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La Revolución de Octubre y la Primavera Democrática

Redacción República
29 de octubre, 2014

En



estos días de conmemoración de la Revolución de 1944 quería recordar un par de



datos olvidados que nos permiten analizar los eventos del 20 de octubre en su



justa dimensión.

Hoy



en día, la narrativa predominante nos quiere vender que los sucesos de octubre



del 44 derivaron de un movimiento de sectores populares, trabajadores, pobres e



indígenas en aras de promover la democracia, el desarrollo económico y la



igualdad.

Eso



no es cierto.

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Para



muestra, si vemos quiénes fueron los firmantes del Manifiesto de los 311 (en el



que se terminó solicitando la renuncia de Jorge Ubico), eran miembros de las



clases medias-altas citadinas, hijos de finqueros que residían en la ciudad,



que no se dedicaban al negocio familiar sino que habían estudiado en la



universidad y ejercía profesiones liberales.

También



hay un elemento de racismo en la Revolución. Recordemos. Ponce Vaídes (el



sucesor temporal de Ubico) decidió que iba a convocar elecciones para noviembre



del 44, pero se le ocurrió que él quería participar también. Como demostración



de fuerza y “apoyo popular”, el 15 de septiembre de 1944, Ponce



organizó una movilización de varios miles de indígenas en la ciudad capital.

Esa



fue una de las gotas que contribuyó al rebalse del vaso. Las clases medias y



medias-altas citadinas, aterrorizados por la “invasión” indígena de



la ciudad, consolidaron su convicción de que a Ponce había que botarlo por la



fuerza o perderían las elecciones a manos del oficialismo. Es decir, un



sentimiento implícito de racismo aceleró los acontecimientos del 44.

Y



por si fuera poco, los mismos indígenas rechazaron el movimiento de octubre. El



27 de ese mes, se produjo un levantamiento de Patzicía, donde la alcaldía



indígena organizó una movilización para mostrar su rechazo al triunvirato de



Arbenz-Arana-Toriello, y solicitar el retorno de “su Presidente”



Ponce Vaides. Oh sorpresa, el triunvirato revolucionario aplacó a sangre y



plomo el levantamiento.

¿No



que era un movimiento incluyente? ¿No que era un movimiento pro-grupos



excluidos?

Otro



dato que también nos permite analizar los eventos de la Primavera Democrática



en su justa dimensión está relacionado con la caída de Jacobo Árbenz. La



narrativa dominante siempre recalca que la Revolución guatemalteca fue abortada



por la “Invasión yankee”.

Eso



es mentira.

No



hubo invasión yankee. Una invasión yankee hubiese implicado la venida de



Marines, de la 82 o de fuerzas armadas norteamericanas. Como sí sucedió en



Vietnam (1967), Laos (1969), Granada (1982), Afghanistán (2001), Irak (2003).

En



cambio, Kinzer y Schlesinger, en Bitter Fruit (Fruta Amarga), documentan que



Árbenz cayó culpa de un movimiento de 300 campesinos mal armados (La



Liberación), 2 aviones (de los cuales uno no despegó), medio millón de dólares



y un radiotransmisor (La Radio Liberación).

Es



más, Tim Wiesner en Legacy of Ashes (la historia de la CIA), documenta la



torpeza con la que la Agencia había ejecutado sus operaciones entre 1947 (fecha



de su fundación) y 1954. Guatemala fue tan sólo la tercera operación exitosa,



de un total de 12 implementadas en esos 7 años. Incluso, el desencanto de



Eisenhower con la CIA era tal, que cuando el bombardero no despegó, Tacho Somoza



(dictador nicaragüense e intermediario de la operación) le pidió a Ike si podía



prestar un avión de su fuerza área para apoyar a La Liberación, y Ike se negó.

También,



en la biografía de Eisenhower escrita por Jim Newton, se reseña (en 2 páginas,



ni más ni menos) el caso de Guatemala. Newton narra que cuando Allen Dulles le



informó a Ike que Arbenz había caído en Guatemala, el Presidente norteamericano



se sorprendió, porque no podía creer que un Gobierno sucumbiera ante 300



campesinos y un avión.

Eso



revela una realidad más profunda. Arbenz cayó por su debilidad interna y no por



“invasión Yankee”. Esa debilidad derivaba de haber perdido el apoyo



de 2 de los actores políticamente relevantes. Por un lado, la Iglesia Católica,



que bajo el liderazgo de Monseñor Rosell y Arellano dirigieron el esfuerzo



contra el comunismo ateo. Y no contaba con el apoyo del Ejército, cuyo alto



mando (o por lo menos una facción de éste), aún le endilgaba a Arbenz su



participación -directa o indirecta- en el asesinato de Francisco Javier Arana.

En



cambio, las clases populares, trabajadores e indígenas, que supuestamente eran



la base popular de su régimen, no movieron un dedo para defender a Arbenz. Como



vemos que sí ocurrió en el México de Carranza y Obregón (1914-20). en la Rusia



de Lenin (1917), o en la Venezuela de Chávez (2002), en donde el apoyo popular



impidió la caída de dichos gobiernos.

Al final la caída de Arbenz fue como la historia de los tres



cochinitos: la CIA sopló y el gobierno cayó. Y como siempre, le echamos la



culpa al lobo, en lugar de ver que la casita estaba construida de paja.

Esa



es la necesidad de poner en su justa dimensión los acontecimientos históricos,



y no deificar fechas sin ver los diferentes matices del proceso histórico.





La Revolución de Octubre y la Primavera Democrática

Redacción República
29 de octubre, 2014

En



estos días de conmemoración de la Revolución de 1944 quería recordar un par de



datos olvidados que nos permiten analizar los eventos del 20 de octubre en su



justa dimensión.

Hoy



en día, la narrativa predominante nos quiere vender que los sucesos de octubre



del 44 derivaron de un movimiento de sectores populares, trabajadores, pobres e



indígenas en aras de promover la democracia, el desarrollo económico y la



igualdad.

Eso



no es cierto.

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Para



muestra, si vemos quiénes fueron los firmantes del Manifiesto de los 311 (en el



que se terminó solicitando la renuncia de Jorge Ubico), eran miembros de las



clases medias-altas citadinas, hijos de finqueros que residían en la ciudad,



que no se dedicaban al negocio familiar sino que habían estudiado en la



universidad y ejercía profesiones liberales.

También



hay un elemento de racismo en la Revolución. Recordemos. Ponce Vaídes (el



sucesor temporal de Ubico) decidió que iba a convocar elecciones para noviembre



del 44, pero se le ocurrió que él quería participar también. Como demostración



de fuerza y “apoyo popular”, el 15 de septiembre de 1944, Ponce



organizó una movilización de varios miles de indígenas en la ciudad capital.

Esa



fue una de las gotas que contribuyó al rebalse del vaso. Las clases medias y



medias-altas citadinas, aterrorizados por la “invasión” indígena de



la ciudad, consolidaron su convicción de que a Ponce había que botarlo por la



fuerza o perderían las elecciones a manos del oficialismo. Es decir, un



sentimiento implícito de racismo aceleró los acontecimientos del 44.

Y



por si fuera poco, los mismos indígenas rechazaron el movimiento de octubre. El



27 de ese mes, se produjo un levantamiento de Patzicía, donde la alcaldía



indígena organizó una movilización para mostrar su rechazo al triunvirato de



Arbenz-Arana-Toriello, y solicitar el retorno de “su Presidente”



Ponce Vaides. Oh sorpresa, el triunvirato revolucionario aplacó a sangre y



plomo el levantamiento.

¿No



que era un movimiento incluyente? ¿No que era un movimiento pro-grupos



excluidos?

Otro



dato que también nos permite analizar los eventos de la Primavera Democrática



en su justa dimensión está relacionado con la caída de Jacobo Árbenz. La



narrativa dominante siempre recalca que la Revolución guatemalteca fue abortada



por la “Invasión yankee”.

Eso



es mentira.

No



hubo invasión yankee. Una invasión yankee hubiese implicado la venida de



Marines, de la 82 o de fuerzas armadas norteamericanas. Como sí sucedió en



Vietnam (1967), Laos (1969), Granada (1982), Afghanistán (2001), Irak (2003).

En



cambio, Kinzer y Schlesinger, en Bitter Fruit (Fruta Amarga), documentan que



Árbenz cayó culpa de un movimiento de 300 campesinos mal armados (La



Liberación), 2 aviones (de los cuales uno no despegó), medio millón de dólares



y un radiotransmisor (La Radio Liberación).

Es



más, Tim Wiesner en Legacy of Ashes (la historia de la CIA), documenta la



torpeza con la que la Agencia había ejecutado sus operaciones entre 1947 (fecha



de su fundación) y 1954. Guatemala fue tan sólo la tercera operación exitosa,



de un total de 12 implementadas en esos 7 años. Incluso, el desencanto de



Eisenhower con la CIA era tal, que cuando el bombardero no despegó, Tacho Somoza



(dictador nicaragüense e intermediario de la operación) le pidió a Ike si podía



prestar un avión de su fuerza área para apoyar a La Liberación, y Ike se negó.

También,



en la biografía de Eisenhower escrita por Jim Newton, se reseña (en 2 páginas,



ni más ni menos) el caso de Guatemala. Newton narra que cuando Allen Dulles le



informó a Ike que Arbenz había caído en Guatemala, el Presidente norteamericano



se sorprendió, porque no podía creer que un Gobierno sucumbiera ante 300



campesinos y un avión.

Eso



revela una realidad más profunda. Arbenz cayó por su debilidad interna y no por



“invasión Yankee”. Esa debilidad derivaba de haber perdido el apoyo



de 2 de los actores políticamente relevantes. Por un lado, la Iglesia Católica,



que bajo el liderazgo de Monseñor Rosell y Arellano dirigieron el esfuerzo



contra el comunismo ateo. Y no contaba con el apoyo del Ejército, cuyo alto



mando (o por lo menos una facción de éste), aún le endilgaba a Arbenz su



participación -directa o indirecta- en el asesinato de Francisco Javier Arana.

En



cambio, las clases populares, trabajadores e indígenas, que supuestamente eran



la base popular de su régimen, no movieron un dedo para defender a Arbenz. Como



vemos que sí ocurrió en el México de Carranza y Obregón (1914-20). en la Rusia



de Lenin (1917), o en la Venezuela de Chávez (2002), en donde el apoyo popular



impidió la caída de dichos gobiernos.

Al final la caída de Arbenz fue como la historia de los tres



cochinitos: la CIA sopló y el gobierno cayó. Y como siempre, le echamos la



culpa al lobo, en lugar de ver que la casita estaba construida de paja.

Esa



es la necesidad de poner en su justa dimensión los acontecimientos históricos,



y no deificar fechas sin ver los diferentes matices del proceso histórico.





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