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¿Cuánto estado en la economía? Parte II

Nicholas Virzi
22 de septiembre, 2014

En mi artículo pasado se resumieron los



resultados de algunos estudios sobre el tamaño optimo del estado, escritos por



economistas de mercado. Del rango de 15%



al 30% del producto interno bruto que se estableció en ese resumen, yo



propondría para Guatemala un nivel de 20% de gasto público. De hecho, lo haría una regla fiscal



constitucionalmente establecida (se vale soñar) de un máximo de 20% para



gastos, ingresos y deuda pública.

A la contratación de deuda, puesto que bajo



condiciones normales su nivel optimo es cero, se podría adicionar un sinfín de



obstáculos para hacerla más difícil y asegurar que la contratación de deuda



pública refleje un amplio consenso político y social. No obstante, a veces contratación de deuda es



requerida para validos esfuerzos colectivos monumentales de interés común, por



lo que se recomendaría dejar abierta esta posibilidad, y hacer su ejercicio de



lo más difícil posible.

Actualmente, el gasto público se aproxima al



15%, y los ingresos fiscales al 12% del producto interno bruto. Muchos de mis amigos y compañeros de



filosofía liberal seguramente explotan de enojo al leer esta recomendación,



sino de risa al no mas oír la simple noción de que el estado guatemalteco debe



poseer el 20% de lo producido por los guatemaltecos. Habría que aclarar que si se habla de lo



políticamente viable, primero habría que componer la institucionalidad del



país, porque estoy de acuerdo que tributar mas a un gobierno corrupto no es el



camino al progreso.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

Pero hay que reconocer la realidad de las



cosas. El punto central de mi propuesta



no es crecer el estado, sino limitar este crecimiento, imparable e inexorable. Los preceptos de la escuela de pensamiento



político económico conocida como Opción Pública nos explica que el crecimiento



del estado obedece a la lógica de los costos dispersos y beneficios



concentrados. Comparados con los



beneficiarios de algún programa de gasto público, los contribuyentes son



relativamente mayores en número. Por ser



contribuyentes, trabajan, o sea sus costos de oportunidad de ir a manifestar



políticamente son más altos. Pagadores



de impuestos los pagan de mala gana, y cuando se los suben, se quejan en la



mesa de cena en su casa y el día siguiente, siguen al trabajo. Al contrario, beneficiarios del gasto publico



tienen costos de oportunidad de protesta más bajos, están organizados en grupos



ya conformados y fácilmente movilizados por agentes públicos cuyos trabajos



dependen de ayudar a los dependientes.



Esta realidad conspira en que para los funcionarios públicos resulta más



popular subir gasto, que bajarlo, pero bajar impuestos que subirlos, aunque



subir impuestos es, para ellos, menos difícil que reducir gasto público.

El tamaño del estado crece, siempre, y en todo



momento. El keynesianismo resulta ser



una burda escusa utilizada por la izquierda autodenominada (en la mejor



tradición orwelliana) “progresista” para aumentar el gasto publico durante las



crisis económicas, para luego no bajarlo durante las recuperaciones, por lo



menos no en las mismas proporciones. Si



no se adopta mi humilde propuesta, Guatemala igual va tener gastos e ingresos



fiscales por encima del 20% del PIB, y muy probablemente, deuda pública por



encima del 40% del PIB, y 300% de los ingresos fiscales. Esto dentro de 20 años.

Así que, con mi propuesta, la elección no es



entre un estado de 20% del PIB y uno del 15%.



Es entre un estado constitucionalmente delimitado y limitado, y uno que



no lo es. Ahora, que hacemos con el 20%



del PIB en manos del estado? De entrada,



la restricción del 20% hace que, en el límite, el funcionario público va tener



que elegir entre tipos de gastos que quiere hacer. Con el límite imperante, mas gasto para el



programa X vendrá a costos del programa Y, cosa que ahora no sucede. Pero hablemos de prioridades de



consenso. Con ingresos fiscales



fortalecidos, en manos de una institucionalidad publica solida, e podría



invertir más en seguridad, triplicando la inversión hecha en el gasto militar y



en seguridad publica civil. El estado



guatemalteco no controla la gran mayoría del territorio nacional, por lo que



fuertes inversiones en seguridad civil y militar serán necesarias solo para



recuperar el país. Ni hablar de las



inversiones en educación necesarias para que el país deje de tener una población



ignorante, sumisa, y dependiente, la tormenta perfecta para el populismo



socialista que se propaga de nuevo en América Latina. Eso requiere impuestos.

¿Cuánto estado en la economía? Parte II

Nicholas Virzi
22 de septiembre, 2014

En mi artículo pasado se resumieron los



resultados de algunos estudios sobre el tamaño optimo del estado, escritos por



economistas de mercado. Del rango de 15%



al 30% del producto interno bruto que se estableció en ese resumen, yo



propondría para Guatemala un nivel de 20% de gasto público. De hecho, lo haría una regla fiscal



constitucionalmente establecida (se vale soñar) de un máximo de 20% para



gastos, ingresos y deuda pública.

A la contratación de deuda, puesto que bajo



condiciones normales su nivel optimo es cero, se podría adicionar un sinfín de



obstáculos para hacerla más difícil y asegurar que la contratación de deuda



pública refleje un amplio consenso político y social. No obstante, a veces contratación de deuda es



requerida para validos esfuerzos colectivos monumentales de interés común, por



lo que se recomendaría dejar abierta esta posibilidad, y hacer su ejercicio de



lo más difícil posible.

Actualmente, el gasto público se aproxima al



15%, y los ingresos fiscales al 12% del producto interno bruto. Muchos de mis amigos y compañeros de



filosofía liberal seguramente explotan de enojo al leer esta recomendación,



sino de risa al no mas oír la simple noción de que el estado guatemalteco debe



poseer el 20% de lo producido por los guatemaltecos. Habría que aclarar que si se habla de lo



políticamente viable, primero habría que componer la institucionalidad del



país, porque estoy de acuerdo que tributar mas a un gobierno corrupto no es el



camino al progreso.

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cosas. El punto central de mi propuesta



no es crecer el estado, sino limitar este crecimiento, imparable e inexorable. Los preceptos de la escuela de pensamiento



político económico conocida como Opción Pública nos explica que el crecimiento



del estado obedece a la lógica de los costos dispersos y beneficios



concentrados. Comparados con los



beneficiarios de algún programa de gasto público, los contribuyentes son



relativamente mayores en número. Por ser



contribuyentes, trabajan, o sea sus costos de oportunidad de ir a manifestar



políticamente son más altos. Pagadores



de impuestos los pagan de mala gana, y cuando se los suben, se quejan en la



mesa de cena en su casa y el día siguiente, siguen al trabajo. Al contrario, beneficiarios del gasto publico



tienen costos de oportunidad de protesta más bajos, están organizados en grupos



ya conformados y fácilmente movilizados por agentes públicos cuyos trabajos



dependen de ayudar a los dependientes.



Esta realidad conspira en que para los funcionarios públicos resulta más



popular subir gasto, que bajarlo, pero bajar impuestos que subirlos, aunque



subir impuestos es, para ellos, menos difícil que reducir gasto público.

El tamaño del estado crece, siempre, y en todo



momento. El keynesianismo resulta ser



una burda escusa utilizada por la izquierda autodenominada (en la mejor



tradición orwelliana) “progresista” para aumentar el gasto publico durante las



crisis económicas, para luego no bajarlo durante las recuperaciones, por lo



menos no en las mismas proporciones. Si



no se adopta mi humilde propuesta, Guatemala igual va tener gastos e ingresos



fiscales por encima del 20% del PIB, y muy probablemente, deuda pública por



encima del 40% del PIB, y 300% de los ingresos fiscales. Esto dentro de 20 años.

Así que, con mi propuesta, la elección no es



entre un estado de 20% del PIB y uno del 15%.



Es entre un estado constitucionalmente delimitado y limitado, y uno que



no lo es. Ahora, que hacemos con el 20%



del PIB en manos del estado? De entrada,



la restricción del 20% hace que, en el límite, el funcionario público va tener



que elegir entre tipos de gastos que quiere hacer. Con el límite imperante, mas gasto para el



programa X vendrá a costos del programa Y, cosa que ahora no sucede. Pero hablemos de prioridades de



consenso. Con ingresos fiscales



fortalecidos, en manos de una institucionalidad publica solida, e podría



invertir más en seguridad, triplicando la inversión hecha en el gasto militar y



en seguridad publica civil. El estado



guatemalteco no controla la gran mayoría del territorio nacional, por lo que



fuertes inversiones en seguridad civil y militar serán necesarias solo para



recuperar el país. Ni hablar de las



inversiones en educación necesarias para que el país deje de tener una población



ignorante, sumisa, y dependiente, la tormenta perfecta para el populismo



socialista que se propaga de nuevo en América Latina. Eso requiere impuestos.

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