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El caso de San Juan la Laguna

Redacción República
03 de septiembre, 2014

Las últimas



noticias referidas a la comunidad judía denominada Toiras Jessed en San Juan La



Laguna evidencian la pérdida de respeto a las personas y a las leyes de la nación, así como el doble



rasero que se maneja cuando se alude a la discriminación, la multiculturalidad,



la tolerancia y la justicia.

El caso de San



Juan La Laguna precisamente exalta la relatividad de “derechos” constantemente



reclamados por grupos de guatemaltecos que demandan para ellos consideraciones



especiales que sin embargo desprecian cuando se trata de otros.

En este caso,



estamos hablando de una crasa violación a los derechos fundamentales plasmados



en la Constitución Política de la República, leyes nacionales e internacionales, como lo



establece el art. 4 de la Constitución cuando afirma que “todos los seres



humanos son libres e iguales en dignidad y derechos”. Semejante igualdad constantemente se ignora



cuando se trata de reclamar privilegios y también cuando se pretende justificar



el irrespeto a los derechos ajenos que resultan pisoteados constantemente.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

Según se



informa, la comunidad de San Juan La Laguna, se sintió incómoda con la vestimenta, las costumbres,



la escasa comunicación y el relativo aislamiento del asentamiento judío. Afirman



quelos judíos ortodoxos intentan



cambiar el pensamiento y la cultura del pueblo, y por eso se acordó que



personas en proceso de formación al judaísmo se alejen de la comunidad.

Apena



contrastar la respuesta de estos pobladores que forzaron la salida de los



judíos ortodoxos por razón de las diferencias culturales y otras, con los



habitantes en ciudades y condados en Estados Unidos cuando décadas atrás, en



los años 80s, observaron la llegada de decenas de familias Qanjobales que a lo



largo de la década se fueron asentando en distintas ciudades de Florida. Pero en este caso, me refiero puntualmente a



Jupiter, en donde habitan cientos de compatriotas que se vieron forzados a



salir de país en los años 80s, la época del enfrentamiento armado interno;



grupos familiares que luego de un difícil trayecto hacia aquella región,



lograron establecer residencia sin que por razones de su etnia, sus trajes o su



idioma y costumbres sufrieran de la discriminación y la expulsión que hoy hemos



visto en nuestro país.

Aún



más, en aquella ciudad organizaciones religiosas cumplieron una misión



admirable con una serie de programas de ayuda para que los niños indígenas en



edad escolar tuvieran tutoría de maestros que les facilitaron el aprendizaje



del inglés y la incorporación plena en las escuelas de la ciudad. Hoy la mayoría de los entonces niños, hoy



adultos, son bilingües (Kanjobal e inglés) y viven en tranquilidad.

La



creciente corriente agresiva y discriminatoria a todo lo que resulta diferente,



aun cuando se trate de ideas, o creencias como sucede en el caso de los Toira



Jessed, descalifica las protestas nacionales cuando reclamamos igualdad de



trato y respeto a la ley para nuestros compatriotas.

Va siendo hora



que se consolide un Estado laico que vele por el cumplimiento de la ley y en el



que las creencias religiosas como queda plasmado en el artículo 36 constitucional al



garantizar el ejercicio de la libertad religiosa como un derecho fundamental.





El caso de San Juan la Laguna

Redacción República
03 de septiembre, 2014

Las últimas



noticias referidas a la comunidad judía denominada Toiras Jessed en San Juan La



Laguna evidencian la pérdida de respeto a las personas y a las leyes de la nación, así como el doble



rasero que se maneja cuando se alude a la discriminación, la multiculturalidad,



la tolerancia y la justicia.

El caso de San



Juan La Laguna precisamente exalta la relatividad de “derechos” constantemente



reclamados por grupos de guatemaltecos que demandan para ellos consideraciones



especiales que sin embargo desprecian cuando se trata de otros.

En este caso,



estamos hablando de una crasa violación a los derechos fundamentales plasmados



en la Constitución Política de la República, leyes nacionales e internacionales, como lo



establece el art. 4 de la Constitución cuando afirma que “todos los seres



humanos son libres e iguales en dignidad y derechos”. Semejante igualdad constantemente se ignora



cuando se trata de reclamar privilegios y también cuando se pretende justificar



el irrespeto a los derechos ajenos que resultan pisoteados constantemente.

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informa, la comunidad de San Juan La Laguna, se sintió incómoda con la vestimenta, las costumbres,



la escasa comunicación y el relativo aislamiento del asentamiento judío. Afirman



quelos judíos ortodoxos intentan



cambiar el pensamiento y la cultura del pueblo, y por eso se acordó que



personas en proceso de formación al judaísmo se alejen de la comunidad.

Apena



contrastar la respuesta de estos pobladores que forzaron la salida de los



judíos ortodoxos por razón de las diferencias culturales y otras, con los



habitantes en ciudades y condados en Estados Unidos cuando décadas atrás, en



los años 80s, observaron la llegada de decenas de familias Qanjobales que a lo



largo de la década se fueron asentando en distintas ciudades de Florida. Pero en este caso, me refiero puntualmente a



Jupiter, en donde habitan cientos de compatriotas que se vieron forzados a



salir de país en los años 80s, la época del enfrentamiento armado interno;



grupos familiares que luego de un difícil trayecto hacia aquella región,



lograron establecer residencia sin que por razones de su etnia, sus trajes o su



idioma y costumbres sufrieran de la discriminación y la expulsión que hoy hemos



visto en nuestro país.

Aún



más, en aquella ciudad organizaciones religiosas cumplieron una misión



admirable con una serie de programas de ayuda para que los niños indígenas en



edad escolar tuvieran tutoría de maestros que les facilitaron el aprendizaje



del inglés y la incorporación plena en las escuelas de la ciudad. Hoy la mayoría de los entonces niños, hoy



adultos, son bilingües (Kanjobal e inglés) y viven en tranquilidad.

La



creciente corriente agresiva y discriminatoria a todo lo que resulta diferente,



aun cuando se trate de ideas, o creencias como sucede en el caso de los Toira



Jessed, descalifica las protestas nacionales cuando reclamamos igualdad de



trato y respeto a la ley para nuestros compatriotas.

Va siendo hora



que se consolide un Estado laico que vele por el cumplimiento de la ley y en el



que las creencias religiosas como queda plasmado en el artículo 36 constitucional al



garantizar el ejercicio de la libertad religiosa como un derecho fundamental.





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