En Santa Faz, una colonia de Chinautla ubicada a ocho kilómetros de la Ciudad de Guatemala, la rutina avanza entre trabajo, familia y esfuerzo diario. Aquí, cada cuadra cuenta una historia. Las calles se llenan desde temprano y el comercio aparece en esquinas y aceras. En medio de ese movimiento hay un punto clave para los vecinos que dejó de funcionar hace 10 años: el Mercado Municipal de Santa Faz.
El edificio sigue en pie. Tiene dos accesos, uno sobre la avenida y otro sobre la calle. Desde afuera, el desgaste es evidente. Los colores originales se diluyen entre la humedad y el paso del tiempo. Adentro, gran parte del espacio permanece en silencio. Los vecinos desconocen si las autoridades hacen mantenimiento.
El mercado cuenta con una capacidad para más de 35 locales comerciales, un espacio para clínicas y servicio sanitario. Hoy, solo unos diez funcionan y se concentran cerca de las entradas. Entre ellos hay una tienda de abarrotes, panadería, tortillería, paca de ropa, baños públicos y una oficina de Alcohólicos Anónimos. El resto permanece cerrado.
Más gasto, menos tiempo
Doña Tita, como pidió llamarse por seguridad, vivió ese cambio de cerca. Tiene 65 años y reside en la colonia desde 1997. Antes, su rutina incluía caminar pocas cuadras para hacer las compras del día. El mercado le resolvía lo básico y también lo cotidiano: verduras frescas, algún encargo o un detalle para sus hijos. “Uno como ama de casa busca tener todo cerca”.
Desde septiembre de 2016, esa facilidad desapareció. El mercado dejó de operar por problemas de seguridad y por el aumento de extorsiones a comerciantes argumentan las autoridades de la comuna. Ahora, viaja tres veces por semana al centro de abastos de Jocotales. Paga Q6 de pasaje en tuc tuc, complicaciones en la rodilla le impide caminar largas distancias.
Ese traslado representa más gasto y más tiempo. También recuerda que el mercado ofrecía algo más que ventas. En la semana asistía a consulta en una clínica que funcionaba dentro del lugar. En ocasiones recibía medicamentos o atención básica. "Eso también se perdió”, dice.
En su memoria siguen presentes quienes daban vida al mercado: Doña Reyna con frutas y verduras, doña Chave con granos básicos, abarrotes y la Chayo con jugos y tostadas.
Quieren que se habilite
El cierre cambió la dinámica de Santa Faz. Muchos vecinos compran fuera de la colonia o recurren a ventas improvisadas con menos opciones que las que tenían los comerciantes. Las calles reflejan esa adaptación: más puestos informales que buscan a amortiguar el cierre de la plaza comercial.
Una fuente cercana a las autoridades municipales asegura que existen más de cien solicitudes para reabrir el mercado. Sin embargo, durante los últimos años ninguna ha tenido eco. Mientras tanto, un vecino de la comunidad señala que la ausencia de acción responde a la ausencia de un plan de seguridad y voluntad política.
Afirma que el temor a enfrentar a grupos delictivos ha frenado decisiones y mantiene el espacio sin uso completo. “La gente lo necesita, pero no se ha querido actuar”. También menciona el impacto del cierre de la clínica médica, un servicio que apoyaba a varias familias. Según explica, decisiones internas y conflictos influyeron en su salida.
El edificio, en medio de todo, permanece. No está totalmente en ruinas, pero tampoco cumple su función. Es una estructura que aún podría servir, pero que hoy refleja la ausencia de gestión y de respuestas. Para los vecinos, el mercado no es solo un lugar cerrado. Es una oportunidad perdida. Un espacio que podría aliviar gastos, reducir traslados y devolver cierta dinámica a la comunidad.
En Santa Faz, el mercado sigue ahí. Callado. Esperando que alguien vuelva a abrir sus puertas.
En Santa Faz, una colonia de Chinautla ubicada a ocho kilómetros de la Ciudad de Guatemala, la rutina avanza entre trabajo, familia y esfuerzo diario. Aquí, cada cuadra cuenta una historia. Las calles se llenan desde temprano y el comercio aparece en esquinas y aceras. En medio de ese movimiento hay un punto clave para los vecinos que dejó de funcionar hace 10 años: el Mercado Municipal de Santa Faz.
El edificio sigue en pie. Tiene dos accesos, uno sobre la avenida y otro sobre la calle. Desde afuera, el desgaste es evidente. Los colores originales se diluyen entre la humedad y el paso del tiempo. Adentro, gran parte del espacio permanece en silencio. Los vecinos desconocen si las autoridades hacen mantenimiento.
El mercado cuenta con una capacidad para más de 35 locales comerciales, un espacio para clínicas y servicio sanitario. Hoy, solo unos diez funcionan y se concentran cerca de las entradas. Entre ellos hay una tienda de abarrotes, panadería, tortillería, paca de ropa, baños públicos y una oficina de Alcohólicos Anónimos. El resto permanece cerrado.
Más gasto, menos tiempo
Doña Tita, como pidió llamarse por seguridad, vivió ese cambio de cerca. Tiene 65 años y reside en la colonia desde 1997. Antes, su rutina incluía caminar pocas cuadras para hacer las compras del día. El mercado le resolvía lo básico y también lo cotidiano: verduras frescas, algún encargo o un detalle para sus hijos. “Uno como ama de casa busca tener todo cerca”.
Desde septiembre de 2016, esa facilidad desapareció. El mercado dejó de operar por problemas de seguridad y por el aumento de extorsiones a comerciantes argumentan las autoridades de la comuna. Ahora, viaja tres veces por semana al centro de abastos de Jocotales. Paga Q6 de pasaje en tuc tuc, complicaciones en la rodilla le impide caminar largas distancias.
Ese traslado representa más gasto y más tiempo. También recuerda que el mercado ofrecía algo más que ventas. En la semana asistía a consulta en una clínica que funcionaba dentro del lugar. En ocasiones recibía medicamentos o atención básica. "Eso también se perdió”, dice.
En su memoria siguen presentes quienes daban vida al mercado: Doña Reyna con frutas y verduras, doña Chave con granos básicos, abarrotes y la Chayo con jugos y tostadas.
Quieren que se habilite
El cierre cambió la dinámica de Santa Faz. Muchos vecinos compran fuera de la colonia o recurren a ventas improvisadas con menos opciones que las que tenían los comerciantes. Las calles reflejan esa adaptación: más puestos informales que buscan a amortiguar el cierre de la plaza comercial.
Una fuente cercana a las autoridades municipales asegura que existen más de cien solicitudes para reabrir el mercado. Sin embargo, durante los últimos años ninguna ha tenido eco. Mientras tanto, un vecino de la comunidad señala que la ausencia de acción responde a la ausencia de un plan de seguridad y voluntad política.
Afirma que el temor a enfrentar a grupos delictivos ha frenado decisiones y mantiene el espacio sin uso completo. “La gente lo necesita, pero no se ha querido actuar”. También menciona el impacto del cierre de la clínica médica, un servicio que apoyaba a varias familias. Según explica, decisiones internas y conflictos influyeron en su salida.
El edificio, en medio de todo, permanece. No está totalmente en ruinas, pero tampoco cumple su función. Es una estructura que aún podría servir, pero que hoy refleja la ausencia de gestión y de respuestas. Para los vecinos, el mercado no es solo un lugar cerrado. Es una oportunidad perdida. Un espacio que podría aliviar gastos, reducir traslados y devolver cierta dinámica a la comunidad.
En Santa Faz, el mercado sigue ahí. Callado. Esperando que alguien vuelva a abrir sus puertas.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: