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Cine sí, impuestos no

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Melanie Müllers |
06 de mayo, 2026

El debate sobre la Ley de Cine en Guatemala coloca sobre la mesa una pregunta necesaria: ¿Cómo se puede apoyar al cine sin afectar sectores estratégicos de la economía y no restar competitividad al país? Nadie cuestiona que el cine, como expresión cultural y como industria creativa, merece ser reconocido, promovido y fortalecido. Pero lo que hoy genera ruido y con razón no es el objetivo, sino el mecanismo elegido para pretender alcanzarlo.

La iniciativa 5906 -Ley del Cine- propone financiar el Instituto Guatemalteco de Cine mediante el cobro de un dólar por cada boleto aéreo vendido a extranjeros con destino a Guatemala. En apariencia, la cifra parece pequeña, sin embargo, el problema no es el monto en sí, sino la lógica detrás de cargar a un sector particular con el financiamiento de una política pública que le es ajena.

En las últimas semanas, hemos visto comunicados oficiales y debates en redes sociales que reflejan la preocupación del sector aeronáutico, representado por gremios como la Asociación Guatemalteca de Líneas Aéreas (AGLA), la IATA y la ALTA. El argumento ha sido claro y alineado: los cargos aplicados a la aviación deben estar relacionados con la prestación de servicios aeronáuticos y reinvertirse en la propia industria, no utilizarse como una fuente indirecta de recaudación para otros fines.

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La aviación no es un sector excluido, es un habilitador del turismo, del comercio, de la inversión extranjera y del empleo. Aporta alrededor de 62 mil empleos y más de 740 millones de dólares anuales a la economía guatemalteca. En un contexto regional altamente competitivo, donde los destinos compiten por rutas, frecuencias y pasajeros, cada costo adicional por pequeño que parezca reduce el atractivo del país frente a otras opciones.

En redes, analistas y usuarios coinciden en una conclusión clave: el turismo no puede concebirse como una fuente inagotable ni como un mecanismo automático para financiar cualquier iniciativa. Gravar la llegada de visitantes extranjeros para sostener una industria específica puede desalentar el flujo de viajeros y enviar una señal equivocada a las aerolíneas que evalúan abrir o ampliar operaciones en Guatemala.

Pero el debate va más allá del impacto inmediato, una Ley de Cine moderna no solo debería enfocarse en recaudar fondos, sino en fomentar la competitividad de la industria audiovisual guatemalteca. Competitividad para atraer producciones internacionales, generar empleo local, impulsar encadenamientos productivos y posicionar al país como un destino atractivo para filmar. Si el financiamiento se basa en impuestos que restan competitividad a otros sectores, se corre el riesgo de que el costo supere el beneficio….

Las mejores prácticas internacionales tienen varias opciones y países como República Dominicana, Colombia o México trabajaron en fortalecer el cine mediante incentivos fiscales, deducciones al impuesto sobre la renta, fondos por concurso y esquemas que atraen inversión privada, sin cargar directamente al transporte aéreo o al turismo. Estos modelos no solo financian el cine, sino que lo vuelven competitivo y sostenible en el tiempo.

El sector aeronáutico reconoce que el desarrollo del cine y la cultura es un objetivo legítimo y deseable. La diferencia está en el enfoque y un proyecto legítimo para incentivar el cine debe buscar coherencia, equilibrio y visión integral. Hoy es un dólar para el cine, mañana podría ser otro cargo para otra causa igualmente buena.

Guatemala necesita producción de cine, seria, sólida, innovadora y alineada con estándares internacionales, que impulse la creatividad sin penalizar la conectividad, el turismo y la competitividad del país. Cine sí, pero de manera inteligente, porque cuando se debilita una ventaja estratégica para financiar otra, el costo lo terminamos pagando todos.

Cine sí, impuestos no

Melanie Müllers |
06 de mayo, 2026
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El debate sobre la Ley de Cine en Guatemala coloca sobre la mesa una pregunta necesaria: ¿Cómo se puede apoyar al cine sin afectar sectores estratégicos de la economía y no restar competitividad al país? Nadie cuestiona que el cine, como expresión cultural y como industria creativa, merece ser reconocido, promovido y fortalecido. Pero lo que hoy genera ruido y con razón no es el objetivo, sino el mecanismo elegido para pretender alcanzarlo.

La iniciativa 5906 -Ley del Cine- propone financiar el Instituto Guatemalteco de Cine mediante el cobro de un dólar por cada boleto aéreo vendido a extranjeros con destino a Guatemala. En apariencia, la cifra parece pequeña, sin embargo, el problema no es el monto en sí, sino la lógica detrás de cargar a un sector particular con el financiamiento de una política pública que le es ajena.

En las últimas semanas, hemos visto comunicados oficiales y debates en redes sociales que reflejan la preocupación del sector aeronáutico, representado por gremios como la Asociación Guatemalteca de Líneas Aéreas (AGLA), la IATA y la ALTA. El argumento ha sido claro y alineado: los cargos aplicados a la aviación deben estar relacionados con la prestación de servicios aeronáuticos y reinvertirse en la propia industria, no utilizarse como una fuente indirecta de recaudación para otros fines.

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En redes, analistas y usuarios coinciden en una conclusión clave: el turismo no puede concebirse como una fuente inagotable ni como un mecanismo automático para financiar cualquier iniciativa. Gravar la llegada de visitantes extranjeros para sostener una industria específica puede desalentar el flujo de viajeros y enviar una señal equivocada a las aerolíneas que evalúan abrir o ampliar operaciones en Guatemala.

Pero el debate va más allá del impacto inmediato, una Ley de Cine moderna no solo debería enfocarse en recaudar fondos, sino en fomentar la competitividad de la industria audiovisual guatemalteca. Competitividad para atraer producciones internacionales, generar empleo local, impulsar encadenamientos productivos y posicionar al país como un destino atractivo para filmar. Si el financiamiento se basa en impuestos que restan competitividad a otros sectores, se corre el riesgo de que el costo supere el beneficio….

Las mejores prácticas internacionales tienen varias opciones y países como República Dominicana, Colombia o México trabajaron en fortalecer el cine mediante incentivos fiscales, deducciones al impuesto sobre la renta, fondos por concurso y esquemas que atraen inversión privada, sin cargar directamente al transporte aéreo o al turismo. Estos modelos no solo financian el cine, sino que lo vuelven competitivo y sostenible en el tiempo.

El sector aeronáutico reconoce que el desarrollo del cine y la cultura es un objetivo legítimo y deseable. La diferencia está en el enfoque y un proyecto legítimo para incentivar el cine debe buscar coherencia, equilibrio y visión integral. Hoy es un dólar para el cine, mañana podría ser otro cargo para otra causa igualmente buena.

Guatemala necesita producción de cine, seria, sólida, innovadora y alineada con estándares internacionales, que impulse la creatividad sin penalizar la conectividad, el turismo y la competitividad del país. Cine sí, pero de manera inteligente, porque cuando se debilita una ventaja estratégica para financiar otra, el costo lo terminamos pagando todos.

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