Actualidad
Actualidad
Política
Política
Empresa
Empresa
Opinión
Opinión
Inmobiliaria
Inmobiliaria
Agenda Empresarial
Agenda Empresarial

Sandro Testelli: "Me gusta dejar huella en cada proyecto"

Foto: Diego Cabrera/ República
Ximena Fernández
12 de abril, 2026

Sandro Testelli es mexicano-italiano y lleva seis años en el país, donde hoy lidera la operación de Grupo Marhnos. Su llegada al sector de infraestructura no fue en línea recta, sino a partir de distintas experiencias que marcaron su camino. Ingeniero industrial con especialización en finanzas, desarrolló parte de su carrera en empresas como Banamex y Grupo Tribasa. En esta entrevista, el foco va más allá del cargo y se centra en la persona: su origen, su historia familiar y los momentos que lo formaron. Desde ahí, comparte una idea que atraviesa su trayectoria: el potencial no se activa por sí solo. También habla de “dejar huella”, como una forma concreta de entender la infraestructura y su impacto en el país.

¿De dónde viene, cuál es su historia familiar y cómo empezó todo?

—Soy mitad mexicano, mitad italiano. Mi papá era del norte de Italia, muy cerca de Bolonia, y fue médico cardiólogo. Le tocó vivir la Segunda Guerra Mundial, y me contaba muchas de sus experiencias más duras: la escasez de alimentos, los bombardeos, la pérdida de amigos y de familiares. Vivió todo esto entre los 12 y 14 años. A pesar de ello, fue un gran estudiante, hijo de un abuelo campesino y de una abuela panadera. Con el tiempo, obtuvo una beca para estudiar medicina y, por sus calificaciones, accedió a una especialidad en cardiología en Chicago, Illinois. Posteriormente, le ofrecieron una residencia de seis meses en un hospital de cardiología en México, donde conoció a mi mamá, quien era enfermera. Fue el típico romance de telenovela. Somos cuatro hermanos; yo soy el tercero. Mi papá falleció hace 20 años y desde entonces hemos acompañado a mi mamá. Estoy casado con Elizabeth desde los 27 años y tenemos tres hijos. Nunca imaginé vivir en Guatemala. Llevo seis años aquí y ha sido un proceso de mucho aprendizaje. No conocía el país; cuando me dijeron “Sandro, te vas a Guatemala a ver autopistas”, no sabía ni qué era una chumpa o un chuchito. He visto una evolución muy interesante del país: lo que ha cambiado y lo que puede llegar a ser. Guatemala es un país de grandes oportunidades, que ofrece muchas alternativas en distintos sentidos. Es un país al que le estamos apostando.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

¿Qué pilares heredó de sus padres para crecer y mantenerse centrado?

—El carácter de mis padres me dio distintas directrices para formarme como persona. Mi papá, con su estructura, sus vivencias y su formación europea, fue fundamental. Era un hombre duro, sin duda, incluso desprendido en ciertos aspectos. A los 18 años me dio mil dólares, una mochila, un pasaporte y un Eurail Pass, y me dijo: “yo hasta aquí llego”. Me fui a Europa, conocí a mi familia y trabajé. Ahí empecé a entender lo que realmente significa el trabajo. A mí me gustaba más jugar fútbol o béisbol que estudiar, pero mi papá siempre estuvo muy pendiente de mí, para bien y para mal. Fue una relación exigente en algunos momentos. Probablemente en ese entonces no lo valoré, pero hoy entiendo que fue parte de mi formación. Mi mamá también fue una persona estructurada, encargada de cuidar a cuatro hijos. No fue particularmente consentidora ni apapachadora. Estaba muy ligada a principios católicos. Cuando regresé de Europa, mi papá me dijo que ya no iba a apoyarme económicamente. No podía pagar una universidad privada, así que ingresé a una universidad pública. Ahí retomé mi camino: estudié ingeniería industrial y luego finanzas. La vida abre y cierra puertas. Constantemente tenemos que tomar decisiones en distintos momentos. Afortunadamente, a mí me empezó a ir bien desde joven. A los 25 años ya tenía una posición sólida en el área financiera, lo que me permitió seguir creciendo. He estado en reuniones donde pude haber firmado contratos de millones de dólares, pero bajo condiciones poco transparentes. Para mí, mi nombre, mi prestigio y las empresas que he representado pesan más. El sector de la construcción, lamentablemente, se presta a estas prácticas, pero mi nombre está por encima de cualquier interés económico.

Padre de Sandro Testelli.

¿Quiénes fueron sus mentores clave y qué lecciones sigue aplicando hasta hoy?

—Tuve jefes muy relevantes en el ámbito de la construcción que me ayudaron a evolucionar, asumir riesgos y perder muchos miedos. También hubo mentores que me marcaron con directrices claras. Nadie nace sabiendo, y menos en un sector tan complejo como el de la construcción. He tenido referentes en distintas etapas de mi carrera, pero sumaría uno más: el aprendizaje en el ámbito social. No podemos dejar de lado que cualquier proyecto de infraestructura tiene un alto componente social; por ejemplo, una carretera en operación puede generar hasta 20 mil empleos. Ese impacto, tanto positivo como negativo, requiere acompañamiento. La clave es integrar a la sociedad en el proyecto, y no pretender que el proyecto se imponga a la sociedad.

¿Qué lo motiva a seguir en proyectos de largo plazo?

—Nos motiva el componente social. Por eso impulsamos proyectos vinculados a hospitales, escuelas y carreteras. En nuestra experiencia reciente, el contacto con los Comude, los Cocodes y los alcaldes ha sido clave. Hemos identificado un rezago importante en temas sociales. También desarrollamos iniciativas como talleres de repostería y maquila, así como servicios médicos, entre otros proyectos. En ese sentido, creemos que es positivo sumarnos y aportar a estas necesidades.

¿Cuál es la gran oportunidad de Guatemala y su mayor reto?

—Es fundamental construir una cartera de proyectos país. He escuchado múltiples iniciativas desde el sector privado, pero es un discurso que se repite desde hace seis años. Existe un listado de proyectos, pero hace falta consolidarlo con una estructura institucional que trascienda administraciones. Este enfoque debe sostenerse en dos pilares: el sector público, encargado de garantizar el marco jurídico, y un sector empresarial sensible a las necesidades del país y participativo en los procesos.

.

¿Cuál ha sido su momento de mayor angustia en el país?

—Bueno, yo creo que ha habido muchos altibajos. A este proyecto lo hemos nombrado Lázaro, porque ha muerto y ha revivido varias veces. En la administración de Jimmy Morales, se presentó el expediente a votación y obtuvimos 26 votos de los 86 que necesitábamos, y en ese momento se archivó el expediente. Pero un diputado levantó la mano pidiendo que se validara el foro y no le hicieron caso. Eso nos permitió elevar el caso a la Corte de Constitucionalidad. Con Giammattei también fue muy complicado. Decidimos retirarnos de algunos procesos y reuniones, y Javier Maldonado, ministro del CIV en ese entonces, nos mandó un acta de terminación anticipada. Nos cancelaron el proyecto por una cuestión unilateral y por procesos en donde no queríamos involucrar un expediente a 25 años. Al final de cuentas, el nombre y el prestigio de la empresa va mucho más allá de otros contextos de negocio. Dichas administraciones podían sugerir otras cosas, pero no íbamos a ir por ahí. Como el contrato estaba firmado con temas de ley y en términos de ley, la administración actual decidió seguir adelante con el proyecto. Mi mayor satisfacción fue ver el acta de inicio de construcción de una obra por la que habíamos trabajado durante ocho años.

¿Qué es lo que más le gusta de Guatemala?

—Le he tomado mucho cariño a Guatemala. Valoro especialmente el tema de la seguridad; considero que, en comparación con México, es un país más seguro. Además, su riqueza turística y natural es muy atractiva. Es un país con mucho por ofrecer.

.

¿De qué se siente más orgulloso a nivel profesional y personal?

—Siempre le decía a mi hija, cuando era pequeña, que a mí me gusta dejar huella. Por eso me apasiona la infraestructura: en este sector ves el puente, el aeropuerto, la planta de agua, la carretera o la planta de energía. Son obras que permanecen en el tiempo. He participado en muchos proyectos y esas huellas aún pueden verse hoy. Eso es lo que más satisfacción me deja.

¿Qué sigue para Sandro Testelli?

—En lo personal, ver la consolidación de mis hijos. También, empezar a pensar en la siguiente generación; me gustaría que el apellido Testelli perdure. En lo profesional, seguir vinculado a proyectos de infraestructura, que es lo que me apasiona. Desde la consultoría hasta el diseño y la ejecución, quiero seguir involucrado y aportando en este sector.

Sandro Testelli: "Me gusta dejar huella en cada proyecto"

Foto: Diego Cabrera/ República
Ximena Fernández
12 de abril, 2026

Sandro Testelli es mexicano-italiano y lleva seis años en el país, donde hoy lidera la operación de Grupo Marhnos. Su llegada al sector de infraestructura no fue en línea recta, sino a partir de distintas experiencias que marcaron su camino. Ingeniero industrial con especialización en finanzas, desarrolló parte de su carrera en empresas como Banamex y Grupo Tribasa. En esta entrevista, el foco va más allá del cargo y se centra en la persona: su origen, su historia familiar y los momentos que lo formaron. Desde ahí, comparte una idea que atraviesa su trayectoria: el potencial no se activa por sí solo. También habla de “dejar huella”, como una forma concreta de entender la infraestructura y su impacto en el país.

¿De dónde viene, cuál es su historia familiar y cómo empezó todo?

—Soy mitad mexicano, mitad italiano. Mi papá era del norte de Italia, muy cerca de Bolonia, y fue médico cardiólogo. Le tocó vivir la Segunda Guerra Mundial, y me contaba muchas de sus experiencias más duras: la escasez de alimentos, los bombardeos, la pérdida de amigos y de familiares. Vivió todo esto entre los 12 y 14 años. A pesar de ello, fue un gran estudiante, hijo de un abuelo campesino y de una abuela panadera. Con el tiempo, obtuvo una beca para estudiar medicina y, por sus calificaciones, accedió a una especialidad en cardiología en Chicago, Illinois. Posteriormente, le ofrecieron una residencia de seis meses en un hospital de cardiología en México, donde conoció a mi mamá, quien era enfermera. Fue el típico romance de telenovela. Somos cuatro hermanos; yo soy el tercero. Mi papá falleció hace 20 años y desde entonces hemos acompañado a mi mamá. Estoy casado con Elizabeth desde los 27 años y tenemos tres hijos. Nunca imaginé vivir en Guatemala. Llevo seis años aquí y ha sido un proceso de mucho aprendizaje. No conocía el país; cuando me dijeron “Sandro, te vas a Guatemala a ver autopistas”, no sabía ni qué era una chumpa o un chuchito. He visto una evolución muy interesante del país: lo que ha cambiado y lo que puede llegar a ser. Guatemala es un país de grandes oportunidades, que ofrece muchas alternativas en distintos sentidos. Es un país al que le estamos apostando.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

¿Qué pilares heredó de sus padres para crecer y mantenerse centrado?

—El carácter de mis padres me dio distintas directrices para formarme como persona. Mi papá, con su estructura, sus vivencias y su formación europea, fue fundamental. Era un hombre duro, sin duda, incluso desprendido en ciertos aspectos. A los 18 años me dio mil dólares, una mochila, un pasaporte y un Eurail Pass, y me dijo: “yo hasta aquí llego”. Me fui a Europa, conocí a mi familia y trabajé. Ahí empecé a entender lo que realmente significa el trabajo. A mí me gustaba más jugar fútbol o béisbol que estudiar, pero mi papá siempre estuvo muy pendiente de mí, para bien y para mal. Fue una relación exigente en algunos momentos. Probablemente en ese entonces no lo valoré, pero hoy entiendo que fue parte de mi formación. Mi mamá también fue una persona estructurada, encargada de cuidar a cuatro hijos. No fue particularmente consentidora ni apapachadora. Estaba muy ligada a principios católicos. Cuando regresé de Europa, mi papá me dijo que ya no iba a apoyarme económicamente. No podía pagar una universidad privada, así que ingresé a una universidad pública. Ahí retomé mi camino: estudié ingeniería industrial y luego finanzas. La vida abre y cierra puertas. Constantemente tenemos que tomar decisiones en distintos momentos. Afortunadamente, a mí me empezó a ir bien desde joven. A los 25 años ya tenía una posición sólida en el área financiera, lo que me permitió seguir creciendo. He estado en reuniones donde pude haber firmado contratos de millones de dólares, pero bajo condiciones poco transparentes. Para mí, mi nombre, mi prestigio y las empresas que he representado pesan más. El sector de la construcción, lamentablemente, se presta a estas prácticas, pero mi nombre está por encima de cualquier interés económico.

Padre de Sandro Testelli.

¿Quiénes fueron sus mentores clave y qué lecciones sigue aplicando hasta hoy?

—Tuve jefes muy relevantes en el ámbito de la construcción que me ayudaron a evolucionar, asumir riesgos y perder muchos miedos. También hubo mentores que me marcaron con directrices claras. Nadie nace sabiendo, y menos en un sector tan complejo como el de la construcción. He tenido referentes en distintas etapas de mi carrera, pero sumaría uno más: el aprendizaje en el ámbito social. No podemos dejar de lado que cualquier proyecto de infraestructura tiene un alto componente social; por ejemplo, una carretera en operación puede generar hasta 20 mil empleos. Ese impacto, tanto positivo como negativo, requiere acompañamiento. La clave es integrar a la sociedad en el proyecto, y no pretender que el proyecto se imponga a la sociedad.

¿Qué lo motiva a seguir en proyectos de largo plazo?

—Nos motiva el componente social. Por eso impulsamos proyectos vinculados a hospitales, escuelas y carreteras. En nuestra experiencia reciente, el contacto con los Comude, los Cocodes y los alcaldes ha sido clave. Hemos identificado un rezago importante en temas sociales. También desarrollamos iniciativas como talleres de repostería y maquila, así como servicios médicos, entre otros proyectos. En ese sentido, creemos que es positivo sumarnos y aportar a estas necesidades.

¿Cuál es la gran oportunidad de Guatemala y su mayor reto?

—Es fundamental construir una cartera de proyectos país. He escuchado múltiples iniciativas desde el sector privado, pero es un discurso que se repite desde hace seis años. Existe un listado de proyectos, pero hace falta consolidarlo con una estructura institucional que trascienda administraciones. Este enfoque debe sostenerse en dos pilares: el sector público, encargado de garantizar el marco jurídico, y un sector empresarial sensible a las necesidades del país y participativo en los procesos.

.

¿Cuál ha sido su momento de mayor angustia en el país?

—Bueno, yo creo que ha habido muchos altibajos. A este proyecto lo hemos nombrado Lázaro, porque ha muerto y ha revivido varias veces. En la administración de Jimmy Morales, se presentó el expediente a votación y obtuvimos 26 votos de los 86 que necesitábamos, y en ese momento se archivó el expediente. Pero un diputado levantó la mano pidiendo que se validara el foro y no le hicieron caso. Eso nos permitió elevar el caso a la Corte de Constitucionalidad. Con Giammattei también fue muy complicado. Decidimos retirarnos de algunos procesos y reuniones, y Javier Maldonado, ministro del CIV en ese entonces, nos mandó un acta de terminación anticipada. Nos cancelaron el proyecto por una cuestión unilateral y por procesos en donde no queríamos involucrar un expediente a 25 años. Al final de cuentas, el nombre y el prestigio de la empresa va mucho más allá de otros contextos de negocio. Dichas administraciones podían sugerir otras cosas, pero no íbamos a ir por ahí. Como el contrato estaba firmado con temas de ley y en términos de ley, la administración actual decidió seguir adelante con el proyecto. Mi mayor satisfacción fue ver el acta de inicio de construcción de una obra por la que habíamos trabajado durante ocho años.

¿Qué es lo que más le gusta de Guatemala?

—Le he tomado mucho cariño a Guatemala. Valoro especialmente el tema de la seguridad; considero que, en comparación con México, es un país más seguro. Además, su riqueza turística y natural es muy atractiva. Es un país con mucho por ofrecer.

.

¿De qué se siente más orgulloso a nivel profesional y personal?

—Siempre le decía a mi hija, cuando era pequeña, que a mí me gusta dejar huella. Por eso me apasiona la infraestructura: en este sector ves el puente, el aeropuerto, la planta de agua, la carretera o la planta de energía. Son obras que permanecen en el tiempo. He participado en muchos proyectos y esas huellas aún pueden verse hoy. Eso es lo que más satisfacción me deja.

¿Qué sigue para Sandro Testelli?

—En lo personal, ver la consolidación de mis hijos. También, empezar a pensar en la siguiente generación; me gustaría que el apellido Testelli perdure. En lo profesional, seguir vinculado a proyectos de infraestructura, que es lo que me apasiona. Desde la consultoría hasta el diseño y la ejecución, quiero seguir involucrado y aportando en este sector.

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?