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La cadena ignorada que limpia la ciudad

Oscar Enrique Marroquín, presidente de la Asociación de Recolectores y Transportistas de Desechos Sólidos (ARTRADESGUA), junto a Juan Carlos Recinos Prera, reciclador y representante de la Asociación de Recicladores Unidos (ARU).
Isabel Ortiz
18 de junio, 2026
La basura en Guatemala no desaparece cuando se tira: inicia una cadena invisible sostenida por miles de trabajadores. En el República Summit Sostenibilidad 2026, el panel “Los rostros detrás de la basura” expuso las tensiones de ese sistema. Entre regulación, subsistencia y oportunidades, la discusión revela un dilema urgente: transformar sin excluir a quienes ya sostienen la ciudad.
 
Por qué importa. Cada bolsa de basura que sale de un hogar activa un sistema complejo que rara vez se ve. Detrás hay recolectores, transportistas y recicladores que permiten que la ciudad funcione. Sin ellos, el problema ambiental y sanitario se volvería inmediato, visible y difícil de contener.
 
  • Más allá del discurso ambiental, el manejo de residuos es un tema de salud pública y eficiencia urbana. Sin esta cadena operativa, la basura terminaría en calles y ríos, elevando costos sanitarios y afectando la competitividad del país.
  • La cadena no es marginal: involucra miles de familias. Juan Carlos Recinos Prera, reciclador y representante de la Asociación de Recicladores Unidos (ARU), recuerda que “somos 19 000 personas” vinculadas a la venta de reciclaje, de las cuales unas 10 000 dependen directamente para subsistir.
  • El sistema actual ha crecido sin planificación estatal coherente. Lo que sostiene la ciudad no es un modelo diseñado, sino una red basada en tradición, necesidad y adaptación, que ahora enfrenta cambios regulatorios sin haber sido integrada formalmente.
Aura Marina Hernández Yol, Recicladora base, representante de la Asociación de Recicladores Unidos (ARU)
 
 
Detrás de escena. El ciclo de los residuos se explica mejor desde quienes lo viven. Desde la recolección hasta la recuperación, cada eslabón tiene dinámicas propias, riesgos y aportes clave que sostienen el sistema, aunque permanezcan invisibles para la mayoría.
 
  • Oscar Enrique Marroquín, presidente de la Asociación de Recolectores y Transportistas de Desechos Sólidos (ARTRADESGUA), describe una labor heredada por generaciones, marcada por riesgos diarios como explosiones en vertederos y presión logística. Aun así, el sistema ha operado durante décadas con eficiencia “invisible”.
  • En el otro extremo, Aura Marina Hernández Yol, recicladora base y representante ARU, subraya que su trabajo extiende la vida útil de los vertederos y reduce contaminación. “Para muchos es basura… para nosotros es trabajo”, afirma, destacando su valor económico.
  • Ambos coinciden en que el sistema actual ya contiene prácticas de economía circular. Mucho antes de que fuera tendencia, los actores de esta cadena separaban, clasificaban y reinsertaban materiales en la industria sin reconocimiento institucional.
 
Punto de fricción.  La discusión sobre el reglamento de separación evidenció una brecha entre política pública y operación real. La regulación avanzó sin integrar completamente a quienes sostienen el sistema, generando incertidumbre sobre empleo y viabilidad.
 
  • Recinos insiste en que el sector no se opone al cambio. “Pedíamos ser escuchados”, afirma. Explica que su postura nunca fue negativa, sino de inclusión, para aportar experiencia práctica acumulada durante años en la recolección y reciclaje.

  • Según el reciclador, los camioneros participaron en reuniones previas, pero sus aportes no fueron considerados. Esa exclusión impidió aprovechar conocimiento técnico clave y derivó en una normativa que no refleja la dinámica real del sistema. El gremio identificó riesgos directos: el acuerdo podía dejar a miles sin empleo. Intentaron dialogar con autoridades del gobierno anterior y del actual, pero no fueron atendidos.

  • La prórroga del reglamento, señala, evidenció falta de decisión para enfrentar el problema de fondo. Más allá del reglamento, el problema incluye informalidad estructural. Persisten basureros clandestinos y evasión del servicio de recolección, lo que distorsiona cualquier intento de reforma y traslada el costo ambiental a toda la sociedad.

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Oscar Enrique Marroquín, Presidente de la Asociación de Recolectores y Transportistas de Desechos Sólidos (ARTRADESGUA

Ahora qué. El consenso del panel no es resistir el cambio, sino redefinirlo. La transición hacia un modelo más eficiente implica integrar capacidades existentes, alinear incentivos y promover corresponsabilidad entre ciudadanos, empresas y Estado.
 
  • Marroquín plantea condiciones básicas: inclusión de los actores en decisiones, obligatoriedad del pago del servicio y eliminación de vertederos clandestinos. Para él, el problema “ya no es municipal, es nacional”.
  • Desde el reciclaje, la propuesta apunta a rediseñar productos para facilitar su recuperación. Envases transparentes amplían mercados, mientras materiales complejos como el duroport bloquean la economía circular y terminan en vertederos.
  • Hernández ilustra una solución clara: transformar residuos en insumos útiles. Su mensaje resume el debate: soluciones existen, pero requieren integrar a quienes ya sostienen la cadena y dependen de ella para vivir.
 
 

La cadena ignorada que limpia la ciudad

Oscar Enrique Marroquín, presidente de la Asociación de Recolectores y Transportistas de Desechos Sólidos (ARTRADESGUA), junto a Juan Carlos Recinos Prera, reciclador y representante de la Asociación de Recicladores Unidos (ARU).
Isabel Ortiz
18 de junio, 2026
La basura en Guatemala no desaparece cuando se tira: inicia una cadena invisible sostenida por miles de trabajadores. En el República Summit Sostenibilidad 2026, el panel “Los rostros detrás de la basura” expuso las tensiones de ese sistema. Entre regulación, subsistencia y oportunidades, la discusión revela un dilema urgente: transformar sin excluir a quienes ya sostienen la ciudad.
 
Por qué importa. Cada bolsa de basura que sale de un hogar activa un sistema complejo que rara vez se ve. Detrás hay recolectores, transportistas y recicladores que permiten que la ciudad funcione. Sin ellos, el problema ambiental y sanitario se volvería inmediato, visible y difícil de contener.
 
  • Más allá del discurso ambiental, el manejo de residuos es un tema de salud pública y eficiencia urbana. Sin esta cadena operativa, la basura terminaría en calles y ríos, elevando costos sanitarios y afectando la competitividad del país.
  • La cadena no es marginal: involucra miles de familias. Juan Carlos Recinos Prera, reciclador y representante de la Asociación de Recicladores Unidos (ARU), recuerda que “somos 19 000 personas” vinculadas a la venta de reciclaje, de las cuales unas 10 000 dependen directamente para subsistir.
  • El sistema actual ha crecido sin planificación estatal coherente. Lo que sostiene la ciudad no es un modelo diseñado, sino una red basada en tradición, necesidad y adaptación, que ahora enfrenta cambios regulatorios sin haber sido integrada formalmente.
Aura Marina Hernández Yol, Recicladora base, representante de la Asociación de Recicladores Unidos (ARU)
 
 
Detrás de escena. El ciclo de los residuos se explica mejor desde quienes lo viven. Desde la recolección hasta la recuperación, cada eslabón tiene dinámicas propias, riesgos y aportes clave que sostienen el sistema, aunque permanezcan invisibles para la mayoría.
 
  • Oscar Enrique Marroquín, presidente de la Asociación de Recolectores y Transportistas de Desechos Sólidos (ARTRADESGUA), describe una labor heredada por generaciones, marcada por riesgos diarios como explosiones en vertederos y presión logística. Aun así, el sistema ha operado durante décadas con eficiencia “invisible”.
  • En el otro extremo, Aura Marina Hernández Yol, recicladora base y representante ARU, subraya que su trabajo extiende la vida útil de los vertederos y reduce contaminación. “Para muchos es basura… para nosotros es trabajo”, afirma, destacando su valor económico.
  • Ambos coinciden en que el sistema actual ya contiene prácticas de economía circular. Mucho antes de que fuera tendencia, los actores de esta cadena separaban, clasificaban y reinsertaban materiales en la industria sin reconocimiento institucional.
 
Punto de fricción.  La discusión sobre el reglamento de separación evidenció una brecha entre política pública y operación real. La regulación avanzó sin integrar completamente a quienes sostienen el sistema, generando incertidumbre sobre empleo y viabilidad.
 
  • Recinos insiste en que el sector no se opone al cambio. “Pedíamos ser escuchados”, afirma. Explica que su postura nunca fue negativa, sino de inclusión, para aportar experiencia práctica acumulada durante años en la recolección y reciclaje.

  • Según el reciclador, los camioneros participaron en reuniones previas, pero sus aportes no fueron considerados. Esa exclusión impidió aprovechar conocimiento técnico clave y derivó en una normativa que no refleja la dinámica real del sistema. El gremio identificó riesgos directos: el acuerdo podía dejar a miles sin empleo. Intentaron dialogar con autoridades del gobierno anterior y del actual, pero no fueron atendidos.

  • La prórroga del reglamento, señala, evidenció falta de decisión para enfrentar el problema de fondo. Más allá del reglamento, el problema incluye informalidad estructural. Persisten basureros clandestinos y evasión del servicio de recolección, lo que distorsiona cualquier intento de reforma y traslada el costo ambiental a toda la sociedad.

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Oscar Enrique Marroquín, Presidente de la Asociación de Recolectores y Transportistas de Desechos Sólidos (ARTRADESGUA

Ahora qué. El consenso del panel no es resistir el cambio, sino redefinirlo. La transición hacia un modelo más eficiente implica integrar capacidades existentes, alinear incentivos y promover corresponsabilidad entre ciudadanos, empresas y Estado.
 
  • Marroquín plantea condiciones básicas: inclusión de los actores en decisiones, obligatoriedad del pago del servicio y eliminación de vertederos clandestinos. Para él, el problema “ya no es municipal, es nacional”.
  • Desde el reciclaje, la propuesta apunta a rediseñar productos para facilitar su recuperación. Envases transparentes amplían mercados, mientras materiales complejos como el duroport bloquean la economía circular y terminan en vertederos.
  • Hernández ilustra una solución clara: transformar residuos en insumos útiles. Su mensaje resume el debate: soluciones existen, pero requieren integrar a quienes ya sostienen la cadena y dependen de ella para vivir.
 
 

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