A veces la historia tiene un sentido del humor particularmente sofisticado. El hombre al que una dictadura le quitó la nacionalidad termina entrando en una institución dedicada precisamente a custodiar una lengua que ningún decreto puede confiscar. El escritor nicaragüense Sergio Ramírez ocupará la silla L de la Real Academia Española, la misma que dejó vacante Mario Vargas Llosa tras su muerte.
La RAE, ese lugar donde las palabras envejecen con más solemnidad que los ministros, acaba de abrirle la puerta a un novelista que ha vivido varias vidas: revolucionario sandinista, vicepresidente de Nicaragua, exiliado político, cronista feroz de las ilusiones latinoamericanas y, sobre todo, escritor con oficio de relojero. En Latinoamérica abundan los políticos que escriben memorias; Sergio Ramírez pertenece a la especie más rara: los escritores capaces de sobrevivir a la política sin perder la literatura.
La elección tiene además algo de reparación literaria y geográfica. Durante décadas, Centroamérica aparecía en el mapa cultural internacional como una nota al pie entre dictaduras, volcanes y huracanes. Ramírez convirtió esa periferia en territorio narrativo de primera división. Fue el primero de la región en ganar el Premio Cervantes y ahora entra en la academia que fija, limpia y da esplendor a un idioma que en Managua, Ciudad de Guatemala o San Salvador muchas veces ha tenido que aprender a sobrevivir entre censuras y apagones democráticos.
También hay una ironía deliciosa en el hecho de que ocupe la silla de Vargas Llosa. Dos antiguos hombres de izquierda, dos novelistas obsesionados con el poder, dos latinoamericanos que terminaron convertidos en referentes españoles casi por exilio emocional. La literatura hispanoamericana lleva décadas exportando escritores a Madrid como quien manda embajadores involuntarios.
Ramírez ha dicho que este ingreso es “la coronación” de su vida literaria. Quizá tenga razón. Aunque, tratándose de Latinoamérica, conviene desconfiar un poco de las coronaciones: suelen acabar en novela.
A veces la historia tiene un sentido del humor particularmente sofisticado. El hombre al que una dictadura le quitó la nacionalidad termina entrando en una institución dedicada precisamente a custodiar una lengua que ningún decreto puede confiscar. El escritor nicaragüense Sergio Ramírez ocupará la silla L de la Real Academia Española, la misma que dejó vacante Mario Vargas Llosa tras su muerte.
La RAE, ese lugar donde las palabras envejecen con más solemnidad que los ministros, acaba de abrirle la puerta a un novelista que ha vivido varias vidas: revolucionario sandinista, vicepresidente de Nicaragua, exiliado político, cronista feroz de las ilusiones latinoamericanas y, sobre todo, escritor con oficio de relojero. En Latinoamérica abundan los políticos que escriben memorias; Sergio Ramírez pertenece a la especie más rara: los escritores capaces de sobrevivir a la política sin perder la literatura.
La elección tiene además algo de reparación literaria y geográfica. Durante décadas, Centroamérica aparecía en el mapa cultural internacional como una nota al pie entre dictaduras, volcanes y huracanes. Ramírez convirtió esa periferia en territorio narrativo de primera división. Fue el primero de la región en ganar el Premio Cervantes y ahora entra en la academia que fija, limpia y da esplendor a un idioma que en Managua, Ciudad de Guatemala o San Salvador muchas veces ha tenido que aprender a sobrevivir entre censuras y apagones democráticos.
También hay una ironía deliciosa en el hecho de que ocupe la silla de Vargas Llosa. Dos antiguos hombres de izquierda, dos novelistas obsesionados con el poder, dos latinoamericanos que terminaron convertidos en referentes españoles casi por exilio emocional. La literatura hispanoamericana lleva décadas exportando escritores a Madrid como quien manda embajadores involuntarios.
Ramírez ha dicho que este ingreso es “la coronación” de su vida literaria. Quizá tenga razón. Aunque, tratándose de Latinoamérica, conviene desconfiar un poco de las coronaciones: suelen acabar en novela.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: