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El proceso corrosivo de la cleptocracia.

Redacción República
05 de noviembre, 2014

A finales del mes pasado, el presidente



Otto Pérez Molina anunció la destitución de dos miembros muy importantes de su



cartera. Por un lado, el ex Ministro de Salud, Jorge Villavicencio y, por el



otro, el interventor de la Dirección General de Migración, Vicente Roca. Tanto



Villavicencio como Roca, fueron destituidos de su cargo por supuestas anomalías



en el manejo de recursos públicos y distintos actos de corrupción.





Sin embargo, la situación es más complicada



que dos destituciones. El último informe de la Contraloría General de Cuentas, órgano



rector del control gubernamental y encargado de fiscalizar los egresos e



ingresos del Estado, enumera un sinfín de denuncias sobre mal manejo de



recursos públicos. El informe subraya anomalías en los ministerios de Salud y



de Cultura y Deportes, y en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.



Según el documento, las tres entidades acumulan 58 observaciones por el manejo



cuestionable de Q319 millones. Además, en lo que va del año, se han presentado



al Ministerio Público 144 denuncias penales contra entidades públicas por mal



manejo de fondos.





Este tipo de situaciones no son novedad



alguna. Guatemala es uno de los países más corruptos de la región. Nuestra nación



ocupa el puesto 123 de 177 en el Índice de Percepción de Corrupción de



Transparencia Internacional del 2013. Lamentablemente, la cleptocracia –



etimológicamente definida como “el dominio de los ladrones”-, ha estado presente en las distintas



administraciones que nos han gobernado a lo largo de los años, envenenando



paulatina pero decididamente todo el sistema. Recordemos que un país donde la



ley y el orden no impera, no prospera porque las reglas del juego se



interpretan en forma flexible para favorecer a quien más pague. Un gobierno permeado



por la cleptocracia, no vela por los intereses de la ciudadanía, sino que lo



dirigen funcionarios que buscan el enriquecimiento personal. De esta manera se



aprovechan de su puesto y abusan de su autoridad para asignar obras a sus



propias empresas, sobrevalorar medicinas, etc. La corrupción no es un crimen



sin víctimas. Las víctimas son muy reales, y somos todos nosotros.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER




Aunque es meritorio que se expulsen a



funcionarios corruptos, realmente debemos exigir el funcionamiento del sistema



de justicia hacia la condena de aquellos que han violado la ley. Queda pendiente



que se lleve a cabo el debido proceso para llenar cualquier vacío que la



investigación presente





Parte de los derechos humanos universales



de toda persona es la presunción de inocencia, esta establece que todos somos



inocentes hasta que se demuestre lo contrario. En el caso de nuestro país



debemos pasar de la simple retórica acusatoria, sea desde funcionarios o de los



mismos medios de comunicación, a sentencias firmes y bien fundamentadas.



Debemos despertar como ciudadanía y darnos cuenta que podemos acompañar estos



procesos, ya sea en la auditoría social de la fiscalía anticorrupción o



generando observatorios sobre los fallos de las cortes respecto a este tema. Como



guatemaltecos, no podemos seguir viendo a la cleptocracia como algo cotidiano.



Este es un tema que afecta aspectos como la calidad de las asignaciones



presupuestarias, la seguridad ciudadana, la atracción de turismo e inversión



extranjera y acceso a cosas tan importantes y vitales como las medicinas. No



podemos permitir que la cleptocraica robe nuestro futuro.





Más que un callejón sin salida, esta



problemática es una oportunidad para unirnos como ciudadanía. El abordaje



institucional de la corrupción y la veeduría de la erradicación de este flagelo,



nos debe de aglutinar como temática. Quiero aprovechar este espacio para invitarnos



a que juntos, organizaciones de sociedad civil y todos la ciudadanos, nos



unamos alrededor de este esfuerzo. Este no es un tema de clases, ideologías o



sectores, es un tema de corrosión institucional y de viabilidad como país.



Basta ya de ser espectadores pasivos de cómo se hunde este barco. Debemos



exigirle a nuestro sistema de justicia que genere consecuencias para quienes se



sirven vorazmente de la confianza y del poder con que han sido embestidos. Solo



así lograremos terminar con este ciclo vicioso que de tanto nos priva. Les



pregunto de nuevo entonces, ¿cuánto tiempo más vamos a esperar para actuar?





www.salvadorpaiz.com

@salva_paiz

El proceso corrosivo de la cleptocracia.

Redacción República
05 de noviembre, 2014

A finales del mes pasado, el presidente



Otto Pérez Molina anunció la destitución de dos miembros muy importantes de su



cartera. Por un lado, el ex Ministro de Salud, Jorge Villavicencio y, por el



otro, el interventor de la Dirección General de Migración, Vicente Roca. Tanto



Villavicencio como Roca, fueron destituidos de su cargo por supuestas anomalías



en el manejo de recursos públicos y distintos actos de corrupción.





Sin embargo, la situación es más complicada



que dos destituciones. El último informe de la Contraloría General de Cuentas, órgano



rector del control gubernamental y encargado de fiscalizar los egresos e



ingresos del Estado, enumera un sinfín de denuncias sobre mal manejo de



recursos públicos. El informe subraya anomalías en los ministerios de Salud y



de Cultura y Deportes, y en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.



Según el documento, las tres entidades acumulan 58 observaciones por el manejo



cuestionable de Q319 millones. Además, en lo que va del año, se han presentado



al Ministerio Público 144 denuncias penales contra entidades públicas por mal



manejo de fondos.





Este tipo de situaciones no son novedad



alguna. Guatemala es uno de los países más corruptos de la región. Nuestra nación



ocupa el puesto 123 de 177 en el Índice de Percepción de Corrupción de



Transparencia Internacional del 2013. Lamentablemente, la cleptocracia –



etimológicamente definida como “el dominio de los ladrones”-, ha estado presente en las distintas



administraciones que nos han gobernado a lo largo de los años, envenenando



paulatina pero decididamente todo el sistema. Recordemos que un país donde la



ley y el orden no impera, no prospera porque las reglas del juego se



interpretan en forma flexible para favorecer a quien más pague. Un gobierno permeado



por la cleptocracia, no vela por los intereses de la ciudadanía, sino que lo



dirigen funcionarios que buscan el enriquecimiento personal. De esta manera se



aprovechan de su puesto y abusan de su autoridad para asignar obras a sus



propias empresas, sobrevalorar medicinas, etc. La corrupción no es un crimen



sin víctimas. Las víctimas son muy reales, y somos todos nosotros.

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Aunque es meritorio que se expulsen a



funcionarios corruptos, realmente debemos exigir el funcionamiento del sistema



de justicia hacia la condena de aquellos que han violado la ley. Queda pendiente



que se lleve a cabo el debido proceso para llenar cualquier vacío que la



investigación presente





Parte de los derechos humanos universales



de toda persona es la presunción de inocencia, esta establece que todos somos



inocentes hasta que se demuestre lo contrario. En el caso de nuestro país



debemos pasar de la simple retórica acusatoria, sea desde funcionarios o de los



mismos medios de comunicación, a sentencias firmes y bien fundamentadas.



Debemos despertar como ciudadanía y darnos cuenta que podemos acompañar estos



procesos, ya sea en la auditoría social de la fiscalía anticorrupción o



generando observatorios sobre los fallos de las cortes respecto a este tema. Como



guatemaltecos, no podemos seguir viendo a la cleptocracia como algo cotidiano.



Este es un tema que afecta aspectos como la calidad de las asignaciones



presupuestarias, la seguridad ciudadana, la atracción de turismo e inversión



extranjera y acceso a cosas tan importantes y vitales como las medicinas. No



podemos permitir que la cleptocraica robe nuestro futuro.





Más que un callejón sin salida, esta



problemática es una oportunidad para unirnos como ciudadanía. El abordaje



institucional de la corrupción y la veeduría de la erradicación de este flagelo,



nos debe de aglutinar como temática. Quiero aprovechar este espacio para invitarnos



a que juntos, organizaciones de sociedad civil y todos la ciudadanos, nos



unamos alrededor de este esfuerzo. Este no es un tema de clases, ideologías o



sectores, es un tema de corrosión institucional y de viabilidad como país.



Basta ya de ser espectadores pasivos de cómo se hunde este barco. Debemos



exigirle a nuestro sistema de justicia que genere consecuencias para quienes se



sirven vorazmente de la confianza y del poder con que han sido embestidos. Solo



así lograremos terminar con este ciclo vicioso que de tanto nos priva. Les



pregunto de nuevo entonces, ¿cuánto tiempo más vamos a esperar para actuar?





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