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Empresas por la Paz

Redacción
23 de septiembre, 2014

El 21 de



septiembre de cada año, se celebra el día internacional por la Paz gracias a la



decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de



“fortalecer los ideales de la paz en todas las naciones y pueblos del mundo”.



En 2014 se celebraron 30 años de vigencia de la Declaración sobre el Derecho de



los Pueblos a la Paz, un documento que nos llama a todos los seres humanos a la



reflexión sobre cómo, desde nuestra área de influencia social, podemos



colaborar para que el pleno goce de los Derechos Humanos sea una realidad.

Lamentablemente,



en Guatemala cada vez son más y más las noticias de violencia alrededor de



acciones humanas que, por su naturaleza, deberían servir de puente para el



progreso y el desarrollo de las comunidades.



Referirse a proyectos de inversión es sinónimo de muerte, depredación



del medio ambiente, discriminación, conflictividad social y el uso de la fuerza



pública. Es decir, todo lo contrario a su ideal.

Nos hemos



olvidado que las empresas tienen un papel promoción de la paz. A veces, es



bueno saber qué hace el vecino, no para copiarlo sino para emularlo. Me refiero



a que, en África por ejemplo, las empresas dedicadas a la industria de



alimentos y bebidas están trabajando con las comunidades de zonas de altos



grados de conflictividad para construir confianza entre los miembros de la



comunidad, entre éstos y la empresa, entre éstos y el Estado.

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Actualmente,



parece ser que para las empresas ya no es suficiente decir y tratar de



demostrar que protegen a sus trabajadores o que, en lugares de manifestaciones



violentas del comportamiento humano (social o individual) no colaboran de



ninguna manera con dichas acciones. Lo cierto es que para hacer negocios,



generar confianza como buen vecino, como empleador, como proveedor, como agente



tributario, etc. la Paz es un elemento sine qua non.

Se gana más



con miel que con hiel, dice el añejo refrán. Para el ámbito empresarial hay más



rentabilidad en generar la Paz que en omitir actuar o abstenerse de participar.



Las empresas deben, a la luz de los Principios Rectores sobre empresas y



derechos humanos de la ONU, utilizar su área de influencia en la sociedad y en



el mercado para generar beneficio social y ambiental, así como vincular los



intereses de largo plazo de todos sus públicos de interés en la toma de



decisiones. (Sí, también incluir los de aquellos opuestos a la empresa ¡estos



principalmente!). No hacerlo es como



ignorar al elefante en la habitación lo que conlleva mayores riesgos, costos sociales,



humanos y financieros.

El examen de



la relación pobreza-conflicto es complejo, pero una representa una gran



oportunidad para la empresa y el Estado con fines de coadyuvar al Bien Común.



Basta con dar un vistazo a nuestra historia política, a los índices de



desarrollo recientemente puestos a discusión por el último informe de



desarrollo humano del PNUD o a los casos actuales de alianzas entre sector



público y privado (Gobierno y empresas, ONGs, asociaciones de sociedad civil,



etc.). La solución está en trabajar para comprender el entorno desde diferentes



perspectivas con base en evidencia científica derivada de las ciencias



sociales, jurídicas, ambientales, etc.

¿Quién



ofrecería empleo a los ex – internos (as) de Pavoncito, de Cantel o del COF? O



bien, a personas de la tercera edad cuyas mentes y almas están ávidas de



colaborar con sus familias y aportar aún más a la sociedad. ¿Cómo acercarse a los más acérrimos



opositores de un proyecto en particular? Los modelos de crecimiento en los que



vivimos deben descubrir sus raíces de cooperación y sensibilidad humana, más



allá de la pura extracción de rentas.

Empresas por la Paz

Redacción
23 de septiembre, 2014

El 21 de



septiembre de cada año, se celebra el día internacional por la Paz gracias a la



decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de



“fortalecer los ideales de la paz en todas las naciones y pueblos del mundo”.



En 2014 se celebraron 30 años de vigencia de la Declaración sobre el Derecho de



los Pueblos a la Paz, un documento que nos llama a todos los seres humanos a la



reflexión sobre cómo, desde nuestra área de influencia social, podemos



colaborar para que el pleno goce de los Derechos Humanos sea una realidad.

Lamentablemente,



en Guatemala cada vez son más y más las noticias de violencia alrededor de



acciones humanas que, por su naturaleza, deberían servir de puente para el



progreso y el desarrollo de las comunidades.



Referirse a proyectos de inversión es sinónimo de muerte, depredación



del medio ambiente, discriminación, conflictividad social y el uso de la fuerza



pública. Es decir, todo lo contrario a su ideal.

Nos hemos



olvidado que las empresas tienen un papel promoción de la paz. A veces, es



bueno saber qué hace el vecino, no para copiarlo sino para emularlo. Me refiero



a que, en África por ejemplo, las empresas dedicadas a la industria de



alimentos y bebidas están trabajando con las comunidades de zonas de altos



grados de conflictividad para construir confianza entre los miembros de la



comunidad, entre éstos y la empresa, entre éstos y el Estado.

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Actualmente,



parece ser que para las empresas ya no es suficiente decir y tratar de



demostrar que protegen a sus trabajadores o que, en lugares de manifestaciones



violentas del comportamiento humano (social o individual) no colaboran de



ninguna manera con dichas acciones. Lo cierto es que para hacer negocios,



generar confianza como buen vecino, como empleador, como proveedor, como agente



tributario, etc. la Paz es un elemento sine qua non.

Se gana más



con miel que con hiel, dice el añejo refrán. Para el ámbito empresarial hay más



rentabilidad en generar la Paz que en omitir actuar o abstenerse de participar.



Las empresas deben, a la luz de los Principios Rectores sobre empresas y



derechos humanos de la ONU, utilizar su área de influencia en la sociedad y en



el mercado para generar beneficio social y ambiental, así como vincular los



intereses de largo plazo de todos sus públicos de interés en la toma de



decisiones. (Sí, también incluir los de aquellos opuestos a la empresa ¡estos



principalmente!). No hacerlo es como



ignorar al elefante en la habitación lo que conlleva mayores riesgos, costos sociales,



humanos y financieros.

El examen de



la relación pobreza-conflicto es complejo, pero una representa una gran



oportunidad para la empresa y el Estado con fines de coadyuvar al Bien Común.



Basta con dar un vistazo a nuestra historia política, a los índices de



desarrollo recientemente puestos a discusión por el último informe de



desarrollo humano del PNUD o a los casos actuales de alianzas entre sector



público y privado (Gobierno y empresas, ONGs, asociaciones de sociedad civil,



etc.). La solución está en trabajar para comprender el entorno desde diferentes



perspectivas con base en evidencia científica derivada de las ciencias



sociales, jurídicas, ambientales, etc.

¿Quién



ofrecería empleo a los ex – internos (as) de Pavoncito, de Cantel o del COF? O



bien, a personas de la tercera edad cuyas mentes y almas están ávidas de



colaborar con sus familias y aportar aún más a la sociedad. ¿Cómo acercarse a los más acérrimos



opositores de un proyecto en particular? Los modelos de crecimiento en los que



vivimos deben descubrir sus raíces de cooperación y sensibilidad humana, más



allá de la pura extracción de rentas.

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