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Más deuda no, por favor

Redacción República
30 de septiembre, 2014

Si uno atiende a los datos macroeconómicos de



Guatemala y los compara con el resto de países del mundo podría parecer que el



gobierno es pieza fundamental en la estabilidad macroeconómica del país, su



deuda pública se encuentra en niveles razonables (26,5% PIB) y el déficit



público controlado (2,7% PIB).

A simple vista podríamos aseverar que el margen



para endeudarnos es amplio y que las acuciantes necesidades del país así lo



exigen. A fin de cuentas un Estado austero y responsable como el guatemalteco



no tendrá problemas para manejar una deuda pública superior a la actual.

El problema es que el planteamiento está



viciado desde el inicio, el Estado guatemalteco ni es ni ha sido nunca austero,



de hecho desde 1980 el gobierno de Guatemala sólo ha conseguido un superávit



presupuestario, fue en 1991 y de una cuantía risible (5,8 millones de



Quetzales), casi nada comparado con el déficit del año fiscal 2010 (10.960,3



millones de Quetzales).

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La cuantía de deuda que puede manejar un agente



económico no se mide en relación al PIB (piense lo endeudado que se encuentra



usted en relación al PIB del país), sino que se mide en relación a la capacidad



de pago del agente en cuestión, esto es a su capacidad de generación de ingresos.

Desde este punto de vista la deuda pública se



encuentra en niveles altísimos, el Estado guatemalteco tuvo unos ingresos en el



año 2013 de 6.411 millones de dólares mientras que la deuda pública viva



asciende a 14.258 millones de dólares a día de hoy. Es decir la deuda pública



asciende al 222,4% de los ingresos fiscales, cifra muy alejada del nimio 26,5%



sobre PIB que se suele manejar.

El mismo ejercicio se puede hacer para el



déficit público, rúbrica que se encuentra también desbocada. El sector público



guatemalteco tuvo unos gastos para el ejercicio 2013 de 7.851 millones de



dólares, el déficit público entonces se sitúa en 1.440 millones de dólares lo



cual supone un déficit de un 22,46% sobre ingresos fiscales, una vez más cifra



muy alejada del 2,7% de déficit público sobre PIB.

Si comparamos Guatemala con España, país en el



que el consenso internacional coincide en que sus niveles de endeudamiento son



enormes (93,7% PIB) y su déficit público desbocado (6,8% PIB) vemos como su



ratio de deuda contra ingresos fiscales nos da un 268%, no muy alejado del



ratio guatemalteco. El ratio de déficit sobre ingresos fiscales nos da un



18,25%, cifra sensiblemente inferior al ratio guatemalteco.

La comparación es especialmente dura si



comparamos a Guatemala con algún país fiscalmente responsable como Chile cuya



deuda pública viva asciende 13,9% del PIB y su déficit fiscal al 1%. Su ratio



de deuda contra ingresos fiscales se sitúa en 66,95% vs el 222,4% de Guatemala



y su ratio de déficit fiscal contra ingresos fiscales se sitúa en el 4,74% vs



el 22,46% guatemalteco.

Luego Guatemala no es un país poco endeudado



como Chile, sino uno muy endeudado como España, sus ratios están en niveles en



los que las alarmas deberían saltar y lo último que deberíamos prescribir es



aumentar un endeudamiento ya de por sí desbocado.

La pregunta que debería hacerse todo



guatemalteco es… ¿dejaría usted dinero a alguien tan imprudente como su



gobierno? ¿Dejaría usted dinero a alguien que apenas ha sido capaz de gastar



menos de lo que ingresa durante los últimos 34 años? ¿Dejaría dinero a aquel



que gasta sistemáticamente más de un 20% de lo que ingresa y que además tiene



la desfachatez de venderse como austero? Si la respuesta a alguna de estas



preguntas es no entonces lo último que necesita Guatemala es mayor deuda



pública.

Más deuda no, por favor

Redacción República
30 de septiembre, 2014

Si uno atiende a los datos macroeconómicos de



Guatemala y los compara con el resto de países del mundo podría parecer que el



gobierno es pieza fundamental en la estabilidad macroeconómica del país, su



deuda pública se encuentra en niveles razonables (26,5% PIB) y el déficit



público controlado (2,7% PIB).

A simple vista podríamos aseverar que el margen



para endeudarnos es amplio y que las acuciantes necesidades del país así lo



exigen. A fin de cuentas un Estado austero y responsable como el guatemalteco



no tendrá problemas para manejar una deuda pública superior a la actual.

El problema es que el planteamiento está



viciado desde el inicio, el Estado guatemalteco ni es ni ha sido nunca austero,



de hecho desde 1980 el gobierno de Guatemala sólo ha conseguido un superávit



presupuestario, fue en 1991 y de una cuantía risible (5,8 millones de



Quetzales), casi nada comparado con el déficit del año fiscal 2010 (10.960,3



millones de Quetzales).

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económico no se mide en relación al PIB (piense lo endeudado que se encuentra



usted en relación al PIB del país), sino que se mide en relación a la capacidad



de pago del agente en cuestión, esto es a su capacidad de generación de ingresos.

Desde este punto de vista la deuda pública se



encuentra en niveles altísimos, el Estado guatemalteco tuvo unos ingresos en el



año 2013 de 6.411 millones de dólares mientras que la deuda pública viva



asciende a 14.258 millones de dólares a día de hoy. Es decir la deuda pública



asciende al 222,4% de los ingresos fiscales, cifra muy alejada del nimio 26,5%



sobre PIB que se suele manejar.

El mismo ejercicio se puede hacer para el



déficit público, rúbrica que se encuentra también desbocada. El sector público



guatemalteco tuvo unos gastos para el ejercicio 2013 de 7.851 millones de



dólares, el déficit público entonces se sitúa en 1.440 millones de dólares lo



cual supone un déficit de un 22,46% sobre ingresos fiscales, una vez más cifra



muy alejada del 2,7% de déficit público sobre PIB.

Si comparamos Guatemala con España, país en el



que el consenso internacional coincide en que sus niveles de endeudamiento son



enormes (93,7% PIB) y su déficit público desbocado (6,8% PIB) vemos como su



ratio de deuda contra ingresos fiscales nos da un 268%, no muy alejado del



ratio guatemalteco. El ratio de déficit sobre ingresos fiscales nos da un



18,25%, cifra sensiblemente inferior al ratio guatemalteco.

La comparación es especialmente dura si



comparamos a Guatemala con algún país fiscalmente responsable como Chile cuya



deuda pública viva asciende 13,9% del PIB y su déficit fiscal al 1%. Su ratio



de deuda contra ingresos fiscales se sitúa en 66,95% vs el 222,4% de Guatemala



y su ratio de déficit fiscal contra ingresos fiscales se sitúa en el 4,74% vs



el 22,46% guatemalteco.

Luego Guatemala no es un país poco endeudado



como Chile, sino uno muy endeudado como España, sus ratios están en niveles en



los que las alarmas deberían saltar y lo último que deberíamos prescribir es



aumentar un endeudamiento ya de por sí desbocado.

La pregunta que debería hacerse todo



guatemalteco es… ¿dejaría usted dinero a alguien tan imprudente como su



gobierno? ¿Dejaría usted dinero a alguien que apenas ha sido capaz de gastar



menos de lo que ingresa durante los últimos 34 años? ¿Dejaría dinero a aquel



que gasta sistemáticamente más de un 20% de lo que ingresa y que además tiene



la desfachatez de venderse como austero? Si la respuesta a alguna de estas



preguntas es no entonces lo último que necesita Guatemala es mayor deuda



pública.

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