En Mateo 25:14-30 hay una parábola que cuenta de un patrono que da talentos a sus sirvientes. Un talento en ese entonces se refería al peso de una moneda y usualmente era la paga diaria de un trabajador. El patrono tenía tres sirvientes, al primero le dio cinco talentos, al segundo dos y al tercero uno; a cada uno le dio conforme a sus habilidades. El patrono se fue, y al regresar descubrió que tanto el primero como el segundo empleado habían duplicado sus talentos, pero el último decidió enterrar el suyo para no perderlo. El patrono felicitó a los primeros empleados pero se enfureció con el tercero, indicándole que de tan solo ponerlo en el banco hubiera podido por lo menos ganar intereses.
El talento era una metáfora y hace referencia a las cualidades conferidas al hombre; independiente de si somos creyentes o no la parábola es una excelente reflexión que podemos hacer acerca de nuestras acciones y las circunstancias por las que está pasando el país hoy en día. Quisiera agregarle a la parábola, sin embargo, un cuarto sirviente que ni multiplica ni entierra sus talentos, si no que los malgasta. El gobernante que llega a servir a su pueblo, utiliza los recursos y las capacidades de él y de sus funcionarios públicos para multiplicar trabajos, salarios, escuelas, institutos de salud, medicinas, carreteras y mucho más. El fruto de su trabajo va a generar más de lo que pone, atrayendo mayores inversiones, avalo nacional e internacional y poniendo en alto a su país.
El gobernante que se postula, pero es cobarde, está más preocupado por quedar bien con los sectores, amigos y financistas que por el bienestar de su país. Al ser nombrado se acomoda y se echa para atrás con sus propuestas, dejando así en manos de terceros el control y enterrando al país. Por no dar marcha atrás tampoco empuja para adelante y se convierte en un líder negligente. Por último, el gobernante que malgasta, que roba y que es corrupto, destruye lo que se ha logrado con el sacrificio y trabajo de otros. Al contrario que con el buen gobernante, los inversionistas se alejan, la reputación del país queda manchada y el pueblo se queda pagando las consecuencias por mucho más tiempo de lo que dura su gobierno.
Todos deseamos un gobernante como el primero, uno que multiplique lo que tenemos, que no nos estanque y mucho menos que nos retrase. Pero tratemos también de aplicar la misma filosofía a nuestras vidas. Si hemos tenido la dicha de tener una buena educación, una vivienda digna y hasta un trabajo, aprovechémoslo poniendo en alto a aquellos que se han sacrificado por nosotros, y permitiéndoles a otros tener las mismas oportunidades. No seamos mediocres, ni haraganes, ni conformistas, ni desperdiciemos lo que otros han construido y nos han compartido; no enterremos la educación que tenemos si no que utilicémosla para generar empleos, ideas innovadoras y para enseñarle a los demás.
Si el patrono es Guatemala, y nosotros los sirvientes no podemos perder de vista que a quien queremos generarle y multiplicarle principalmente es a nuestro país. Esto incluye nuestra responsabilidad de apostarle a gobernantes honestos y calificados con la capacidad de sacarnos adelante, para lo cual debemos informarnos bien de quienes son nuestros candidatos. Lo previo lo logramos evaluando la experiencia y los antecedentes de quienes se postulan, cuestionando y estudiando sus propuestas y exigiendo transparencia en el financiamiento de sus campañas. Hay tres tipos de gobernantes y hay tres tipos de personas; los que multiplican, los que entierran y los que malgastan. Hoy a tan solo 18 días de las elecciones y en medio de un despertar social, es hora de reflexionar y decidir quién vas a ser tú, y a quien le vas a conferir tu voto; decide bien.
En Mateo 25:14-30 hay una parábola que cuenta de un patrono que da talentos a sus sirvientes. Un talento en ese entonces se refería al peso de una moneda y usualmente era la paga diaria de un trabajador. El patrono tenía tres sirvientes, al primero le dio cinco talentos, al segundo dos y al tercero uno; a cada uno le dio conforme a sus habilidades. El patrono se fue, y al regresar descubrió que tanto el primero como el segundo empleado habían duplicado sus talentos, pero el último decidió enterrar el suyo para no perderlo. El patrono felicitó a los primeros empleados pero se enfureció con el tercero, indicándole que de tan solo ponerlo en el banco hubiera podido por lo menos ganar intereses.
El talento era una metáfora y hace referencia a las cualidades conferidas al hombre; independiente de si somos creyentes o no la parábola es una excelente reflexión que podemos hacer acerca de nuestras acciones y las circunstancias por las que está pasando el país hoy en día. Quisiera agregarle a la parábola, sin embargo, un cuarto sirviente que ni multiplica ni entierra sus talentos, si no que los malgasta. El gobernante que llega a servir a su pueblo, utiliza los recursos y las capacidades de él y de sus funcionarios públicos para multiplicar trabajos, salarios, escuelas, institutos de salud, medicinas, carreteras y mucho más. El fruto de su trabajo va a generar más de lo que pone, atrayendo mayores inversiones, avalo nacional e internacional y poniendo en alto a su país.
El gobernante que se postula, pero es cobarde, está más preocupado por quedar bien con los sectores, amigos y financistas que por el bienestar de su país. Al ser nombrado se acomoda y se echa para atrás con sus propuestas, dejando así en manos de terceros el control y enterrando al país. Por no dar marcha atrás tampoco empuja para adelante y se convierte en un líder negligente. Por último, el gobernante que malgasta, que roba y que es corrupto, destruye lo que se ha logrado con el sacrificio y trabajo de otros. Al contrario que con el buen gobernante, los inversionistas se alejan, la reputación del país queda manchada y el pueblo se queda pagando las consecuencias por mucho más tiempo de lo que dura su gobierno.
Todos deseamos un gobernante como el primero, uno que multiplique lo que tenemos, que no nos estanque y mucho menos que nos retrase. Pero tratemos también de aplicar la misma filosofía a nuestras vidas. Si hemos tenido la dicha de tener una buena educación, una vivienda digna y hasta un trabajo, aprovechémoslo poniendo en alto a aquellos que se han sacrificado por nosotros, y permitiéndoles a otros tener las mismas oportunidades. No seamos mediocres, ni haraganes, ni conformistas, ni desperdiciemos lo que otros han construido y nos han compartido; no enterremos la educación que tenemos si no que utilicémosla para generar empleos, ideas innovadoras y para enseñarle a los demás.
Si el patrono es Guatemala, y nosotros los sirvientes no podemos perder de vista que a quien queremos generarle y multiplicarle principalmente es a nuestro país. Esto incluye nuestra responsabilidad de apostarle a gobernantes honestos y calificados con la capacidad de sacarnos adelante, para lo cual debemos informarnos bien de quienes son nuestros candidatos. Lo previo lo logramos evaluando la experiencia y los antecedentes de quienes se postulan, cuestionando y estudiando sus propuestas y exigiendo transparencia en el financiamiento de sus campañas. Hay tres tipos de gobernantes y hay tres tipos de personas; los que multiplican, los que entierran y los que malgastan. Hoy a tan solo 18 días de las elecciones y en medio de un despertar social, es hora de reflexionar y decidir quién vas a ser tú, y a quien le vas a conferir tu voto; decide bien.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: