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41 años con la misma infraestructura.

¿Corrupción o Incompetencia?

.
Amilcar R. Álvarez |
16 de abril, 2026

Uno de mis paseos favoritos cuando era niño era ir a la playa. Mis papás solían llevarnos casi todos los años a mis hermanas y a mí a Likin. El viaje empezaba cuando salíamos de madrugada en el Land Rover y mi mamá nos llevaba comida para el camino. Para mí todo era aventura, pero lo más emocionante era cruzar el canal de Chiquimulilla en ferry. En mi mente de niño, el canal era súper profundo y yo disfrutaba navegar entre los manglares, donde siempre esperé ver un cocodrilo que nunca apareció.

Guardo recuerdos muy lindos de Likin. Construir castillos de arena en la playa, mi mamá nos aplicaba Coopertone IV que era la máxima protección. Había dos piscinas de agua salada y una de agua dulce, el restaurante que estaba entre la playa y las piscinas era el escenario en las noches donde íbamos a jugar dominó y cartas; Manotazo, Uno, y, solo los más grandes, Póker. Siempre me gustó el mar. Pero en los últimos años que visitamos el lugar, las cosas habían cambiado. El mar era cada vez más fuerte hasta llegar al punto en que Likin quedó completamente destruido.

Años después entendí que la construcción de Puerto Quetzal alteró el comportamiento de la costa para siempre. De un lado, el mar se retiró y del otro, avanzó hasta borrar por completo ese lugar donde viví tantos momentos felices. Puerto Quetzal fue inaugurado el 18 de marzo de 1983, aunque su construcción terminó en 1985. Fue diseñado para mover aproximadamente 1.2 millones de toneladas al año y hoy mueve cerca de 15 millones. Es decir, más de diez veces su capacidad original.

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El puerto ha sufrido daños en su rompeolas, dejó de dragarse por mucho tiempo y estuvo cerca del colapso, al punto de que los barcos solo podían ingresar con marea alta. Lo que en los años 80 fue una obra que colocó a Guatemala a la vanguardia en Centroamérica, hoy es un monumento a la corrupción e incompetencia. Han pasado 12 presidentes desde Vinicio Cerezo hasta Bernardo Arévalo, y ninguno ha resuelto el problema de Puerto Quetzal. Esto evidencia la incapacidad y la corrupción de nuestros gobiernos.

El problema de Guatemala es más profundo. No solo no se ha modernizado el puerto, tampoco se ha construido otro. Desde la construcción de la hidroeléctrica de Chixoy, Guatemala no ha desarrollado infraestructura de gran escala que transforme el país. Entre 1976, después del terremoto, y 1985, antes de la “era democrática”, en menos de 9 años, se construyeron obras que hasta hoy sostienen al país como Puerto Quetzal, el puente de Río Dulce, la hidroeléctrica de Chixoy, el Hospital San Juan de Dios, entre otras más.

Han pasado más de 40 años en los que ha habido 12 presidentes, y todavía dependemos de esa misma infraestructura. A este paso van a empezar a decir que si no será mejor que nos vuelvan a gobernar los militares. Esa es la verdadera tragedia: un país que dejó de construir, que dejó de pensar en grande y que se conformó con administrar el deterioro porque es mejor negocio no resolver los problemas. Viajar por la carretera de Escuintla hacia Puerto Quetzal daba pena porque el abandono fue evidente y prolongado, para poder alimentar el argumento de su privatización.

Pareciera que lo mismo quieren hacer con el aeropuerto, se está deteriorando a tal punto que va a parecer que la única salida sea privatizarlo. Recuerdo presenciar un debate sobre si las carreteras debían ser públicas o privadas, y alguien dijo algo que dejó a todos en silencio: “¡el Autobahn en Alemania, una de las autopistas más eficientes del mundo, es pública!”. El problema es la incapacidad de nuestros gobiernos para hacer bien las cosas cuando hay otros países, incluso en Latinoamérica, que están demostrando que sí se puede. La incapacidad de planificar, ejecutar, mantener lo que ya existe y seguir construyendo nuevos proyectos es una vergüenza nacional.

Es inaceptable que un presidente se excuse diciendo que no puede resolver nada por culpa de los gobiernos anteriores. ¿Qué es peor, la corrupción o la incompetencia? Yo creo que ambas. Por eso deberían tener la misma pena. Cuatro décadas de “era democrática” en las que no ha habido un megaproyecto nuevo. Cada cuatro años creemos que tocamos fondo, pero cuando llega un nuevo gobierno vemos que aún no. ¿Seguiremos viviendo 40 años más con el mismo aeropuerto, los mismos puertos, los mismos puentes y el mismo Estadio Nacional?

 

 

41 años con la misma infraestructura.

¿Corrupción o Incompetencia?

Amilcar R. Álvarez |
16 de abril, 2026
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Uno de mis paseos favoritos cuando era niño era ir a la playa. Mis papás solían llevarnos casi todos los años a mis hermanas y a mí a Likin. El viaje empezaba cuando salíamos de madrugada en el Land Rover y mi mamá nos llevaba comida para el camino. Para mí todo era aventura, pero lo más emocionante era cruzar el canal de Chiquimulilla en ferry. En mi mente de niño, el canal era súper profundo y yo disfrutaba navegar entre los manglares, donde siempre esperé ver un cocodrilo que nunca apareció.

Guardo recuerdos muy lindos de Likin. Construir castillos de arena en la playa, mi mamá nos aplicaba Coopertone IV que era la máxima protección. Había dos piscinas de agua salada y una de agua dulce, el restaurante que estaba entre la playa y las piscinas era el escenario en las noches donde íbamos a jugar dominó y cartas; Manotazo, Uno, y, solo los más grandes, Póker. Siempre me gustó el mar. Pero en los últimos años que visitamos el lugar, las cosas habían cambiado. El mar era cada vez más fuerte hasta llegar al punto en que Likin quedó completamente destruido.

Años después entendí que la construcción de Puerto Quetzal alteró el comportamiento de la costa para siempre. De un lado, el mar se retiró y del otro, avanzó hasta borrar por completo ese lugar donde viví tantos momentos felices. Puerto Quetzal fue inaugurado el 18 de marzo de 1983, aunque su construcción terminó en 1985. Fue diseñado para mover aproximadamente 1.2 millones de toneladas al año y hoy mueve cerca de 15 millones. Es decir, más de diez veces su capacidad original.

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El puerto ha sufrido daños en su rompeolas, dejó de dragarse por mucho tiempo y estuvo cerca del colapso, al punto de que los barcos solo podían ingresar con marea alta. Lo que en los años 80 fue una obra que colocó a Guatemala a la vanguardia en Centroamérica, hoy es un monumento a la corrupción e incompetencia. Han pasado 12 presidentes desde Vinicio Cerezo hasta Bernardo Arévalo, y ninguno ha resuelto el problema de Puerto Quetzal. Esto evidencia la incapacidad y la corrupción de nuestros gobiernos.

El problema de Guatemala es más profundo. No solo no se ha modernizado el puerto, tampoco se ha construido otro. Desde la construcción de la hidroeléctrica de Chixoy, Guatemala no ha desarrollado infraestructura de gran escala que transforme el país. Entre 1976, después del terremoto, y 1985, antes de la “era democrática”, en menos de 9 años, se construyeron obras que hasta hoy sostienen al país como Puerto Quetzal, el puente de Río Dulce, la hidroeléctrica de Chixoy, el Hospital San Juan de Dios, entre otras más.

Han pasado más de 40 años en los que ha habido 12 presidentes, y todavía dependemos de esa misma infraestructura. A este paso van a empezar a decir que si no será mejor que nos vuelvan a gobernar los militares. Esa es la verdadera tragedia: un país que dejó de construir, que dejó de pensar en grande y que se conformó con administrar el deterioro porque es mejor negocio no resolver los problemas. Viajar por la carretera de Escuintla hacia Puerto Quetzal daba pena porque el abandono fue evidente y prolongado, para poder alimentar el argumento de su privatización.

Pareciera que lo mismo quieren hacer con el aeropuerto, se está deteriorando a tal punto que va a parecer que la única salida sea privatizarlo. Recuerdo presenciar un debate sobre si las carreteras debían ser públicas o privadas, y alguien dijo algo que dejó a todos en silencio: “¡el Autobahn en Alemania, una de las autopistas más eficientes del mundo, es pública!”. El problema es la incapacidad de nuestros gobiernos para hacer bien las cosas cuando hay otros países, incluso en Latinoamérica, que están demostrando que sí se puede. La incapacidad de planificar, ejecutar, mantener lo que ya existe y seguir construyendo nuevos proyectos es una vergüenza nacional.

Es inaceptable que un presidente se excuse diciendo que no puede resolver nada por culpa de los gobiernos anteriores. ¿Qué es peor, la corrupción o la incompetencia? Yo creo que ambas. Por eso deberían tener la misma pena. Cuatro décadas de “era democrática” en las que no ha habido un megaproyecto nuevo. Cada cuatro años creemos que tocamos fondo, pero cuando llega un nuevo gobierno vemos que aún no. ¿Seguiremos viviendo 40 años más con el mismo aeropuerto, los mismos puertos, los mismos puentes y el mismo Estadio Nacional?

 

 

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