Paola encontró una oportunidad que antes le había sido esquiva: un trabajo estable, condiciones para desempeñarlo y un entorno que, con el tiempo, también se fue adaptando a sus necesidades. Forma parte del programa de inclusión de Grupo Financiero G&T Continental y llegó hace 10 años y seis meses, después de ver una plaza publicada en una página de empleo sin saber todavía qué empresa estaba detrás. Venía de otras experiencias laborales, pero también de una búsqueda larga. “Pasé tres años buscando trabajo, hasta que acá me abrieron las puertas”, recuerda.
Hoy trabaja en el área de Mercadeo de Seguros, como evaluadora de experiencia. Su tarea empieza cuando un cliente utiliza el seguro y llega una base de datos a su equipo. A partir de ahí, revisa cómo fue el proceso, detecta inconvenientes y da seguimiento cuando hace falta. Su parte favorita está en ese contacto posterior, cuando puede orientar al cliente y ayudar a destrabar casos. “Lo que me encanta es poder ayudar a los clientes”, asegura.
Su rutina, sin embargo, empieza mucho antes de entrar a la oficina. Se levanta en la madrugada para movilizarse en su cuatrimoto; ahora espera que terminen de acondicionarle el carro que compró con ahorro propio. Maneja ella misma. En su caso, la movilidad no es un detalle menor, sino parte de la organización diaria que le permite llegar al trabajo y sostener su independencia. “Mi sueño era tener mi carrito siempre”, cuenta.
Antes de llegar a la entidad bancaria, Paola ya había trabajado en el sector público y privado. “Cuando yo entré acá fue totalmente diferente a mis trabajos anteriores. Se sintió la calidez humana desde el primer día”, afirma.
Ese cambio también lo ubica en el entorno físico. Cuenta que cuando ingresó ya había rampas, pero no todas las adecuaciones que hoy existen. Con el tiempo, el edificio en zona 4 incorporó baños accesibles en cada nivel y otras modificaciones pensadas para facilitar la movilidad y responder a emergencias. En su relato, esas adaptaciones no aparecen como accesorias, sino como parte de las condiciones que le han permitido trabajar con continuidad durante más de una década.
A eso suma el trato cotidiano. Habla de sus compañeros y jefes como personas que la apoyan en situaciones concretas: permisos cuando surge un imprevisto en el camino, comprensión cuando algo retrasa su llegada, ayuda práctica cuando la necesita. “Quiero un montón a mis compañeros. Ellos me ayudan en todo lo que pueden”, asegura.
También sabe que su historia sigue siendo poco común en el mercado laboral guatemalteco, y por eso muchas personas se sorprenden cuando saben dónde trabaja. “A veces ni lo creen”, comenta. Esa reacción, para ella, confirma algo más amplio: todavía son pocas las empresas que abren oportunidades laborales sostenidas para personas con discapacidad. Por eso, cuando ve a otros colaboradores dentro del mismo programa de inclusión, habla de algo que se parece más a la posibilidad que al discurso. “Es muy esperanzador”, resume.
El trabajo también le permitió avanzar hacia metas propias. Con su salario compró el carro que durante años quiso tener. Mantiene, además, otro objetivo pendiente: retomar sus estudios universitarios en Administración. Más adelante, piensa en un proyecto compartido con su familia: construir una casa más grande.
El mensaje final de Paola es para otras empresas; dice que muchas veces hace falta poco para abrirle una oportunidad a una persona con discapacidad y cambiarle la vida a una familia completa. Incluso plantea que esa apertura no debería depender solo de decisiones aisladas. “Sería excelente que incluso hubiera una ley”, afirma.
Diez años y medio después de haber ingresado a G&T Continental, habla de su trabajo desde un lugar concreto: no como excepción, sino como una trayectoria construida con rutina, ajustes, aprendizaje y permanencia. Ahí, entre madrugadas, llamadas de seguimiento y metas personales que siguen en marcha, también se ordena su historia laboral.
Paola encontró una oportunidad que antes le había sido esquiva: un trabajo estable, condiciones para desempeñarlo y un entorno que, con el tiempo, también se fue adaptando a sus necesidades. Forma parte del programa de inclusión de Grupo Financiero G&T Continental y llegó hace 10 años y seis meses, después de ver una plaza publicada en una página de empleo sin saber todavía qué empresa estaba detrás. Venía de otras experiencias laborales, pero también de una búsqueda larga. “Pasé tres años buscando trabajo, hasta que acá me abrieron las puertas”, recuerda.
Hoy trabaja en el área de Mercadeo de Seguros, como evaluadora de experiencia. Su tarea empieza cuando un cliente utiliza el seguro y llega una base de datos a su equipo. A partir de ahí, revisa cómo fue el proceso, detecta inconvenientes y da seguimiento cuando hace falta. Su parte favorita está en ese contacto posterior, cuando puede orientar al cliente y ayudar a destrabar casos. “Lo que me encanta es poder ayudar a los clientes”, asegura.
Su rutina, sin embargo, empieza mucho antes de entrar a la oficina. Se levanta en la madrugada para movilizarse en su cuatrimoto; ahora espera que terminen de acondicionarle el carro que compró con ahorro propio. Maneja ella misma. En su caso, la movilidad no es un detalle menor, sino parte de la organización diaria que le permite llegar al trabajo y sostener su independencia. “Mi sueño era tener mi carrito siempre”, cuenta.
Antes de llegar a la entidad bancaria, Paola ya había trabajado en el sector público y privado. “Cuando yo entré acá fue totalmente diferente a mis trabajos anteriores. Se sintió la calidez humana desde el primer día”, afirma.
Ese cambio también lo ubica en el entorno físico. Cuenta que cuando ingresó ya había rampas, pero no todas las adecuaciones que hoy existen. Con el tiempo, el edificio en zona 4 incorporó baños accesibles en cada nivel y otras modificaciones pensadas para facilitar la movilidad y responder a emergencias. En su relato, esas adaptaciones no aparecen como accesorias, sino como parte de las condiciones que le han permitido trabajar con continuidad durante más de una década.
A eso suma el trato cotidiano. Habla de sus compañeros y jefes como personas que la apoyan en situaciones concretas: permisos cuando surge un imprevisto en el camino, comprensión cuando algo retrasa su llegada, ayuda práctica cuando la necesita. “Quiero un montón a mis compañeros. Ellos me ayudan en todo lo que pueden”, asegura.
También sabe que su historia sigue siendo poco común en el mercado laboral guatemalteco, y por eso muchas personas se sorprenden cuando saben dónde trabaja. “A veces ni lo creen”, comenta. Esa reacción, para ella, confirma algo más amplio: todavía son pocas las empresas que abren oportunidades laborales sostenidas para personas con discapacidad. Por eso, cuando ve a otros colaboradores dentro del mismo programa de inclusión, habla de algo que se parece más a la posibilidad que al discurso. “Es muy esperanzador”, resume.
El trabajo también le permitió avanzar hacia metas propias. Con su salario compró el carro que durante años quiso tener. Mantiene, además, otro objetivo pendiente: retomar sus estudios universitarios en Administración. Más adelante, piensa en un proyecto compartido con su familia: construir una casa más grande.
El mensaje final de Paola es para otras empresas; dice que muchas veces hace falta poco para abrirle una oportunidad a una persona con discapacidad y cambiarle la vida a una familia completa. Incluso plantea que esa apertura no debería depender solo de decisiones aisladas. “Sería excelente que incluso hubiera una ley”, afirma.
Diez años y medio después de haber ingresado a G&T Continental, habla de su trabajo desde un lugar concreto: no como excepción, sino como una trayectoria construida con rutina, ajustes, aprendizaje y permanencia. Ahí, entre madrugadas, llamadas de seguimiento y metas personales que siguen en marcha, también se ordena su historia laboral.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: