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La importancia de un sistema judicial fuerte

Redacción República
18 de septiembre, 2014

Actualmente se llevan a cabo las



elecciones de los magistrados a corte de apelaciones y corte suprema de



justicia de nuestro país. Como siempre,



las comisiones de postulación, encargadas de elegir las nóminas de candidatos a



estos cargos, están acechadas por los grupos de interés que buscan influir para



nominar a los candidatos de su predilección.

Nuestra constitución establece



que los magistrados de la corte de apelaciones son electos por una comisión de



postulación conformada por los representantes de los rectores de las



universidades del país, los decanos de las facultades de derecho de las



universidades del país, por representantes del colegio de abogados y notarios y



por representantes electos por la corte suprema de justicia. La comisión de



postulación que elige magistrados de la corte de apelaciones está conformada de



la misma manera excepto que este último representante está conformado por



representantes electos por la corte de apelaciones.

En ese esquema, nuestra



constitución creó un sistema que dotó de muchísimo poder político a la



universidad de San Carlos y al colegio de abogados. Sabiendo que la USAC y el colegio de abogados



tienen una fuerte influencia en la designación de las grandes cortes todo quedó



servido en bandeja de plata para los grupos de interés. La receta está muy clara: consigue el mando



de la USAC y del colegio de abogados y tendrás el poder de designar tus jueces.

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Este esquema es el que prima



elección tras elección. Los personajes



que ejercen influencias son bien conocidos y por más CICIG que diga poner orden



la cosa no funciona. Peor aun, la CICIG



tiene un incentivo fuerte a influir en la designación de ciertos cargos para



nombrar a personas afines. Todos



recordamos lo sucedido en la elección al cargo de fiscal general en 2010 con el



espectáculo que dio entonces Castresana.

No se confunda el lector. No



estoy despotricando contra la CICIG ni contra algunos particulares que influyan



en el nombramiento de jueces. Más bien despotrico contra el sistema. Dados los incentivos que existen, lo que



ocurre es perfectamente lo que cualquier persona con cierta agudeza podría



prever que sucedería.

Lo que debemos plantearnos es qué



medidas deben tomarse para cambiar el esquema de incentivos existente. Algunas ideas exigen reformar la constitución



y otras remplazar la casi nula carrera judicial existente.

Yo creo que lo que es vital es



cambiar el sistema de elección como lo conocemos hoy. Hay que remplazar el sistema actual por uno



que sea más cercano a la sociedad civil.



Quizá si los magistrados ostentaran cargos vitalicios o de mayor



duración y las cortes se renovaran parcialmente, la historia sería diferente.

Si en lugar de cambiar cortes



cada cinco años únicamente renovásemos un magistrado o dos, la ciudadanía



estaría más pendiente de la persona que ocuparía el cargo. En Estados Unidos la



población está muy al tanto de cada vacante que surge en la suprema corte. Hoy la elección de las grandes cortes de



nuestro país es un suceso prácticamente desconocido para la mayor parte de la



población.

La importancia de un sistema judicial fuerte

Redacción República
18 de septiembre, 2014

Actualmente se llevan a cabo las



elecciones de los magistrados a corte de apelaciones y corte suprema de



justicia de nuestro país. Como siempre,



las comisiones de postulación, encargadas de elegir las nóminas de candidatos a



estos cargos, están acechadas por los grupos de interés que buscan influir para



nominar a los candidatos de su predilección.

Nuestra constitución establece



que los magistrados de la corte de apelaciones son electos por una comisión de



postulación conformada por los representantes de los rectores de las



universidades del país, los decanos de las facultades de derecho de las



universidades del país, por representantes del colegio de abogados y notarios y



por representantes electos por la corte suprema de justicia. La comisión de



postulación que elige magistrados de la corte de apelaciones está conformada de



la misma manera excepto que este último representante está conformado por



representantes electos por la corte de apelaciones.

En ese esquema, nuestra



constitución creó un sistema que dotó de muchísimo poder político a la



universidad de San Carlos y al colegio de abogados. Sabiendo que la USAC y el colegio de abogados



tienen una fuerte influencia en la designación de las grandes cortes todo quedó



servido en bandeja de plata para los grupos de interés. La receta está muy clara: consigue el mando



de la USAC y del colegio de abogados y tendrás el poder de designar tus jueces.

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Este esquema es el que prima



elección tras elección. Los personajes



que ejercen influencias son bien conocidos y por más CICIG que diga poner orden



la cosa no funciona. Peor aun, la CICIG



tiene un incentivo fuerte a influir en la designación de ciertos cargos para



nombrar a personas afines. Todos



recordamos lo sucedido en la elección al cargo de fiscal general en 2010 con el



espectáculo que dio entonces Castresana.

No se confunda el lector. No



estoy despotricando contra la CICIG ni contra algunos particulares que influyan



en el nombramiento de jueces. Más bien despotrico contra el sistema. Dados los incentivos que existen, lo que



ocurre es perfectamente lo que cualquier persona con cierta agudeza podría



prever que sucedería.

Lo que debemos plantearnos es qué



medidas deben tomarse para cambiar el esquema de incentivos existente. Algunas ideas exigen reformar la constitución



y otras remplazar la casi nula carrera judicial existente.

Yo creo que lo que es vital es



cambiar el sistema de elección como lo conocemos hoy. Hay que remplazar el sistema actual por uno



que sea más cercano a la sociedad civil.



Quizá si los magistrados ostentaran cargos vitalicios o de mayor



duración y las cortes se renovaran parcialmente, la historia sería diferente.

Si en lugar de cambiar cortes



cada cinco años únicamente renovásemos un magistrado o dos, la ciudadanía



estaría más pendiente de la persona que ocuparía el cargo. En Estados Unidos la



población está muy al tanto de cada vacante que surge en la suprema corte. Hoy la elección de las grandes cortes de



nuestro país es un suceso prácticamente desconocido para la mayor parte de la



población.

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