Por: Gerardo Aue, Socio, McKinsey & Company
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa. Y dejó de serlo hace meses, quizá años, porque se convirtió, principalmente, en un terreno de ejecución, de creatividad, de innovación y de disrupción estructural para las empresas. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones aún transitan la etapa de la experimentación.
El más reciente informe de McKinsey sobre la IA (The State of AI in 2025: Agents, Innovation, and Transformation, disponible en su sitio web) afirma que nueve de cada diez empresas ya usan alguna forma de IA, pero dos tercios no han logrado escalarla a nivel corporativo.
Este hallazgo resume el estado actual. Estamos ante una tecnología omnipresente en los discursos, pero todavía en búsqueda de impacto tangible en los resultados empresariales.
La era de los agentes y el desafío de la escala
El concepto más disruptivo de 2025 son los agentes de IA y se manejan como sistemas capaces de planificar, ejecutar tareas y tomar decisiones en entornos reales. El 62 % de las organizaciones ya experimenta con ellos y un 23 % ha comenzado a escalar algún proyecto. Sin embargo, la adopción plena sigue siendo marginal: en ningún área de negocio, más del 10 % de las empresas afirma tener agentes totalmente desplegados.
Los primeros avances se concentran en tecnología, medios, telecomunicaciones y salud. En estos sectores, los agentes se integran a funciones de TI, gestión del conocimiento o atención al cliente. Este avance, aunque aún limitado, anticipa una nueva ola de automatización profunda. Dicho de otra forma, el potencial es enorme, pero hacer que los agentes funcionen bien requiere un trabajo arduo; no basta con entusiasmo ni inversión.
Innovación antes que eficiencia
Alrededor del 64 % de los ejecutivos perciben que la IA impulsa la innovación y que casi la mitad observa mejoras en la satisfacción de clientes y la diferenciación competitiva. Sin embargo, solo el 39 % reporta un impacto real en su EBIT. Esta brecha entre beneficios cualitativos y resultados financieros cuantificables define la paradoja actual basada en que la IA inspira transformación, pero aún no transforma los balances.
Los casos con mejores retornos se concentran en marketing y ventas, estrategia corporativa y desarrollo de productos, donde las organizaciones logran aumentos de ingresos superiores al 10 %. En contraste, los ahorros de costos provienen principalmente de funciones como ingeniería de software, manufactura y TI.
La anatomía del alto desempeño
Apenas 6% de las empresas encuestadas en el informe se considera high performer, es decir, que atribuyen más del 5% de su EBIT a la IA y perciben un valor significativo de su uso. Este dato es relevante y revela que lo que las distingue es la ambición sobre la tecnología. Tres de cada cuatro de estas empresas afirman que su objetivo con la IA es transformar el negocio completo, y no necesariamente obtener mejoras incrementales.
Las organizaciones que logran resultados sobresalientes con la inteligencia artificial comparten tres rasgos decisivos: rediseñan sus flujos de trabajo, orientan su estrategia hacia la innovación y el crecimiento, y cuentan con un liderazgo plenamente comprometido.
Además, las compañías que reportan resultados sobresalientes en IA comparten una arquitectura organizacional coherente. Existen seis dimensiones que explican su éxito, las cuales son la estrategia, el talento, modelo operativo, tecnología, datos y la adopción a escala. En la práctica, esto se traduce en tener procesos definidos para validar los resultados de los modelos (human in the loop), infraestructuras tecnológicas actualizadas, hojas de ruta alineadas con la estrategia global y equipos ágiles capaces de entregar productos iterativos. Más de un tercio de las empresas líderes destina más del 20% de su presupuesto digital a iniciativas de IA, casi cinco veces más que el resto.
Por lo mismo, Bryce Hall, socio de McKinsey en Washington D. C., destaca un punto esencial. La inteligencia híbrida (la combinación de capacidades humanas y artificiales) es lo que genera verdadero valor. Los líderes han comprendido que la IA amplifica la experiencia humana, y no necesariamente la reduce, como se llega a pensar.
El trabajo en transición
La expansión de la IA está modificando el panorama laboral, aunque aún no de manera definitiva. Un tercio de las organizaciones espera una reducción en su plantilla durante el próximo año, mientras que un 13 % prevé aumentos. Pese a ello, la demanda de talento especializado crece. Las grandes empresas están contratando ingenieros de datos, especialistas y expertos en ética de la IA. Estos roles serán probablemente cruciales para “industrializar los datos” y asegurar que las soluciones puedan escalarse con confianza.
Por otro lado, las empresas se mueven a un aumento en los esfuerzos por mitigar riesgos. En 2022 las organizaciones gestionaban, en promedio, dos riesgos asociados
a la IA; en 2025, el promedio asciende a cuatro. La mitad de las compañías ha experimentado consecuencias negativas (principalmente inexactitudes o fallas en la explicación de los modelos), lo que las ha llevado a fortalecer la gobernanza y los controles. Paradójicamente, los high performers son quienes reportan más incidentes.
Un punto de inflexión
A tres años del auge de la inteligencia artificial generativa, el mundo corporativo parece dividirse entre quienes experimentan y quienes transforman. El informe de McKinsey muestra que la IA ya es ubicua, pero el valor sigue concentrado en una minoría de compañías que la tratan como un pilar estratégico.
Para los líderes empresariales de América Latina, el mensaje es claro. La ventaja competitiva no se obtendrá por adoptar herramientas más rápido. La clave está en integrarlas de manera estructural, con visión de futuro, talento capacitado y liderazgo comprometido. La oportunidad es inmensa y aprovecharla pasa por dejar de usar la IA para “hacer mejor lo mismo” y usarla para “hacer cosas completamente nuevas”.
Por: Gerardo Aue, Socio, McKinsey & Company
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa. Y dejó de serlo hace meses, quizá años, porque se convirtió, principalmente, en un terreno de ejecución, de creatividad, de innovación y de disrupción estructural para las empresas. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones aún transitan la etapa de la experimentación.
El más reciente informe de McKinsey sobre la IA (The State of AI in 2025: Agents, Innovation, and Transformation, disponible en su sitio web) afirma que nueve de cada diez empresas ya usan alguna forma de IA, pero dos tercios no han logrado escalarla a nivel corporativo.
Este hallazgo resume el estado actual. Estamos ante una tecnología omnipresente en los discursos, pero todavía en búsqueda de impacto tangible en los resultados empresariales.
La era de los agentes y el desafío de la escala
El concepto más disruptivo de 2025 son los agentes de IA y se manejan como sistemas capaces de planificar, ejecutar tareas y tomar decisiones en entornos reales. El 62 % de las organizaciones ya experimenta con ellos y un 23 % ha comenzado a escalar algún proyecto. Sin embargo, la adopción plena sigue siendo marginal: en ningún área de negocio, más del 10 % de las empresas afirma tener agentes totalmente desplegados.
Los primeros avances se concentran en tecnología, medios, telecomunicaciones y salud. En estos sectores, los agentes se integran a funciones de TI, gestión del conocimiento o atención al cliente. Este avance, aunque aún limitado, anticipa una nueva ola de automatización profunda. Dicho de otra forma, el potencial es enorme, pero hacer que los agentes funcionen bien requiere un trabajo arduo; no basta con entusiasmo ni inversión.
Innovación antes que eficiencia
Alrededor del 64 % de los ejecutivos perciben que la IA impulsa la innovación y que casi la mitad observa mejoras en la satisfacción de clientes y la diferenciación competitiva. Sin embargo, solo el 39 % reporta un impacto real en su EBIT. Esta brecha entre beneficios cualitativos y resultados financieros cuantificables define la paradoja actual basada en que la IA inspira transformación, pero aún no transforma los balances.
Los casos con mejores retornos se concentran en marketing y ventas, estrategia corporativa y desarrollo de productos, donde las organizaciones logran aumentos de ingresos superiores al 10 %. En contraste, los ahorros de costos provienen principalmente de funciones como ingeniería de software, manufactura y TI.
La anatomía del alto desempeño
Apenas 6% de las empresas encuestadas en el informe se considera high performer, es decir, que atribuyen más del 5% de su EBIT a la IA y perciben un valor significativo de su uso. Este dato es relevante y revela que lo que las distingue es la ambición sobre la tecnología. Tres de cada cuatro de estas empresas afirman que su objetivo con la IA es transformar el negocio completo, y no necesariamente obtener mejoras incrementales.
Las organizaciones que logran resultados sobresalientes con la inteligencia artificial comparten tres rasgos decisivos: rediseñan sus flujos de trabajo, orientan su estrategia hacia la innovación y el crecimiento, y cuentan con un liderazgo plenamente comprometido.
Además, las compañías que reportan resultados sobresalientes en IA comparten una arquitectura organizacional coherente. Existen seis dimensiones que explican su éxito, las cuales son la estrategia, el talento, modelo operativo, tecnología, datos y la adopción a escala. En la práctica, esto se traduce en tener procesos definidos para validar los resultados de los modelos (human in the loop), infraestructuras tecnológicas actualizadas, hojas de ruta alineadas con la estrategia global y equipos ágiles capaces de entregar productos iterativos. Más de un tercio de las empresas líderes destina más del 20% de su presupuesto digital a iniciativas de IA, casi cinco veces más que el resto.
Por lo mismo, Bryce Hall, socio de McKinsey en Washington D. C., destaca un punto esencial. La inteligencia híbrida (la combinación de capacidades humanas y artificiales) es lo que genera verdadero valor. Los líderes han comprendido que la IA amplifica la experiencia humana, y no necesariamente la reduce, como se llega a pensar.
El trabajo en transición
La expansión de la IA está modificando el panorama laboral, aunque aún no de manera definitiva. Un tercio de las organizaciones espera una reducción en su plantilla durante el próximo año, mientras que un 13 % prevé aumentos. Pese a ello, la demanda de talento especializado crece. Las grandes empresas están contratando ingenieros de datos, especialistas y expertos en ética de la IA. Estos roles serán probablemente cruciales para “industrializar los datos” y asegurar que las soluciones puedan escalarse con confianza.
Por otro lado, las empresas se mueven a un aumento en los esfuerzos por mitigar riesgos. En 2022 las organizaciones gestionaban, en promedio, dos riesgos asociados
a la IA; en 2025, el promedio asciende a cuatro. La mitad de las compañías ha experimentado consecuencias negativas (principalmente inexactitudes o fallas en la explicación de los modelos), lo que las ha llevado a fortalecer la gobernanza y los controles. Paradójicamente, los high performers son quienes reportan más incidentes.
Un punto de inflexión
A tres años del auge de la inteligencia artificial generativa, el mundo corporativo parece dividirse entre quienes experimentan y quienes transforman. El informe de McKinsey muestra que la IA ya es ubicua, pero el valor sigue concentrado en una minoría de compañías que la tratan como un pilar estratégico.
Para los líderes empresariales de América Latina, el mensaje es claro. La ventaja competitiva no se obtendrá por adoptar herramientas más rápido. La clave está en integrarlas de manera estructural, con visión de futuro, talento capacitado y liderazgo comprometido. La oportunidad es inmensa y aprovecharla pasa por dejar de usar la IA para “hacer mejor lo mismo” y usarla para “hacer cosas completamente nuevas”.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: