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Condiciones electorales de Colombia: ¿se queda la izquierda?

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Reynaldo Rodríguez
01 de marzo, 2026

El 8 de marzo se llevará a cabo la renovación de la totalidad del Congreso de la República junto con las elecciones presidenciales el 31 de mayo. La profunda gravedad de esta coyuntura ha detonado un nivel de participación atípico, saturando la rama legislativa con un volumen de candidatos nunca antes visto. Paralelamente, la pugna presidencial se perfila bajo una polarización asfixiante, con Iván Cepeda liderando a la izquierda, Abelardo de la Espriella dominando la derecha radical, y un centro político intentando resurgir a través de figuras como Claudia López y Sergio Fajardo.

La Desintegración del Monopolio Estatal

El debate electoral está cruzado de manera inextricable por una profunda crisis de seguridad y un deterioro del control territorial que evoca la violenta década de 1990. El paradigma del conflicto armado ha mutado radicalmente. La estructura jerárquica subversiva clásica – como la de las extintas FARC – ha dado paso a una fragmentación de células criminales guerras locales. Además, actores como el Ejército de Liberación Nacional emplean tácticas que los mezclan con las comunidades, lo cual imposibilita a las fuerzas armadas la distinción efectiva entre población civil y criminales. Simultáneamente, el Ejército Gaitanista de Colombia (Clan del Golfo) se ha consolidado como una red criminal transnacional con capacidades financieras monumentales.

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En vastas regiones del país, el Estado colombiano ha perdido la exclusividad de la gobernanza. Estas estructuras ejercen un dominio ilegal de las regiones, suplantando las obligaciones constitucionales del Estado al administrar justicia punitiva, decretar prohibiciones de movilidad y cobrar tributación paralela a las economías locales.

Inflación y la Disputa por el Salario

Más allá de la violencia, la volatilidad de precios y el encarecimiento del costo de vida fungen como el juez supremo del electorado. Si bien la proyección de la inflación general proyecta un cierre del 4.1 %, este dato enmascara una asimetría que reduce el ingreso real de la clase media y trabajadora: la inflación subyacente proyectada en alimentos alcanza un lesivo 6.2 %, acompañada de un 4.3 % en servicios. Esta disrupción en la capacidad de consumo ha centralizado el debate político en torno a la fijación del salario mínimo y el intervencionismo económico. Desde el oficialismo, Cepeda ha capitalizado el descontento impulsando agendas de asistencia social, un plan de salario universal y una reforma agraria. En contraste, la derecha advierte rigurosamente que los aumentos salariales artificiales, desligados de la productividad real, tendrán un efecto devastador al fomentar la informalidad laboral y destruir el tejido de las pequeñas y medianas empresas.

Los prospectos electorales

Contra todo pronóstico, y a contramano de la tendencia regional que favorece a perfiles puramente punitivistas frente al crimen organizado, el candidato de izquierda Iván Cepeda se posiciona como el aspirante con mayor tracción, proyectando hasta un 43 % de la intención de voto en primera vuelta. Por su parte, la opción de mano dura de Abelardo de la Espriella exhibe un estancamiento estadístico proyectado al 23.4 %. Su discurso resulta eficaz para movilizar a los estratos ultraconservadores, pero es percibido como tóxico por el votante urbano moderado, donde encuentra altos niveles de rechazo.

Ante este escenario, la única alternativa estratégica de la derecha es impedir la consolidación absoluta de Cepeda en primera vuelta. La viabilidad del bloque conservador y de oposición depende de su capacidad para converger en el balotaje. La derecha se enfrenta con un grave dilema: debe atraer al centro moderado bajo una plataforma que pueda promover con credibilidad la restauración del orden público –frente a ejemplos de incapacidad como México – y, simultáneamente respuestas rápidas ante la escalada de precios sin comprometer sus relaciones con la empresa privada.

La derecha en Colombia se enfrenta a un escenario adverso y, a pesar del precario manejo económico y de seguridad de la izquierda, Cepeda pareciera ser el más probable para una victoria aplastante hoy en día.

Condiciones electorales de Colombia: ¿se queda la izquierda?

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Reynaldo Rodríguez
01 de marzo, 2026

El 8 de marzo se llevará a cabo la renovación de la totalidad del Congreso de la República junto con las elecciones presidenciales el 31 de mayo. La profunda gravedad de esta coyuntura ha detonado un nivel de participación atípico, saturando la rama legislativa con un volumen de candidatos nunca antes visto. Paralelamente, la pugna presidencial se perfila bajo una polarización asfixiante, con Iván Cepeda liderando a la izquierda, Abelardo de la Espriella dominando la derecha radical, y un centro político intentando resurgir a través de figuras como Claudia López y Sergio Fajardo.

La Desintegración del Monopolio Estatal

El debate electoral está cruzado de manera inextricable por una profunda crisis de seguridad y un deterioro del control territorial que evoca la violenta década de 1990. El paradigma del conflicto armado ha mutado radicalmente. La estructura jerárquica subversiva clásica – como la de las extintas FARC – ha dado paso a una fragmentación de células criminales guerras locales. Además, actores como el Ejército de Liberación Nacional emplean tácticas que los mezclan con las comunidades, lo cual imposibilita a las fuerzas armadas la distinción efectiva entre población civil y criminales. Simultáneamente, el Ejército Gaitanista de Colombia (Clan del Golfo) se ha consolidado como una red criminal transnacional con capacidades financieras monumentales.

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Inflación y la Disputa por el Salario

Más allá de la violencia, la volatilidad de precios y el encarecimiento del costo de vida fungen como el juez supremo del electorado. Si bien la proyección de la inflación general proyecta un cierre del 4.1 %, este dato enmascara una asimetría que reduce el ingreso real de la clase media y trabajadora: la inflación subyacente proyectada en alimentos alcanza un lesivo 6.2 %, acompañada de un 4.3 % en servicios. Esta disrupción en la capacidad de consumo ha centralizado el debate político en torno a la fijación del salario mínimo y el intervencionismo económico. Desde el oficialismo, Cepeda ha capitalizado el descontento impulsando agendas de asistencia social, un plan de salario universal y una reforma agraria. En contraste, la derecha advierte rigurosamente que los aumentos salariales artificiales, desligados de la productividad real, tendrán un efecto devastador al fomentar la informalidad laboral y destruir el tejido de las pequeñas y medianas empresas.

Los prospectos electorales

Contra todo pronóstico, y a contramano de la tendencia regional que favorece a perfiles puramente punitivistas frente al crimen organizado, el candidato de izquierda Iván Cepeda se posiciona como el aspirante con mayor tracción, proyectando hasta un 43 % de la intención de voto en primera vuelta. Por su parte, la opción de mano dura de Abelardo de la Espriella exhibe un estancamiento estadístico proyectado al 23.4 %. Su discurso resulta eficaz para movilizar a los estratos ultraconservadores, pero es percibido como tóxico por el votante urbano moderado, donde encuentra altos niveles de rechazo.

Ante este escenario, la única alternativa estratégica de la derecha es impedir la consolidación absoluta de Cepeda en primera vuelta. La viabilidad del bloque conservador y de oposición depende de su capacidad para converger en el balotaje. La derecha se enfrenta con un grave dilema: debe atraer al centro moderado bajo una plataforma que pueda promover con credibilidad la restauración del orden público –frente a ejemplos de incapacidad como México – y, simultáneamente respuestas rápidas ante la escalada de precios sin comprometer sus relaciones con la empresa privada.

La derecha en Colombia se enfrenta a un escenario adverso y, a pesar del precario manejo económico y de seguridad de la izquierda, Cepeda pareciera ser el más probable para una victoria aplastante hoy en día.

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