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¿Por qué somos violentos?

Redacción República
09 de octubre, 2014

Hace unas semanas se anunció que



la cantidad de homicidios se ha reducido un 6% en Guatemala. Para ser una nación con una tasa promedio



(depende qué fuente tomemos de referencia) de 38 homicidios por cada 100,000



habitantes, dicho dato no es muy



alentador.

Muchas hipótesis surgen para



intentar explicar las causas de la violencia.



Unos dicen que se debe al abandono de los principios religiosos y que



esto desata la “maldad” de las



personas. Otros, hilando más fino,



atribuyen a la pobreza y las desigualdades el origen de las conductas violentas



de nuestro país.

Sin entrar en demasiados detalles



un examen medianamente detallado reflejaría que ninguna de las dos



explicaciones resulta satisfactoria.



Tendremos países cuya cuantía de creyentes es baja y presentan bajos



índices de violencia y países pobres y desiguales con altos índices de



violencia. Por el contrario,



encontraremos también sitios de ingreso mediano o alto con tasas de homicidios



altas y países con estructuras demográficas con personas creyentes que también



presentan altos índices de violencia.

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Un ejemplo de un país con



habitantes de pocas convicciones religiosas y escasamente violentos podría ser



República Checa donde solo el 23% de habitantes creen en dios y cuya una tasa



de homicidios es de 1.7 por cada 100,000 habitantes. En el mismo plano estaría Suecia que cuenta



con una tasa de creyentes del 23% y de 1 homicidio por cada 100,000 habitantes.

Si piensa que el problema de la



violencia se debe a la pobreza, falta de oportunidades y desigualdades sociales



y de ingresos, bastaría echar un vistazo a Bangladés. Este país tiene un ingreso per cápita ($675)



muy inferior al de Guatemala ($3,330) y cuenta con una tasa de homicidios de



2.7 por cada 100,000 habitantes. Muy



inferior a los 38 que presenta Guatemala.

¿Quiere ejemplos más cercanos?



Observemos a Bolivia y a Paraguay. Ambos



son países hispanoamericanos, de similar nivel de ingresos que Guatemala, de



similar índice de desigualdades (tomando el coeficiente de Gini como indicador)



y con una estructura étnica y demográfica muy parecida. Pues bien, Bolivia y Paraguay tienen un



índice de 7.7 y 11.4 homicidios por 100,000 habitantes, respectivamente.

Por el otro lado tendremos



ciudades de ingresos decentes y con altos índices de homicidios. Tal es el caso de ciudades americanas como



Nueva Orleans y Baltimore que presentan tasas de homicidios de 45 y 37



homicidios por cada 100,000 habitantes, respectivamente. Es verdad que no se trata de las ciudades



americanas más pujantes pero cuentan con un nivel de ingresos muy superior al



de nuestros países.

La explicación al porqué de la



violencia es compleja. No pretendo ofrecer una explicación en estas líneas. Solo



señalar que si esperamos encontrar explicaciones unicausales sea vía las desigualdades



o falta de valores religiosos, seremos incapaces de entender el fenómeno.

Creo que la psicología



evolucionista ha dado algunas claves al explicar que la violencia era una estrategia



mediante la cual el homo sapiens



obtenía recursos y que con el descubrimiento de la agricultura y el tránsito al



sedentarismo fue aprendiendo a cooperar y esa estrategia cooperativa reprimió



esos caracteres genéticos violentos.

Las instituciones formales e



informales ayudan (o no) a permitir la cooperación pacífica entre los seres



humanos. En la medida que las



instituciones formales (el Estado, por ejemplo) o las informales (moral,



religión, reglas sociales, etc.) no logren generar ese ambiente cooperativo los



caracteres más primitivos del ser humano se desatarán generando actitudes



violentas.

¿Por qué somos violentos?

Redacción República
09 de octubre, 2014

Hace unas semanas se anunció que



la cantidad de homicidios se ha reducido un 6% en Guatemala. Para ser una nación con una tasa promedio



(depende qué fuente tomemos de referencia) de 38 homicidios por cada 100,000



habitantes, dicho dato no es muy



alentador.

Muchas hipótesis surgen para



intentar explicar las causas de la violencia.



Unos dicen que se debe al abandono de los principios religiosos y que



esto desata la “maldad” de las



personas. Otros, hilando más fino,



atribuyen a la pobreza y las desigualdades el origen de las conductas violentas



de nuestro país.

Sin entrar en demasiados detalles



un examen medianamente detallado reflejaría que ninguna de las dos



explicaciones resulta satisfactoria.



Tendremos países cuya cuantía de creyentes es baja y presentan bajos



índices de violencia y países pobres y desiguales con altos índices de



violencia. Por el contrario,



encontraremos también sitios de ingreso mediano o alto con tasas de homicidios



altas y países con estructuras demográficas con personas creyentes que también



presentan altos índices de violencia.

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habitantes de pocas convicciones religiosas y escasamente violentos podría ser



República Checa donde solo el 23% de habitantes creen en dios y cuya una tasa



de homicidios es de 1.7 por cada 100,000 habitantes. En el mismo plano estaría Suecia que cuenta



con una tasa de creyentes del 23% y de 1 homicidio por cada 100,000 habitantes.

Si piensa que el problema de la



violencia se debe a la pobreza, falta de oportunidades y desigualdades sociales



y de ingresos, bastaría echar un vistazo a Bangladés. Este país tiene un ingreso per cápita ($675)



muy inferior al de Guatemala ($3,330) y cuenta con una tasa de homicidios de



2.7 por cada 100,000 habitantes. Muy



inferior a los 38 que presenta Guatemala.

¿Quiere ejemplos más cercanos?



Observemos a Bolivia y a Paraguay. Ambos



son países hispanoamericanos, de similar nivel de ingresos que Guatemala, de



similar índice de desigualdades (tomando el coeficiente de Gini como indicador)



y con una estructura étnica y demográfica muy parecida. Pues bien, Bolivia y Paraguay tienen un



índice de 7.7 y 11.4 homicidios por 100,000 habitantes, respectivamente.

Por el otro lado tendremos



ciudades de ingresos decentes y con altos índices de homicidios. Tal es el caso de ciudades americanas como



Nueva Orleans y Baltimore que presentan tasas de homicidios de 45 y 37



homicidios por cada 100,000 habitantes, respectivamente. Es verdad que no se trata de las ciudades



americanas más pujantes pero cuentan con un nivel de ingresos muy superior al



de nuestros países.

La explicación al porqué de la



violencia es compleja. No pretendo ofrecer una explicación en estas líneas. Solo



señalar que si esperamos encontrar explicaciones unicausales sea vía las desigualdades



o falta de valores religiosos, seremos incapaces de entender el fenómeno.

Creo que la psicología



evolucionista ha dado algunas claves al explicar que la violencia era una estrategia



mediante la cual el homo sapiens



obtenía recursos y que con el descubrimiento de la agricultura y el tránsito al



sedentarismo fue aprendiendo a cooperar y esa estrategia cooperativa reprimió



esos caracteres genéticos violentos.

Las instituciones formales e



informales ayudan (o no) a permitir la cooperación pacífica entre los seres



humanos. En la medida que las



instituciones formales (el Estado, por ejemplo) o las informales (moral,



religión, reglas sociales, etc.) no logren generar ese ambiente cooperativo los



caracteres más primitivos del ser humano se desatarán generando actitudes



violentas.

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