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Joaquín Mayén Salguero: “Nadie quiere sufrir de amor, pero todos quieren ser amados”

Foto: Diego Cabrera /República.
Ana González
08 de mayo, 2026

A sus 24 años, Joaquín Mayén Salguero debuta como escritor con Los hombres que nos mandan a terapia, un libro inspirado en historias reales y salud mental.

El psicólogo egresado de la Universidad del Valle de Guatemala habla sobre el amor, el dolor, la terapia y cómo resignificar las experiencias emocionales.

 ¿Cómo te defines hoy y qué rasgos sientes que marcan quién eres?

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¿Quién soy yo? Bueno, soy hijo, soy hermano, soy amigo, soy psicólogo, soy una persona auténtica, tal vez. Creo que si pudiera usar una palabra para describirme sería como... fearless, o sea, que soy bien valiente y vivo el mundo con valentía.

Desde muy pequeño me ha tocado [...] hacerme notar por ser diferente en todos sentidos. Y creo que eso es lo que me ha ayudado y me ha posicionado donde estoy, de que tengo algo que decirle a la sociedad, siempre.Y creo que esa es la mejor forma en la que podría describirme .

¿Hubo algún momento o experiencia que te impulsó a escribir este libro?

Bueno, Los hombres que nos mandan a terapia nace a partir de conversaciones con mis amigas. Todos estábamos contando y comparando un poco nuestras experiencias, y el patrón común siempre era preguntarnos: ¿por qué nos pasa lo que nos pasa?, ¿por qué hacemos lo que hacemos?, ¿por qué sentimos lo que sentimos?

Y creo que el ser humano tiene mucho de eso, de compararse y también de empatizar con los demás. Desde ahí nace el libro.

Es una carta de amor y de empatía, porque todos hemos atravesado situaciones difíciles. Yo lo veía en mis amigas, en mis pacientes y en personas cercanas a mí, que estaban pasándolo mal por una relación.

Al final, el espíritu del libro habla de aprender a soltar, sanar y volver a amar. Porque creo que eso es lo bonito de las relaciones: uno puede aprender de ellas, vivirlas, sentir toda esa intensidad que traen y luego volver a abrirse al amor.

Y hay algo que digo en una parte del libro y que resume mucho todo esto: amar nos recuerda que el corazón fue diseñado para algo más grande que el dolor, que es amar y sentir.

En el libro se percibe cercanía emocional, ¿qué tanto hay de ti?

No, hoy por hoy no puse ninguna historia personal. Sí creo que varios de los capítulos o todos representan una parte de mí.

Yo decía que cuando estaba haciendo el libro, tiene parte 1 y 2, y la primera es lecciones en terapia, como que antes y después de. Entonces, sí se ve mucho mi línea de vida de ese momento con el orden de los capítulos.

O sea, sí hay como mucha congruencia y coherencia con lo que yo estaba pasando, pero quería darle espacio y honrar a historias de otras personas en este libro.

El título es provocador.  ¿Qué buscabas despertar en el lector desde esa primera impresión?

Yo creo que no existe una fórmula exacta para escribir. Yo empecé tal vez con cuatro o cinco capítulos, sin saber realmente hacia dónde iba a llegar todo.

Y si uno revisa el índice, cada capítulo tiene un título bastante innovador, bastante catchy, porque sí le dediqué mucho tiempo a pensar cada uno. Quería que desde el nombre ya transmitieran algo.

Y recuerdo que cuando íbamos más o menos por el tercer o cuarto capítulo dije: así se va a llamar el libro, Los hombres que nos mandan a terapia. Porque al final eso era justamente lo que estaba viendo pasar alrededor de mí. Y es muchas veces en terapia donde uno empieza a darse cuenta de las cosas. Entonces todo comenzó a girar alrededor de ese nombre.

Mucha gente cree que el libro viene desde el despecho o desde exponer a alguien por contar historias reales. Pero realmente no está escrito para ellos, está escrito para ellas.

Es un libro dedicado y honrado para ellas. De alguna manera, siento que es como una carta escrita para acompañarlas.

Foto: Diego Cabrera /República.

¿Por qué crees que tantas personas logran verse reflejadas en el libro?

Bueno, gracias a Dios se ha vendido. Creo que es un proyecto muy personal, muy íntimo.

Cuando diseñamos el libro, sí pensé en que fuera fácil de leer, que pudiera conectar con personas de diferentes edades y que, además de contar historias, les dejara herramientas.

Entonces tiene una estructura bastante ordenada. Incluye frases motivacionales, herramientas, gráficas y toda una parte visual dentro de las páginas para que el lector pudiera engancharse y disfrutar más la experiencia.

Y creo que lo que termina haciendo que la gente quiera comprarlo, leerlo y apasionarse con él es que está basado en historias reales. Todo lo que aparece ocurrió; no hay ficción.

Eso hace que muchas personas puedan sentirse identificadas con lo que está plasmado ahí y que exista una conexión muy cercana con las historias.

¿Tu formación como psicólogo influyó en el contenido?

Sí, definitivamente. Mi formación académica respaldó mucho el libro, porque al final no era solo contar una historia, sino preguntarse qué viene después.

Hablar de la neuroquímica detrás del dolor, de por qué nos gusta lo que nos gusta, por qué hacemos lo que hacemos, cuáles son nuestros tipos de apego o qué se necesita para construir relaciones sanas y duraderas. Entonces, toda esa parte teórica también tiene mucho peso. 

Al final, la psicología ha estudiado durante años que para sostener una relación se necesita muchísimo más que solo amor. Y creo que eso era importante incluirlo.

También estudié y viajé. Estuve en Grecia y en comunidades aztecas, porque siento que desde las civilizaciones antiguas se ha intentado entender el amor. Al final, es la fuerza que mueve el mundo.

Cuando uno revisa escritos antiguos, encuentra que poetas, filósofos y escritores han hablado de esto desde siempre. Y creo que hoy la ciencia lo respalda, pero la vida cotidiana lo sigue demostrando todos los días.

Al cerrar el libro, ¿qué te gustaría que se lleve el lector?

Hay una palabra que se repite muchísimo  y que incluso ya se volvió broma entre mis amigas y las personas que lo han leído: resignificar. Resignificar el dolor, resignificar lo que pasó.

Yo creo que el pasado no te define. Hay una parte, el epígrafe que responde a la pregunta de con qué frase abriría esta historia, y justamente dice: “Escribir no cambia lo que pasó, pero sí el lugar que ocupa en tu presente”.

Porque al final lo vivido ya está ahí, no se puede borrar. Lo que sí puede cambiar es el espacio que eso ocupa en tu vida hoy. Y cuando cambia ese lugar, cambia también la forma en que lo llevas.

Eso es lo que quiero que el lector experimente al terminar el libro: que pueda resignificar lo que vivió y darle un lugar distinto dentro de su presente.

¿Sientes que la forma de vivir el amor cambia con la edad?

No, y eso incluso tiene una explicación científica. Cuando uno está en la adolescencia o en la adultez emergente, vive procesos distintos a nivel emocional y neurológico; la corteza prefrontal todavía no funciona igual y también cambian mucho las neurotransmisiones.

Creo que especialmente en la adolescencia y en los primeros años de adultez, en los veintes, uno vive todo con muchísima intensidad. Todo se siente más fuerte: lo físico, lo emocional, lo espiritual. Es una etapa donde salir al mundo y empezar a vivir experiencias nuevas hace que todo se sienta enorme.

Con el tiempo, uno entra en una etapa más estable y empieza a ver las cosas menos desde la intensidad y más desde la razón. Y creo que eso también se refleja en el libro.

Ahí hay 33 historias de mujeres casadas, divorciadas y aquellas que ya están en otra etapa de la vida. Y justamente lo interesante es cómo cada una refleja el aprendizaje, la sabiduría y el dolor de una forma distinta.

Foto: Diego Cabrera /República.

Aunque nadie quiere pasar por una decepción amorosa, ¿qué crees que termina enseñándonos el dolor de una relación? 

Nos deja muchísimo aprendizaje y también nos deja paz, y yo de verdad creo en eso.

Qué lindo puede ser sufrir por amor cuando uno entiende que fue porque vivió algo real, algo genuino. Al final, uno de los últimos capítulos se llama Lo volvería a hacer, y ahí justamente hablo de eso.

Después de todas las historias que aparecen, yo le preguntaba a cada mujer: “¿Lo volverías a hacer?”. Y todas me respondieron que sí. Sí lo volverían a vivir.

Porque aunque la paz puede parecerse mucho a estar enamorado, yo sí creo que enamorarse es una especie de éxtasis en todos los sentidos. Te hace sentir realización personal, ilusión, intensidad. Incluso está comprobado que, a nivel neuroquímico, el cerebro libera distintos neurotransmisores cuando una persona está enamorada.

Y creo que ahí está la contradicción más humana: nadie quiere sufrir por amor, pero todos queremos sentirnos amados.

Por eso hay que atreverse a vivir y a sentir. Enamorarse también es un salto de fe. Puede salir muy bien o puede no salir como uno esperaba, pero siempre deja algo. Y si una relación no funciona, igual puede dejar aprendizaje, crecimiento y algo valioso para la vida.

 ¿Crees que hoy se habla más abiertamente del dolor emocional?

Sí. Y mucho tiene que ver la tecnología y las redes sociales. Hoy entras a TikTok o a cualquier plataforma y en el for you page ya encuentras contenido sobre psicología, salud mental y bienestar emocional.

Antes no se hablaba de terapia, ni de ir al psicólogo, ni de salud mental en general. Y creo que poco a poco han surgido voces que han ayudado a abrir esa conversación. Mi libro, incluso, está inspirado en autores y creadores como Mel Robbins, Marian Rojas Estapé, Enrique Rojas y Jay Shetty.

Son personas que han hablado de salud mental, que han creado contenido, podcasts y espacios para hacer conciencia sobre cosas que antes casi no se conversaban.

Porque muchas veces la gente solo quiere mostrar lo bonito, tanto en redes sociales como en la vida diaria. Lo doloroso se escondía, se dejaba debajo de la mesa.

Pero creo que ahora existe más apertura. Ya hay espacio para hablar del dolor, la salud mental, la catarsis, el cambio, la transformación y también la sanación. Antes no era tan común.

¿Qué papel juega la terapia en la vida más allá de crisis puntuales?

Yo creo que la terapia es canasta básica, siempre le digo a todas las personas que me rodean: agua, pan y terapia, o sea es canasta básica.

Todos deberían ir al psicólogo porque la gente cree que uno va al psicólogo porque está loco, porque tiene un problema, porque algo traumático pasó. Pero todos vivimos cosas, tenemos constelaciones familiares, tenemos un pasado, tenemos cosas sin resolver, sin tratar.

Ir al psicólogo es como esa curita al corazón, porque puede ser una herida familiar. Hay un capítulo que se llama El amor no es suficiente.

Sostengo que para construir un proyecto de vida el amor no es suficiente, porque está la familia, está la religión, está el dinero, están los hijos. Hay muchos factores que hacen que un proyecto de vida sea funcional. Muchas de ellas se pueden trabajar en terapia.

Foto: Diego Cabrera /República.

¿Estás trabajando en un nuevo libro o proyecto similar?

Sí, ya estoy casi terminando mi segundo libro. Todavía no puedo revelar el nombre porque aún lo estamos empezando.

Pero es un libro de autoayuda. Puedo decir que todos los caminos nos llevan ahí.

 ¿Cómo fue el proceso de escribir y publicar?

—Complicado. Lo sentí como un gran reto porque me tocó encargarme de todo el proceso: reclutar al equipo, trabajar el diseño, la parte editorial… y además estamos hablando de un mercado bastante pequeño.

No sabía lo difícil que podía ser trabajar con imprentas y con todo el proceso de producción de un libro. Pero le pusimos muchísimo tiempo y corazón al diseño. Tiene sense effect, detalles en la solapa, soft touch; realmente quisimos hacer un libro de alta calidad.

Es un libro bastante trabajado. Nos tomó dos años y medio terminarlo.

Y creo que algo que le diría a cualquier persona que quiera escribir un libro es que no tenga miedo de empezar. Que escriba, que haga su manuscrito y se atreva a darle forma a sus ideas.

Yo hice mi manuscrito en Word, literal, en la computadora. Aunque realmente empecé en Notes, en mi teléfono, escribiendo poco a poco y dándole forma una y otra vez.

Después me asocié con Michelle, Vale y Nicole, que fueron personas clave durante todo el proceso, y juntos empezamos a construir y darle vida.

¿Qué otros proyectos profesionales estás desarrollando actualmente?

 —Mi segundo libro ya está bastante avanzado y muy trabajado. Todavía no puedo contar mucho, pero es un proyecto al que le he dedicado muchísimo tiempo.

Además, yo me dedico al reclutamiento de talento, soy headhunter, y toda la parte de relaciones laborales y selección de personal me apasiona también. Esa experiencia también me ha abierto muchas puertas.

Y ahorita uno de los proyectos que tengo en puerta es volver a abrir la clínica y regresar a dar terapia. Siento que ahora, con el libro en mano, también me posiciono de otra manera.

Incluso colegas del gremio de psicólogos me han dicho, medio en broma y medio en serio, que me convertí en una “amenaza” para el gremio en Guatemala, en el sentido de que regreso con una voz auténtica y bastante posicionada.

Ha conectado muy bien con la gente. Se ha vendido bastante, incluso fuera de Guatemala. Logramos publicarlo en Amazon, y eso me ha permitido proyectarme como una voz cercana y auténtica.

 

Joaquín Mayén Salguero: “Nadie quiere sufrir de amor, pero todos quieren ser amados”

Foto: Diego Cabrera /República.
Ana González
08 de mayo, 2026

A sus 24 años, Joaquín Mayén Salguero debuta como escritor con Los hombres que nos mandan a terapia, un libro inspirado en historias reales y salud mental.

El psicólogo egresado de la Universidad del Valle de Guatemala habla sobre el amor, el dolor, la terapia y cómo resignificar las experiencias emocionales.

 ¿Cómo te defines hoy y qué rasgos sientes que marcan quién eres?

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¿Quién soy yo? Bueno, soy hijo, soy hermano, soy amigo, soy psicólogo, soy una persona auténtica, tal vez. Creo que si pudiera usar una palabra para describirme sería como... fearless, o sea, que soy bien valiente y vivo el mundo con valentía.

Desde muy pequeño me ha tocado [...] hacerme notar por ser diferente en todos sentidos. Y creo que eso es lo que me ha ayudado y me ha posicionado donde estoy, de que tengo algo que decirle a la sociedad, siempre.Y creo que esa es la mejor forma en la que podría describirme .

¿Hubo algún momento o experiencia que te impulsó a escribir este libro?

Bueno, Los hombres que nos mandan a terapia nace a partir de conversaciones con mis amigas. Todos estábamos contando y comparando un poco nuestras experiencias, y el patrón común siempre era preguntarnos: ¿por qué nos pasa lo que nos pasa?, ¿por qué hacemos lo que hacemos?, ¿por qué sentimos lo que sentimos?

Y creo que el ser humano tiene mucho de eso, de compararse y también de empatizar con los demás. Desde ahí nace el libro.

Es una carta de amor y de empatía, porque todos hemos atravesado situaciones difíciles. Yo lo veía en mis amigas, en mis pacientes y en personas cercanas a mí, que estaban pasándolo mal por una relación.

Al final, el espíritu del libro habla de aprender a soltar, sanar y volver a amar. Porque creo que eso es lo bonito de las relaciones: uno puede aprender de ellas, vivirlas, sentir toda esa intensidad que traen y luego volver a abrirse al amor.

Y hay algo que digo en una parte del libro y que resume mucho todo esto: amar nos recuerda que el corazón fue diseñado para algo más grande que el dolor, que es amar y sentir.

En el libro se percibe cercanía emocional, ¿qué tanto hay de ti?

No, hoy por hoy no puse ninguna historia personal. Sí creo que varios de los capítulos o todos representan una parte de mí.

Yo decía que cuando estaba haciendo el libro, tiene parte 1 y 2, y la primera es lecciones en terapia, como que antes y después de. Entonces, sí se ve mucho mi línea de vida de ese momento con el orden de los capítulos.

O sea, sí hay como mucha congruencia y coherencia con lo que yo estaba pasando, pero quería darle espacio y honrar a historias de otras personas en este libro.

El título es provocador.  ¿Qué buscabas despertar en el lector desde esa primera impresión?

Yo creo que no existe una fórmula exacta para escribir. Yo empecé tal vez con cuatro o cinco capítulos, sin saber realmente hacia dónde iba a llegar todo.

Y si uno revisa el índice, cada capítulo tiene un título bastante innovador, bastante catchy, porque sí le dediqué mucho tiempo a pensar cada uno. Quería que desde el nombre ya transmitieran algo.

Y recuerdo que cuando íbamos más o menos por el tercer o cuarto capítulo dije: así se va a llamar el libro, Los hombres que nos mandan a terapia. Porque al final eso era justamente lo que estaba viendo pasar alrededor de mí. Y es muchas veces en terapia donde uno empieza a darse cuenta de las cosas. Entonces todo comenzó a girar alrededor de ese nombre.

Mucha gente cree que el libro viene desde el despecho o desde exponer a alguien por contar historias reales. Pero realmente no está escrito para ellos, está escrito para ellas.

Es un libro dedicado y honrado para ellas. De alguna manera, siento que es como una carta escrita para acompañarlas.

Foto: Diego Cabrera /República.

¿Por qué crees que tantas personas logran verse reflejadas en el libro?

Bueno, gracias a Dios se ha vendido. Creo que es un proyecto muy personal, muy íntimo.

Cuando diseñamos el libro, sí pensé en que fuera fácil de leer, que pudiera conectar con personas de diferentes edades y que, además de contar historias, les dejara herramientas.

Entonces tiene una estructura bastante ordenada. Incluye frases motivacionales, herramientas, gráficas y toda una parte visual dentro de las páginas para que el lector pudiera engancharse y disfrutar más la experiencia.

Y creo que lo que termina haciendo que la gente quiera comprarlo, leerlo y apasionarse con él es que está basado en historias reales. Todo lo que aparece ocurrió; no hay ficción.

Eso hace que muchas personas puedan sentirse identificadas con lo que está plasmado ahí y que exista una conexión muy cercana con las historias.

¿Tu formación como psicólogo influyó en el contenido?

Sí, definitivamente. Mi formación académica respaldó mucho el libro, porque al final no era solo contar una historia, sino preguntarse qué viene después.

Hablar de la neuroquímica detrás del dolor, de por qué nos gusta lo que nos gusta, por qué hacemos lo que hacemos, cuáles son nuestros tipos de apego o qué se necesita para construir relaciones sanas y duraderas. Entonces, toda esa parte teórica también tiene mucho peso. 

Al final, la psicología ha estudiado durante años que para sostener una relación se necesita muchísimo más que solo amor. Y creo que eso era importante incluirlo.

También estudié y viajé. Estuve en Grecia y en comunidades aztecas, porque siento que desde las civilizaciones antiguas se ha intentado entender el amor. Al final, es la fuerza que mueve el mundo.

Cuando uno revisa escritos antiguos, encuentra que poetas, filósofos y escritores han hablado de esto desde siempre. Y creo que hoy la ciencia lo respalda, pero la vida cotidiana lo sigue demostrando todos los días.

Al cerrar el libro, ¿qué te gustaría que se lleve el lector?

Hay una palabra que se repite muchísimo  y que incluso ya se volvió broma entre mis amigas y las personas que lo han leído: resignificar. Resignificar el dolor, resignificar lo que pasó.

Yo creo que el pasado no te define. Hay una parte, el epígrafe que responde a la pregunta de con qué frase abriría esta historia, y justamente dice: “Escribir no cambia lo que pasó, pero sí el lugar que ocupa en tu presente”.

Porque al final lo vivido ya está ahí, no se puede borrar. Lo que sí puede cambiar es el espacio que eso ocupa en tu vida hoy. Y cuando cambia ese lugar, cambia también la forma en que lo llevas.

Eso es lo que quiero que el lector experimente al terminar el libro: que pueda resignificar lo que vivió y darle un lugar distinto dentro de su presente.

¿Sientes que la forma de vivir el amor cambia con la edad?

No, y eso incluso tiene una explicación científica. Cuando uno está en la adolescencia o en la adultez emergente, vive procesos distintos a nivel emocional y neurológico; la corteza prefrontal todavía no funciona igual y también cambian mucho las neurotransmisiones.

Creo que especialmente en la adolescencia y en los primeros años de adultez, en los veintes, uno vive todo con muchísima intensidad. Todo se siente más fuerte: lo físico, lo emocional, lo espiritual. Es una etapa donde salir al mundo y empezar a vivir experiencias nuevas hace que todo se sienta enorme.

Con el tiempo, uno entra en una etapa más estable y empieza a ver las cosas menos desde la intensidad y más desde la razón. Y creo que eso también se refleja en el libro.

Ahí hay 33 historias de mujeres casadas, divorciadas y aquellas que ya están en otra etapa de la vida. Y justamente lo interesante es cómo cada una refleja el aprendizaje, la sabiduría y el dolor de una forma distinta.

Foto: Diego Cabrera /República.

Aunque nadie quiere pasar por una decepción amorosa, ¿qué crees que termina enseñándonos el dolor de una relación? 

Nos deja muchísimo aprendizaje y también nos deja paz, y yo de verdad creo en eso.

Qué lindo puede ser sufrir por amor cuando uno entiende que fue porque vivió algo real, algo genuino. Al final, uno de los últimos capítulos se llama Lo volvería a hacer, y ahí justamente hablo de eso.

Después de todas las historias que aparecen, yo le preguntaba a cada mujer: “¿Lo volverías a hacer?”. Y todas me respondieron que sí. Sí lo volverían a vivir.

Porque aunque la paz puede parecerse mucho a estar enamorado, yo sí creo que enamorarse es una especie de éxtasis en todos los sentidos. Te hace sentir realización personal, ilusión, intensidad. Incluso está comprobado que, a nivel neuroquímico, el cerebro libera distintos neurotransmisores cuando una persona está enamorada.

Y creo que ahí está la contradicción más humana: nadie quiere sufrir por amor, pero todos queremos sentirnos amados.

Por eso hay que atreverse a vivir y a sentir. Enamorarse también es un salto de fe. Puede salir muy bien o puede no salir como uno esperaba, pero siempre deja algo. Y si una relación no funciona, igual puede dejar aprendizaje, crecimiento y algo valioso para la vida.

 ¿Crees que hoy se habla más abiertamente del dolor emocional?

Sí. Y mucho tiene que ver la tecnología y las redes sociales. Hoy entras a TikTok o a cualquier plataforma y en el for you page ya encuentras contenido sobre psicología, salud mental y bienestar emocional.

Antes no se hablaba de terapia, ni de ir al psicólogo, ni de salud mental en general. Y creo que poco a poco han surgido voces que han ayudado a abrir esa conversación. Mi libro, incluso, está inspirado en autores y creadores como Mel Robbins, Marian Rojas Estapé, Enrique Rojas y Jay Shetty.

