Actualidad
Actualidad
Política
Política
Empresa
Empresa
Opinión
Opinión
Inmobiliaria
Inmobiliaria
Agenda Empresarial
Agenda Empresarial

Límites con amor: enseñar seguridad a nuestros hijos sin miedo ni culpa

.
Ana González
08 de febrero, 2026

Los primeros años de vida determinan, en gran medida, el adulto que cada niño llegará a ser. Sin embargo, en medio del ritmo acelerado del día a día y de las demandas constantes, muchos padres de familia apenas encuentran tiempo para pensar en lo fundamental: cómo criar con amor y disciplina.

En una charla dirigida a los cuidadores, la psicopedagoga infantil Eimy Soto explica que establecer límites desde un enfoque amoroso y consciente no significa restringir la libertad. Al contrario, los límites ofrecen seguridad y protección.

“Un niño sin límites se siente inseguro. Cuando no existen reglas claras, el niño piensa que todo depende de él, y eso es demasiado peso para un cerebro que todavía está en desarrollo”, dice Soto. Por eso, poner límites es una de las mayores muestras de amor que podemos ofrecer.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

La especialista hace una distinción importante entre límite, norma y castigo, conceptos que a menudo se confunden. El límite señala hasta dónde se puede llegar y da estructura. La norma organiza la convivencia y mantiene el orden. El castigo, aunque frena una conducta en el momento, no enseña ni genera aprendizaje a largo plazo. El tono con el que hablamos a nuestros hijos es igual de importante que las reglas mismas. La firmeza no significa gritar ni imponer miedo, pero la pasividad excesiva —súplicas, preguntas constantes o inseguridad— provoca ansiedad.

La voz ideal es segura, calmada y estable, porque transmite certeza y protección. Soto recuerda que los adultos también necesitan controlar sus emociones para poder enseñar autocontrol. “No podemos enseñar lo que no practicamos. Un padre cansado tiene menos paciencia y claridad”, afirma. Además, la coherencia entre los cuidadores resulta esencial. Si mamá dice “no” y papá dice “sí”, la seguridad del niño se tambalea.

La especialista llama “anatomía del límite claro” al mensaje que debe cumplir tres características: debe ser claro y anticipado, para que el niño sepa qué esperar; coherente, sin contradicciones entre los cuidadores; y protector, no punitivo, de manera que la estructura transmita cuidado y no amenaza. Para el día a día, Soto recomienda varias herramientas prácticas. Las rutinas ayudan a organizar las actividades, evitan conflictos y permiten que el niño sepa qué esperar.

Ofrecer opciones limitadas dentro de un marco claro da sensación de control y reduce la resistencia. La anticipación, es decir, avisar antes de cambiar de actividad, permite que el niño se prepare y evita frustración.

Finalmente, es importante permitir experiencias: siempre que no exista peligro, dejar que el niño explore y aprenda de manera natural fortalece su autonomía. La disciplina desde el amor no es un lujo ni un consejo más que añadir a la lista de tareas diarias. Es una guía que permite que los niños crezcan seguros, confiados y capaces de enfrentar la vida.

Para los padres, significa aprender a equilibrar firmeza y cariño, control y cercanía, para transmitir un mensaje claro: el mundo puede ser un lugar seguro porque hay alguien que los cuida y los guía.

Ser padre o madre implica muchas dudas: ¿estoy haciendo lo correcto? ¿Estoy poniendo los límites adecuados? La propuesta de Eimy Soto no es rígida ni perfecta. Es humana y práctica, recordando que la crianza requiere aprendizaje constante, paciencia, ajustes y, sobre todo, amor. Al final del día, poner límites con cariño no solo enseña al niño: también enseña al adulto que somos.

Límites con amor: enseñar seguridad a nuestros hijos sin miedo ni culpa

.
Ana González
08 de febrero, 2026

Los primeros años de vida determinan, en gran medida, el adulto que cada niño llegará a ser. Sin embargo, en medio del ritmo acelerado del día a día y de las demandas constantes, muchos padres de familia apenas encuentran tiempo para pensar en lo fundamental: cómo criar con amor y disciplina.

En una charla dirigida a los cuidadores, la psicopedagoga infantil Eimy Soto explica que establecer límites desde un enfoque amoroso y consciente no significa restringir la libertad. Al contrario, los límites ofrecen seguridad y protección.

“Un niño sin límites se siente inseguro. Cuando no existen reglas claras, el niño piensa que todo depende de él, y eso es demasiado peso para un cerebro que todavía está en desarrollo”, dice Soto. Por eso, poner límites es una de las mayores muestras de amor que podemos ofrecer.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER

La especialista hace una distinción importante entre límite, norma y castigo, conceptos que a menudo se confunden. El límite señala hasta dónde se puede llegar y da estructura. La norma organiza la convivencia y mantiene el orden. El castigo, aunque frena una conducta en el momento, no enseña ni genera aprendizaje a largo plazo. El tono con el que hablamos a nuestros hijos es igual de importante que las reglas mismas. La firmeza no significa gritar ni imponer miedo, pero la pasividad excesiva —súplicas, preguntas constantes o inseguridad— provoca ansiedad.

La voz ideal es segura, calmada y estable, porque transmite certeza y protección. Soto recuerda que los adultos también necesitan controlar sus emociones para poder enseñar autocontrol. “No podemos enseñar lo que no practicamos. Un padre cansado tiene menos paciencia y claridad”, afirma. Además, la coherencia entre los cuidadores resulta esencial. Si mamá dice “no” y papá dice “sí”, la seguridad del niño se tambalea.

La especialista llama “anatomía del límite claro” al mensaje que debe cumplir tres características: debe ser claro y anticipado, para que el niño sepa qué esperar; coherente, sin contradicciones entre los cuidadores; y protector, no punitivo, de manera que la estructura transmita cuidado y no amenaza. Para el día a día, Soto recomienda varias herramientas prácticas. Las rutinas ayudan a organizar las actividades, evitan conflictos y permiten que el niño sepa qué esperar.

Ofrecer opciones limitadas dentro de un marco claro da sensación de control y reduce la resistencia. La anticipación, es decir, avisar antes de cambiar de actividad, permite que el niño se prepare y evita frustración.

Finalmente, es importante permitir experiencias: siempre que no exista peligro, dejar que el niño explore y aprenda de manera natural fortalece su autonomía. La disciplina desde el amor no es un lujo ni un consejo más que añadir a la lista de tareas diarias. Es una guía que permite que los niños crezcan seguros, confiados y capaces de enfrentar la vida.

Para los padres, significa aprender a equilibrar firmeza y cariño, control y cercanía, para transmitir un mensaje claro: el mundo puede ser un lugar seguro porque hay alguien que los cuida y los guía.

Ser padre o madre implica muchas dudas: ¿estoy haciendo lo correcto? ¿Estoy poniendo los límites adecuados? La propuesta de Eimy Soto no es rígida ni perfecta. Es humana y práctica, recordando que la crianza requiere aprendizaje constante, paciencia, ajustes y, sobre todo, amor. Al final del día, poner límites con cariño no solo enseña al niño: también enseña al adulto que somos.

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?