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¿Es CICIG la solución?

Redacción República
24 de septiembre, 2014

Desde la captura de



Edgar Camargo, director del Sistema Penitenciario y demás miembros de la red de



Byron Lima Oliva, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala,



se ha posicionado nuevamente como una institución relevante para el combate de



las estructuras criminales que gobiernan nuestro sistema.





A raíz de ello, varias



instituciones y figuras prominentes han empezado a discutir sobre la necesidad



de ampliar el mandato de la CICIG que estaría finalizando su estancia el



próximo año.





Aunque resulta válido



que el debate se incline en describir los principales aciertos que ha tenido la



institución en su lucha contra la impunidad y la corrupción, considero que es



válido también que se discuta sobre los límites que puede tener una comisión



así en nuestro país.

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Para entender un poco



más cuales son esos límites, me gustaría que hacer una pequeña analogía entre



el Estado de Guatemala y una persona que padece de adicción al alcohol o las



drogas.





El Estado Guatemalteco



es similar a una persona alcohólica, que al inicio no logra reconocer por



completo que sufre de una adicción y necesita de una intervención por parte de



familiares o amigos para que éste puede rehabilitarse. El en caso de Guatemala,



nuestra adicción o nuestro padecimiento es la impunidad y la corrupción, y



nuestros familiares y amigos es la CICIG.





Hace 7 años necesitamos



de la intervención de la ONU –por medio de la Comisión contra de la Impunidad-



para reconocer los altos índices de impunidad y lo fallido de nuestro sistema. No



obstante, al igual que sucede con el sujeto adicto, las continuas



intervenciones o procesos de rehabilitación no funcionan si la persona no está



dispuesta a abandonar su adición y hacer cambios significativos en su forma de



vida; y eso es lo que sucederá con Guatemala.





La CICIG podrá seguir



destapando redes criminales, señalando a jueces corruptos y sus patrimonios



desproporcionados, pero seguirá siendo nuestro sistema corrupto (Ministerio



Público, Corte Suprema de Justicia y Corte de Apelaciones) qué procesará esos



casos.

Sólo basta con ver que



hasta la fecha el Juez únicamente ha ligado a proceso a Byron Lima por el uso



de teléfono en las cárceles.





En resumen, cómplices y



criminales seguirán juzgándose entre ellos, y la CICIG no podrá hacer mucho



para detenerlos, a menos que desde adentro decidamos hacerlo.





Seguramente la solución



no es la CICIG, pero mientras continuemos escondidos en nuestra burbuja de



indiferencia, la CICIG será un “agradable” y necesario recordatorio que nuestro



Sistema de Justicia está colapsando.

















¿Es CICIG la solución?

Redacción República
24 de septiembre, 2014

Desde la captura de



Edgar Camargo, director del Sistema Penitenciario y demás miembros de la red de



Byron Lima Oliva, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala,



se ha posicionado nuevamente como una institución relevante para el combate de



las estructuras criminales que gobiernan nuestro sistema.





A raíz de ello, varias



instituciones y figuras prominentes han empezado a discutir sobre la necesidad



de ampliar el mandato de la CICIG que estaría finalizando su estancia el



próximo año.





Aunque resulta válido



que el debate se incline en describir los principales aciertos que ha tenido la



institución en su lucha contra la impunidad y la corrupción, considero que es



válido también que se discuta sobre los límites que puede tener una comisión



así en nuestro país.

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más cuales son esos límites, me gustaría que hacer una pequeña analogía entre



el Estado de Guatemala y una persona que padece de adicción al alcohol o las



drogas.





El Estado Guatemalteco



es similar a una persona alcohólica, que al inicio no logra reconocer por



completo que sufre de una adicción y necesita de una intervención por parte de



familiares o amigos para que éste puede rehabilitarse. El en caso de Guatemala,



nuestra adicción o nuestro padecimiento es la impunidad y la corrupción, y



nuestros familiares y amigos es la CICIG.





Hace 7 años necesitamos



de la intervención de la ONU –por medio de la Comisión contra de la Impunidad-



para reconocer los altos índices de impunidad y lo fallido de nuestro sistema. No



obstante, al igual que sucede con el sujeto adicto, las continuas



intervenciones o procesos de rehabilitación no funcionan si la persona no está



dispuesta a abandonar su adición y hacer cambios significativos en su forma de



vida; y eso es lo que sucederá con Guatemala.





La CICIG podrá seguir



destapando redes criminales, señalando a jueces corruptos y sus patrimonios



desproporcionados, pero seguirá siendo nuestro sistema corrupto (Ministerio



Público, Corte Suprema de Justicia y Corte de Apelaciones) qué procesará esos



casos.

Sólo basta con ver que



hasta la fecha el Juez únicamente ha ligado a proceso a Byron Lima por el uso



de teléfono en las cárceles.





En resumen, cómplices y



criminales seguirán juzgándose entre ellos, y la CICIG no podrá hacer mucho



para detenerlos, a menos que desde adentro decidamos hacerlo.





Seguramente la solución



no es la CICIG, pero mientras continuemos escondidos en nuestra burbuja de



indiferencia, la CICIG será un “agradable” y necesario recordatorio que nuestro



Sistema de Justicia está colapsando.

















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