Son personas que han hablado de salud mental, que han creado contenido, podcasts y espacios para hacer conciencia sobre cosas que antes casi no se conversaban.

Porque muchas veces la gente solo quiere mostrar lo bonito, tanto en redes sociales como en la vida diaria. Lo doloroso se escondía, se dejaba debajo de la mesa.

Pero creo que ahora existe más apertura. Ya hay espacio para hablar del dolor, la salud mental, la catarsis, el cambio, la transformación y también la sanación. Antes no era tan común.

¿Qué papel juega la terapia en la vida más allá de crisis puntuales?

Yo creo que la terapia es canasta básica, siempre le digo a todas las personas que me rodean: agua, pan y terapia, o sea es canasta básica.

Todos deberían ir al psicólogo porque la gente cree que uno va al psicólogo porque está loco, porque tiene un problema, porque algo traumático pasó. Pero todos vivimos cosas, tenemos constelaciones familiares, tenemos un pasado, tenemos cosas sin resolver, sin tratar.

Ir al psicólogo es como esa curita al corazón, porque puede ser una herida familiar. Hay un capítulo que se llama El amor no es suficiente.

Sostengo que para construir un proyecto de vida el amor no es suficiente, porque está la familia, está la religión, está el dinero, están los hijos. Hay muchos factores que hacen que un proyecto de vida sea funcional. Muchas de ellas se pueden trabajar en terapia.

Foto: Diego Cabrera /República.

¿Estás trabajando en un nuevo libro o proyecto similar?

Sí, ya estoy casi terminando mi segundo libro. Todavía no puedo revelar el nombre porque aún lo estamos empezando.

Pero es un libro de autoayuda. Puedo decir que todos los caminos nos llevan ahí.

 ¿Cómo fue el proceso de escribir y publicar?

—Complicado. Lo sentí como un gran reto porque me tocó encargarme de todo el proceso: reclutar al equipo, trabajar el diseño, la parte editorial… y además estamos hablando de un mercado bastante pequeño.

No sabía lo difícil que podía ser trabajar con imprentas y con todo el proceso de producción de un libro. Pero le pusimos muchísimo tiempo y corazón al diseño. Tiene sense effect, detalles en la solapa, soft touch; realmente quisimos hacer un libro de alta calidad.

Es un libro bastante trabajado. Nos tomó dos años y medio terminarlo.

Y creo que algo que le diría a cualquier persona que quiera escribir un libro es que no tenga miedo de empezar. Que escriba, que haga su manuscrito y se atreva a darle forma a sus ideas.

Yo hice mi manuscrito en Word, literal, en la computadora. Aunque realmente empecé en Notes, en mi teléfono, escribiendo poco a poco y dándole forma una y otra vez.

Después me asocié con Michelle, Vale y Nicole, que fueron personas clave durante todo el proceso, y juntos empezamos a construir y darle vida.

¿Qué otros proyectos profesionales estás desarrollando actualmente?

 —Mi segundo libro ya está bastante avanzado y muy trabajado. Todavía no puedo contar mucho, pero es un proyecto al que le he dedicado muchísimo tiempo.

Además, yo me dedico al reclutamiento de talento, soy headhunter, y toda la parte de relaciones laborales y selección de personal me apasiona también. Esa experiencia también me ha abierto muchas puertas.

Y ahorita uno de los proyectos que tengo en puerta es volver a abrir la clínica y regresar a dar terapia. Siento que ahora, con el libro en mano, también me posiciono de otra manera.

Incluso colegas del gremio de psicólogos me han dicho, medio en broma y medio en serio, que me convertí en una “amenaza” para el gremio en Guatemala, en el sentido de que regreso con una voz auténtica y bastante posicionada.

Ha conectado muy bien con la gente. Se ha vendido bastante, incluso fuera de Guatemala. Logramos publicarlo en Amazon, y eso me ha permitido proyectarme como una voz cercana y auténtica.

 

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