Hacia la paz perpetua.]
Rand ilustra estos principios en El Manantial, especialmente en el discurso de Roark ante el jurado en el juicio de Cortland. Cuando los desarrolladores del proyecto gubernamental se niegan a pagarle por su diseño argumentando que el beneficio de muchos justifica el sacrificio de uno, Roark decide dinamitar la obra para defender su derecho de propiedad evitando ser usado meramente como un medio:
« “Ahora saben por qué dinamité Cortland… Se dice que destruí el hogar de los desposeídos. Se olvida que si no fuera por mí los desposeídos no podrían tener este hogar… Se cree que la pobreza de los futuros inquilinos le da derecho a mi trabajo. Que su necesidad constituye un derecho sobre mi vida. Que era mi deber contribuir con cualquier cosa que se demandara de mí. Este es el credo de los que viven de segunda mano que está engullendo al mundo… Vine aquí a decir que no reconozco el derecho de ninguno sobre un minuto de mi vida. Ni sobre una parte de mi energía. Ni sobre ningún logro mío. No importa quién lo demande, ni que tan grande sea su número ni que tanta sea su necesidad… Quise venir aquí y decir que soy un hombre que no existe para otros…Quise venir aquí para establecer mis términos. No deseo existir en base a ningunos otros.”»
El Arte Eikónico conforma pues, una teoría abstracta en una imagen poética concreta, sensual, que lleva al nivel perceptual de la consciencia del observador abstracciones complejas sobre la existencia y conducta, permitiéndole captarlos directamente como hechos concretos de la realidad. Esta imagen concreta se vuelve un modelo para que el espectador dirija su comportamiento como si su existencia fuera una obra de arte
El arte es la excelencia o virtuosismo en la técnica de producir cosas contingentes aplicando con maestría y lógica sin contradicciones el conocimiento teórico. Cuando lo producido es una imagen mimética, como en una pintura, escultura, música, danza, teatro, literatura, etc., se llama Arte Eikónico. Generalmente la teoría detrás de la imagen es una visión del mundo, un ‘Weltanschauung’, una concepción filosófica de cómo debe ser el hombre. Rand comparte con Kant una visión de cómo debe ser el hombre en términos teóricos, pero como ella es una artista, crea una imagen concreta en acción de este ideal, para que sus lectores puedan verlo perceptualmente, como si fuera un hombre real que pueden conocer.
La coincidencia con Immanuel Kant se ve en el tema de El Manantial donde Rand hace visible en imágenes poéticas la teoría descrita por Kant en su ensayo ¿Qué es la Ilustración? En éste Kant urge a sus lectores a que se atrevan a pensar por sí mismos y a abandonar el tutelaje de otros:
«Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su entendimiento sin verse guiado por algún otro. Uno mismo es el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía del de algún otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor para servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la ilustración.»
Rand compara a lo largo de la novela a Roark, el pensador independiente, con Keating, quien no tiene el valor de pensar por sí mismo y necesita del tutelaje de otro:
«“Vamos”, dijo Roark, “no me tienes miedo, ¿verdad? ¿Qué quieres preguntar?”
“Se trata de mi beca. El premio de París que obtuve.”
“¿Sí?”
“Es por cuatro años. Pero, por otro lado, Guy Francon me ofreció un trabajo con él hace algún tiempo. Hoy dijo que todavía está disponible. Y no sé cuál tomar.”
Roark lo miró; los dedos de Roark se movieron en una lenta rotación, golpeando contra los escalones.
“Si quieres mi consejo”, Peter, dijo al fin, “ya has cometido un error. Al preguntarme. Al preguntarle a cualquiera. Nunca preguntes a la gente. No sobre tu trabajo. ¿No sabes lo que quieres? ¿Cómo puedes soportarlo, no saber?”
“Ves, eso es lo que admiro de ti, Howard. Tu siempre sabes.”
“Deja de hacer cumplidos.”
“Pero lo digo en serio. ¿Cómo siempre logras decidir?”
“¿Cómo puedes dejar que otros decidan por ti?”»
También coincide Rand con Kant en la idea de que el hombre es un fin en sí mismo y no meramente un medio para el uso de otros y de que, por tanto, los derechos individuales son inviolables, sin importar las necesidades de quienes pretenden vulnerarlos.
«Ambos, el amor a los seres humanos y el respeto por el derecho de los seres humanos son deber; el primero es, sin embargo, deber condicionado, y el segundo, por el contrario, incondicionado, deber que ordena absolutamente, el cual, quien quiera abandonarse al dulce sentimiento de la beneficencia, tiene primero que haberse cerciorado completamente de no haberlo transgredido.» [Immanuel Kant. “Anexo II. De la unanimidad de la política con la moral”, Hacia la paz perpetua.]
Rand ilustra estos principios en El Manantial, especialmente en el discurso de Roark ante el jurado en el juicio de Cortland. Cuando los desarrolladores del proyecto gubernamental se niegan a pagarle por su diseño argumentando que el beneficio de muchos justifica el sacrificio de uno, Roark decide dinamitar la obra para defender su derecho de propiedad evitando ser usado meramente como un medio:
« “Ahora saben por qué dinamité Cortland… Se dice que destruí el hogar de los desposeídos. Se olvida que si no fuera por mí los desposeídos no podrían tener este hogar… Se cree que la pobreza de los futuros inquilinos le da derecho a mi trabajo. Que su necesidad constituye un derecho sobre mi vida. Que era mi deber contribuir con cualquier cosa que se demandara de mí. Este es el credo de los que viven de segunda mano que está engullendo al mundo… Vine aquí a decir que no reconozco el derecho de ninguno sobre un minuto de mi vida. Ni sobre una parte de mi energía. Ni sobre ningún logro mío. No importa quién lo demande, ni que tan grande sea su número ni que tanta sea su necesidad… Quise venir aquí y decir que soy un hombre que no existe para otros…Quise venir aquí para establecer mis términos. No deseo existir en base a ningunos otros.”»
El Arte Eikónico conforma pues, una teoría abstracta en una imagen poética concreta, sensual, que lleva al nivel perceptual de la consciencia del observador abstracciones complejas sobre la existencia y conducta, permitiéndole captarlos directamente como hechos concretos de la realidad. Esta imagen concreta se vuelve un modelo para que el espectador dirija su comportamiento como si su existencia fuera una obra de arte
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: