Paris brûle!
¡Arde París! Pero no porque sus habitantes luchen por su libertad.
¡Arde París! Pero no porque sus habitantes luchen por igualdad ante la ley.
¡Arde París! Pero no porque sus habitantes luchen por sus derechos individuales.
No, por todo eso ardió en 1789. Ardió porque sus habitantes se hastiaron de ser súbditos de un régimen monárquico, absolutista y eligieron ser ciudadanos. Eligieron la república constitucional basada en las ideas y valores de la Ilustración. Eligieron una Francia republicana que podían amar.
No, París no arde hoy por todo eso sino por lo contrario.
No arde porque quienes la incendian la aman, sino porque la odian.
Arde como ardió Roma en el 455 durante el saqueo de los Vándalos.
Hoy, mientras arde París, nuevos vándalos saquean la ciudad.
Pero hoy no fue Licinia Eudoxia quien invitó a Genserico y los vándalos africanos a saquear Roma, sino que el gobierno socialista de Emmanuel Macron quien invitó a los nuevos vándalos africanos. Él y sus huestes socialistas han empujado en Europa la política de recibir a cuanto inmigrante africano se asome a sus costas, bajo la consigna de la diversidad cultural y el engaño de que todas las culturas son igualmente válidas. Le abrieron las puertas de la ciudad a los enemigos de la república.
Ah, ¡cómo odian la república! ¡Cómo odian estos resentidos socialistas los valores nobles republicanos! Crean una inversión de los valores, con el encarnizamiento de un odio sin límites y denominan «malo» precisamente a lo «bueno» de la civilización occidental. Para estos energúmenos el malo es el noble, el poderoso, el racional, el productor de riqueza, el libre pensador, el diferente, el justo, el respetuoso, el blanco, ennegrecido, visto y mirado al revés por la mirada venenosa del resentimiento. El bueno nos dice el resentido, es el miserable, el degenerado, el primitivo, el impúdico, el enfermo, el deforme, el que sufre. ¡Ya lo evidenciaron durante los nefastos juegos Olímpicos de París del 2024! ¡Trataron de denigrar los valores occidentales!
¡Cómo han tratado de hacer olvidar a los franceses de que son una república constitucional! Pretenden convencerlos de que son una democracia, supuestamente, ¡el mejor sistema de gobierno político! Y una vez avanzada esa agenda, usan la democracia como caballo de Troya, como arma de guerra para que los enemigos puedan conquistar, derrotar y dominar a los países europeos. Gracias a esta táctica, los guerreros del islam se han infiltrado en Europa, pidiendo asilo, creando comunidades cada vez más numerosas. Han entendido que el poder está en el número. Han pasado de ser 500,000 en el 2000 a 50,000,000 hoy.
Y es que estas hordas que hoy invaden Europa no son civilizadas. Cultura y civilización no son lo mismo. La cultura comprende costumbres, tradiciones, normas y el modo de un grupo de pensarse a sí mismo, de comunicarse y de construir una comunidad. La civilización, estrictamente hablando es un tipo de cultura. Deriva su nombre del latín ‘civitas’ que para los romanos es el conjunto de hombres libres que integran un Estado con el propósito de vivir en concordia. Estos integrantes se piensan a sí mismos como ciudadanos con derechos que el gobierno debe proteger. En otras palabras, es lo mismo que la república. Por eso los franceses revolucionarios de 1789 se denominaban a sí mismos ‘ciudadanos’ (citoyen) que significa ‘hombre libre’. Y es esencial al concepto de derecho el respeto a la dignidad humana, el tratarse a sí mismo y a los demás como fines en sí mismos y no meramente como medios. Y esta característica se denota en la palabra civilidad que significa la cualidad de ser atento y cortés.
Así que distintas culturas no son igualmente válidas. Si una acostumbra tratar a los demás como personas racionales, respetando su vida, su propiedad privada, su libertad de expresión y de elegir la vida que quiera vivir, y la otra acostumbra no respetar ni reconocer la dignidad de los otros, tiene por hábito tratar a los demás como objetos, a unos como niños tutelados que no deben pensar por sí mismos, a las otras como ‘animales domésticos’ sujetos a la voluntad de los hombres, si para ellos el pensar diferente al grupo, aunque sea por ser de otra comunidad que no es el islam es considerado ‘haram’ y la consigna es asesinarlo o violarla como yihad, no hay manera de que se puedan considerar igualmente válidas. Son totalmente contrarias e incompatibles. La una es la negación de la otra. La una es provida y la otra es anti-vida.
Si estos musulmanes que han sido acogidos en Francia, que critican todo lo francés, todo lo europeo, la comida, las costumbres, y que insisten en que su cultura es superior, no se van de regreso a países islámicos es porque el propósito de la migración no es integrarse a los valores de occidente sino destruirlos, sustituirlos con la sharía. No son inmigrantes que huyen de regímenes inhumanos, sino conquistadores que pretenden imponer su cultura.
Una victoria en un partido de futbol sirvió de excusa para detonar el saqueo.
¡Arde París! Porque los invasores luchan por suprimir la libertad de los franceses.
¡Arde París! Porque los conquistadores luchan por destruir la igualdad ante la ley de los franceses.
¡Arde París! Porque los ocupantes luchan por eliminar los derechos individuales de los franceses.
París, ¿cuándo vas a despertar?
Paris brûle!
¡Arde París! Pero no porque sus habitantes luchen por su libertad.
¡Arde París! Pero no porque sus habitantes luchen por igualdad ante la ley.
¡Arde París! Pero no porque sus habitantes luchen por sus derechos individuales.
No, por todo eso ardió en 1789. Ardió porque sus habitantes se hastiaron de ser súbditos de un régimen monárquico, absolutista y eligieron ser ciudadanos. Eligieron la república constitucional basada en las ideas y valores de la Ilustración. Eligieron una Francia republicana que podían amar.
No, París no arde hoy por todo eso sino por lo contrario.
No arde porque quienes la incendian la aman, sino porque la odian.
Arde como ardió Roma en el 455 durante el saqueo de los Vándalos.
Hoy, mientras arde París, nuevos vándalos saquean la ciudad.
Pero hoy no fue Licinia Eudoxia quien invitó a Genserico y los vándalos africanos a saquear Roma, sino que el gobierno socialista de Emmanuel Macron quien invitó a los nuevos vándalos africanos. Él y sus huestes socialistas han empujado en Europa la política de recibir a cuanto inmigrante africano se asome a sus costas, bajo la consigna de la diversidad cultural y el engaño de que todas las culturas son igualmente válidas. Le abrieron las puertas de la ciudad a los enemigos de la república.
Ah, ¡cómo odian la república! ¡Cómo odian estos resentidos socialistas los valores nobles republicanos! Crean una inversión de los valores, con el encarnizamiento de un odio sin límites y denominan «malo» precisamente a lo «bueno» de la civilización occidental. Para estos energúmenos el malo es el noble, el poderoso, el racional, el productor de riqueza, el libre pensador, el diferente, el justo, el respetuoso, el blanco, ennegrecido, visto y mirado al revés por la mirada venenosa del resentimiento. El bueno nos dice el resentido, es el miserable, el degenerado, el primitivo, el impúdico, el enfermo, el deforme, el que sufre. ¡Ya lo evidenciaron durante los nefastos juegos Olímpicos de París del 2024! ¡Trataron de denigrar los valores occidentales!
¡Cómo han tratado de hacer olvidar a los franceses de que son una república constitucional! Pretenden convencerlos de que son una democracia, supuestamente, ¡el mejor sistema de gobierno político! Y una vez avanzada esa agenda, usan la democracia como caballo de Troya, como arma de guerra para que los enemigos puedan conquistar, derrotar y dominar a los países europeos. Gracias a esta táctica, los guerreros del islam se han infiltrado en Europa, pidiendo asilo, creando comunidades cada vez más numerosas. Han entendido que el poder está en el número. Han pasado de ser 500,000 en el 2000 a 50,000,000 hoy.
Y es que estas hordas que hoy invaden Europa no son civilizadas. Cultura y civilización no son lo mismo. La cultura comprende costumbres, tradiciones, normas y el modo de un grupo de pensarse a sí mismo, de comunicarse y de construir una comunidad. La civilización, estrictamente hablando es un tipo de cultura. Deriva su nombre del latín ‘civitas’ que para los romanos es el conjunto de hombres libres que integran un Estado con el propósito de vivir en concordia. Estos integrantes se piensan a sí mismos como ciudadanos con derechos que el gobierno debe proteger. En otras palabras, es lo mismo que la república. Por eso los franceses revolucionarios de 1789 se denominaban a sí mismos ‘ciudadanos’ (citoyen) que significa ‘hombre libre’. Y es esencial al concepto de derecho el respeto a la dignidad humana, el tratarse a sí mismo y a los demás como fines en sí mismos y no meramente como medios. Y esta característica se denota en la palabra civilidad que significa la cualidad de ser atento y cortés.
Así que distintas culturas no son igualmente válidas. Si una acostumbra tratar a los demás como personas racionales, respetando su vida, su propiedad privada, su libertad de expresión y de elegir la vida que quiera vivir, y la otra acostumbra no respetar ni reconocer la dignidad de los otros, tiene por hábito tratar a los demás como objetos, a unos como niños tutelados que no deben pensar por sí mismos, a las otras como ‘animales domésticos’ sujetos a la voluntad de los hombres, si para ellos el pensar diferente al grupo, aunque sea por ser de otra comunidad que no es el islam es considerado ‘haram’ y la consigna es asesinarlo o violarla como yihad, no hay manera de que se puedan considerar igualmente válidas. Son totalmente contrarias e incompatibles. La una es la negación de la otra. La una es provida y la otra es anti-vida.
Si estos musulmanes que han sido acogidos en Francia, que critican todo lo francés, todo lo europeo, la comida, las costumbres, y que insisten en que su cultura es superior, no se van de regreso a países islámicos es porque el propósito de la migración no es integrarse a los valores de occidente sino destruirlos, sustituirlos con la sharía. No son inmigrantes que huyen de regímenes inhumanos, sino conquistadores que pretenden imponer su cultura.
Una victoria en un partido de futbol sirvió de excusa para detonar el saqueo.
¡Arde París! Porque los invasores luchan por suprimir la libertad de los franceses.
¡Arde París! Porque los conquistadores luchan por destruir la igualdad ante la ley de los franceses.
¡Arde París! Porque los ocupantes luchan por eliminar los derechos individuales de los franceses.
París, ¿cuándo vas a despertar?
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: