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15 años de infortunios. Parte II

Redacción República
27 de agosto, 2014

Se acaban de cumplir, el 9 de agosto, los 15 años del



gobierno del autoritario “dueño” de Rusia y de los rusos Vladímir Putin. Hace



15 años, en 1999, para sorpresa de todos los ciudadanos rusos, el entonces



Presidente Borís Yeltsin nombra a Putin el primer ministro, cargo que lo hará



saltar hacia el puesto máximo. Ahí comienza la así llamada “era de Putin” en la



historia contemporánea rusa.

Durante estos 15 años incluso de los fracasos de la política



interna del país el gobierno sacó tanto provechó como pudo, gracias al dominio



de la información pública. Las explosiones de las casas-condominios en Moscú en



1999 – supuestamente por los terroristas chechenos -, ni el trágico final del



submarino Kursk en el 2000 donce murieron muy lentamente, sin que la ayuda



nunca llegara, 118 marinos, en su mayoría muchachos jóvenes; ni la toma de



rehenes por los rebeldes chechenos en un teatro de Moscú en 2002 y su fallida



liberación por parte de la fuerza estatal (donde perecieron 67 personas que



asistían a un musical); ni la toma de la escuela en Beslán en 2004, donde el



ejército que los trataba de liberar mató a más de 330 rehenes, casi todos



menores de edad, nada de esto cambió la opinión del pueblo sobre su nuevo



gobernante. De verdad, los romanos tenían la razón al decir que el pueblo para



ser feliz sólo necesita pan y circo. Y lo que sobra en Rusia es el circo.

Las confrontaciones con los países vecinos (Georgia,



Estonia, Ucrania) también fueron aprovechadas, pero en este caso para elevar el



autoestima nacional lo que se convirtió en los grupos neonazi “skinheads” cuyo



lema es “Rusia para rusos” y “los rusos somos la raza superior” que en el 2007



asesinaron en las calles de las ciudades rusas a más de 80 personas que no



parecían rusos (entre ellos extranjeros y los ciudadanos rusos de otras



etnias). Sólo 3 casos de ellos ha sido llevado a los tribunales y en dos casos



los delincuentes fueron absueltos.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

En una conferencia de prensa Putin igualó el pueblo ruso con



el soviético y vanaglorió al pueblo soviético como el pueblo libertador de



Europa y del mundo, aludiendo a la Segunda Guerra Mundial, y abiertamente



amenazó a cualquier país que no reconociera estos méritos cerrarle el flujo del



gas natural. La táctica fue aprobada por los rusos en múltiples ocasiones y



Europa Occidental tuvo que tragar esta amenaza después de dos cierres de



gaseoducto ruso, lo que dejó a la Unión Europea por varios días sin este



carburante.

Con todo esto creció desproporcionadamente el aparato



estatal y burocracia, el pueblo fue privado de cualquier posibilidad de abrir



pequeños o medianos negocios, aunque el propio pueblo prefiere esperar milagros



del gobierno que pensar en los negocios, y lo que es lo más típico de cualquier



poder autoritario, fue creada la figura del enemigo acérrimo del país, a través



de las confrontaciones con la Unión Europea y los EEUU.

La famosa “vertical del poder”, implementada por Putin y que



consiste en desfederalización del poder (¡en una federación!) y en el



nombramiento de los gobernadores de las 89 provincias por el presidente – antes



de Putin a los gobernadores los elegía el pueblo -, la presentación de la



oposición como delincuentes comunes y como perturbadores del orden público, la



idealización de la persona del presidente a través de la creación de las



organizaciones políticas juveniles e infantiles (a semejanza del hitlerjugend



nazi por lo que recibieron el mote de putlerjugend en Rusia), todo esto permite



anunciar el fin de la democracia en el país. En varias ocasiones tanto el



propio Putin como muchos de los rusos, al mencionar la falta de democracia, han



alegado diciendo que Rusia no necesita ni quiere una democracia “occidental”



sino que le conviene “una mano dura” como la



que tiene el presidente saliente.

Los últimos eventos, que han sucedido y están sucediendo en



Ucrania, agobiada por los terroristas creados y criados por Putin y sus



allegados, prueban que Rusia va al abismo totalitario – una añoranza de un amo



todopoderoso que ansían tener los rusos. Las encuestas muestran que el 84% de



los rusos apoyan las barbaridades de este político nefasto lo que prueba que



los esclavos prefieren tener a alguien quien piense y tome las decisiones por



ellos a cambio de las libertades.





[email protected]





15 años de infortunios. Parte II

Redacción República
27 de agosto, 2014

Se acaban de cumplir, el 9 de agosto, los 15 años del



gobierno del autoritario “dueño” de Rusia y de los rusos Vladímir Putin. Hace



15 años, en 1999, para sorpresa de todos los ciudadanos rusos, el entonces



Presidente Borís Yeltsin nombra a Putin el primer ministro, cargo que lo hará



saltar hacia el puesto máximo. Ahí comienza la así llamada “era de Putin” en la



historia contemporánea rusa.

Durante estos 15 años incluso de los fracasos de la política



interna del país el gobierno sacó tanto provechó como pudo, gracias al dominio



de la información pública. Las explosiones de las casas-condominios en Moscú en



1999 – supuestamente por los terroristas chechenos -, ni el trágico final del



submarino Kursk en el 2000 donce murieron muy lentamente, sin que la ayuda



nunca llegara, 118 marinos, en su mayoría muchachos jóvenes; ni la toma de



rehenes por los rebeldes chechenos en un teatro de Moscú en 2002 y su fallida



liberación por parte de la fuerza estatal (donde perecieron 67 personas que



asistían a un musical); ni la toma de la escuela en Beslán en 2004, donde el



ejército que los trataba de liberar mató a más de 330 rehenes, casi todos



menores de edad, nada de esto cambió la opinión del pueblo sobre su nuevo



gobernante. De verdad, los romanos tenían la razón al decir que el pueblo para



ser feliz sólo necesita pan y circo. Y lo que sobra en Rusia es el circo.

Las confrontaciones con los países vecinos (Georgia,



Estonia, Ucrania) también fueron aprovechadas, pero en este caso para elevar el



autoestima nacional lo que se convirtió en los grupos neonazi “skinheads” cuyo



lema es “Rusia para rusos” y “los rusos somos la raza superior” que en el 2007



asesinaron en las calles de las ciudades rusas a más de 80 personas que no



parecían rusos (entre ellos extranjeros y los ciudadanos rusos de otras



etnias). Sólo 3 casos de ellos ha sido llevado a los tribunales y en dos casos



los delincuentes fueron absueltos.

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En una conferencia de prensa Putin igualó el pueblo ruso con



el soviético y vanaglorió al pueblo soviético como el pueblo libertador de



Europa y del mundo, aludiendo a la Segunda Guerra Mundial, y abiertamente



amenazó a cualquier país que no reconociera estos méritos cerrarle el flujo del



gas natural. La táctica fue aprobada por los rusos en múltiples ocasiones y



Europa Occidental tuvo que tragar esta amenaza después de dos cierres de



gaseoducto ruso, lo que dejó a la Unión Europea por varios días sin este



carburante.

Con todo esto creció desproporcionadamente el aparato



estatal y burocracia, el pueblo fue privado de cualquier posibilidad de abrir



pequeños o medianos negocios, aunque el propio pueblo prefiere esperar milagros



del gobierno que pensar en los negocios, y lo que es lo más típico de cualquier



poder autoritario, fue creada la figura del enemigo acérrimo del país, a través



de las confrontaciones con la Unión Europea y los EEUU.

La famosa “vertical del poder”, implementada por Putin y que



consiste en desfederalización del poder (¡en una federación!) y en el



nombramiento de los gobernadores de las 89 provincias por el presidente – antes



de Putin a los gobernadores los elegía el pueblo -, la presentación de la



oposición como delincuentes comunes y como perturbadores del orden público, la



idealización de la persona del presidente a través de la creación de las



organizaciones políticas juveniles e infantiles (a semejanza del hitlerjugend



nazi por lo que recibieron el mote de putlerjugend en Rusia), todo esto permite



anunciar el fin de la democracia en el país. En varias ocasiones tanto el



propio Putin como muchos de los rusos, al mencionar la falta de democracia, han



alegado diciendo que Rusia no necesita ni quiere una democracia “occidental”



sino que le conviene “una mano dura” como la



que tiene el presidente saliente.

Los últimos eventos, que han sucedido y están sucediendo en



Ucrania, agobiada por los terroristas creados y criados por Putin y sus



allegados, prueban que Rusia va al abismo totalitario – una añoranza de un amo



todopoderoso que ansían tener los rusos. Las encuestas muestran que el 84% de



los rusos apoyan las barbaridades de este político nefasto lo que prueba que



los esclavos prefieren tener a alguien quien piense y tome las decisiones por



ellos a cambio de las libertades.





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